(#364). LA NECESIDAD DE REDUCIR EL ARSÉNICO EN LA ALIMENTACIÓN

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En esta investigación publicada en Enrivonmental Health Perspectives, los autores proponen realizar más intervenciones para minimizar el impacto del arsénico en la salud. Este tóxico, tiene su principal vía de entrada a través de la alimentación.

La relevancia de este tema ha hecho que en Estados Unidos se forme el “The Collaborative on Food with Arsenic and associated Risk and Regulation” (C-FARR), que ha resultado en la publicación de varios estudios sobre este asunto

Los autores indican que, pese a que el arsénico inorgánico es un evidente cancerígeno y ocasiona diversas enfermedades, también se debe prestar atención a la toxicidad crónica de especies orgánicas. En el agua potable, el arsénico aparece en su forma inorgánica (la más tóxica), pero en la comida existe una combinación de ambas. 

Sin embargo, la exposición debida al agua de bebida es menor que en la comida. Según datos que muestran los autores, menos de un 4% de estadounidenses estaban expuestos a agua potable con concentraciones de arsénico >1μg/L, y sólo un 1% estaba por encima del límite de 10μg/L que marca la EPA.

Es interesante repasar los estudios epidemiológicos que citan los autores sobre la relación entre el consumo de arroz y enfermedades cardiovasculares y cáncer. La evidencia es limitada, pero sugiere que el consumo de arroz puede incrementar el riesgo de enfermedad, aunque es difícil separar si esa exposición viene fundamentalmente por el agua de bebida o por el propio arroz.

No obstante, en Estados Unidos, no hay regulación con respecto a los niveles de arsénico en los alimentos. Ante esta lentitud en realizar esa regulación, los autores proponen varias formas de intervención en todos los niveles de la cadena de valor, involucrando a diversos grupos de interés.

Así, y con el ejemplo del arroz, los autores proponen realizar práctica de agricultura sostenible, rebajando el uso del agua en los cultivos. Además, aconsejan emplear fertilizantes de silicio (haciéndolos accesibles a los pequeños agricultores, ya que son más caros). Por supuesto, hay que evitar el uso de pesticidas que contengan arsénico y no cultivar en zonas próximas a fuentes de contaminación.

Los ingredientes de ciertos alimentos también podrían cambiarse por alternativas con menos riesgo. Por ejemplo, usar el jarabe de maíz alto en fructosa en lugar de jarabe de arroz orgánico en productos dirigidos a niños, y el empleo de carragenina como sustituto a la gelatina. No obstante, y como bien indican los autores, el arsénico se reduciría pero aún estaría presente el debate sobre si pueden existir otros efectos adversos producidos por ese cambio.

Los autores también recomiendan modificar los hábitos de cocción del arroz, tanto a nivel industrial como en casa, por ejemplo, cambiando el agua de cocción varias veces durante el cocinado. Las reducciones conseguidas son altamente relevantes.

Los celíacos, que en ocasiones pueden abusar del arroz para llevar una dieta libre de gluten, son un segmento de población especialmente sensible a esta cuestión, al igual que los niños y las mujeres embarazadas.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

 Nachman, K. E. et al.  (2018).Opportunities and Challenges for Dietary Arsenic Intervention . Environmental Health Perspectives, doi: 10.1289/EHP3997.

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ENVIRONMENTAL SCIENCES

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Q1

HEALTH, TOXICOLOGY AND MUTAGENESIS

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(#297). TORMENTAS GEOMAGNÉTICAS Y RIESGO DE EVENTOS CARDÍACOS

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En este artículo publicado en el International Journal of Biometeorology los autores analizan una posible asociación entre las tormentas geomagnéticas y un evento cardíaco como el síndrome coronario agudo.

Las tormentas geomagnéticas están causadas por la actividad solar en forma de llamaradas solares, eyecciones de masa coronal y viento solar. Los investigadores repasan varios estudios que muestran efectos en el sistema cardiovascular: infartos agudos de miocardio y accidentes cerebro vasculares.

Los autores se plantean si pacientes que tienen mayor riesgo de tener esos eventos cardíacos, como enfermos con diabetes y síndrome metabólico (resistencia a la insulina – una condición de riesgo para la diabetes y enfermedad cardíaca).

Los investigadores separan el concepto de tormenta geomagnética (GS) de los eventos protónicos solares (SPE) y el viento solar de alta velocidad (HSSW), aunque a veces se entienda la GS como una consecuencia de todos los eventos solares.

Metodología

El estudio se realizó en Kaunas (Lituania) durante 2000-2003, los años del ciclo solar máximo y post máximo 23.

Los autores seleccionaron aleatoriamente a 1548 pacientes que fueron tratados durante ese periodo de síndrome coronario agudo (ACS), es decir, infarto de miocardio o angina inestable. En el historial de esos pacientes se indicaba información sobre diabetes (DM) y síndrome metabólico (MS).

La actividad geomagnética se midió con el índice Ap, que refleja la intensidad del evento (provee un nivel medio diario de la actividad geomagnética, promediando los valores obtenidos cada 3 horas). Los autores clasificaron esa actividad como: (1) Menor, si Ap estaba entre 30 y 50; (2) Mayor, si Ap estaba entre 50 y 100; (3) Severa, si Ap era mayor que 100.

En cuanto a los SPE, los días con niveles de flujo mayores de 10 MeV fueron designados como eventos.

Como análisis estadísticos los autores emplearon la regresión logística, tomando como variables dependientes el padecer o no DM y también MS, en la muestra tratada por ACS.

Resultados e implicaciones

Los resultados muestran una asociación entre los cambios en la actividad geomagnética y los eventos de enfermedad cardíaca, tanto para pacientes con DM como con MS.

b297_2

Como se aprecia en la tabla anterior, los resultados son significativos para los días con tormenta geomagnética y con viento solar de alta velocidad. El riesgo se incrementa para tormentas que duran más de 1 día.

Limitaciones/Comentarios

No hay un patrón claro de respuesta a la dosis entre el riesgo de síndrome coronario agudo y la intensidad de la tormenta geomagnética. Este es uno de los principales aspectos que este estudio deja en el aire,y que deben ser analizados en futuros trabajos.

De igual modo, en algunas variables tampoco es homogénea su asociación con la DM y con el MS, como en la duración de la tormenta.

Todas estas limitaciones hacen que este artículo deba considerarse con prudencia, pero no empañan el hecho de que se hayan encontrado resultados concordantes con otros estudios; la variación de la actividad geomagnética está asociada a eventos cardíacos. Las implicaciones a nivel epidemiológico son claras, tal y como comentan los autores, pero también las hay para el campo del bioelectromagnetismo, estamos hablando de una perturbación en el campo magnético terrestre del orden de los nanoteslas, es decir, bastante pequeña en magnitud.

Como bien indican los autores, se necesitan más investigaciones para seguir indagando en lo que parece una asociación entre cambios en la pulsación del campo geomagnético y en la resonancia de Schummann y las frecuencias cardíacas y cerebrales de los humanos.

Finalmente, se habría agradecido una mayor profundización en los test de mala especificación del modelo estadístico.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Vencloviene, J. et al. (2017). A possible association between space weather conditions and the risk of acute coronary syndrome in patients with diabetes and the metabolic syndrom. International Journal of Biometeorology , doi: 10.1007/s00484-016-1200-5

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Q2

ENVIRONMENTAL SCIENCES

Scimago (SJR)

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Q2

HEALTH, TOXICOLOGY AND MUTAGENESIS

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(#292). TROMBOEMBOLISMO VENOSO EN EL DEPORTE PROFESIONAL

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En esta investigación publicada en el Orthopaedic Journal of Sports Medicine, se hace un estudio restrospectivo de la incidencia de trombosis venosa profunda (DVT) y embolia pulmonar (PE) en deportistas profesionales norteamericanos. Dado que este es un tema en el que he publicado (junto con otros compañeros) un estudio muy recientemente, voy a comentar brevemente el contenido de este artículo, para especificar lo que añade al conocimiento existente.

Como hemos definido en otras ocasiones, el tromboembolismo venoso (VTE) representa una amenaza muy importante a la salud de los afectados. El VTE comprende el DVT y el PE. La investigación que publicamos en 2016 sólo se centraba en PE en jugadores de baloncesto en un periodo de 5 años (aunque también comparamos con la incidencia en otros deportes profesionales). Sin embargo, en este artículo los autores incrementan el lapso temporal a 18 años (desde 1999 a 2016), y amplían la condición de estudio a VTE, lo que da una idea más completa de la relevancia de estos eventos.

El objetivo de esta investigación es, por tanto, describir la incidencia de VTE, el tratamiento realizado y el tiempo estimado en volver a la actividad deportiva.

Metodología

Los autores buscaron en diversas bases de datos y con palabras clave reportes de DVT y PE en la NHL, MLB, NBA y NFL, las cuatro grandes ligas profesionales estadounidenses, entre 1999 y 2016.

No sólo identificaron los casos, sino que también reportaron el tiempo que tardaron en recuperarse (si es que lo hicieron).

Resultados e implicaciones

 Se encontraron 55 casos de VTE:

  • 22 en NHL
  • 16 en MLB
  • 12 en NFL
  • 5 en NBA

De ellos 19 tuvieron DVT en una extremidad superior, 15 en una extremidad inferior, 15 PE, y 6 tuvieron DVT junto con PE.

Uno de los resultados más destacados es que los jugadores de béisbol de la MLB tenían una probabilidad significativamente más alta de tender un DVT en una extremidad superior comparado con atletas de otros deportes.

También es importante destacarque hubo 6 recidivas de VTE, algo que nosotros también encontramos cuando analizamos la liga ACB y la NBA (2 recidivas).

Los autores han tratado de identificar factores de riesgo, pero es una tarea muy compleja y con mucho ruido. No obstante, señalaron la historia personal o familiar, un trauma o lesión reciente, y la cirugía como posibles causas.

El tiempo medio de baja fue de 6.7 meses con 4.9 meses de error, es decir, hubo mucha variabilidad en la recuperación.

Limitaciones/Comentarios

En la discusión los autores comentan dos conceptos importantes y que completan información que hemos comentado en post similares: (1) Los altetas profesionales pueden ser más proclives a la hipercoagulación debido al ejercicio extremo; (2) En la NFL ,10 de 12 deportistas que tuvieron VTE tenían BMI entre 33.9 y 44.8, es decir, un gran sobrepeso que es un factor de riesgo conocido (aunque hablar aquí de obesidad en este tipo de atletas con tanta masa muscular es muy controvertido).

Sin embargo, los autores no mencionan la estatura como posible factor de riesgo, y es extraño que no reporten esa variable en la muestra, dada la facilidad de registrarla y poder tratarla estadísticamente.

Tampoco hacen una comparación estadística de la incidencia de VTE con respecto a la población general de ese rango de edad, lo que daría también más información sobre si los deportistas de élite tienen un riesgo especial, algo que nosotros comenzamos a atisbar en nuestro estudio sobre PE (y en el que también comenzamos a registrar datos sobre DVT, aunque luego no los empleamos en el estudio final, ya que nos centramos sólo en embolias pulmonares).

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Bishop, M. et al. (2017). Venous Thromboembolism Within Professional American Sport Leagues. Orthopaedic Journal of Sports Medicine, doi: 10.1177/2325967117745530

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Scimago (SJR)

0.35

Q3

ORTHOPEDICS AND SPORT MEDICINE

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(#284). TROMBOEMBOLISMO VENOSO ASOCIADO A LA ESTATURA

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En esta investigación publicada en el Journal of Thrombosis and Haemostasis, los autores encuentran que la estatura es un factor de riesgo para tromboembolismo venoso (VTE).

El VTE comprende dos tipos de patrologías: la trombosis venosa profunda (DVT) y la embolia pulmonar (PE). Es una enfermedad prevalente que afecta a entre 350000 y 600000 personas de las que más de 100000 mueren cada año en Estados Unidos.

La estatura ha sido identificada en otras investigaciones como un factor de riesgo del VTE, aunque el mecanismo subyacente no está demasiado claro (se ha propuesto que puede estar relacionado con una mayor área venosa y presión hidrostática).

El objetivo de esta investigación es emplear una nueva técnica de análisis para estudiar esta cuestión, que pueda proporcionar afirmaciones causales más robustas. Para ello, los autores utilizan métodos de aleatorización mendeliana, que no son más que una forma de tratar de evitar el posible sesgo de los estudios observacionales a través del empleo de polimorfismos génicos como variables instrumentales. Es, por tanto, un recurso metodológico que permite realizar análisis estadísticos con menos probabilidad de sesgo.

Metodología

Los autores escogieron tres fuentes de datos; dos estudios de cohortes y un estudio caso-control, que previamente habían empleado en otras investigaciones.

Se midió la estatura de los participantes excepto en el estudio caso-control, donde fue dada por los muestreados. También se consideraron diversos factores de riesgo para VTE, como la diabetes o el tiempo de tromboplastina parcial activado, entre otros.

Los casos de VTE se obtuvieron por los registros hospitalarios, distinguiendo entre DVT y PE. Los autores crearon un índice genético (GRS) restringido no correlacionado con el peso, con el fin de que actuara como una variable instrumental adecuada. También realizaron los análisis considerando el GRS sin restringir y sin emplear el método de variables instrumentales, con el fin de comparar los resultados.

Los autores hicieron los análisis por separado para los 3 estudios, tomando como variable dependiente el haber sufrido o no VTE, por lo que las odds ratios se resumieron en un pequeño metanálisis.

Resultados e implicaciones

Los resultados se pueden ver gráficamente en la siguiente figura:

b284_2Todos las aproximaciones metodológicas obtiene resultados similares tras el metanálisis, lo que es indicadtivo de un incremento de riesgo relativo de desarrollar VTE (en un 30-40% por cada 10 cm, según los autores).

Análisis adicionales descartaron que el cáncer (que es un factor de riesgo para el VTE) actuara como mediador entre la estatura y el VTE.

Los autores plantean que la estatura está asociada con mayor presión venosa en individuos sanos, y esto podría ocasionar con el tiempo un deterioro de las paredes venosas, lo que incrementaría el riesgo de VTE.

De este modo, la estatura se convierte en un factor de riesgo per se, para el desarrollo de esta enfermedad.

Limitaciones/Comentarios

Los autores hacen un buen trabajo de estimación con variables instrumentales, aunque en realidad los resultados globales no difieren en la práctica al considerar un análisis en un sólo paso. Usar instrumentos para las estimaciones siempre es complejo y no está exento de posibles sesgos, como los autores bien admiten en las limitaciones.

Lo que no resuelven satisfactoriamente los autores es la diferencia entre resultados para la trombosis venosa profunda (DVT) y la embolia pulmonar (PE). No está nada clara esa separación en el artículo, y la única vez que muestran resultados al respecto puede que erren al interpretar que la estatura esta más fuertemente asociada con la DVT que con la PE, cuando los intervalos de confianza de ambas OR se solapan claramente: OR: 1.46, 95% CI (0.98 – 2.16) para DVT, y  OR: 1.20, 95% CI (0.79–1.82) para PE. La explicación posterior que dan sobre que la mayoría de los trombos se forman  las válvulas de las venas profundas de los miembros inferiores, donde el flujo sanguíneo está más estancado y que eso va en la línea los resultados encontrados sobre la relación más estrecha entre la estatura y DVT frente a la estatura y PE, no creo que sea acertada, ya que (al menos con los datos que dan los autores, como en los que se muestra en la siguiente gráfica) esos resultados a los que se refieren no arrojan demasiada luz.

Como he recordado en otros posts sobre esta temática, nuesta investigación sobre PE en jugadores de baloncesto arrojó que había un mayor riesgo de padecer esta enfermedad que la población general. Sin embargo, la relación con la estatura tampoco estaba clara, y dejamos al margen muchos casos de DVT (sobre todo en otros deportes) que podrían haber dado un dibujo interesante de la relación entre los riesgos de padecer tromboenbolismo venoso (VTE) y el deporte profesional. Aunque no era el objetivo de nuestro artículo el analizar el VTE, en futuras investigaciones podríamos ir por ese camino.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Roetker, N. S. et al. (2017). Taller height as a risk factor for venous thromboembolism: a Mendelian randomization meta-analysis. J Thromb Haemost, 15, 1334–1343

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Impact Factor (2016)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

5.287

Q1

HEMATOLOGY

Scimago (SJR)

2.56

Q1

HEMATOLOGY

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(#281). LOS ATLETAS DE ÉLITE VIVEN MÁS QUE SUS HERMANOS

[REVISIÓN DE ARTÍCULO]  En esta investigación publicada en el British Journal of Sports Medicine, los autores realizan un interesante enfoque para comparar la esperanza de vida de atleta de élite con los de la población, empleando a sus hermanos como controles.

Esta forma de hacerlo evita el sesgo producido por diferencias genéticas y, cuando los datos lo permiten, se muestra como una atractiva vía metodológica.

Recordemos que, en general, la actividad física está asociada a un riesgo menor de morbilidad y mortalidad. Sin embargo, hay matices en cuanto al tipo de deportes (resistencia, mixtos, fuerza) y el nivel de intensidad (moderada vs extrema). Tanto la participación continuada en deportes de potencia como el ejercicio extremo pueden invertir esa relación positiva con la salud. No obstante, hay evidencias al respecto que necesitan ser estudiadas con mayor profundidad.

Metodología

Los autores emplearon una cohorte de 2567 atletas finlandeses masculinos que habían representado a ese país entre 1920 y 1965 en diferentes eventos internacionales, junto con sus hermanos. Después se excluyeron los casos de muerte prematura y de los que no se tenían datos completos.

Finalmente, la muestra se compuso de 900 atletas, y de los 1855 hermanos se seleccionaron aquellos que estaban más cerca en edad. Es de suponer que también fueron hombres, aunque el artículo no lo especifica.

Los participantes fueron clasificados en 3 grupos de deportes: (1) resistencia; (2) mixtos; (3) potencia. La diferencia entre estos tres grupos radica en la oposición entre deportes de alto perfil aeróbico frente al anaeróbico, resistencia frente a fuerza. Así, por ejemplo, los corredores de media y larga distancia estarían en el grupo 1, los jugadores de fútbol, baloncesto, saltadores, velocistas estarían en el grupo 2, y luchadores, boxeadores, levantadores de pesas, en el grupo 3.

En 2001 se les pasó una encuesta que fue respondida sólo por una parte de ellos. En ese cuestionario se les preguntaba sobre sus hábitos de vida (actividad física, consumo de tababo y alcohol, etc.).

Resultados e implicaciones

En general los atletas analizados viven entre 2 y 3 años más que sus hermanos, pero hay matices en cuanto al tipo de deporte practicado. Así, la  mayor diferencia se produce en los atletas que han practicado deportes de resistencia, mientras que para los de potencia esa divergencia desaparece. Los datos de la edad al morir, tanto media como mediana, así como los resultados de la regresión de Cox se muestran a continuación:

b281_2Tampoco hay diferencias en cuanto al riesgo de las causas de mortalidad entre los atletas y sus hermanos. No obstante, tanto los atletas como sus hermanos tenían unos hábitos de actividad física y tabaquismo mejores que los de la población general. Esto es importante porque indica que existe una clusterización familiar en la forma de orientar la vida desde el punto de vista de hábitos saludables; tanto los atletas como sus hermanos tenían menos enfermedades crónicas que la población control.

Por tanto, esta investigación confirma que los atletas de élite tienen una mayor esperanza de vida, incluso cuando se controla por el factor genético, pero que el tipo de práctica deportiva condiciona esa diferencia.

Comentarios/Limitaciones

La escasa respuesta al cuestionario de 2001 (sólo 199 atletas lo hicieron) condiciona los análisis para conocer aspectos importantes que podrían moderar o mediar entre la práctica deportiva y la mortalidad. La influencia de factores del entorno (epigenéticos) entre los ateltas y sus hermanos podría ser también importante, ya que los autores reconocen que no han podido tener en cuenta de manera completa las diferencias entre el estatus socioeconómico de ambos grupos.

La generalización a deportes concretos es complicada,  ya que se necesitarían estudios específicos. Además, tampoco se controla por el nivel de intensidad en el entrenamiento o el volumen del mismo entre diferentes deportes. También sería discutible la composición de los 3 grupos empleados, por ejemplo, incluir a los velocistas en el grupo 2 en lugar del grupo 3 podría ser cuestionable.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Kontro, T. K. et al. (2017). Mortality and health-related habits in 900 Finnish former elite athletes and their brothers. British Journal of Sports Medicine, doi:10.1136/bjsports-2017-098206

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Impact Factor (2016)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

6.557

Q1

SPORTS SCIENCES

Scimago (SJR)

3.25

Q1

SPORTS SCIENCES

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(#257). ERRORES DE CODIFICACIÓN DE EMBOLIAS PULMONARES AL USAR EL ICD-10

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] Los autores comienzan el artículo alertando sobre que el proceso de clasificación de las enfermedades en pacientes que visitan las urgencias en los hospitales de Canadá tiene errores. El diagnóstico a veces se hace de manera poco precisa y cuando el profesional encargado de codificar la enfermedad lo hace, acaba en una categoría diferente a la que le corresponde.

Esas categorías vienen catalogadas en el ICD-10 (Statistical Classification of Diseases and Related Health Problems), una herramienta que muchos investigadores empleamos para realizar estudios epidemiológicos.

El objetivo de esta investigación es analizar la validez de la categorización de la embolia pulmonar (PE – en siglas en inglés-) en los datos de urgencias hospitalarias. Recordemos que la PE es una enfermedad grave, que puede conducir a la muerte, y que tiene síntomas como el dolor pectoral, palpitaciones o disnea (ahogo, dificultad para respirar), entre otras.

Metodología

Los datos se obtuvieron de la Alberta Health Services, en Canadá ,en la zona de Calgary, proveniente de 4 hospitales que cubrían alrededor de 1.2 millones de personas. Los investigadores eligieron pacientes mayores de 18 años y que visitaron las urgencias entre julio de 2013 y enero de 2015.

Para estudiar la validez de la codificación los autores accedieron a las notas clínicas de los médicos y sus diagnósticos. Aquellos pacientes que eran codificados dentro de la categoría de PE del ICD-10 (en este caso las subcategorías I26.9 e I26.0) tras un diagnóstico congruente eran considerados como “aciertos positivos”. Sin embargo, aquellos pacientes que no eran diagnosticados con PE pero no eran codificados como tal se consideraron “falsos positivos”. Además, los autores identificaron “falsos negativos (no codificados como PE pero que sí tenían la enfermedad), y “aciertos negativos” (pacientes codificados correctamente como no sufridores de embolia pulmonar).

La muestra total la compusieron 479937 pacientes, de los cuales 1453 (0.30%) fueron codificados como PE.

Resultados e implicaciones

Los resultados pueden resumirse de la manera siguiente:

Aciertos positivos: 82.31 % (1196 de 1453)

Aciertos negativos: 99.94% (478110 de 478367)

Falsos positivos: 17.69 % (257 de 1453)

Falsos negativos: 0.06% (117 de 1453)

La sensibilidad de la codificación fue del 91% (1196 aciertos sobre 1313 casos reales de PE). Y un dato más interesante aún si cabe y que no se comenta en los resultados es que el nivel de aciertos reales sobre el total de codificados con PE fue de 90.3% (1313 de 1453)

De este modo, es necesario implementar estrategias para minimizar los errores de codificación. Los autores recomiendan que los médicos hagan un diagnóstico más explícito y menos vago para que el profesional que codifica la enfermedad no erre.

Limitaciones/Comentarios

Al margen de la certificación de que los datos provenientes de los códigos ICD-10 tienen un no despreciable error de medida, esta investigación plantea otras cuestiones importantes sobre la validez de diversos estudios que emplean estadísticas de PE.

Por ejemplo, en 2016, tuve la oportunidad de participar en una investigación publicada en Medicine & Science in Sports & Excercise acerca del riesgo de embolia pulmonar de jugadores de baloncesto profesionales en relación a dos poblaciones en Noruega y Minnesota. Si admitimos que el nivel de aciertos reales de la codificación se puede extrapolar a esas poblaciones (es una suposición ciertamente sujeta a discusión), entonces la tasa anual por 1000 habitantes sería un poco más pequeña de lo estipulado (corregida por el factor 0.9), por lo que los resultados de los test estadísticos sobre la diferencia en la incidencia con la NBA y la Liga ACB no se vería afectada (el tamaño de efecto sería todavía mayor). En este caso los datos de las poblaciones de Minnesota y Noruega serían una sobre estimación (pequeña, eso sí) de los casos reales.

Bajo mi punto de vista, una de las conclusiones que saco de este artículo es que parece prudente realizar simulaciones con diferentes datos de incidencia de enfermedades suponiendo errores de codificación tanto a la alta como a la baja. Los análisis de sensibilidad son, de este modo, ineludibles.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Burles, K.  et al.  (2017). Limitations of pulmonary embolism ICD-10 codes in emergency department administrative data: let the buyer bewar. BMC Medical Research Methodology,  doi: 10.1186/s12874-017-0361-1

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Impact Factor (2016)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

3.295

Q1

HEALTH CARE SCIENCES & SERVICES

Scimago (SJR)

2.37

Q1

EPIDEMIOLOGY

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(#244). LA PARADOJA DE LA OBESIDAD TAMBIÉN SE MUESTRA EN ANCIANOS CHINOS

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] Los autores indican que los numerosos resultados de investigación que asocian el índice de masa corporal (BMI) y la mortalidad siguen una relación no lineal en forma de U, J o J invertida, aunque la relación más prevalente es la de U. Sin embargo, hay estudios destacados como el de Veronese et al. (2015) que en su metanálisis sobre personas en residencias de ancianos encuentra que la relación entre BMI y mortalidad es inversa, por lo que existiría una “paradoja de la obesidad” por la cual sería una especie de factor protector.

El objetivo de esta investigación es evaluar la asociación entre el BMI y la mortalidad en ancianos en China.

Metodología

El estudio empleó datos del Chinese Longitudinal Healthy  Longevity Survy (CLHLS), que comprende 631 condados y ciudades seleccionados aleatoriamente de 22 de las 31 provincias de China. Los participantes fueron contactados entre 1998 y 1999 y seguidos en 2000, 2002, 2005, 2008-09 y 2011. Un total de 9093 participantes realizaron la encuesta en 1998/99. Se excluyó a los participantes menores de 80 años y aquellos que tenían un BMI extremo (<10 o >50) o en los que no había datos completos antropométricos. Finalmente 8026 participantes quedaron incluidos de los cuales 1943 fueron perdidos en su seguimiento.

Además del peso, se midió la estatura pero con el procedimiento de la altura de la rodilla, y su transformación a estatura normal a través de las fórmulas estándar que indican los autores. De este modo, ya se tenía información para calcular el BMI. Así, los participantes fueron divididos en cuatro grupos: (1) infrapeso (BMI<18.5); (2) normal (BMI entre 18.5 y 23.9); (3) sobrepeso (BMI entre 24 y 27.9) y; (4) obesidad (BMI >29.9).

Como covariables se incluyeron factores sociodemográficos (educación , ocupación) y estilos de vida ( consumo de tabaco, alcohol, actividad física y nutrición). También se consideraron condiciones de salud en base a las patologías de cada individuo.

Se emplearon modelos de Cox, tanto para explicar la mortalidad general como las diferentes causas de ésta.

Resultados e implicaciones

Comparado con el peso normal, el infrapeso se asoció a un mayor riesgo de mortalidad tras el ajuste de las covariables, un HR=1.20 (95% IC: 1.13-1.27). El sobrepeso se asoció con un menor riesgo de mortalidad que el peso normal HR=0.89 (95% IC: 0.81-0.99). La obesidad no tuvo una relación significativa con la mortalidad.

Se confirmaron en este estudio también la relación no lineal entre el BMI y todas las causas de mortalidad en hombres y mujeres. La forma de la relación entre el BMI y la mortalidad varía fundamentalmente en función del estatus de fumador o no de los participantes, pero básicamente sigue una misma tendencia.

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De este modo, hay cierta evidencia tras este estudio para apoyar la paradoja de la obesidad, a la que los autores buscan explicación, y para ello proporcionen dos mecanismos potenciales; (1) el exceso de grasa puede actuar como una reserva metabólica durante la enfermedad o las lesiones; (2) el sobrepeso protege contra fracturas osteoporóticas y el declive cognitivo.

Limitaciones/Comentarios

Los autores advierten que las características de su cohorte poblacional son únicas, ya que vivieron en unas condiciones muy duras durante la juventud y vida adultas, y donde el sobrepeso era una característica rara hasta los 60 años (década de los 70 de la muestra escogida). Esto puede hacer pensar que los individuos que tenían sobrepeso/obesidad en el momento del estudio no lo habían sudo toda su vida, por lo que los efectos negativos de la obesidad podrían haber sido mitigados. Además, y a diferencia de los países occidentes, la obesidad está asociada positivamente al estatus socioeconómico.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Wang, J. et al.  (2017). Association between body mass index and all-cause mortality among oldest old Chinese. The Journal of Nutrition, Health & Aging, doi: 10.1007/s12603-017-0907-2

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Impact Factor (2015)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

3.199

Q2

NUTRITION & DIETETICS

Scimago (SJR)

0.92

Q2

NUTRITION & DIETETICS

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(#243). LOS DEPORTISTAS DE ÉLITE VIVEN MÁS, PERO CON MATICES

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] Aunque los investigadores ponen una considerable atención en el proceso de desarrollo de los atletas, la investigación después de acabar su carrera es más limitada. El conocimiento sobre cómo la participación en deportes de élite afecta la longevidad de los atletas es incompleta.

Como bien indican los autores, a veces la noticias en los medios de comunicación sobre muertes de deportistas relativamente jóvenes crea falsas expectativas sobre una supuesta mortalidad precoz de este tipo de deportistas. Un metanálisis reciente de Garatachea et al. (2014), realizado sobre 10 estudios que incluían a 42807 atletas mostró que los deportistas de élite tienen mayor esperanza de vida que la población general y un menor riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular y cáncer, con ratio de mortalidad (SMR) de 0.67 (95% IC: 0.55-0.81)  para la población total, y 0.73 (95% IC: 0.65 -0.82) para la enfermedad cardiovascular y 0.60 (95% IC: 0.38-0.94) para cáncer. Según comentan los autores, el estudio de Garatachea et al. (2014) excluyó  38 estudios que no emplearon el SMR como indicador estadístico, por lo que se perdió mucha información.

Particularmente interesante también es el estudio realizado por Lawler et al. (2012), donde muestra que los jugadores de baloncesto profesionales negros viven hasta 9 años más que sus semejantes en la población general, y también más que los blancos de esa población general. Sin embargo los jugadores de baloncesto blancos viven hasta 18 meses más que sus colegas negros.

Teramoto & Bungum (2010), revisaron 14 estudios epidemiológicos encontraron que los deportes de resistencia y mixtos (aeróbicos y anaeróbicos) estaban asociados a una mayor supervivencia de atletas que la población general (menor mortalidad y mayor longevidad). Sin embargo, los resultados de estudios que consideran deportes anaeróbicos son menos claros.

Como resaltan los autores, la mortalidad viene determinada por el tipo de deporte, la intensidad con la que se practica, y otrs factores como la raza o la obesidad. Por ejemplo, Baron et al. (2012), examinaron 3439 jugadores de la NFL  que habían jugado más de 5 temporadas entre 1959 y 1988 y encontraron que los jugadores con más peso (BMI mayor o igual que 30 kg/m2) tenían un riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular 2 veces mayor que los otros jugadores, y que tanto los jugadores negros como los que jugaban en línea defensiva tienían un mayor riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular, después de ajustar por el BMI.

Una vez revisados los antecedentes más relevantes, el objetivo de esta investigación es completar la revisión de Teramoto & Bungum (2010) para responder a las preguntas de si los atletas de élite tienen una mayor longevidad que la población general y de cuáles son los factores de riesgo asociados con la longevidad.

Metodología

Los autores revisaron artículos entre 1980 y 2014, siguiendo los siguientes criterios de inclusión: (1) estudios enfocados en atletas de élite; (2) estudios que proporcionaban una medida de mortalidad/longevidad y /o causas. Por atletas de élite consideran aquellos deportistas que participan en cualquier tipo de deporte semi profesional, profesional y/o olímpico. La muestra total la compusieron 57 artículos, con un total de 465575 deportistas (5610 mujeres).

Resultados e implicaciones

En general los resultados muestran una mayor longevidad de los deportistas en comparación con la población general, pero con matices. La mayoría de deportes aeróbicos-anaeróbicos presentaron atletas con mayor longevidad. Por ejemplo, ciclistas de élite de Francia, Italia y Bélgica que habían participado en el Tour de Francia eran más longevos que sus semejantes de la población general. Lo mismo ocurría para buceadores y esquiadores noruegos, o para atletas italianos de track and field. Sin embargo, en jugadores de fútbol la evidencia fue menos consistente; mayor longevidad en futbolistas holandeses pero peor en tasas de supervivencia en alemanes, junto con una mayor prevalencia de esclerosis lateral amiotrófica en futbolistas italianos. Además, los levantadores de pesas fineses también tenían menos longevidad que la población de ese país.

En cuanto a las causas de mortalidad: (1) Precocidad: en jugadores de béisbol hay una asociación entre la fecha de debut y la longevidad (más precoz asociado a menos longevo); (2) Posición: las cualidades antropométricas determinan en muchos casos la posición del atleta por lo que no es de extrañar que sea un factor importante (a más peso menos longevidad); (3) Raza: asociada a longevidad en la NBA, NFL y MLB; (4) Alto rendimiento: los luchadores de sumo con más victoria morían antes pero probablemente debido al efecto del BMI. En jugadores de golf, aquellos con mejor rendimiento tenían menor mortalidad.

Limitaciones/Comentarios

Los autores muestran diversas limitaciones de los estudios realizados. La primera de ellas se refiere a las bases de  datos incompletas, con especial relevancia de las fechas de muerte en jugadores de béisbol. La segunda se refiere a la incapacidad de distinguir entre longevidad y calidad de vida, pese a que la actividad física modera esa relación de manera positiva. Además hay evidencia de que los ex atletas tienen un estilo de vida más saludable que el resto de la población.

También es importante considerar nuevas investigaciones que alertan de que un excesivo ejercicio aeróbico puede conllevar enfermedades cardiovaculares. Y por supuesto el papel de la genética, ya que es posible que esos atletas tengan unos rasgos genéticos superiores al resto de población, y que ello unido a la práctica deportiva mejore la esperanza de vida.

Aunque el factor de la raza se muestra relevante en varios estudios (probablemente asociado a la educación), no se comenta la dificultad de categorizar a los deportistas en la actualidad en función de, por ejemplo, una simple dicotomía negro/blanco. En la NBA, la cantidad de jugadores que tienen diversidad genética en este sentido es amplia.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Lemez, S. & Baker, J.. (2015). Do Elite Athletes Live Longer? A Systematic Review of Mortality and Longevity in Elite Athletes. Sports Medicine – Open, doi: 10.1186/s40798-015-0024-x

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(#227). ESTATURA, CÁNCER Y ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] La estatura es una variable que refleja factores genéticos, nutricionales y del entorno.  Su asociación con la mortalidad ha sido investigada en varios estudios. Por ejemplo, un metanálisis de 121 estudios de cohortes con un total de 1 millón de participantes encontró que la estatura estaba inversamente relacionada con el riesgo de muerte por enfermedades circulatorias, como enfermedades coronarias, infarto e insuficiencia cardíaca. Sin embargo, estaba positivamente asociada con el riesgo de muerte por melanoma y otros tipos de cáncer: páncreas, sistemas nervioso y endocrino, ovarios, mama, próstata, colon, leucemia y pulmones.

Además de la estatura medida de pie, la estatura medida con la persona sentada también es una variable interesante para ser relacionada con las enfermedades, ya que, por ejemplo, la estatura sentado puede estar más fuertemente asociada con la resistencia a la insulina, y está positivamente ligada a la función pulmonar.

El objetivo de esta investigación es analizar la asociación entre la estatura (tanto de pie como sentado) con la mortalidad por enferemdades en una gran muesta de mujeres y hombres de 10 países europeos.

Metodología

Entre 1992 y 2000 521457 personas (70% mujeres, la mayoría entre 20 y 70 años) fueron seleccionadas para participar en un estudio de cohortes en 10 países europeos: Dinamarca, Francia, Alemania, Grecia, italia, Holanda, Noruega, España, Suecia y Reino Unido.

Cuando se les reclutó, se les pasó un cuestionario sobre estilo de vida, información demográfica e historial médico, y se les midió la estatura. No obstante, los participantes noruegos reportaron ellos mismos su altura, y no todos los francesas o ingleses fueron medidos en el centro médico, sino que también indicaron su estatura sin necesidad de medición. Los autores abogaron finalmente por no considerar los datos de las personas que reportaron su estatura, debido al sesgo conocido de sobreestimación de esta.

Las causas de muerte fueron cateogrizadas según la décima revisión del International Classification of Diseases (ICD-10). Todas las causas de muerte incluían fallecimiento por casuas externas.

Después de eliminar los casos con información incompleta o estatura no medida de manera objetiva, la  muestra total quedó en 409758 personas, aunque a sólo 253427 se les midió la estatura también sentados.

Las variables “estatura” y “estatura sentado” fueron agrupadas en quintiles en aras de formar parte de una regresión de Cox para explicar el riesgo de mortalidad. Las covariables fueron el consumo de alcohol, el estatus de fumador, el peso corporal, actividad física, educación y calorías ingeridas. Los modelos fueron ajustados independientemente para hombres y para mujeres, ya que para las mujeres se consideraba también variables como la menopausia y el uso de hormonas.

Se emplearon correcciones de Bonferroni; p=0.004 (0.05/13 variables) para las comparaciones múltiples.

Resultados e implicaciones

El tiempo medio de seguimiento fue de 12.5 años; 29810 participantes murieron durante ese proceso. De todas las muertes identificadas con una causa (25526), 11931 fueron cáncers.

Los resultados globales mostraron una asociación positiva entre la estatura de pie y la mortalidad por cáncer, pero inversa con las enfermedades cardiovasculares.

Sin embargo, la estatura de pie estaba inversamente asociada al riesgo de morir por enfermedades circulatorias, tanto para hombres como para mujeres. Es más, la estatura se asoció inversamente la enfermedad isquémica del corazón y el infarto de miocardio en hombres y mujeres, y sólo con enfermedad cerebrovascular en hombres. No hubo asociaciones significativas con respecto  a las muertes por infarto o enfermedades respiratorias. Cuando se excluyeron los sujetos con una historial pasado de cáncer, enfermedades cardiovasculares o diabetes, los resultados fueron similares.

En cuanto a la estatura sentado, se encontró una asociación negativa entre esta variable y todas las casuas de muerte en hombres y mujeres. Aquí desaparece esa asociación positiva entre la estatura y el desarrollo de cáncer, mientras que se mantenía la relación inversa con el riesgo de muerte por enfermedades circulatorias.

Al examinar la interacción entre los dos tipos de estatura (de pie y sentado) se encontró que que las personas más altas en ambos casos tenían una asociación inversa con la muerte por enfermedades respiratorias en hombres, pero no en  mujeres.

Por tanto, los resultados de este estudio concuerdan con los del metanálisis comentado al comienzo en cuanto a la estatura de pie.

La relación positiva entre la estatura y la muerte por cáncer puede ser resultado de que las personas más altas tienen órganos más grandes, y por lo tanto un mayor número de células en riesgo de transformación maligna o proliferación. Por contra, las personas más altas tienen mayores diámetros coronarios y un menor ritmo cardíaco y mayor capacidad pulmonar, lo que se postula como posible factor protector de muerte por enfermedades circulatorias con respecto a las personas más bajas.

Los autores explican el resultado de que la estatura sentado no se asocie positivamente al cáncer en el hecho de que tienen mejor función pulmonar.

Limitaciones/Comentarios

El gran potencial de este artículo es su elevado tamaño muestral. Sin embargo, los autores no explican demasiado bien esos resultados un tanto diferentes entre la relación entre la estatura sentad y la mortalidad por cáncer, lo que deberá ser profundizado en otros estudios.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Sawada N, Wark PA, Merritt MA, Tsugane S, Ward HA, Rinaldi S, et al. (2017) The association between adult attained height and sitting height with mortality in the European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition (EPIC). PLoS ONE 12(3): e0173117. doi:10.1371/journal.pone.0173117

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Cuartil

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MULTIDISCIPLINARY SCIENCES

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Q1

MEDICINE (MISCELLANEOUS)

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(#216). VIVIR CERCA DE UNA INCINERADORA DE RESIDUOS PELIGROSOS; RESULTADOS POCO CLAROS EN AUTOPSIAS

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] La biomonitorización humana (HBM) es un método de protección de la salud por el cual se mide la exposición a sustancias químicas. Ejemplos de HBM son los análisis de sangre y orina, leche materna o saliva. Sin embargo, por razones evidentes, la información proveniente de tejidos como el hígado, riñones o cerebro es mucho menos empleada. Los autores comentan que, aunque resulte invasivo, el monitorizar estos tejidos podría dar información relevante sobre la exposición a largo plazo a contaminantes ambientales. Una forma de hacer este análisis es a través de las autopsias.

El objetivo de esta investigación es el de examinar el uso de tejidos provenientes de autopsias para monitorizar la exposición humana a contaminantes ambientales, a través del estudio de un caso en una zona geográfica cercana a una incineradora de residuos peligrosos en Cataluña.

La incineración de este tipo de residuos es una forma relativamente segura y eficiente de deshacerse de ellos, pero tienen la contrapartida de que se emiten sustancias tóxicas (orgánicas e inorgáncias), como metales y compuestos volátiles y semivolátiles, como las policlorodibenzodioxinas y dibenzofuranos (PCDD/Fs), que son contaminantes orgánicos persistentes, y con alta toxicidad.

Metodología

Se estudió el caso de una incineradora de residuos peligrosos construida en 1998 en Tarragona, cuyas operaciones comenzaron en 1999. Para evaluar los riesgos de monitorizó a la población más cercana

Se comenzó a recabar datos en el periodo 1996-1998, y se obtuvieron muestras de sangre, pelo y tejidos de autopsias de cerebro, pulmones, hígado, hueso y riñones). La autopsia se realizó a 20 cadáveres.

También se tomaron muestras de las concentraciones de diferentes metales (As, Be, Cd, Cr, Hg, Mn, Ni, Pb, Sn, Tl, V). Asimismo, se recogieron muestras de leche materna, sangre y tejidos adiposos de la población circundante con el fin de estudiar la presencia de PCDD/Fs.

El estudio se repitió en 2003, 2007 y 2013, con el fin de analizar la variación tras la exposición a la actividad de la incineradora.

Resultados e implicaciones

En cuanto a las concentraciones de metales, los resultados fueron poco claros. Por ejemplo, en 2013, y tras 14 años en funcionamiento, las concentraciones de As, Be, Ni, Tl y V fueron menores que los niveles de detección. El Cromo se incrementó en el periodo 1998-2013 de manera significativa en los tejidos de hígado, hueso, cerebro, riñones y pulmón, pero el Plomo decreció en pulmón, hueso e hígado.

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Estos nos lleva a pensar que, debido al poco tamaño de la muestra, y a la exposición a metales en la dieta, el patrón de cambio observado podría estar confundido. Dicho de otro modo, el estudio sobre la concentración de metales no aporta una conclusión clara sobre el efecto de la incineradora.

Las concentraciones de PCDD/Fs disminuyeron con respecto a las del estudio base, lo que los autores achacan a la dieta.

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En definitiva, este estudio no provee evidencias de que vivir en las cercanías de una incineradora de residuos peligrosos tenga un efecto claro sobre la concentración en metales en los tejidos o sobre la concentración de dioxinas en tejidos grasos.

Limitaciones/Comentarios

El reducido número de muestras tomadas y los factores de confusión de la dieta hace que no se pueda arrojar luz sobre el posible efecto de vivir en las cercanías de una incineradora de residuos peligrosos.

Tampoco se dispone de más información acerca de la distancia a la que los individuos de la muestra vivían de la incineradora, sólo que estaban en un ámbito “cercano”.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Domingo, J. L. et al. (2017).  Autopsy tissues as biological monitors of human exposure to environmental pollutants. A case study: Concentrations of metals and PCDD/Fs in subjects living near a hazardous waste incinerator. Environmental Research, doi: 10.1016/j.envres.2017.01.014

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Impact Factor (2015)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

3.088

Q1

PUBLIC, ENVIRONMENTAL & OCCUPATIONAL HEALTH

Scimago (SJR)

1.45

Q1

BIOCHEMISTRY

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