(#403). LA CONTAMINACIÓN EN LAS ZONAS DE MINERÍA DEL CARBÓN EN EEUU

[DESPIERTA] Las compañías que explotan minas de carbón en Estados Unidos están intoxicando a las personas que viven en sus cercanías.

Gareth Evans, explica que la práctica de volar la parte superior de las montañas produce la contaminación del agua potable, lo que a su vez incrementa el riesgo de enfermedades.

En algunas comunidades los vecinos no se pueden ni asear con ese agua, y sólo emplean agua embotellada para cocinar y, por supuesto, para beber.

Estas minas, situadas en algunas de las zonas más pobres del país, como West Virginia, comparten las características de las zonas de sacrificio.

Aguas amarillentas que salen de los grifos de las casas en unos vecindarios donde muchas de las personas no tienen suministro convencional, y confían en sus propios mecanismos para abastecerse de aguas subterráneas. Arsénico o níquel son algunos de los contaminantes detectados.

Muchos de los habitantes de esas comunidades reportan el incremento de enfermedades crónicas, de cáncere, debidos no sólo al agua contaminada sino también al aire. Sin embargo, y aunque hay procesos judiciales contra las compañías responsables no todos los vecinos ahúnan sus fuerzas. Para parte de la comunidad esas empresas dan trabajo y no quieren arriesgarse a perderlo. Tristemente, esta es otra de las características de este tipo de situaciones, donde se da la apariencia de elegir entre el trabajo o la salud, poniendo a muchas personas en una encrucijada.

No obstante, existen soluciones intermedias que dependen de la regulación adecuada, es decir, de obligar a las empresas a no contaminar y/o a limpiar los lugares que se ven afectados. Sin embargo el lobby del carbón es muy fuerte en Estados Unidos (en general, el de todas las industrias contaminantes) y la ley para que las empresas restauren los cauces de agua contaminados por sus actividades fue eliminada tras la llegada de Donald Trump.

De nuevo se ignora la evidencia científica, que ha ligado en varias ocasiones la enfermedad y la muerte con vivir en estas zonas de sacrificio.

Varios condados del medio oeste del país son los principales afectados, y los niños recién nacidos lo están pagando:

Fuente: www.hrw.org, basado en: Melissa M. Ahern et al., “The association between mountaintop mining and birth defects among live births in central Appalachia, 1996-2003,” Environmental Research, vol. 111, 2011, p. 842. © 2018 Human Rights Watch

Ante esta situación, la industria reacciona como es habitual, financiando a poíticos y universidades, lo que asegura unas leyes favorables y unos investigadores que se quedan huérfanos del apoyo de sus centros de pertenencia. Así, la Universidad de Virginia Tech recibió una beca de $15 millones para crear un instituto de investigación del carbón, cuyas políticas sobre qué tipo de resultados publicar parecen obvias. En octubre de 2011, la Universidad West Virginia hizo saber que los estudios realizados por investigadores pertenecientes a ella no debían ser catalogados como “estudios de la Universidad West Virginia”, aparentemente con el fin de “desligarse” de los resultados preocupantes para la salud de los ciudadanos de esas zonas mineras.

En definitiva, una historia repetida docenas de veces, que ya tristemente conocemos; zonas deprimidas expuestas a contaminantes peligrosos, evidencia científica que no se tiene en cuenta, empresas que protegen sus intereses gracias a la financiación de políticos y centros de investigación, grandes campañas de comunicacion para infundir el miedo de la pérdida de empleos si se regula de forma más saludable, y múltiples personas inocentes que son víctimas en este tóxico escenario.

IR A LA FUENTE DE ESTA NOTICIA

Todos los posts relacionados




(#364). LA NECESIDAD DE REDUCIR EL ARSÉNICO EN LA ALIMENTACIÓN

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En esta investigación publicada en Enrivonmental Health Perspectives, los autores proponen realizar más intervenciones para minimizar el impacto del arsénico en la salud. Este tóxico, tiene su principal vía de entrada a través de la alimentación.

La relevancia de este tema ha hecho que en Estados Unidos se forme el “The Collaborative on Food with Arsenic and associated Risk and Regulation” (C-FARR), que ha resultado en la publicación de varios estudios sobre este asunto

Los autores indican que, pese a que el arsénico inorgánico es un evidente cancerígeno y ocasiona diversas enfermedades, también se debe prestar atención a la toxicidad crónica de especies orgánicas. En el agua potable, el arsénico aparece en su forma inorgánica (la más tóxica), pero en la comida existe una combinación de ambas. 

Sin embargo, la exposición debida al agua de bebida es menor que en la comida. Según datos que muestran los autores, menos de un 4% de estadounidenses estaban expuestos a agua potable con concentraciones de arsénico >1μg/L, y sólo un 1% estaba por encima del límite de 10μg/L que marca la EPA.

Es interesante repasar los estudios epidemiológicos que citan los autores sobre la relación entre el consumo de arroz y enfermedades cardiovasculares y cáncer. La evidencia es limitada, pero sugiere que el consumo de arroz puede incrementar el riesgo de enfermedad, aunque es difícil separar si esa exposición viene fundamentalmente por el agua de bebida o por el propio arroz.

No obstante, en Estados Unidos, no hay regulación con respecto a los niveles de arsénico en los alimentos. Ante esta lentitud en realizar esa regulación, los autores proponen varias formas de intervención en todos los niveles de la cadena de valor, involucrando a diversos grupos de interés.

Así, y con el ejemplo del arroz, los autores proponen realizar práctica de agricultura sostenible, rebajando el uso del agua en los cultivos. Además, aconsejan emplear fertilizantes de silicio (haciéndolos accesibles a los pequeños agricultores, ya que son más caros). Por supuesto, hay que evitar el uso de pesticidas que contengan arsénico y no cultivar en zonas próximas a fuentes de contaminación.

Los ingredientes de ciertos alimentos también podrían cambiarse por alternativas con menos riesgo. Por ejemplo, usar el jarabe de maíz alto en fructosa en lugar de jarabe de arroz orgánico en productos dirigidos a niños, y el empleo de carragenina como sustituto a la gelatina. No obstante, y como bien indican los autores, el arsénico se reduciría pero aún estaría presente el debate sobre si pueden existir otros efectos adversos producidos por ese cambio.

Los autores también recomiendan modificar los hábitos de cocción del arroz, tanto a nivel industrial como en casa, por ejemplo, cambiando el agua de cocción varias veces durante el cocinado. Las reducciones conseguidas son altamente relevantes.

Los celíacos, que en ocasiones pueden abusar del arroz para llevar una dieta libre de gluten, son un segmento de población especialmente sensible a esta cuestión, al igual que los niños y las mujeres embarazadas.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

 Nachman, K. E. et al.  (2018).Opportunities and Challenges for Dietary Arsenic Intervention . Environmental Health Perspectives, doi: 10.1289/EHP3997.

 Indicadores de calidad de la revista*
 

Impact Factor (2017)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

8.309

Q1

ENVIRONMENTAL SCIENCES

Scimago (SJR)

3.41

Q1

HEALTH, TOXICOLOGY AND MUTAGENESIS

* Es simplemente un indicador aproximado para valorar la calidad de la publicación

Todos los posts relacionados




(#356). 3M Y LA OCULTACIÓN DE LA CONTAMINACIÓN POR PFAS

[MONOTEMA] Hay veces que mis estudiantes de marketing se quedan perplejos ante cómo manejan las grandes empresas sus relaciones públicas y sus mensajes publicitarios. Y lo hacen porque no entienden cómo puede haber tanto cinismo, tanta manipulación.  Cuando comentamos que el marketing consiste, principalmente, en crear una máscara que oculta la verdad, crea una hiperrealidad, y mantiene entretenida e idiotizada a la gran mayoría de la opinión pública, entonces empiezan a comprender mejor “de qué va esto”.

Hemos visto ya muchos ejemplos en otros artículos en este blog, pero hoy vamos a hablar de una empresa que hasta ahora no estaba entre las protagonistas de las lamentables historias sobre ocultación, mentiras, fraudes, explotación o contaminación: 3M (“Minnesota Mining and Manufacturing”)

La compañía del “post-it” y del “Scotch-Brite”, entre otros productos, resolvió hace unos meses un contencioso jurídico con el estado de Minnesota a causa de la contaminación con PFAs. Vamos a contar brevemente la historia.

Los PFAs

Los PFAs son un grupo de compuestos fluorados artificialmente creados y que incluyen una diversidad de químicos, entre los que destacan los PFOA y los PFOS. Tienen una gran variedad de usos, como espumas contra incendios, pinturas, pesticidas, champús o  envases de comida. Según la Agency for Toxic Substances and Disease Registry (ATSDR, 2018), la exposición a PFAs pueden producir diversos efectos sobre la salud, como incrementar el nivel de colesterol, perturbar la respuesta a las vacunas, incrementar el riesgo de enfermedad de tiroides, y afectar a la fertilidad femenina, entre otros. La evidencia con respecto al cáncer es más controvertida, aunque la IARC clasificó al PFOA como posible cancerígeno. En estudios en animales, se muestra una asociación con el cáncer de hígado, páncreas, testículos y tiroides.

Según la EPA, niveles de PFOA y PFOS por debajo de 70 ppt (partes por trillón) en agua de bebida no debería suponer un peligro para los humanos. El agua es la principal ruta de exposición, junto con la comida contaminada (sobre todo el pescado), aunque también esos compuestos contaminan el aire y el suelo.

Por tanto, hay que mirar con especial atención a las comunidades donde se sitúan fábricas de este tipo de sustancias perfluoroalquiladas, y también instalaciones militares y otros lugares donde se usan ciertos tipos de espumas contra incendios.

3M produjo los primeros PFAs

Como indica Fellner (2018), en los años 40, los científicos de 3M desarrollaron dos químicos ligando flúor con carbono, los cuales repelían la grasa, el aceite y el agua, y eran bastante estables. Los PFOS y los PFOA supusieron, de este modo, una gran innovación que fue aprovechada por la compañía para incorporarla a sus productos, y también venderla a terceros, como a DuPont, que empleaba los PFAs para producir Teflon.

El estado de Minnesota demanda a 3M

En 2010, el estado de Minnesota interpuso una demanda contra a 3M (cuyo cuartel general se encuentra precisamente allí) por valor de 4060 millones de euros por dañar los recursos naturales del estado (Eldiario.es, 2018). Pero como indica Fellner (2018), la fiscal general que lideró la demanda,  Lori Swanson, acusó a la compañía también de: (1) Formar un equipo interno para evitar que se publiquen papers que pudieran ir en contra de sus intereses; (2) Financiar investigaciones que la compañía pudiera manipular; (3) Considerar investigaciones aparentemente independientes, pero cuyos investigadores firmaban acuerdos secretos con 3M; (4) Deshacerse de documentos internos que pudieran comprometer a la compañía.

De este modo, se acusaba a 3M no sólo de contaminar el entorno, sino de crear una estructura y planear un entramado de acciones para manipular la evidencia científica y moldearla para que fuera congruente con sus intereses, es decir, tratar de que la comunidad científica y la opinión pública considerara los PFAs como una amenaza mucho menor de lo que realmente era.

Se conocen documentos internos

Gracias a este concencioso jurídico se han conocido diversos documentos internos que comprometen seriamente a 3M. De especial relevancia son los que se refieren a John P. Giesy,  un reconocido investigador sobre tóxicos químicos, que recibió el Einstein Professor Award de la Academia de Ciencias de China. El profesor Giesy fue el primer científico en descubir los PFAs en el medio ambiente y trató de persuadir a 3M de que abandonara su producción (Fellner, 2018).

Sin embargo, se ha descubierto que Giesy estaba coludiendo con 3M en una campaña internacional para influir en la investigación académica sobre los peligros de los PFAs. Los documentos han permitido dilucidar que 3M, durante décadas, ha mentido a la comunidad científica sobre la presencia de sus químicos en la sangre de las personas, despreciando estudios que ligaban a esos químicos con el cáncer, y financiando selectivamente estudios para ser usados como una barrera defensiva en los litigios. Como explica Fellner (2018), la acusación alegaba que, pese a que el profesor Giesy tenía una gran imagen de investigador independiente, en realidad, y en privado, él se definía como un miembro más del equipo de 3M. Giesy tenía un patrimonio de unos 20 millones de dólares, en parte gracias a su compañía consultora que ha recibido pagos de 3M entre 1998 y 2009, facturando unos $275 la hora. En un email al laboratorio de 3M, el profesor Giesy describió su papel como “tratar de mantener malos artículos fuera de la literatura”, porque en “situaciones de litigo pueden ser un gran obstáculo para refutar”.

Si alguien se pregunta cómo esto es posible, o si un sólo investigador puede tener ese poder, hay que recordar que Giesy es uno de los investigadores más reconocidos en su campo, y forma parte del equipo editorial de diversas revistas científicas, sociedades y foros. Desde esa posición (editor o revisor), puede influir en la aceptación o el rechazo de estudios, en función de los intereses personales que tuviera (que para la fiscal Swanson, así lo era).

Sabían del riesgo pero no hicieron nada

Según Marcotty & Bjorjus (2017), la fiscal Lori Swanson pidió un informe a investigadores de la Universidad de Harvard, que indicaba que 3M conocía los posibles efectos nocivos de los PFAs en la década de los 70, pero los ocultó deliberadamente, con lo que no se investigaron sus efectos en las personas que vivían en comunidades cercanas a las fábricas.

Phillippe Garndjean, profesor de salud ambiental en la Universidad de Harvard, revisó los documentos internos de la compañía, y señaló que 3M cerró los ojos a la evidencia o simplemente escogió no seguir tirando del hilo.

Comunidades afectadas

Demostrar que existe un cluster de cáncer es, probablemente, una de las tareas más complejas en epidemiología, y normalmente acaba en fracaso. Se necesitan muestras grandes y tamaños de efecto también importantes para que los estudios proporcionen significatividad. Por tanto, cuando las autoridades insisten en que no existe un cluster de cáncer, realmente puede existir, pero no se ha tenido potencia estadística suficiente para detectarlo.

En los últimos años han habido varias sospechas sobre esos conglomerados de cáncer en los aledaños de focos contaminantes con PFAs. Probablemente el más conocido es el de Oakdale (Minnesota), donde al menos 5 muertos por cáncer y 16 supervivientes de esta enfermedad acudieron a la escuela secundaria de Tartan (Fellner, 2018). Y en ese centro educativo y en toda la ciudad se preguntan si eso es “normal”.

Son un total de 21 casos en 15 años (Fellner, 2018). Con sólo 28000 residentes y alrededor de 1700 chicos en el instituto de Tartan, esta localidad aledaña a una de las fábricas de 3M descubrió en 2004 que su agua estaba contaminada por PFOS por encima de los niveles permitidos, concretamente 20 veces superior. La historia que cuenta Fellner (2018) es tremenda, no obstante según las autoridades no se considera como cluster de cáncer. Pero el profesor David Sunding, de la Universidad de California Berkeley revisó los datos y estimó que los niños que murieron en Oakdale tenían 171% más de probabilidad de haber sido diagnosticados de cáncer que los que murieron en áreas no contaminadas. Además, las madres en Oakdale tenían un 34% más de probabilidad de tener niños nacidos con bajo peso, y eran menos fértiles que en otras parte del condado. Sin embargo, el Departamento de Salud de Minnesota publicó sus propios datos negando que hubiera tal cluster de enfermedad. Pero, como indica Fellner (2018), un email interno sacado a la luz indicaba que uno de los empleados del Departamento de Salud describía ese contra informe como “apresurado”.

En Australia, al menos 90 comunidades están siendo investigadas por elevados niveles de contaminantes. El Deparatamento de Salud australiano mantiene que “no hay evidencia consistente” de que los químicos puedan causar efectos “importantes”  sobre la salud, como el cáncer, pero para hacer esto referencian el trabajo de los científicos de 3M, que insisten en que esos químicos no son perjudiciales a los niveles encontrados en sangre en humanos (Fellner, 2018).

En una de ellas, Williamntown, cerana a una base aérea y donde se emplean con asiduidad productos con PFAs, 50 de sus residentes han desarrollado cáncer en los últimos 15 años (Fellner & Begley, 2018).  Sin embargo, al estudio epidemiológico de la NSW Health (que fue muy criticado) concluyó que no existía un cluster de cáncer (Millington, 2018). Phillippe Garndjean, dijo que era posible y probable que los químicos los PFAs estivieran relacionados con esos casos de cáncer debido a la supresión del sistema inmune (Fellner, 2017).  De nuevo sospechas, gente sufriendo, científicos que alzan la voz alertando…pero casos y evidencias insuficientes para la estadística oficial.

Estudio censurado

Tanto el Administrador de la EPA, Scott Pruitt, como la Casa Blanca han tratado de censurar la publicación de un estudio sobre contaminación con PFOS y PFOA en el agua de Estados Unidos. La investigación realizada por la Agency for Toxic Substances and Disease Registry supuestamente muestra que esos tóxicos afectan a la salud humana a niveles bastante menores que los que la EPA considera seguros (Snider, 2018). El estudio, que afecta a muchas zonas lindantes con instalaciones militares, está bloqueado desde hace varios meses, aunque tras la reciente dimisión de Pruitt, se abre un nuevo escenario.

Un email escrito por un representante de la Casa Blanca en enero de 2018 y conocido a través de un Freedom of Information Act, se refiere a ese informe como una “potencial pesadilla de relaciones públicas” (Fellner, 2018).

Las multas…o lo barato que sale la maldad

La demanda interpuesta en 2010 se resolvió en un acuerdo a comienzos de 2018, donde 3M se comprometió a pagar 850 millones de dólares con el fin de archivar el caso (Eldiario.es, 2018).  En 2017 (sólo en ese año) 3M obtuvo unos 4858 millones de dólares de beneficios. No es extraño que haya afectados que piensen que al gigante de Minnesota le ha salido muy barato contaminar durante décadas el agua potable, ocultar datos sobre la toxicidad de los PFAs, y coludir supuestamente con John P. Giesy para sesgar la evidencia científica sobre los efectos de esos productos.

En 2017, DuPont también llegó un acuerdo por 670 millones de dólares para cubrir daños de la contaminación del agua potable en los alrededores de su planta de Teflon en West Virginia, después de que un panel de expertos realizara una investigación epidemiológica concluyendo que el agua potable de los residentes estaba contaminada con PFOA, lo cual era una causa probable de 6 enfermedades, incluyendo cáncer de hígado y testículos (Fellner, 2018). En 2016 (de nuevo sólo en ese año), DuPont obtuvo un beneficio neto de 2500 millones de dólares.

3M y DuPont conocían los efectos de sus químicos desde hacía décadas (Brownell, 2018). Ahora pagan, pero el daño ya está hecho, y sus ingentes beneficios siguen siendo eso mismo, ingentes.

El marketing

Después de conocer (brevemente) la historia, resulta un ejercicio imperdible repasar algunas de las acciones de marketing de 3M, y así comprobar cómo funcionan su publicidad y relaciones públicas

Según Eldiario.es (2018), y en relación al acuerdo llegado en el mencionado jucio en Minnesota, John Banovetz, vicepresidente senior de Investigación y Desarrollo de 3M decía: “Estamos orgullosos de nuestro historial en gestión ambiental y, aunque no consideramos que exista un problema de salud pública relacionado con los productos químicos, 3M trabajará con el Estado en estos importantes proyectos“.

De este modo 3M está muy orgullosa de su actividad y no acepta que exista un problema de salud pública con los PFAs. Pagan la multa porque quieren colaborar (desinteresadamente quizá les ha faltado decir) con las gentes de Minnesota para hacerles la vida mejor. 

Bueno, es normal que ellos mismos “se lo crean”. De hecho, en 2014 y 2015 3M fue reconocida como “Una de las compañías más éticas del mundo” por el Instituto Ehisphere, un centro de investigación que busca promover las mejores prácticas en materia de ética empresarial y gobierno corporativo (Compromisorse.com, 2015). Juan Antonio Palacios, Compliance Manager para Europa decía al respecto: “Desde 3M estamos muy orgullosos de este reconocimiento, el cual refleja el compromiso de nuestra gente con los más altos estándares éticos en la forma de hacer negocios. Además, esta distinción nos indica que estamos en el buen camino y nos aporta la confianza para seguir creciendo de forma sostenible”.  Sostenible, esa palabra mágica que les sonará a los habitantes de Minnesota y de otras comunidades donde no pueden comer peces de los ríos contaminados. Un premio a la ética y a la transparencia. 

3M también ha estado activo en España colaborando con la AECC. Lo hizo en 2009 diseñando productos con el lazo rosa (Controlpublicidad, 2009). 

a5dc7393ba750423421e83c81b8d3d8c
ed0d154f34984d93013ace63d2183b85

También es interesante echar un vistazo a algunos de sus mensajes gráficos, que de nuevo muestran la gran preocupación que tiene esta compañía por el medio ambiente y la salud de todos nosotros.

3m
improvinglives

Viendo desde fuera todas esas acciones de marketing, para aquellos que no conozcan historias como esta, 3M se presenta como una compañía idílica, en la que a todos nos gustaría trabajar, y donde los productos que venden son atractivos y confiables.

Conclusión

Nadie duda del mérito de las innovaciones de 3M, y de lo que éstas han contribuido a mejorar varios aspectos de la vida cotidiana. Eso no se pone en cuestión. Para muchos 3M es un modelo a seguir por su capacidad para crear tecnología y registrar más de 25000 patentes. Además, ha hecho avances importantes en el ámbito de la sostenibilidad, tal y como se aprecia en la siguiente figura.

3m-sustainability-report-2014-4-638

Pero el éxito no debe conseguirse a cualquier precio. La avaricia, la codicia, el maquiavelismo y el compotamiento anti social de aquellos que han tomado algunas de las decisiones que hemos repasado en este post no tiene justificación, y no hay dinero (ni por supuesto esas escasas multas) que pueda pagar el (supuesto) daño hecho a conciencia por ocultar, mentir y trampear en relación a algunos de sus productos contaminantes, como los PFAs.

Las tragedias personales quedan, como casi siempre pasa en estos casos, embarradas en la confusión generada entre informes y contra informes, generación de dudas, limitación de las pruebas causales, jerga estadística, e intereses económicos. Pero hay cosas que son evitables, como la inversión en tecnología para reducir las emisiones, o el mayor control de las autoridades para evitar que se cometan infracciones. Pero cuando esas autoridades parecen ir de la mano del “malo” (como la EPA), poco hay que añadir. Las soluciones a posteriori no valen, la gente ya no recupera su salud, y la multas son irrisorias para los beneficios generados por estos gigantes.

No, 3M no es un modelo a seguir. Y no lo es porque, según todas estas informaciones, se ha comportado con un alto grado de perversión. Eso sí, el marketing enmascara su verdadero rostro. Ellos están orgullosos, no admiten que han perjudicado la salud de nadie, son éticos, sostenibles, transparentes y trabajan para mejorar nuestra vida, incluso colaborando en la lucha contra el cáncer.

Referencias

ATSDR (2018, junio 20). ToxFAQs™ for Perfluoroalkyls. Descargado desde: https://www.atsdr.cdc.gov/toxfaqs/tf.asp?id=1116&tid=237

Brownell, J. (2018, abril 17). Attorney With Long History Fighting PFC Contamination Says “Learn From What We Went Through”. Descargado desde: http://krcc.org/post/attorney-long-history-fighting-pfc-contamination-says-learn-what-we-went-through

Compromisorse.com (2015, marzo 27). 3M, reconocida por sus prácticas éticas y transparatens. Descargado desde: https://www.compromisorse.com/rse/2015/03/27/3m-reconocida-por-sus-practicas-eticas-y-transparentes/

ControlPulicidad.com (2009, septiembre 7).Campaña solidaria de 3M contra el cáncer de mama. Descargado desde: http://controlpublicidad.com/campana-solidaria-de-3m-contra-el-cancer-de-mama/

Eldiario.es  (2018, febrero 2). La compañía 3M acuerda el pago de 690 millones a EEUU para archivar una demanda por contaminación. Descargado desde: https://www.eldiario.es/economia/Post-it-millones-EEUU-archivar-contaminacion_0_742626433.html

Fellner, C. & Begley, P. (2018, junio 17). Toxic Secrets: Where the sites with PFAS contamination are near you. Descargado desde: https://www.smh.com.au/national/nsw/toxic-secrets-where-the-sites-with-pfas-contamination-are-near-you-20180616-p4zlxc.html

Fellner, C. (2018, junio 15). Toxic Secrets: The town that 3M built – where kids are dying of cancer. Descargado desde: https://www.smh.com.au/world/north-america/toxic-secrets-the-town-that-3m-built-where-kids-are-dying-of-cancer-20180613-p4zl83.html

Fellner, C. (2018, junio 16). Toxic Secrets: Professor ‘bragged about burying bad science’ on 3M chemicals. Descargado desde: https://www.smh.com.au/lifestyle/health-and-wellness/toxic-secrets-professor-bragged-about-burying-bad-science-on-3m-chemicals-20180615-p4zlsc.html

Fellner, C. (2018, junio 21). Erin Brockovich’s ‘heartbreak’ over cancer revelations as NY sues 3M. Descargado desde: https://www.smh.com.au/lifestyle/health-and-wellness/erin-brockovich-s-heartbreak-over-cancer-revelations-as-ny-sues-3m-20180621-p4zmse.html

Fellner, C.  (2017, julio 8). Professor Philippe Grandjean links PFAS chemicals at Williamtown to diseaseDescargado desde: https://www.theherald.com.au/story/4778269/professor-links-toxins-to-disease/?cs=305

Marcotty, J. & Bjorhus, J. (2017, noviembre 27). Minnesota AG’s lawsuit asks: What did 3M know about PFCs?. Descargado desde: http://www.startribune.com/minnesota-ag-s-lawsuit-asks-what-did-3m-know-about-pfcs/459983203/

Millington, B.  (2018, marzo 28). Cancer Council backs Williamtown RAAF airbase’s ‘limited’ PFAS cancer cluster study. Descargado desde: http://www.abc.net.au/news/2018-02-19/cancer-council-backs-nsw-health-pfas-cancer-cluster-study/9460446

Snider, A. (2018, abril 14). White House, EPA headed off chemical pollution study.Descargado desde: https://www.politico.com/story/2018/05/14/emails-white-house-interfered-with-science-study-536950

Cómo citar este artículo: Martínez, J. A. (2018, julio 17). 3M y la ocultación de la contaminación por PFAS. Descargado desde www.cienciasinmiedo.es/b356

Todos los posts relacionados




(#355). SCOTT PRUITT DEJA LA EPA DEBIDO A SUS ESCÁNDALOS

[DESPIERTA]  Por fin dimitió Scott Pruitt, el Administrador de la EPA que había demandado a ésta en varias ocasiones cuando era fiscal en Oklahoma. El hombre que estaba al lado de los contaminadores, de los lobbistas. No obstante, y como suele suceder en estos casos, para el Presidente Trump, Pruitt ha hecho un gran trabajo en estos meses que ha estado a cargo de la agencia ambiental norteamericana. Qué iba a decir Trump, al fin y al cabo fue él quien lo puso a dedo, compartiendo, además, ideario ambiental.

Pruitt dimite principalmente por sus extravagancias, sus poco disimulados vínculos con la industria, y porque muchos de sus compañeros se han quejado de sus actividades y su abuso de poder.

Nihal Kirshan, el periodista que escribe para Open Secrets, detalla una lista (no exhaustiva) de las andanzas de Pruitt como Administrador de la EPA. Hay para todos los gustos: usar la sirenas de su coche para ir más rápido a un restaurante, vivir en una casa de un lobbista y pagar un alquiler menor al de mercado, gastarse 90 mil dólares de los contribuyentes en un mes en vuelos en jets privados y militares, utilizar a sus ayudantes para tareas personales como buscar perfumes o adquirir colchones, mantener una agenda de eventos secreta, destinar mucho más dinero del adecuado para su seguridad personal, etc.

Su sucesor es Andrew Wheeler, un antiguo lobbista de la industria del carbón. Esta gente es la que tiene el poder de la regulación ambiental en Estados Unidos. No sé si cabe decir mucho más.

IR A LA FUENTE DE ESTA NOTICIA

Todos los posts relacionados




(#344). TOXIC COMMUNITIES; PROFUNDIZANDO EN LAS CAUSAS DEL RACISMO MEDIO AMBIENTAL

[MONOTEMA]  Con unos pocos años de diferencia con respecto a Sacrifice Zones, Toxic Communities vuelve a incidir sobre la desigualdad en la exposición a tóxicos, clamando por una justicia medio ambiental, porque también las minorías étnicas y los más pobres tienen que sufrir una amenaza adicional; la polución.

Toxic Communities (2014) es un libro excelentemente documentado que, a diferencia, de Sacrifice Zones (2010), no se centra tanto en relatar el drama humano de las comunidades expuestas a industrias extremadamente contaminantes, sino que intenta indagar en las causas que subyacen a este fenómeno.

No tiene, por tanto, la crudeza de esas historias con nombres y apellidos; sin embargo, y a cambio, provee de una completísima revisión de la literatura académica sobre las diferentes teorías que se han proupuesto para explicar la relación entre la desigualdad social y la exposición a tóxicos, mostrando contradicciones en la investigación, discusiones entre diferentes posturas y una precisión excelente en los detalles.

La autora

Dorceta E. Taylor (en la foto) es una socióloga que se doctoró en Yale, y que imparte clases en la Universidad de Michigan. Ha trabajado durante toda su vida en la investigación sobre justicia medio ambiental, y eso se nota en cada página de este obra.

Taylor, en algo que es poco habitual en este tipo de libros, referencia puntualmente en el texto los trabajos que cita (sin emplear las clásicas notas al final), lo que personalmente me parece más indicado para esta clase de obras. Así, este libro simula un artículo en una revista académica, pero de 300 páginas de extensión.

Ejemplos de casos para comenzar

Taylor comienza el libro describiendo el caso de Triana (Alabama), un pequeño pueblo que tuvo la desgracia de encontrarse en las cercanías de una fábrica de DDT (Olin Corporation), situada a apenas 6 millas.

La autora recuerda que a comienzos de la década de los 50, tanto los investigadores como los fabricantes sabían que este pesticida era muy tóxico para los humanos y el medio ambiente. Fue prohibido en 1970 en Estados Unidos, justo 6 meses después de que esa fábrica cerrara. Pero Olin Corporation había contaminado ya todo el entorno, incluyendo el río donde pescaban los habitantes de la zona, convirtiendo a esos peces en comida enormemente tóxica.

Se estimó que Olin Corporation había vertido unas 417 tonelas de DDT al agua y sedimentos de la zona. Pero los habitantes de Triana (de mayoría negra) no fueron avisados sobre el peligro que corrían hasta la década de los 70. Así, en 1979, el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos hizo un estudio a 518 residentes. El nivel medio de DDT en sangre era de 159.4 ng/ml, cuando el americano medio entre 12 y 74 años tenía 15 ng/ml.

Taylor continúa describiendo otros casos en su primera parte del libro, como el del Condado de Warren, en Carolina del Norte, donde los residentes (de nuevo de mayoría negra) protestaron en 1982 contra la construcción de una planta de residuos de PCB.

Cuando se decidió llevar la planta allí, el Governador dijo que era un “bien público” y la población sería protegida “de la mejor manera posible”. Pero los ciudadanos estaban preocupados porque sabían de los efectos nocivos de la exposición a PCBs; además, los activistas argumentaron que habían elegido ese lugar por racismo (aludiando a esa reiterada idea de la desigualdad en exposición a tóxicos).

pcbs

La movilización fue un referente para esta lucha en la comunidad afroamericana (Foto de Timeline.com)

La autora también comenta el caso del barrio de Diamond (Louisiana), habitado únicamente por afroamericanos, y que lindaba con una refinería de Shell. Así, 250 residentes del barrio demandaron a la empresa; sus casas se habían devaluado y además su salud estaba en riesgo. El caso fue a juicio en 1997 y Shell trajo a expertos en toxicología para testificar que la planta no suponía riesgo para la salud. Uno de los abogados de la compañía dijo: “Todos vivimos en una sociedad que tiene que tolerar ciertos inconvenientes”. Seguramente el abogado no tenía ningún familiar viviendo al lado de la refinería.

El juicio lo ganó Shell, pero finalmente en 2012 la compañía acordó con los vecinos comprar todas las casas del barrio y se los vecinos se realojaron en otros lugares.

Por tanto, en este primera parte del libro, Taylor describe brevemente varios casos que nos incitan a pensar que ciertamente existe ese sesgo en la elección de los lugares para la ubicación de las industrias más contaminantes. Además, como indica la autora, muchos estados y ciudades ofrecen incentivos fiscales para que se creen este tipo de industrias, que a su vez proveen de empleos e impuestos a esas comunidades y a las arcas públicas. Es, de este modo, atractivo políticamente, aunque luego ocurra que los efectos sobre la naturaleza y la salud de las personas acaben por levantar a comunidades enteras y resolver esas contiendas en los tribunales.

Diferentes teorías

La segunda parte del libro es mucho más extensa, y discute con gran detalle las diferentes teorías que se han propuesto para explicar este fenómeno. Taylor, como buena investigadora, muestra todas las evidencias encontradas, tanto las que que son consistentes con la hipótesis del racismo, como las que defienden que en realidad el fenómeno es mucho más compejo y obedece a múltiples causas relacionadas con la dinámica del mercado. Además, comenta diversas aproximaciones metodológicas, mostrando debilidades de varias de ellas, que probablemente hagan que los resultados sean sesgados.

En este aspecto, este libro es mucho más preciso que el de Steve Lerner. Por ejemplo, muestra diferentes investigaciones que seriamente cuestionan la aseveración de que las multas a las empresas en vecindarios ricos y eminentemente blancos sea mayor que las que se ponen en los vecinderios más pobres y negros, tal y como Lerner sostenía.

Uno de los aspectos más destacados de esta parte es, a mi juicio, la dedicada al colonialismo interno, en especial cuando habla de los indios navajos y las minas de uranio. Este capítulo es auténticamente descorazonador, y cualquiera debería plantearse tras su lectura cómo es posible que haya personas que defiendan las centrales nucleares. No sólo se trata del peligro de accidentes y de almacenamiento de residuos, sino de todo el proceso de extracción de la materia prima, cómo literalmente se “sacrifica” a miles de personas (en este caso de mayoría nativa) que trabajan en condiciones precarias y que sufren enfermedades terribles. El relato es desgarrador, y desde luego en cualquier análisis de coste-beneficio deberían imputarse estos costes humanos (incalculables para mí), y los ocasionados por la contaminación de esas áreas donde se extraen (y lo que significa para las comunidades cercanas). Si luego añadimos los costes que, en ocasiones, los gobiernos tienen que incurrir para tratar de limpiar esas zonas y, a veces, en indemnizaciones. ¿De verdad es tan “rentable” la energía nuclear habiendo otras alternativas?

Las discusiones sobre todos los modelos propuestos llevarán al lector al final del libro, y creo que les dejará un buen sabor de boca por la honestidad con la que Taylor recorre cientos de referencias bibliográficas que se han aproximado a este temática.

Cómo citar este artículo: Martínez, J. A. (2018, junio 18). Toxic communities; profundizando en las causas del racismo medio ambiental. Descargado desde www.cienciasinmiedo.es/b344

Todos los posts relacionados




(#340). SACRIFICE ZONES: LA DESIGUALDAD SOCIAL Y LA EXPOSICIÓN A TÓXICOS EN ESTADOS UNIDOS

[MONOTEMA]  Las zonas de sacrificio eran lugares que los gobiernos estadounidense y soviético empleaban para realizar todo tipo de actividades nucleares. Esos sitios quedaban para siempre inhabitables, aunque no todos ellos realmente se vaciaban de personas. Eran zonas (y personas) que se “sacrificaban” para un supuesto bien mayor. Pero ellos nunca pidieron ser sacrificados y, desde luego, es muy discutible que cualquier objetivo político-económico pueda prevalecer sobre la salud de una comunidad.

Sacrifice zones cuenta la terrible historia de diferentes comunidades norteamericanas que han sufrido de manera directa la contaminación de industrias situadas en sus aledaños. Son las nuevas zonas de sacrificio; esta vez no hay residuos nucleares, pero sí dioxinas, benzeno, residuos de pesticidas, arsénico, tungsteno o manganeso.

En este post voy a comentar brevemente algunos de los puntos más relevantes de esta obra (publicada en 2012), que presenta además la constatación de que la desigualdad social también lleva aparejada una mayor desigualdad en la exposición a tóxicos industriales. A través de 12 casos en diferentes comunidades de Estados Unidos, el libro muestra una desesperante realidad de mentiras, inoperancia, dolor y muerte.

El autor

Steve Lerner (en la foto) es un premiado escritor que está ampliamente familiarizado con temas ambientales, y que para realizar este trabajo ha pasado 2 años de su vida recorriendo Estados Unidos para entrevistar a cientos de personas que forman parte de esas comunidades “sacrificadas”.

Lerner pone nombre y apellidos al dolor y a la lucha de individuos que se convirtieron en héroes incidentales. Y lo hace de manera honesta, mostrando la desesperanza de colectivos que sabían que estaban sufriendo las consecuencias de una contaminación, mientras las empresas y el Gobierno seguían imbuidos en falsedades e inoperancia.

Desigualdad en la ubicación de focos contaminantes

La segregación racial llevó a construir barrios para negros, a dividir las ciudades en zonas donde el color de la piel (y el del dinero) designaban quién debía habitarlas. Aunque esa época se fue diluyendo, muchos vecindarios segregados mantuvieron su estructura racial; los hijos y nietos de esos primeros habitantes siguieron viviendo allí.

A la discriminación histórica y la depresión económica, algunas de esas comunidades han añadido la presencia de industrias altamente contaminantes. Lerner muestra los datos de diferentes investigaciones que indican que la exposición a tóxicos ambientales es mayor para esas personas en relación a las que viven en zonas más ricas. Además, las empresas se aprovechan de esos vecindarios deprimidos; su menor nivel educativo y económico les confiere menos capacidad para organizarse y protestar contra los atropellos medioambientales que sufren.

El autor muestra que esas empresas mienten sistemáticamente, y que no controlan de manera adecuada sus contaminantes. Aunque existen abogados y asociaciones que asesoran y ayudan a este tipo de comunidades a organizarse, lo cierto es que se ven casi siempre impotentes ante las dificultades de probar que están siendo envenenados, y la burocracia de las instituciones gubernamentales que deberían haber realizado un mejor trabajo.

Casas con las ventanas permanentemente cerradas, con la gente odiando volver del trabajo para no encontrarse de nuevo con el insoportable olor, o beber y bañarse en agua contaminada. Vecindarios que quedan para siempre estigmatizados, porque aunque hay casos (pocos) en los que finalmente se ha conseguido que la industria se vaya, la contaminación persiste,  los suelos siguen envenenados; la comunidad queda marcada para siempre.

Aunque el Gobierno multa a veces a esas empresas, lo hace en menor medida que a las que están ubicadas en zonas más ricas. También hay desigualdad en eso. Además, Lerner, enfatiza la injusticia de la redistribución de esas multas, porque deberían ir directamente a compensar a la familias que viven al lado de esos focos contaminantes, y no perderse en la recaudación global.

Los vecinos se convierten en expertos ambientales sin quererlo, sin tener la formación necesaria, aprenden a hablar en partes por millón. Sin embargo, y pese a los esfuerzos en recopilar información sobre las enfermedades que sufren, no son capaces de convencer a la comunidad científica; claro, no es válido desde el punto  de vista metodológico. Pero esos casos particulares constituyen en sí una evidencia también, aunque luego se disipe entre los que claman que para inferir una relación causal hace falta mucho más. Es siempre la misma historia; se pretende que se pruebe estadísticamente algo que es evidente, pero que luego se pierde entre los vericuetos de la jerga académica. Y entonces los que defienden a los envenenadores argumentan que aunque haya realmente más casos de enfermedades, ello es debido a que en esas comunidades se fuma más, se bebe más o se drogan más. Es cierto, eso ocurre, pero esa confusión en las variables no debería tapar una realidad terrible. Pero lo hace. No es de extrañar que el Centro de Control de Enfermedades haya sido incapaz de probar causalidad en decenas de clusters de enfermedades en esas zonas.

El Gobierno no puede atribuir causalidad, pero en Pensacola, en su tristemente famosa montaña de dioxinas, nunca se completaron las labores de limpiado. Los vecinos se bañaban y bebían agua contaminada. No, el Gobierno no podía atribuir causalidad, pero las muestras de suelo daban 950 ppt de dioxinas, cuando el límite residencial es de 7 ppt. De dieldrín 2000 ppb, cuando el límite es de 40 ppb. De arsénico 9400 ppb, cuando el límite es de 370 ppb. De benzopirenos 1133 ppb, cuando se considera seguro un máximo de 88 ppb. Pero el Gobierno no puede atribuir causalidad.

Lerner cuenta diversos ejemplos de tremendas mentiras, de cómo la industria sin ningún pudor escribe un discurso falso, sin importar las consecuencias. Por ejemplo, en agosto de 2005, después de recibir muchas quejas sobre la planta de carbon de Royal Oak, en Florida, un representante de la misma enfatizaba que los test de emisiones hechos en la fábrica habían demostrado estar en relga; no sólo cumplían con la ley de Florida, sino que lo hacían de manera holgada. Un mes después, sin embargo, los inspectores encontraron que la planta emitía 9 veces más metanol que lo permitido. Tres meses después de las declaraciones de ese individuo, los inspectores habían hallado 9 violaciones de la ley. Al día siguiente, la fábrica cerró.

Contaminación del aire, del agua, del suelo. Lerner muestra industrias del carbón, plásticos, armas, refinerías…todas ellas colocadas prácticamente en el patio de atrás de esos vecindarios “sacrificados”. No importa, al fin y al cabo son negros, indios, hispanos o blancos que se merecen lo que tienen. Por cierto, los omnipresentes hermanos Koch también son protagonistas. Pese a que han recibido millonarias multas, ellos siguen escribiendo su relato, como el que muestra este vídeo.

El autor concluye el libro abogando por reducir los impuestos a los ciudadanos e incrementarlos a los fabricantes de este tipo de productos hechos con sustancias tan tóxicas. También sugiere una monitorización independiente, y destinar más recursos a ello. Hay que ser prudentes, bajar los límites máximos permitidos, proteger a la población más vulnerable y ser mucho más conservadores debido a que desconocemos el efecto sinérgico de la combinación de diferentes tóxicos.

Todos aquellos que defienden el neoliberalismo, la auto regulación, y les abren las puertas a este tipo de empresas sin exigir el control adecuado, deberían irse a vivir con sus familias a uno de estos vecindarios. Tal vez así, verían las cosas de otra manera.

Cómo citar este artículo: Martínez, J. A. (2018, junio 12). Sacrifice zones; La desigualdad social y la exposición a tóxicos en Estados Unidos. Descargado desde www.cienciasinmiedo.es/b340

Todos los posts relacionados




(#304). CONOCIMIENTO ECOLÓGICO TRADICIONAL COMO PERSPECTIVA AMBIENTAL

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En este breve comentario publicado en Environmental Health Perspectives, el autor realiza una interesante reflexión sobre qué puede aportar el conocimiento ecológico tradicional (TEK, en inglés), como paradigma en el que se integre en la investigación sobre salud ambiental.

El TEK se refiere al conocimiento de las relaciones entre las peronas y el entorno natural que ha sido adquirido durante miles de años. Esa sabiduría no debe desdeñarse por la investigación actual, es más, según el autor, contar con ella ayudaría a plantear nuevas cuestiones y mejorar la interpretación y la validación de los estudios empíricos.

De especial relevancia es el conocimiento de la cultura nativa e indígena, ya que su relación con la naturaleza podría explicar la exposición a ciertos factores de riesgo que hacen que en  Estados Unidos su esperanza de vida sea menor y el desarrollo de ciertas enfermedades tenga una prevalencia mucho más acentuada que el del resto de la población. No obstante, los nativos americanos tienen un grave problema de alcoholismo y enfermedades que tiene una explicación más compleja y más relacionada con temas políticos y sociales.

En cualquier caso, el concepto de “integración” en la “ciencia occidental” puede ser equivocado si se mira desde una visión etnocéntrica, ya que hay otros investigadores que abogan porque ambas perspectivas tengan un peso similar.

Reduccionismo frente a complejidad

Quizá lo más interesante de este artículo es su defensa de las aproximaciones holísticas para enfrentarse a los problemas de salud ambiental, en lugar de las reduccionistas, y ese excesivo énfasis en el paradigma de dosis-respuesta.

Todo está conectado con todo, la complejidad de los sistemas es indiscutible desde el punto de vista biofísico, y las aproximaciones dinámicas y que consideran no linealidad y múltiplies relaciones son necesarias. Así, por ejemplo, enfrentarse a un río contaminado no sólo incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades sino que perturba las costumbres y las prácticas culturales, influyendo en las relaciones sociales y en el desarrollo de la comunidad.

Esas cadenas de relaciones, esas cascadas de eventos son casi siempre ignoradas por la investigación reduccionista, que busca mostrar de manera simplista los efectos de una dosis de tóxico sobre el riesgo de enfermedad.

La ruptura de los hábitats naturales, el desplazamiento de los entornos, la contaminación de las tierras y aguas que durante siglos han significado un valor en sí mismo para las comunidades, son cuestiones mucho más complejas para abordar que la mera justificación de que un tóxico no es peligroso a corto plazo si está por debajo de una determinada dosis.

En definitiva, no se trata de difundir ningún conocimiento mágico, sino aprovechar la experiencia como un heurístico, como una poderosa herramienta de “tinkering”, y valorar de manera holística y a largo plazo las consecuencias de agredir al medio ambiente. No es sencillo, pero es necesario para superar el paradigma simplista de la reducción.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Seltenrich, N. (2018).Traditional Ecological Knowledge: A Different Perspective on Environmental Health. Environmental Health Perspectives, doi: 10.1289/EHP2391

 Indicadores de calidad de la revista*
 

Impact Factor (2016)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

9.776

Q1

ENVIRONMENTAL SCIENCES

Scimago (SJR)

3.07

Q1

HEALTH, TOXICOLOGY AND MUTAGENESIS

* Es simplemente un indicador aproximado para valorar la calidad de la publicación

Todos los posts relacionados




(#299). CRECIMIENTO ECONÓMICO Y POLUCIÓN; CONTRA DE LA CURVA DE KUZNETS

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En este artículo publicado en Economics and Business Letters, los autores realizan un análisis sobre la relación entre el crecimiento económico, el uso de energías renovables y la polución en países de la Eurozona.

Un repaso de la literatura muestra que existen resultados contradictorios con respecto a esa relación. Como comentan los autores, hay estudios que están en consonancia con la curva de Kuznets mientras que otros muestran evidencias opuestas.

Recordemos que la curva ambiental de Kuznets postula una relación de U invertida entre el crecimiento económico y la degradación ambiental, en la línea de su también conocida curva que relaciona la desigualdad social con el crecimiento económico. De este modo, bajo la hipótesis de Kuznets, el crecimiento económico conlleva un inevitable incremento de la desigualdad y de la contaminación ambiental, pero llegados a un punto crítico ese crecimiento produce la inversión de la curva, estableciéndose una relación opuesta, es decir, a mayor crecimiento menor desigualdad y menor impacto ambiental. Estos postulados de Kuznets son usados como motor de las políticas neoliberales, donde se defiende que el incremento de la desigualdad y la degradación ambiental estarían justificados en base a una futura mejora si se sigue por la senda del crecimiento sin límites.

El objetivo de esta investigación es poner a prueba de nuevo esta hipótesis en los países de la Eurozona, usando como variables ambientales cuatro diferentes contaminantes: óxidos de azufre, óxidos de nitrógeno, compuestos orgánicos volátiles no metánicos, y dióxido de carbono.

Metodología

Los autores recopilaron datos sobre 19 países de la Eurozona, entre 2005 y 2013. Además de las variables ambientales comentadas, se emplearon diferentes covariables para construir el modelo estadístico: ratio de crecimiento per cápita, intensidad de la energía (consumo de energía), eficiencia energética, y cuota de energía renovable en el total del consumo.

El modelo propuesto se estimó usando técnicas de panel dinámico, empleando como instrumentos el valor de las variables ambientales en el periodo inmediatmente anterior.

Para plantear la significatividad de la curva de Kuznets se han de incluir un término cuadrático y otro término cúbico a la ecuación, y ver cómo se comportan los coeficientes estimados. En la investigación de Catalán (2014) se pueden ver gráficamente qué significado tienen esos coeficientes para la forma de la curva. La curva (C) refleja los postulados de Kuznets.b299_1Resultados e implicaciones

Los resultados indican un escenario similar al (A) de la gráfica anterior, donde existe una relación lineal entre crecimiento per cápita y las emisiones de gases contaminantes.

El resto de covariables tiene una interpretación más compleja, ya que su efecto sobre los 4 gases contaminantes depende del método de estimación empleado y del tipo de contaminante. Hay evidencia más débil de que la intensidad de la energía contribuye a la degradación ambiental, y que cuando se incrementa el peso de las renovables las emisiones disminuyen. Sin embargo, el papel de la eficiencia energética está menos claro en el modelo, a tenor de los resultados.

En consecuencia, esta investigación ha mostrado la hipótesis de Kuznets no es consecuente con los datos empíricos.

Limitaciones/Comentarios

En mi opinión, el principal problema de esta investigación reside en dar una explicación más detallada del papel que juega la variable de eficiencia energética, y su relación con la emisión de contaminantes. La eficiencia energética y la intensidad energética son términos opuestos, en el sentido de que es esperable que el incremento de una produzca la reducción de la otra. Por tanto, incluir las dos variables en el modelo hubiera merecido una mayor explicación.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Fotis, P. N.& Pekka, V. (2017). The effect of renewable energy use and economic growth on pollution in the EUROZONE. Economics and Business Letters, 6 (4), 88-99.

Indicadores de calidad de la revista*

 

Impact Factor (2016)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

Scimago (SJR)

* Es simplemente un indicador aproximado para valorar la calidad de la publicación

Todos los posts relacionados




(#272). CONTAMINACIÓN AMBIENTAL: LA EPA CONTRA SU PROPIA MISIÓN

[MONOTEMA] Al menos eso parece por las noticias que están sucediendo en los últimos meses en Estados Unidos. La última de ellas es la que recoge Lerner (2017): Michael Dourson ha sido propuesto para dirigir la Office of Chemical Safety and Pollution Prevention, uno de los puestos más relevantes dentro de la EPA. Dourson ha sido consultor de la industria en al menos 30 de los productos que tendrá que regular.

Su consultora, Toxicolgy Excellence for Risk Assessment (TERA) ha sido recurrentemente financiada por compañías como Dow Chemical, CropLife America, the American Petroleum Institute, Koch Industries, y otros.

Como indica Lerner (2017), Dourson estará en posición de tomar decisiones sobre el clorpirifós, un insecticida que variosestudios han mostrado tóxico en bajas dosis para los niños. La EPA propuso prohibir el insecticida Clorpirifós en 2016, pero Dow (su productor) publicó un informe argumentando que se podría garantizar la seguridad en humanos en un factor 5000 veces menos restrictivo que el que la EPA recomendaba para niños entre 1 y 2 años.

Después de revertir esa propuesta de prohibición, el Administrador de la EPA, Scott Pruitt, retrasó la evaluación del clorpirifós y de otros pesticidas.

Lerner (2017) señala además que Dourson sería responsable de la implementación del Toxic Substances Control Act para estipular los niveles de seguridad algunos de los más peligrosos químicos en uso, entre ellos el Tricloretileno, 1-Bromopropano y 1,4-Dioxano, los cuales su consultora encontró más seguros que lo que lo hicieron científicos independientes.

Scott Faber, vicepresidente del Environmental Working Group dijo al respecto: “Es como poner a Phillip Morris a cargo de la American Lung Association”.

En este post vamos a profundizar un poco más en esta noticia, reflexionando sobre los conflictos de interés y la lamentable pérdida de independencia en favor del poder corporativo.

El clorpirifós y la eterna lucha de las multinacionales por proteger su negocio

Según Lerner (2017), el clorpirifós se ha ligado al autismo y déficit de desarrollo, aunque la investigación que nombra la periodista no dice específicamente que el clorpirifós se asocie con el autismo (existe evidencia débil de asociación, pero con un patrón poco claro de respuesta a la dosis), sino con los organofosfatos en general (Shelton et al., 2014), tipología a la que pertenece ese insecticida. Por tanto, es recomendable leer detenidamente el estudio de Shelton et al. (2014) para establecer conclusiones.

En 1992, Dow tuvo que sacar a la luz unos 220 informes de incidentes adversos sobre pesticidas que no se reportaron a la EPA. Esa información salió en un juicio por un accidente ocurrido en 1990 donde un exterminador casero echó clorpirifós cerca de la ventana donde un bebé estaba durmiendo la siesta; el niño quedó parcialmente paralizado. La familia demandó a Dow pero el afectado murió en la adolescencia y, aunque Dow tuvo que pagar una multa de $10 millones a la familia, nunca reconoció que hubiera hecho algo malo.

Dow amenazó con demandar a la EPA en 2000 ante la posibilidad de que la agencia reguladora lo prohibiera en la agricultura. Finalmente la EPA no lo prohibió, pero sí que en 2016 se planteó la posibilidad de hacerlo, a lo que la industria respondió con posiciones como la de esta carta enviada por Janet E. Collins, vicepresidenta ejecutiva de CropLife America (Collins, 2016), una entidad sin ánimo de lucro que representa a los productores agroquímicos. En esa carta pedían a la EPA que no basara su decisión en (según ellos) “estudios epidemiológicos que no cumplen con estándar de calidad bien definidos, y que no están integrados dentro de una evaluación de riesgos para la salud, de una manera bien definida y transparente”.

b272_2Este proceder de Dow nos recuerda mucho el que contamos sobre los herbicidas 2,4-D y 2,4.5-T (Martínez, 2017); es decir, la presión a toda costa y en contra de evidencias que muestran estudios independientes, y también en contra de evidencias circunstanciales, para mantener su producto en el mercado. Entre 2005 y 2016 Dow ha obtenido unas ganancias netas de prácticamente 40 mil millones de dólares.

El TERA como solución a los problemas de la EPA

Así es como nació este organismo en 1995, cuando Michael Dourson, tras 15 años, dejó la EPA para fundar esta entidad sin ánimo de lucro, que pretendía cubrir las deficiencias de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. En 2014, y según Adams (2014), la EPA sólo ha evaluado la seguridad de 558 de los 84000 productos que estaban en el mercado.

Es un problema de recursos, y es ahí donde Dourson vio la oportunidad de formar TERA como una organización que, según su propia definición, es independiente y tiene como objetivo proteger la salud pública, reuniendo a científicos del gobierno, la academia y la industria. Sin embargo, más del 50% de los paneles de revisión por pares que TERA ha formado desde 1995 fueron para estudios financiados por grupos industriales.

Adams (2014) comenta el ejemplo de la acrilamida, un posible cancerígeno que se encuentra en las patatas fritas. El estudio de la acrilamida realizado en 2011, cuyo objetivo era evaluar el riesgo de cáncer oral, fue financiado por Burger King y otras empresas del sector. Cuatro de sus ocho autores fueron científicos del TERA, con Dourson a la cabeza. TERA también seleccionó el panel que revisó el estudio, cuyos resultados sugieren relajar el nivel de protección de la EPA por un factor de 10.

Dourson argumenta que TERA es neutral; Los científicos que suelen trabajar para la industria a menudo se emparejan con un número igual de investigadores gubernamentales y académicos. Sin embargo, para otros expertos como Denison (2017), el TERA es un instrumento de las corporaciones para lavar la imagen de un tóxico que está bajo sospecha.

El concepto de neutralidad

Pero claro, el concepto de neutralidad es un poco particular para Dourson. Lo que nos dice la historia (ver por ejemplo, Martínez, 2017), es que la industria defiende sus intereses por encima de los de los ciudadanos, aunque para ello tenga que ocultar la verdad y contar sólo la parte del relato que le beneficia.

Bajo esta premisa si se quiere formar un panel “neutral”, los científicos de la industria tendrían que verse contrarrestados por científicos que defendieran el polo opuesto, es decir, los intereses de los ciudadanos por encima de los de la industria aunque para ello tengan que ocultar la verdad y contar sólo la parte del relato que le beneficia.

Rápidamente el lector puede darse cuenta de dónde está el problema aquí, y es que esa “otra parte” la forman en TERA investigadores gubernamenales y de universidades americanas. Estos investigadores es de esperar que tengan una visión neutral, pero neutral de verdad, lo que significa que defenderían la verdad en base a la evidencia disponible y la aplicación de medidas de precaución cuando fuera necesario. Por tanto, si en un lado tenemos un “sesgo pro industria”, al otro lado no hay un “sesgo pro ciudadanía”, sino unos científicos que se presupone independientes y que tratan de hacer su trabajo de manera adecuada.

En consecuencia, la neutralidad que defiende Dourson es bastante discutible, porque parte de un supuesto equilibrio que no existe. La visión de la industria debe ser escuchada, sí, pero su influencia contamina el proceso de toma de decisiones.

Una muestra de ese trabajo del TERA se puede ver en la siguiente figura, sobre 10 productos químicos en los que ha recomendado niveles más laxos que los hasta ahora establecidos (Denison, 2017). Parece, por tanto, que los resultados siempre van en el mismo sentido.EDF-Dourson-10-Chems-9.22.17Las redes de publicación científica

Publicar en revistas de impacto no siempre es sinónimo de calidad. A veces entran en juego otra serie de factores que influyen en que un artículo sea finalmente publicado. Es un mundo extremadamente complejo para analizarlo en este post, pero hoy simplemente podemos apuntar el ejemplo de la revista Regulatory Toxicology and Pharmacology.

Según Denison (2017), 37 de 66 artículos realizados por Michael Dourson tras dejar la EPA en 1995 y ponerse al frente de TERA han sido publicados en Regulatory Toxicology and Pharmacology, una revista con un perfil claramente pro industria (con patrocinadores de la industria química y del tabaco). Dourson es, además, uno de los editores de la revista.

Los investigadores somos miembros a menudo de más de un comité editorial de revistas científicas. Es parte de nuestro trabajo. Y publicar en una revista donde eres editor o editor asociado es hasta cierto punto frecuente…pero dentro de unos límites, claro. Cuando uno publica más de la mitad de su producción científica de los últimos 20 años en la misma revista se corre el riesgo de que se piense que puede haber algún supuesto trato de favor, o al menos, que la “facilidad” para publicar en esa revista es mayor. Adams (2014), hace un razonamiento parecido.

Hacia la destrucción de la EPA

La EPA nació en 1970 con la desafiante misión de tratar de regular la inmensamente creciente puesta en el mercado de productos químicos. Sus baches han sido numerosos, y los hemos comentado en otros artículos (ej. Martínez 2017). Pero la deriva que está llevando este año 2017 es ciertamente preocupante. Como contábamos en Martínez (2017):

En febrero de 2017, Scott Pruitt se convertía en su máximo responsable, una persona que había trabajado como fiscal general de Oklahoma y que había demandado anteriormente en 14 ocasiones a la EPA bajo la presidencia de Obama, precisamente para defender los intereses de la industria frente a las políticas de cambio climático. Ahora, según describen Bieseckner & Causey (2017), se han conocido varios emails que prueban que efectivamente este abogado se coordinaba en privado con esas empresas contaminantes para torpedear las decisiones de la administración Obama. Pero el Senado de Estados Unidos ha puesto al frente de la EPA a una persona cercana a los hermanos Koch, y cuyos esfuerzos por proteger la industria más contaminante son evidentes.

Donald Trump ha bajado un 31% el presupuesto de la EPA, de 8200 millones de dólares a 5655 millones en el año fiscal  de 2018, desde el 1 de octubre de 2017 al 30 de septiembre de 2018), su  nivel más bajo en 40 años si ajustamos por la inflación (Trush & Davenport, 2017). Por tanto, no sólo la EPA se pone en manos de perfiles pro industria, sino que los recursos para realizar su trabajo son claramente insuficientes.

Los demócratas han criticado el nombramiento de Michael Dourson. Los republicanos, sin embargo,  contra argumentan que es una forma de luchar contra la “demasiada politización” de la EPA bajo la presidencia de Obama (Toloken, 2017). Extraña visión esta de los republicanos, ya que para ellos poner a Scott Pruitt como Administrador y a Michael Dourson como prácticamente el segundo en el escalafón no es “politizar” la EPA. Conociendo los antecedentes de Pruitt y Dourson en relación a su perfil pro industria, y tras el tremendo recorte en los presupuestos, parece que la EPA puede quedar herida de muerte.

Eso sí, en este escenario es previsible que organizaciones como el TERA y otras privadas, vean sus negocios crecer en el ámbito de la evaluación de riesgos. Estas organizaciones se  suelen vender como hace el TERA: “independent non-profit science por for public health protection”. Pero sabemos muy bien que eso simplemente forma parte de las herramientas de marketing. Ya comentamos en el post sobre el lobby del azúcar la cantidad de organizaciones, fundaciones, institutos, que en España la industria crea para lavar su imagen y dar la parte del mensaje que les interesa (Martínez, 2017).  Son organizaciones sin ánimo de lucro, sí, pero eso no significan que su misión sea defender una causa justa.

Conclusión

El “fichaje” de Michael Dourson por la EPA se une al de Scott Pruitt y a la bajada en un 31% del presupuesto de esta agencia gubernamental. Todo en el mismo año. Un panorama ciertamente preocupante que se añade a los históricos casos de corrupción y ocultación.

Mientras tanto, la industria sigue frotándose las manos, ya que la situación aparantemente se pone de cara para permitir regulaciones más laxas, además de obtener una mayor capacidad de influencia.

“America first”, sin duda, pero parece que unos más primero que otros. Estos movimientos de la Administración Trump desprotegen todavía más a una ciudadanía que (no sólo en Estados Unidos) no se da cuenta de que lo que este Sistema realmente significa para ellos.

Referencias

Adams, R. (2014, diciembre 19). One-stop science shop has become a favorite of industry—and Texas. Descargado desde: https://www.publicintegrity.org/2014/12/19/16546/one-stop-science-shop-has-become-favorite-industry-and-texas

Bieseckner, M. & Causaey, A. K. (2017, junio 16). Emails reiterate EPA chief’s ties to fossil fuel interests.  Descargado desde: https://www.washingtonpost.com/business/emails-reiterate-epa-chiefs-ties-to-fossil-fuel-interests/2017/06/15/4c799f10-523b-11e7-b74e-0d2785d3083d_story.html?tid=ss_tw&utm_term=.4b564871e2a6

Collins, J. E. (2016, noviembre 29). Carta al Dr. Jack Housenger. Director del Programa de Pesticidas de la EPA. Descargado desde: http://191hmt1pr08amfq62276etw2.wpengine.netdna-cdn.com/wp-content/uploads/2016/01/FINAL-CLA-Petition-Regulatory-Decision-Making-11-29-16.pdf

Denison, R. (2017, agosto 9). Dourson’s go-to journal for publishing his industry-funded papers is, well, also industry-funded. Descargado desde: http://blogs.edf.org/health/2017/08/09/doursons-go-to-journal-for-publishing-his-industry-funded-papers-is-well-also-industry-funded/

Denison, R. (2017, septiembre 18). Modus operandi: How EPA toxics nominee Dourson carries out his work for the chemical industry. Descargado desde: http://blogs.edf.org/health/2017/09/18/modus-operandi-how-epa-toxics-nominee-dourson-carries-out-his-work-for-the-chemical-industry/

Denison, R. (2017, septiembre 22). Proof in pudding: EPA toxics nominee Dourson has consistently recommended “safe” levels for chemicals that would weaken health protections. Descargado desde: http://blogs.edf.org/health/2017/09/22/proof-in-pudding-epa-toxics-nominee-dourson-has-consistently-recommended-safe-levels-for-chemicals-that-would-weaken-health-protections/

Lerner, S. (2017, enero 14). Poison fruit. Dow Chemical Wants Farmers to Keep Using a Pesticide Linked to Autism and ADHD. Descargado desde: https://theintercept.com/2017/01/14/dow-chemical-wants-farmers-to-keep-using-a-pesticide-linked-to-autism-and-adhd/?comments=1#comments

Lerner, S. (2017, octubre 3). Trump’s pick for EPA safety chief argued kids are lesssensitive to toxins. Descargado desde: https://theintercept.com/2017/10/03/epa-nominee-michael-dourson-toxic-chemicals/

Martínez, J. A. (2017, marzo 17). Monsanto corrompe a la EPA para defender el glifosato, según emails descubiertos. Descargado desde www.cienciasinmiedo.es/b228

Martínez, J. A. (2017, septiembre 12). El lobby del azúcar. Descargado desde www.cienciasinmiedo.es/b205

Martínez, J. A. (2017, septiembre 29). Ciudades y vecindarios libres de glifosato; aplicación a Santa Ana. Descargado desde www.cienciasinmiedo.es/b239

Martínez, J. A. (2017, octubre 1). Una amarga niebla y los Poison Papers. Descargado desde www.cienciasinmiedo.es/b271

Shelton, J. F., et al. (2014). Neurodevelopmental Disorders and Prenatal Residential Proximity  to Agricultural Pesticides: The CHARGE Study.  Environmental Health Perspectives, 122 (10), 1103-1109.

Thrush, G. & Davenport, C. (2017, marzo 15). Donald Trump Budget Slashes Funds for E.P.A. and State Department. Decargado desde: https://www.nytimes.com/2017/03/15/us/politics/budget-epa-state-department-cuts.html

Toloken, S. (2017, octubre 6). Trump’s choice to head EPA chemical safety office faces tough questioning over ties to industry. Descargado desde: http://www.plasticsnews.com/article/20171006/NEWS/171009926/trumps-choice-to-head-epa-chemical-safety-office-faces-tough

Cómo citar este artículo: Martínez, J. A. (2017, octubre 8). Contaminación ambienta: La EPA contra su propia misión. Descargado desde www.cienciasinmiedo.es/b272

Todos los posts relacionados  




(#267). NUEVAS AMENAZAS AL DESARROLLO NEUROCONDUCTUAL

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En este artículo publicado en Lancet Neurology, Philippe Grandjean y Philip J. Landrigan revisan los efectos neuroconductuales de la exposición a productos químicos, en una interesante exposición sobre lo que ellos denominan una pandemia silenciosa.

Los desórdenes del desarrollo neuroconductual afectan a entre el 10 y el 15% de los nacimientos, y los ratios de prevalencia del desorden del espectro autista y del desorden por déficit de atención e hiperactividad crecen en todo el mundo.

Las causas de esta pandemia global son sólo parcialmente entendidos. Aunque los factores genéticos se postulan como causa, no pueden expicar los recientes incrementos en la prevalencia de estos desórdenes. Los autores indican que las causas genéticas justificarían un máximo del 30-40% de los casos.

El desarrollo del cerebro humano es muy vulnerable a la exposición a químicos tóxicos, y la mayores ventanas de vulnerabilidad ocurren en el útero y durante la infancia y niñez. Durante esas etapas tan sensibles, los químicos pueden causar daños cerebrales permanentes a niveles bajos que incluso no producirían afectos adversos en los adultos.

El feto no está bien protegido contra los químicos industriales. La placenta no para el paso de muchos tóxicos del entorno desde la madre, y más de 200 sustancias químicas externas se han detectado en la sangre del cordón umbilical. Además, también se expone a los bebés por medio de la leche materna.

En 2006 estos mismos autores realizaron otra revisión sistemática de los estudios clínicos y epidemiológicos publicados sobre neutotoxicidad de químicos industriales, identificando 5 productos que podían ser fiablemente clasificados como neurotóxicos para el desarrollo: plomo, metilmercurio, arsénico, bifenilos policrolados (PCBs), y el tolueno. También alertaron de 202 químicos que habían sido reportados como causantes de daño en el sistema nervioso de adultos. Además, más de 1000 químicos eran señalados como neurotóxicos en estudios de laboratorio con animales.

Los autores, de manera muy clara, afirman que el proceso para declarar una de esas sustancias como peligrosa para la salud es demasiado largo. Al principio comienzan las primeras señales de alerta a dosis altas, y luego se van realizando estudios que prueban efectos neurotóxicos a dosis mucho más bajas. A este respecto, se hacen eco de las declaraciones de David P. Rall, antiguo Director del US National Institute of Environmental Health Sciences: “Si la talidomida hubiera causado una bajada del coeficiente intelectual de 10 puntos en lugar de defectos obvios en recién nacidos probablemente aún estaría en el mercado“. Como bien indican los autores, muchos productos químicos que se venden todavía hoy probablemente causan déficits en el cociente intlectual de esa magnitud o incluso mayor. Además, la combinación de varios de esos productos, puede tener enormes consecuencias en la salud.

Nuevos resultados sobre peligros conocidos

En esta sección los autores actualizan su revisión de 2006 con las evidencias encontradas desde entonces. Así, por ejemplo, se puede afirmar que no hay un nivel de exposición seguro para el plomo, y que los daños producidos en la niñez son probablemente permanentes. Incluso se ha relacionado esa exposición en la infancia con comportamientos delictivos en edad adulta.

En cuanto al metilmercurio, las dosis que afectan al desarrolo neuronal de los niños son mucho más bajas que las que dañan a los adultos. En relación al arsénico, su exposición prenatal y en los primeros meses de vida proveniente del agua de bebida se asocia con déficits cognitivos que son patentes en la escuela.

Las nuevas evidencias en relación a los PCBs refuerzan las investigaciones anteriores, y aunque se ha añadido poca nueva información sobre la neurotoxicidad del tolueno, se ha encontrado que otro disolvente común, el ethanol, tiene efectos neurotóxicos en el desarrollo. Así, el cosumo de alcohol de las madres, incluso en cantidades muy pequeñas, se asocia con efectos como una reducción del cociente intelectual, comportamiento delictivo, problemas en la función ejecutiva y otros signos neurológicos.

Nuevos reconocidos neurotóxicos para el desarrollo

Los autores indentifican los siguientes nuevos neurotóxicos:

Manganeso: Asociado a la reducción del rendimiento matemático, hiperactividad, disminución de la función intelectual, discapacidad motora y reducción de la función olfativa.

Fluor: Las concentraciones altas en agua de bebida están asociados a un decrecimiento del cociente intelectual de alredededor de 7 puntos.

Disolventes: El tetracloroetileno en agua de bebida está asociado a un mayor riesgo de problemas psiquiátricos.

Pesticidas: Compuestos que en algunos países desarrollados están prohibidos aún se siguen usando en otros más pobres. En particular,  los compuestos organoclorados, como el DDT se asocian a déficits neuroconductuales. Los pesticidas organofosforados se eliminan más rápidamente del cuerpo humano que los organoclorados, pero varios estudios epidemiológicos muestran que la exposición prenatal puede causar neurotoxicidad.

Herbicidas y fungicidas: Propoxur y permetrina se han ligado a déficits de neurodesarrollo en niños.

Retardantes de llama: Los compuestos polibromados (PBDEs), muy similares a los PCBs,  podrían ser también neurotóxicos.

Los autores reconocen la complejidad de llegar a conclusiones más sólidas con otros compuestos debido a la dificultad de aislar su exposición. La razón es, precisamente, la multiplicidad de exposiciones a las que la población está sometida. Además, compuestos como los ftalatos o el bisfenol A se eliminan rápidamente por la orina, por lo que es más complicado estudiar su efecto en estudios epidemiológicos. No obstante, la disrupción endocrina que producen podría asociarse a diversos problemas neuroconductuales. La polución del aire  (principalemnte monóxido de carbono), el tabaco, o los hidrocarburos policíclicos aromáticos han sido también ligados a efectos adversos. La asociación entre el autismo y los ftalatos y la polución del tráfico también ha sido sugerida.

Desde 2006, los autores han añadido 12 compuestos tóxicos para el sistema nervioso, que se muestran en la siguiente tabla:

b267_2Conclusiones

Los autores claramente se posicionan por la importancia de invertir en reducir la exposición a estos tóxicos, lo que no sólo es preceptivo desde el punto de vista de salud, sino también económico. Varios estudios han mostrado el ingente coste económico que supone para la sociedad esos efectos adversos y también lo que implica la reducción del cociente intelectual para el futuro de esos niños en cuanto a su nivel de ingresos.

Si se ha hecho con el plomo (quitándolo como aditivo de las gasolinas, por ejemplo) también ha de hacerse con los demás químicos identificados, aunque en este aspecto los autores reconocen que es muy preocupante pensar que probablemente existan cientos de sustancias en uso en las que todavía no se han realizado estudios sobre tu neurotoxicidad.

El excesivo tiempo que transcurre desde que se encuentran las primeras evidencias hasta que se obtienen pruebas más concluyentes, y las también excesivas trabas que ponen los organismos reguladores para que se cataloguen como nuerotóxicas para el desarrollo (necesitan gran cantidad de pruebas) constituyen enormes barreras para controlar y poner freno a esta pandemia. A este respecto los autores son claros; las políticas deben encaminarse a proteger a la población vulnerable sin la necesidad de obtener grandes cantidades de pruebas (que los autores califican de una exigencia casi incumplible).

La presunción de que los nuevos químicos y las nuevas tecnologías son seguras hasta que se demuestre lo contrario es un grave problema, aseveran los autores. La historia nos dice que el amianto, la talidomida o los clorofluocarbonos se introdujeron porque producían ciertos beneficios pero luego se mostró que causaban grandes daños.

Limitaciones/Comentarios

Se agradece mucho que estos dos científicos hablen tan claro con respecto a este asunto, y que sean críticos con el actual sistema de regulación y clamen por la aplicación de los principios de precaución.

Lo que la historia nos han ensañado en las últimas décadas con respecto a ciertas sustancias tóxicas no nos ha hecho aprender lo suficiente. La inversión de la carga de la prueba por la que parecen abogar los autores es, quizá, poco realista, en un contexto donde hay miles de sustancias en el mercado y sin testar. Se necesita más inversión en investigación y regulaciones menos dubitativas y más fundamentadas en pruebas de alertas tempranas.

Tal vez el artículo deja a un lado otros factores que también podrían influir en el desarrollo neurocomporamental, como la creciente exposición a contaminación electromagnética, por ejemplo.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Grandjean, P. & Landrigan, P. J. (2014). Neurobehavioural eff ects of developmental toxicity. Lancet Neurology, 13, 330-338

Indicadores de calidad de la revista*

 

Impact Factor (2016)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

26.284

Q1

CLINICAL NEUROLOGY

Scimago (SJR)

11.06

Q1

NEUROLOGY (CLINICAL)

* Es simplemente un indicador aproximado para valorar la calidad de la publicación

Todos los posts relacionados