(#450). LA REGULACIÓN SOBRE ETIQUETADO Y PUBLICIDAD DE PRODUCTOS AZUCARADOS FUNCIONA EN CHILE

En un estudio publicado en Plos Medicine, los autores evaluaron la nueva ley sobre etiquetado y publicidad alimentaria en relación a su efecto sobre el consumo de bebidas azucaradas.

Debido al prevelante problema de obesidad, se están implementando medidas de regulación en diversas localizaciones geográficas, la mayoría con efectividad manifiesta, como hemos comentado en otros posts. Los autores identificaron 42 países y 6 ciudades de Estados Unidos que han utilizado medidas impositivas para tal fin.

En este caso, en 2016 Chile comenzó a ejecutar una serie de políticas reguladoras enfocadas a informar mejor al consumidor sobre el contenido en azúcar, energía, sodio y grasas saturadas de los alimentados (en un sistema de etiquetado diseñado para tal fin), limitando la publicidad de estos productos, y prohibiendo su venta en las escuelas.

Previamente, en 2014, este país implementó un incremento de la tasa impositiva a las bebidas con alto contenido en azúcares, es decir, más de 6.25 g/mL (del 13 al 18%) y una reducción para las de bajo contenido (del 13 al 10%). Después del primer año las ventas habían bajado en un 3.4% para las de alto contenido en azúcar, y se incrementaron en 10.7% para las de bajo contenido.

La regulación chilena, a partir de 2016, consistió en la implementación de forma progresiva de obligatoriedad de etiquetado y restricción de publicidad dirigida a niños (menores de 14) años, además de la prohibición de venta en las escuelas. Esa progresión en las medidas se muestra en la siguiente tabla:

Sólidos Junio 2016 Junio 2018 Junio 2019
Energía (kcal/100g) 350 300 275
Sodio (mg/100g) 800 500 400
Azúcares totales (g/100g) 22.5 15 10
Grasas saturadas (g/100g) 6 5 4
Líquidos
Energía (kcal/100g) 100 80 70
Sodio (mg/100g) 100 100 100
Azúcares totales (g/100g) 6 5 5
Grasas saturadas (g/100g) 3 3 3

El etiquetado obligatorio se ilustra a continuación:

Metodología

Los autores emplearon datos mensuales sobre compras de bebidas sacados de un panel de compras de 2383 participantes, en el periodo comprendido entre el 1 de enero de 2015 y el 31 de diciembre de 2017. 

Resultados e implicaciones

El volumen de compra de bebidas con alto contenido en azúcares decreció en 22.8 mL/per cápita/día. También disminuyó el consumo de calorías en 11.9 kcal/per cápita/día (un 27.5%). El nivel educacional de los hogares no tuvo un efecto relevante en las reducciones absolutas de compra, aunque los hogares con mayor nivel educativo tuvieron una reducción porcentualmente mayor.

Estos resultados indican que mediante este tipo de regulación no impositiva se han producido resultados con un tamaño de efecto mayor que la (débil) regulación impositiva que precedió a estas medidas.  En cualquier caso, parece evidente que la literatura muestra que la adopción de medidas de este tipo es necesaria para reducir el consumo de este tipo de productos:

Referencia

Taillie LS, Reyes M, Colchero MA, Popkin B, Corvalán C (2020) An evaluation of Chile’s Law of Food Labeling and Advertising on sugar-sweetened beverage purchases from 2015 to 2017: A before-and-after study. PLoS Med 17(2): e1003015. https://doi.org/10.1371/journal.pmed.1003015

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(#413). CÓMO COCA-COLA DEFIENDE SUS INTERESES EN CHINA

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En esta artículo publicado en BMJ, la autora expone algunas de las estrategias que Coca-Cola está siguiendo en China para promocionar su marca, fomentando el consumo de este tipo de bebidas y presionando para que no se tomen medidas que ya en otros países están siendo implementadas para reducir el consumo de azúcar.

En 1991 el procentaje de adultos que tenía sobrepeso o era obeso en China era de 20.5%; en 2011 era de 42.3%.

La autora, destaca varias de esas acciones, que no son más que una mera reproducción de lo que la industria de bebidas azucardas ha realizado en Estados Unidos y el resto de países del norte global durante las últimas décadas:

1. Injerencia del International Life Sciences Institute (ILSI) en la política de salud china. El ILSI, creado en 1978 por un ejecutivo de Coca-Cola, se encarga de “manejar” la ciencia de la nutrición al servicio de los intereses de la industria. Este lobby  está integrado en el Centro de Prevención y Control de Enfermedades (CDC) chino, por lo que su nivel de influencia en las políticas públicas es enorme. De este modo, compañías como Nestlé, McDonald’s, PepsiCo o Coca-Cola (entre otras) tienen una posición privilegiada para influir en la toma de decisiones públicas.

2. Una vez establecido dentro del entramado guvernamenal chino, a comienzos de la década de 2000 Coca-Cola retomó en el país una de las grandes bazas de la industria para defenderse: esas marcas  (Coca-Cola, PepsiCo, etc.) promueven un estilo de vida saludable, porque para llevar esa vida saludable hay que comer y beber de todo, y la clave está en hacer ejercicio físico. De este modo, se envía el mensaje de que: (1) las marcas se preocupan por la salud de los ciudadanos; (2) todos los alimentos se equiparan como pertinentes dentro de la dieta, comer y beber de todo significa igualar por ejemplo, el agua a la Coca-Cola. Es más, las bebidas azucaradas son buenas porque están compuestas principalmente de agua, con lo que hidratan oportunamente; (3) si la gente engorda es porque no se mueve lo suficiente, no porque no lleve una alimentación adecuada.

3. Dentro de las actividades de “educación” están la organización de conferencias. Entre 2004 y 2015, ILSI-China organizó 6 eventos internacionales sobre obesidad. Se elegieron invitados (ej. Steve N. Blair) cuya perspectiva sobre la prevención de la obesidad estaba basada principalmente en el equilibiro energético (calorías gastadas vs calorías ingeridas), independientemente de la calidad nutricional de los alimentos. Además, se esponsorizaron numerosos congresos y actividades centradas en la actividad física como clave en la lucha contra la obesidad.

Un ejemplo de este modus operandi es la financiación por parte de ILSI al CDC del programa “Happy 10 minutes”, una campaña nacional que pretende incentivar la introducción de descansos de 10 minutos en la jornada escolar donde en ese corto espacio de tiempo se debe practicar ejercicio. ILSI transfirió $50000 al CDC. De este modo, la industria financiaba una campaña pública que además enviaba un mensaje que se centraba en el ejercicio físico y no en la dieta o en una combinación de ambos.

Un esquema gráfico de buena parte de lo expuesto por la autora es el siguiente:

Comentarios

La autora termina el artículo exponiendo que para algunos de los investigadores y personas implicadas en este estudio, la intervención de la industria es inevitable y hasta cierto punto positiva para que se financie la investigación. Para otros, sin embargo, supone una compra de voluntades políticas y una manipulación del mensaje a la población.

Nosotros, aquí en España, ya hemos explicado que tenemos un ejemplo con ciertas similitudes, y ese plan HAVISA promovido conjuntamente por el Ministerio y la industria (Fundación Alimentum).

Este tipo de empresas explota hacia la extenuación una parte del discurso, y empequeñece el resto, sesgando la percepción de realidad de gran parte de la población. No es el azúcar, no son las calorías vacías, es que no te mueves lo suficiente, como bien decía Coca-Cola en México.

Por eso se necesita mayor y mejor regulación, y una independencia total de los poderes públicos con respecto a la industria. Ese es el primer paso, pero es fundamental. Desafortunadamente es menos probable que las empresas dejen de financiar investigaciones e investigadores que les sean leales, o participar en parte de los presupuestos de asociaciones de enfermos y sociedades médicas. Sin embargo, si existe esa independencia, a través de políticas públicas (educación y regulación) se puede luchar en pos del interés común.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Greenhalgh, S. (2019). Making China safe for Coke: how Coca-Cola shapedobesity science and policy in China. BMJ, doi: doi: 10.1136/bmj.k5050.

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Limitaciones/Comentarios

Globalmente se muestra un patrón claro de reducción del consumo, pero es importante que la magnitud del impuesto sobre la producción se traduzca en un significativo incremento del precio de venta. Como ocurre con otros productos, como el tabaco, las medidas impositivas son efectivas per se, pero deben ser complementadas con estrategias de comunicación para educar a la población, aunque esos resultados siempre deban evaluarse en el largo plazo.

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Greenhalgh, S. (2019). Making China safe for Coke: how Coca-Cola shapedobesity science and policy in China. BMJ, doi: doi: 10.1136/bmj.k5050.

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(#401). MENOR RIESGO DE DIABETES AL COMER PRODUCTOS ECOLÓGICOS

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En este artículo publicado en Nutrients, los autores analizan la asociación entre la diabetes y la compra de productos de alimentación ecológicos en una muestra represtentativa de la población estadounidense.

Consumir comida ecológica puede ser una buena forma de prevenir la diabetes, ya que tiene menos cantidad contaminantes químicos y dispone de un mejor contenido nutricional, que son dos de los factores que se han ligado a esta enfermedad.

El marcado de comida orgánica ha crecido desde los $3500 millones en 1996 a los $35000 millones en 2014 en Estados Unidos, lo que indica la tendencia a consumir este tipo de productos. Todavía no hay un cuerpo sólido de investigaciones que relacionen la ingesta de estos productos con diversos indicadores de salud, pero sí que es cierto que, como comentan los autores, se postula como un factor relevante para reducir riesgos.

Los alimentos orgánicos tienen una mayor cantidad de nutrientes beneficiosos, como antioxidantes o ácidos grasos poliinsaturados. Es más, contienen un tercio de residuos de pesticidas con respecto a los alimentos convencionales. De este modo, esos potenciales beneficios para la salud deberían traducirse en evidencias medibles en trabajos de campo.

El objetivo de esta investigación es, precisamente, testar si existe una asociación inversa entre el consumo de alimentos orgánicos y el riesgo de padecer diabetes en Estados Unidos.

Metodología

Los participantes pertenecían al National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES), donde se evaluaba la compra de productos orgánicos en los ciclos de 2007/08 y 2009/10. NHANES es una encuesta organizada por el National Center for Health Statistics (NCHS) del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

Cada ciclo consiste en aproximadamente 10000 participantes representativos de la población estadounidense, y las preguntas que se les realizan están relacionadas con la nutrición, la salud, las enfermedades y el comportamiento de compra.

La muestra para este estudio consistió en 8199 adultos mayores de 19 años (excluyendo embarazadas), a quienes se preguntaban si compraban comida orgánica y la frecuencia de esa compra. Esas variables se tomaron como indicadores aproximados de la exposición a los alimentos ecológicos.

Los participantes fueron identificados con diabetes a través de reportar si habían sido diagnosticados anteriormente o tras realizar el testo de hemoglobina A1C.

Como covariables se empleó información relativa a la edad, sexo, etnia, educación, ingresos, historial familiar de diabetes, tabaquismo, ingesta de alcohol y actividad física.

Resultados e implicaciones

La descripción de los datos muestra claramente que los participantes que compraban productos orgánicos llevaban un estilo de vida global más saludable, y además tenían mayores niveles de ingresos y de educación.

Por tanto, en el modelo estadístico han de considerarse estas variables para aislar el efecto de la compra y la frecuencia de compra de productos orgánicos en el desarrollo de diabetes, y eso es precisamente lo que hacen los autores en su Modelo 3:

Como puede derivarse de las tablas anteriores, el riesgo de diabetes disminuye en aquellos participantes que han comprado comida orgánica en los 30 días anteriores a la recogida de datos. En cuanto a la frecuencia, se atisba una leve respuesta a la dosis, que necesitaría ser confirmada en posteriores estudios.

Limitaciones/Comentarios

Los autores realizan un interesante análisis sobre una gran muestra representativa de Estados Unidos, lo que es un punto fuerte para dar validez a los resultados que obtienen. Es cierto que no se aprecia un tamaño de efecto claro, pero sí un patrón de respuesta a la dosis que sugiere que existe una reducción de riesgo de diabetes para individuos que compran comida orgánica.

En salud, incluso tamaños de efecto muy pequeños tienen trascendencia, porque se trata de ir dando pasos en la reducción de riesgos que son en parte evitables con buenos hábitos de consumo.

Los autores recuerdan que los pesticidas organofosfatos y los piretroides están asociados a un mayor riesgo de diabetes, y que los productos ecológicos contienen un 30% menos de residuos de estos químicos con respecto a los convencionales. En animales, los productos orgánicos tienen menos residuos de antibióticos, los cuales también se han asociado a la diabetes tipo 2.

En conclusión, y pese a la limitación de tratarse de un estudio transversal y que toma como variable proxy del consumo la compra de productos, los resultados sugieren una reducción de riesgo de diabetes que merece ser tenido en cuenta como un argumento más para decantarse por la producción y consumo de este tipo de alimentos.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

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(#392). REVISIÓN SOBRE LA EFECTIVIDAD DEL IMPUESTO A LAS BEBIDAS AZUCARADAS

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En esta artículo publicado en The American Journal of Clinical Nutrition, los autores realizan una revisión sistemática sobre el impacto de las medidas impositivas sobre las bebidas azucaradas, productos que son una de las principales causas del incremento de la obesidad ligada a la mala alimentación.

Recordemos que ya en 2010, la OMS recomendó implementar impuestos específicos sobre este tipo de bebidas con el fin de reducir su consumo.

El objetivo de esta investigación es resumir la evidencia empírica disponible en los estudios realizados sobre la eficacia de las medidas impositivas.

Metodología

Los autores consideraron estudios publicados entre el 1 de enero de 2011 y el 31 de diciembre de 2017. Tras superar diferentes criterios de exclusión, un total de 17 estudios fueron incluidos en el análisis, entre los cuales estaban 5 estudios observacionales que evaluaban el resultado de los impuestos en México y Estados Unidos. De los 12 restantes, 6 de ellos fueron experimentos realizados para evaluar intervenciones locales (en restaurantes y distribuidores), y los otros 6 fueron experimentos que evaluaban las intenciones de comportamiento.

Resultados e implicaciones

En 4 de los 5 estudios que evaluaron el impacto de los impuestos en México y Estados Unidos se encontraron reducciones significativas de consumo. Esas reducciones en el consumo se estima que son efectivas con un incremento de al menos un 8% en el precio de venta, siendo más importante en los estratos socioeconómicos más bajos (precisamente los más obesos).

En los 12 estudios restantes en los que la intervención fue específica en establecimientos de venta o se evaluaron intenciones de comportamiento los resultados tienen una línea similar, aunque en estos casos los autores estiman que el rango del impuesto debiera estar entre el 10 y 20%, aunque existe cierta variabilidad entre todos ellos.

Los autores finalmente recomiendan un impuesto que produzca un incremento en el precio de venta entre el 20 y 25% como la forma más apropiada de reducir el consumo de estos productos y reorientarlo hacia bebidas más saludables.

Limitaciones/Comentarios

Globalmente se muestra un patrón claro de reducción del consumo, pero es importante que la magnitud del impuesto sobre la producción se traduzca en un significativo incremento del precio de venta. Como ocurre con otros productos, como el tabaco, las medidas impositivas son efectivas per se, pero deben ser complementadas con estrategias de comunicación para educar a la población, aunque esos resultados siempre deban evaluarse en el largo plazo.

 LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Redondo M. et al. (2018). The impact of the tax on sweetened beverages: a systematic review. The American Journal of Clinical Nutrition, 108, 548-563.

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NUTRITION

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NUTRITION AND DIETETICS

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(#326). ENDULZANTES ARTIFICIALES Y OBESIDAD EN NIÑOS; EVIDENCIA LIMITADA

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En este artículo publicado en Nutrients, los autores analizan si la exposición a endulzantes no nutritivos durante los primeros años de vida, e incluso durante el embarazo, pueden estar asociados al desarrollo de la obesidad.

Hay un creciente interés en la investigación actual  por los analizar el efecto de la exposición pre natal y post natal a determinados agentes que puedan sembrar la semilla de la obesidad en la infancia.

Pon endulzantes no nutritivos los autores identifican compuestos sintéticos, como el aspartamo, la sucralosa y la sacarina, y también los alcoholes de azúcar, como el xilitol, así como los compuestos derivados de plantas (ej. stevia).

Los autores referencian varios estudios que muestran la asociación de estos endulzantes con efectos adversos cardiometabólicos.

El objetivo de esta investigación es realizar una revisión de la literatura acerca de la relación entre la exposición pre natal y post natal a estos endulzades y el desarrollo de obesidad. Dado que existe cierta controversia al respecto (ej. la Ameriacan Dietetic Association indica que esos endulzantes son seguros dentro de unos límites, mientras que el US Institute of Medicine aboga por evitarlos en la infancia), este estudio pretende dar una visión más completa.

Incremento del consumo

Estos endulzantes han incrementado su venta entre los niños norteamericanos en los últimos años, entre otros motivos por las campañas de marketing que los promueven como más saludables, y también por el propio desconocimiento de los padres (3 de cada 4 padres no identifican correctamente en las etiquetas este tipo de endulzantes).

Revisión de la literatura sobre exposición en la infancia

Los autores revisan enayos clínicos controlados, estudios de cohortes y estudios transversales. Globalmente existe evidencia limitada sobre su asociación con la obesidad, con estudios que reportan carencia de asociación y otros que encuentran una asociación positiva entre la ingesta de estos endulzantes y parámetros de obesidad.

Sin embargo, la heteregoeneidad de estas investigaciones, sus diferentes diseños metodológicos, y la divergencia en las edades de los niños expuestos, hace complicado llegar a conclusiones más sólidas.

Revisión de la literatura sobre exposición pre natal

De los 5 estudios revisados por los autores (2 RCT y 3 de cohortes), sólo 2 de estos últimos reportaron una asociación positiva.

Revisión de la literatura sobre exposición en animales

De los 6 experimentos revisados, 4 de ellos mostraron una asociación positiva, uno no encontró asociación y otro una asociación negativa.

De nuevo, por tanto, existe una evidencia limitada, y aún sigue habiendo muchas incógnitas por resolver.

Posibles mecanismos

Los autores identifican varios mecanismos por los cuales la ingesta de estos endulzantes podría tener un efecto en la ganancia de peso y en la composición corporal en la infancia: programación del metabolismo y las preferencias de sabor, secreción hormonal, disrupción de la microbiota. Recordemos que estos endulzantes son transferidos al líquido amniótico y a la leche materna, por lo que la dieta de la madre en el periodo pre natal y en la lactancia es fundamental.

Limitaciones/Comentarios

Aunque falta consistencia entre los estudios, los autores son claros en su conclusión final: Dada la robusta evidencia acerca de los riesgos para la salud de la ingesta elevada de azúcar en la dieta, y dada la incertidumbre de alimentarse con endulzantes artificiales, lo más prudente es que las embarazadas y los niños limiten su consumo, al menos hasta que haya más estudios al respecto.

Es una recomendación bastante lógica ante la evidencia disponible. Es complejo resumir esos resultados de investigación ante la gran heterogeneidad de diseños metodológicos, pero los indicios hacen pensar en una asociación entre ese tipo de endulzantes y la obesidad. Bien es cierto que es una evidencia muy limitada, y que por ahora no podemos pasar de este punto.

Una de las consecuencias de esta revisión es, precisamente, advertir de que sustituir el azúcar por endulzantes artificiales puede no ser una buena idea si no se limita también el consumo de estos.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Archibald,  et al.  (2018). Early-Life Exposure to Non-Nutritive Sweeteners and the Developmental Origins of Childhood Obesity: Global Evidence from Human and Rodent Studies. Nutrients, doi: 10.3390/nu10020194.

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3.550

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NUTRITION & DIETETICS

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Q1

FOOD SCIENCE

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(#305). EVALUACIÓN DE LA EXPOSICIÓN A LA PUBLICIDAD TELEVISIVA DE ALIMENTOS POCO SALUDABLES

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En este artículo publicado en Health Promotion International, los autores analizan el impacto que la regulación publicitaria televisiva sobre alimentos no saludables para los niños está teniendo en el Reino Unido.

Es harto conocido en la literatura que la promoción de este tipo de comida, generalmente alta en azúcares, grasa y/o sal influye en el consumo de los jóvenes. La OMS publicó unas guías en 2010  y 2012 para que los estados implantaran políticas para limitar la exposición de niños a comida “densa” (HFSS).

En el Reino Unido, en 2007, comenzó un programa de regulación para reducir la exposición de niños menores de 16 años, que se iba a implementar en varias etapas, de manera progresiva. El objetivo era prohibir  los anuncios en canales dedicados a niños y limitar la de los otros canales no exclusivos para niños.

Aunque los reguladores en 2010 publicaron que habían conseguido una reducción de exposición, otras investigaciones mostraron fallos metodológicos, así, Boyland et al. (2011), realizaron su propio estudio sobre una muestra de anuncios de 2008, con su también propio sistema de codificación. El objetivo de esta investigación es comparar esos datos recogidos en 2008 con una nueva muestra recolectada en 2010, siguiendo exactamente la misma metodología.

Metodología

Se  muestrearon 13 canales de diversa índole dirigidos total o parcialmente aniños, tomando muestras aleatorias en diferentes días de la semana y fines de semana durante febrero, abril, junio, agosto, octubre y diciembre, desde las 06:00 a las 22:00h. Un total de 1931.5 horas fueron grabadas.

Se codificó cada anuncio en 3 categorías: (1) saludable; (2) no saludable; (3) mixto. En esta úlitma categoría mixta entraban los anuncios generalistas, como por ejemplo los de los supermercados, o los de comida “sana” realizados por restaurantes de comida rápida. Como bien indican los autores, hay un estudio que muestra que ese tipo de publicidad de productos más saludables realizada por esas empresas, lejos de incentivar su consumo, incrementan la propensión de los niños a ser atraídos por esas cadenas de restaurantes.

Los anuncios grabados fueron representativos del conjunto de la parrilla televisiva, y fueron codificados por los investigadores en las categorías descritas.

Resultados e implicaciones

Los resultados muestran que apenas hubo variación porcentual desde 2008 (0.9% de reducción de los anunciones), con la distribución que se muestra en la siguiente tabla:

b305_2Se puede apreciar que en categorías como “comida rápida” o “bebidas azucaradas” hay un aumento llamativo.

En cuanto a la distribución en las categorías de la investigación, la siguiente figura muestra que prácticamente no hubo cambios entre 2008 y 2010:

b305_3Además, se encontró una mayor incidencia de anuncios de comida no saludable en el mes de agosto, justo cuando hay vacaciones.

Globalmente, estos resultados indican que el programa, pese a que en 2009 debía estar aplicado en su plenitud, no ha propiciado cambios importantes en el patrón de pubicación, aunque sí que ha habido un trasvase de anuncios desde soportes dedicados exclusivamente a niños atros más generalistas (pero igualmente dirigidos al público familiar).

Limitaciones/Comentarios

La codificación realizada por los autores difiere de la de Ofcom (la organización dedicada a implementar la regulación), pero es ciertamente razonable y, sobre todo, permite una comparación directa con los resultados de 2008.

Aunque es cierto que la fiabilidad entre codificadores es alta (93%), quizá hubiera sido más indicado hacer una doble codificación, en lugar de testar el cacuerdo con sólo una porción de la muestra.

Las variables empleadas son sólo una aproximación a la exposición, y no se habla de datos de audiencia. Esta es una limitación importante porque los canales dedicados pueden tener una audiencia mayor. en cualquier caso, al final, como indican los autores, lo que sucede es que hay un trasvase de anuncios de un canal a otro, y esto hace que todavía haya mucho trabajo por hacer.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Whalen, R. et al. (2017).Children’s exposure to food advertising: the impact of statutory restrictions. Health Promotion International, doi: 10.1093/heapro/dax044

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Cuartil

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1.722

Q2

HEALTH POLICY & SERVICES

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0.74

Q1

HEALTH (SOCIAL SCIENCES)

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(#303). EL MINISTERIO DE SANIDAD DE NUEVO TIENDE LA MANO A LAS EMPRESAS PARA UNA ALIMENTACIÓN MÁS SALUDABLE

[MONOTEMA] Hace unas horas se ha presentado con la fanfarria habitual una nueva colaboración Gobierno+Empresas para “mejorar la composición de los alimentos y bebidas y otras medidas 2017-2020“.  Los entresijos del plan pueden verse con detalle o de manera más resumida en la web de AECOSAN, que es el órgano dependiente del Ministerio de Sanidad que gestiona este tipo de programas.

Ya analizamos en profundidad otras de las grandes colaboraciones del ente público con las empresas en el post sobre el lobby del azúcar, un extenso análisis sobre lo que realmente representaba esa injerencia de las empresas en las políticas públicas de promoción de la salud.

Pero hoy toca hablar, más brevemente y no con todo el detalle que me gustaría por la premura del momentum, de algunos puntos del acuerdo que merecen ser comentados.

El plan de colaboración

Básicamente se trata de un acuerdo entre el Ministerio de Sanidad y los lobbies de alimentación más importantes de España para reducir el contenido de sal, azúcar y grasas de un grupo de alimentos, que según sus propios cálculos suponen un 44% de la ingesta calórica diaria de la población.

Con el horizonte del año 2020, fabricantes y distribuidores (también en el sector de la restauración) se “comprometen” (ojo a esta palabra) a ir poniendo en circulación una serie de alimentos con el objetivo más destacado de reducir en torno al 10% la mediana de azúcares añadidos. Trece grupos y 57 subcategorías de alimentos y bebidas se ven afectadas, entre ellas los refrescos azucarados, lácteos, bollería y cereales para el desayuno. También existen objetivos en cuanto a la reducción de sal y grasas saturadas, sobre todo en derivados cárnicos, platos preparados y aperitivos salados.

Los objetivos pueden verse en detalle en los enlaces mencionados al comienzo y, ciertamente, constituyen un desafío importante para su puesta en práctica (de manera progresiva, eso sí).

Sin embargo, y pese a lo bonitas y loables que a primera vista parecen estas iniciativas, hay algunos aspectos que se podrían discutir.

Estadísticas sobre obesidad

En su “justificación”, el Ministerio provee unos datos sobre obesidad que parecen endulzar  la realidad que vivimos. Corrijo, parece que indican que en los últimos años hay “algún resultado esperanzador”. Para ello emplean el estudio ALADINO, realizado por ellos mismos, y en el que se muestra “una reducción estadísticamente significativa del sobrepeso y el exceso de peso (obesidad y sobrepeso) con respecto a los datos de 2011. Además se ha visto una reducción no significativa de la obesidad“.

El documento, además, reporta que “La estabilización de la prevalencia de la obesidad en adultos, y más concretamente la inversión de la tendencia en la prevalencia del sobrepeso y obesidad infantil hacia un peso más saludable en España, son explicables por los grandes esfuerzos realizados desde hace años por todos los actores de la sociedad de forma continuada y por ello es imprescindible seguir reforzándolos para conseguir disminuir todas las cifras de prevalencia“.

Lo primero que llama la atención es el atrevimiento de inferir que se están haciendo bien las cosas (en una implícita justificación de sus propias campañas, HAVISA entre ellas), sólo con datos de una encuesta hecha por ellos mismos en un grupo tan reducido como  niños y niñas de 6 a 9 años.

Lo segundo es apreciar el cambio de escala cuando se pasa de un gráfico que a priori les beneficia (el de los niños de 6 a 9 años) a otro que muestra la tendencia global de obesidad (ver debajo). Cosas del marketing, que dirían algunos.

 

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b303_3

Más allá de estas consideraciones, los datos se pueden interpretar de otra manera. Si bien es cierto que el sobrepeso se ha estabilizado desde el año 1993 hasta el 2015, la obesidad prácticamente se ha doblado. Esto quiere decir que si un 46% de la población tenía obesidad o sobrepeso en 1993, ahora lo tiene un 53.7%, es decir, más de la mitad. Y no debe ser una cifra fácil de incrementar, porque en Europa estamos en el segundo puesto tras el Reino Unido. Por tanto, parece difícil seguir creciendo en obesidad, por lo que ver como un triunfo su estabilización es, cuanto menos, discutible. Es más, según los propios datos que emplea la AECOSAN, en 2009 había un 52.7% de personas con sobrepeso u obesidad, es decir, que en el periodo 2009-2014 no ha habido ningún tipo de retroceso global.

Aunque el informe recoge claramente que la obesidad sigue siendo un problema de primera magnitud, parece edulcorar la realidad con una disposición e interpretación de los datos bastante cuestionable. No es un triunfo que la obesidad no avance más, sino que es un fracaso que no hayamos conseguido reducir las cifras.

Por cierto, y aunque con esto de las cifras siempre hay que llevar cuidado, el estudio EPIRCE, realizado con datos del periodo 2004-2008, refleja en adultos una prevalencia de obesidad del 26.1%, bastante superior a la fuente que ha recogido AECOSAN, que indica aproximadamente un 16% en ese mismo intervalo. Y la diabetes afecta al 13.8% de la población adulta.

El consumo de azúcar

El informe del Ministerio hace una exposición sencilla y acertada de las diferentes acepciones de los azúcares añadidos, que expliqué con detalle en mi post sobre preguntas y respuestas sobre azúcar y salud.

Siempre es complicado establecer cifras sobre el consumo de azúcares, pero el Ministerio ha escogido remitirse a dos de sus propios estudios, y a otro (estudio ANIBES) financiado por Coca-Cola y la Fundación Española de la Nutrición (FEN), otra institución al servicio de la industria.

La ingesta media de azúcares añadidos en los niños de 9 a 12 años es de 48,6 g/día. Esto supone que los niños de 9 a 12 años toman el 9,8% de la energía total de la dieta en forma de azúcares añadidos. En cuanto a los adolescentes de 13 a 17 años la ingesta media es de 50,8 g/día, lo que supone que de media toman el 10% de la energía total de la dieta a partir de azúcares añadidos. Los adultos de 18 a 64 años ingieren de media 33,3 g/día de azúcares añadidos y los adultos de 65 a 75 años 20,7 g/día. Esto supone que los adultos de 18 a 64 años toman el 7,1 % de la energía total de la dieta de los azúcares añadidos y los adultos de 65 a 75 años toman el 5,1%.

En Estados Unidos los azúcares añadidos suponen el 15% de las calorías diarias, bastante por encima de las cifras que el Ministerio reporta para España (basado en esos estudios mencionados, claro). Es obvio que las cifras en Estados Unidos y España no tienen por qué ser iguales, pero los niveles en Estados Unidos en el periodo 2005-2010 están al mismo nivel que en el intervalo 1988-1994 (ha habido un descenso en los últimos años, por tanto). Dado que la OMS en 2015 informó que recomendaba un máximo de un 10% da la ingesta calórica diaria debida a azúcares libres, se antoja cuando menos curioso que el Ministerio diga que los niños y adolescentes están dentro de lo que sugiere la OMS. Insisto, son unos datos que parecen chirriar bastante.

En México, por ejemplo, en 2012 un estudio reportó un consumo del 12.5% de las calorías provenientes de azúcares añadidos (bastante más que en España, por tanto), aunque es cierto que los índices de obesidad son mayores. Otro estudio en mujeres en Estados Unidos indicó que las embarazadas toman un 14.8% de azúcares añadidos frente al 15.9% de las mujeres no encintas. De nuevo cifras mucho mayores que en nuestro país. Tampoco esta investigación muestra datos que se acerquen a las cifras españolas.

En cualquier caso la OMS recomienda bajar de ese 10% al 5% para obtener beneficios adicionales. Esa cifra del 5% también es defendida por diversos investigadores.

Objetivos para 2020

La verdad es que después de leer los prolegómenos del documento del Ministerio uno espera quizá que a nivel práctico haya reducciones importantes. Sin embargo, al visionar la tabla de objetivos que aparece entre las páginas 36 y 39, el peligro de quedarse estupefacto es ciertamente grande.

Allí aparecen objetivos tales como reducción de azúcares totales en helados infantiles del 18.9% al 18%, del néctar de piña sin edulcorantes del 11.8% al 11.2%, del pastelito relleno con cobertura del 39% al 37.1%, del flan de huevo del 24.3% al 23.57%, o de las natillas de vainilla del 16 al 15.36 %. Insisto, mirad la tabla despacio porque hay muchos más ejemplos.

Claro, alguien pensará que mejor esas bajadas (por minúsculas que sean) que no hacer nada. De acuerdo, pero lo que se esconde detrás de esto es, tal y como comentaba con el Plan HAVISA, una maniobra de marketing que hace a la industria ganar imagen y crédito político para seguir influyendo en las leyes, y que se mantenga esta situación de desregulación, y que encima se sigan anunciando pastelitos y bollería en televisión de esas marcas con el “hábitos de vida saludable” de faldón, y su vinculación al Ministerio de Sanidad.

“Compromiso”

El programa plantea otros aspectos que quizá son más interesantes, como el compromiso de limitar o eliminar ciertas acciones de marketing sobre poblaciones más sensibles, como los niños.

Vamos a ver cómo evoluciona este acuerdo y si realmente ese “compromiso” fructifica o no. La experiencia que tenemos de otros sectores con los códigos de conducta y las acciones voluntarias son tristemente decepcionantes. El Ministerio dice que va a seguir muy de cerca el plan, monitorizando el cumplimiento de los objetivos. Pero se haría necesario incluir investigaciones independientes para ello. Recordemos que, tal y como ha sucedido en el Reino Unido, los resultados de la evaluación de los programas de intervención en este sector difiere bastante si la evaluación la hacen los propios interesados con respecto a si la hacen investigadores ajenos.

Conclusión

El Ministerio de Sanidad ha escogido de nuevo el camino políticamente correcto para la industria. Las grandes empresas del sector están encantadas al vincular su imagen con la de la salud en programas amparados por el Gobierno. No hay mejor marketing que ese. Y además se ofrecen de manera voluntaria a cumplir unos códigos que, de hacerse efectivos (ya veremos), tienen un impacto muy liviano en la ingesta calórica diaria. Mientras tanto seguirán publicitando y poniendo en el mercado alimentos de muy bajo nivel nutritivo.

Seguiremos de cerca este acuerdo, mientras el Ministerio y la Industria nos dicen, al anunciar un pastelito de chocolate, que subamos y bajemos escaleras como forma de luchar contra la obesidad.

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(#247). RED BULL PRODUCE PLACEBO CUANDO SE MEZCLA CON ALCOHOL E INCREMENTA LA PERCEPCIÓN DE INTOXICACIÓN

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] Recientemente Red Bull ha tenido que pagar unos $13 millones por una demanda interpuesta por un conjunto de consumidores norteamericanos que argumentaban que “no daba alas” tal y como rezaba la publicidad. Esta bebida es consumida por alrededor de un 50% de estudiantes universitarios y está asociada con numerosos comportamientos anti sociales. Los autores nombran el estudio de Howland & Roshenow (2013) al respecto: las personas que mezclan alcohol con bebidas energéticas tienen el doble de riesgo de cometer una agresión sexual o tener un accidente de automóvil.

La cantidad de cafeína presente en las bebidas energéticas puede enmascarar la percepción de estar intoxicado por alcohol, cuando se consumen a la vez, lo que a su vez puede llevar a tomar más riesgos. Sin embargo, la cantidad de cafeína que incorporan esas bebidas no tienen un efecto sobre el comportamiento de riesgo de sus bebedores, sino que son más bien quienes consumen esas bebidas personas que inherentemente buscan el riesgo.

Las bebidas energéticas han sido estudiadas en marketing por su especial predisposición a generar un efecto placebo en quien las consume. El objetivo de esta investigación es examinar ese efecto placebo cuando la bebida energética se mezcla con alcohol, desde el punto de vista perceptual, actitudinal y comportamental.

Metodología

Los autores seleccionaron 154 participantes de un conjunto de voluntarios; bebedores socaiales sin riesgo de dependencia, y heterosexuales (para analizar su actitud hacia las mujeres). Además el BMI tenía que estar entre 18 y 25, con el fin de limitar la heterogeneidad en la intoxicación real por alcohol. Se les pagó al menos 10 euros por su participación, que incluía un cóctel de una bebida alcohólica y otra energética. Esta fue una forma de enmascarar el objetivo real de la investigación (que de otro modo hubiera sesgado las conclusiones).

El cóctel estaba compuesto por 6 cl de Vodka 40%, 8 cl de Red Bull y 16 cl de un néctar de fruta. Después de 15-20 minutos de su consume la tasa de alcohol en sangre sería de unos 0.045 g/dL.

Antes de que bebieran el cóctel los participantes se asignaron aleatoriamente a 3 condiciones experimentales que manipulaban la etiqueta que describía la bebida: (1) “Vodka-Red Bull cocktail”, (2) “Vodka cocktail”; y (3) “Exotic fruits cocktail”.  Después de unos 30 minutos, tenían que completar una serie de tareas en un ordenador.

En esas tareas se medía la agresividad sexual, a través de la escala de Ariely & Loewesnstein (2006). También la auto confianza, tras visionar varias fotos de mujeres atractivas, y la intención de tomar riesgos con la escala Ballon Analogue Risk Task (medir los intentos de inflar un globo virtual que explota aleatoriamente y cuando lo hace el jugador pierde el dinero acumulado).

Asimismo se midió la capacidad percibida para conducir, el nivel de intoxicación percibida y su creencia en que las bebidas energéticas incrementan la intoxicación por alcohol. Finalmente se midieron variables sociodemográficas y se evaluó la concentración de alcohol en sangre un con dispositivo electrónico.

Resultados e implicaciones

La etiqueta afectó significativamente la percepción de la presencia de la bebida energética, y todos los participantes pudieron identificar la presencia de alcohol, aunque el sabor del cóctel era eminentemente afrutado. Se colapsaron las condiciones experimentales (2) y (3) como grupo de control.

Para los sujetos con alta creencia de que las bebida energética incrementa la intoxicación por alcohol la percepción de esa intoxicación fue significativamente mayor. De este modo, esa expectativa actúa como factor moderador.

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Las diferencias en cuanto a la asunción de riesgos, auto confianza sexual y el tiempo de espera para conducir también fueron claras; aquellos que bebieron el cóctel en el que la etiqueta ponía “Red Bull” tenían significativamente mayores valores en las escalas de medición.

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Sin embargo, no se encontraron resultados significativos sobre la variable que medía el comportamiento sexual agresivo.

De este modo, este estudio muestra que las personas que creen que las bebidas energéticas incrementan la intoxicación por alcohol, y que a su vez piensan que beber alcohol convierte a las  personas en más impulsivas y desinhibidas tienen actitudes e intenciones de comportamiento dependientes de si la bebida es etiquetada como energética o no. Es decir, se muestra un efecto placebo producido por el tipo de producto consumido.

En consecuencia, y contrario a otras investigaciones, este estudio sugiere que la bebida energética no enmascara la intoxicación por alcohol, sino que incrementa su percepción a través del efecto placebo.

Los autores recomiendan que las autoridades tomen nota de estos resultados a la hora de regular la publicidad de estas bebidas y también de su etiquetado, ya  que estos no deben restringirse sólo al posible daño de sus ingredientes (como el azúcar) sino sobre los efectos psicológicos de su consumo.

Limitaciones/Comentarios

Se necesitan replicaciones pero el estudio muestra una evidencia más sobre la presencia de este efecto en productos de consumo y cómo la publicidad de las marcas afecta a la percepción del rendimiento de esos productos.

Los autores proporcionan muy poca información sobre la validación de su modelo estadístico; deberían haber mostrado test de mala especificación.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Cornil, Y. et al.  (2017). Does Red Bull give wings to vodka? Placebo effects of marketing labels on perceived intoxication and risky attitudes and behaviors. Journal of Consumer Psychology, doi: 10.1016/j.jcps.2017.03.003

Indicadores de calidad de la revista*

 

Impact Factor (2015)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

2.009

Q2

BUSINESS

Scimago (SJR)

2.97

Q1

MARKETING

* Es simplemente un indicador aproximado para valorar la calidad de la publicación

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(#229). IMPUESTOS A LAS BEBIDAS AZUCARADAS; MÁS EVIDENCIAS SOBRE SU ÉXITO

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En México la prevalencia del sobrepeso y la obesidad alcanzó el 70% entre los adultos y el 30% entre los niños en 2012. Una encuesta realizada ese mismo año en el país mostró que el 12.5% de las calorías totales diarias provienen de azúcares añadidos, lo que está por encima del 10% que recomienda la OMS. Las bebidas azucaradas suponen el 70% de esos azúcares añadidos, por los que son el 9.8% de las calorías diarias. De este modo, son un grupo de productos clave para reducir esa elevada ingesta de azúcares.

En enero de 2014 el gobierno mexicano implementó una tasa de 1 peso por litro (no se incluyó en esa tasa a los productos lácteos azucarados). Ello equivaldría a 0.05 Euros por litro. En 2014, en promedio, hubo un 6% de descenso de compra de bebidas a las que se les aplicó el impuesto, y un 4% de incremento de las que no se les aplicó. El objetivo de esta investigación es extender el análisis al año 2015, y modificar las estimaciones de los modelos estadísticos en base a la inclusión de covariables importantes, como la inflación. 

Metodología

Se emplearon datos desde enero de 2012 a diciembre de 2015 del panel de Nielsen en México, compuesto por 6645 hogares. Las bebidas a las que se les aplicó el impuesto eran productos azucarados carbonatados y no carbonatados.

Se implementó un modelo estadístico que ajustó por diversas covariables: características sociodemográficas del hogar, y tasas de desempleo, salario mínimo e inflación. También se tuvo en cuenta la estacionalidad.

El modelo estadístico del año 2012-13 se ajustó mediante la estimación de efectos fijos, y se tomó como contrafactual, es decir, como criterio de comparación con los modelos de 2014 y de 2015, en los que la tasa impositiva se había implementado. De este forma, se podían comprar los valores predichos por el modelo pre-tasa frente a las estimadas con los modelos post-tasa.

Resultados e implicaciones

Las estimaciones ajustadas indicaron un descenso de las bebidas a las que se les había implementado el impuesto de un 5.3% en 2014 y de un 7.6% en 2015. Como se muestra claramente en el siguiente gráfico, los modelos estimados post-tasa presentan una menor estimación del consumo que el modelo contrafactual pre-tasa.

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Al mismo tiempo, las bebidas no tasadas incrementaron su consumo en 2014 en un 5.3% de promedio, y hubo un pequeño descenso en 2015 del 1%.

El descenso en el consumo de las bebidas azucaras sujetas al impuesto fue más acentuado en los hogares con un nivel socio económico más bajo.

Estos resultados siguen confirmando que este tipo de impuestos funcionan, al igual que ha sucedido históricamente con el tabaco, y que además lo hace de manera consistente en los dos años que lleva en marcha.

Limitaciones/Comentarios

Los autores admiten que, de manera concurrente, se implementó un impuesto también para comidas altamente calóricas, lo que pudo alterar el consumo de las bebidas azucaradas. También la propia concienciación ciudadana debida a la amplificación de la información sobre el peligro de este tipo de bebida para justificar la implementación del impuesto pudiera haber afectado.

Uno de los principales problemas de este estudio es que excluye los productos lácteos, porque la información sobre su consumo es incompleta en periodo de análisis. No se puede comprobar si ha habido un traslado de consumo a productos lácteos azucarados, lo que enturbiaría un poco las conclusiones y posibles beneficios del impuesto.

En cualquier caso el impuesto supone un incremento de aproximadamente un 10% de precio. Es probable que si se doblara el impuesto el consumo de este tipo de bebidas azucaras siguiera cayendo.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Arantxa, M. et al. (2017) In Mexico, Evidence Of Sustained Consumer Response Two Years After Implementing A Sugar-Sweetened Beverage Tax.  Health Affaires, doi: 10.1377/hlthaff.2016.1231

Indicadores de calidad de la revista*

 

Impact Factor (2015)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

5.230

Q1

HEALTH CARE SCIENCE & SERVICES

Scimago (SJR)

4.14

Q1

HEALTH POLICY

* Es simplemente un indicador aproximado para valorar la calidad de la publicación




(#211). EL IMPUESTO A LAS BEBIDAS AZUCARADAS FUNCIONA; EL CASO DE BERKELEY

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] Varios estados norteamericanos tienen implementados impuestos sobre las ventas de bebidas refrescantes azucaradas, pero son generalmente demasiado pequeños para tener un impacto significativo en el consumo (suelen ser menor del 10% del precio de venta) y se aplican no sólo a bebidas sino también a otros tipos de productos.

El impuesto sobre las bebidas azucaradas es diferente, porque se grava ya en el precio de venta al público, es decir, ya está presente en el lineal del supermercado antes de la elección de compra.

Entre 2013 y 2014, más de una docena de estados y varias ciudades de norteamérica han propuesto este tipo de impuesto. El objetivo de esta investigación es evaluar el impacto que ha tenido esta medida en la ciudad de Berkeley (California), donde se grava 0.01 dólares por onza de bebida (sodas, bebidas energéticas, bebidas azucaradas y té o café azucarado). Esto sería equivalente aproximadamente a 34 céntimos de dólar por cada litro de bebida.

Metodología

Los autores examinaron el consumo de estas bebidas antes y después de la imposición de la tasa, tanto en Berkeley como en dos ciudades relativamente cercanas donde no existe este impuesto: Oakland y San Francisco.

El impuesto comenzó a ejecutarse el 1 de marzo de 2015, y los datos sobre el periodo previo se recogieron entre abril y julio de 2014. Los datos sobre el periodo posterior se recogieron entre abril y agosto de 2015.

La muestra se centró en poblaciones de bajos ingresos, las cuales son más probable que consuman este tipo de bebidas. De este modo, se se escogieron vecindarios con alta proporción de ciudadanos negros e hispanos. En cada vecindario se realizaron encuestas a pie de calle.

El consumo de bebidas fue evaluado mediante un cuestionario, en el cual también se indicaban la raza, edad, género, y nivel de educación. Se les dio un pequeño incentivo a los participantes (botella de agua o bolsa reutilizable).

La muestra final la compusieron 328 personas en Berkeley y 662 en las otras ciudades en la situación pre-tasa, y 545 en Berkeley y 1144 en las otras ciudades en la situación post-tasa.

Para el análisis estadístico se modeló la frecuencia de consumo con modelos de regresión con distribución gamma y función de enlace logarítmica.

Resultados e implicaciones

Una vez ajustado por las covariables del modelo, el consumo se redujo en Berkeley un 21% y se incrementó en las ciudades que se tomaron como control en un 4%. El consumo de agua creció en Berkeley un 63% comparado con las otras ciudades, donde lo hizo en un 19%. Un 22% de los participantes en Berkeley reportó explícitamente que habían cambiado su patrón de consumo de estas bebidas debido a la nueva tasa impositiva.

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Estos resultados refuerzan los obtenidos en otros lugares donde se han implementado acciones similares, como en México,  donde el impuesto que grava con aproximadamente un 10% añadido a este tipo de bebidas ha resultado en un 12% de reducción de su compra un año después.

En Francia se redujo un 6.7% la demanda de refrescos en los 2 primeros años después de implementar un impuesto equivalente a un 6% de incremento en el precio.

Como la demanda de estos productos es muy elástica, se estima que un incremento de un 8% en el precio (debido a la tasa) produciría aproximadamente un 10% de reducción en el consumo. Sin embargo, en el caso de este estudio, la elasticidad es mayor (probablemente debido a la población con bajos ingresos).

Limitaciones/Comentarios

El hecho de diseñar el estudio usando 2 ciudades más como control fortalece las conclusiones, ya que las variaciones debidas a factores externos quedarían minimizadas en su efecto al establecer esa comparativa. Una limitación importante es que no se valoraron los estilos de vida de los encuestados. Además hay que considerar que sólo se miden los efectos a corto plazo del impuesto.

Falbe, J. et al. (2016).  Impact of the Berkeley excise tax on sugar-beberage consumption. American Journal of Pubic Health,  doi: 10.2105/AJPH.2016.303362

Indicadores de calidad de la revista*

 

Impact Factor (2015)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

4.138

Q1

PUBLIC, ENVIRONMENTAL & OCCUPATIONAL HEALTH

Scimago (SJR)

2.52

Q1

PUBLIC, ENVIRONMENTAL & OCCUPATIONAL HEALTH

* Es simplemente un indicador aproximado para valorar la calidad de la publicación

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