(#297). TORMENTAS GEOMAGNÉTICAS Y RIESGO DE EVENTOS CARDÍACOS

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En este artículo publicado en el International Journal of Biometeorology los autores analizan una posible asociación entre las tormentas geomagnéticas y un evento cardíaco como el síndrome coronario agudo.

Las tormentas geomagnéticas están causadas por la actividad solar en forma de llamaradas solares, eyecciones de masa coronal y viento solar. Los investigadores repasan varios estudios que muestran efectos en el sistema cardiovascular: infartos agudos de miocardio y accidentes cerebro vasculares.

Los autores se plantean si pacientes que tienen mayor riesgo de tener esos eventos cardíacos, como enfermos con diabetes y síndrome metabólico (resistencia a la insulina – una condición de riesgo para la diabetes y enfermedad cardíaca).

Los investigadores separan el concepto de tormenta geomagnética (GS) de los eventos protónicos solares (SPE) y el viento solar de alta velocidad (HSSW), aunque a veces se entienda la GS como una consecuencia de todos los eventos solares.

Metodología

El estudio se realizó en Kaunas (Lituania) durante 2000-2003, los años del ciclo solar máximo y post máximo 23.

Los autores seleccionaron aleatoriamente a 1548 pacientes que fueron tratados durante ese periodo de síndrome coronario agudo (ACS), es decir, infarto de miocardio o angina inestable. En el historial de esos pacientes se indicaba información sobre diabetes (DM) y síndrome metabólico (MS).

La actividad geomagnética se midió con el índice Ap, que refleja la intensidad del evento (provee un nivel medio diario de la actividad geomagnética, promediando los valores obtenidos cada 3 horas). Los autores clasificaron esa actividad como: (1) Menor, si Ap estaba entre 30 y 50; (2) Mayor, si Ap estaba entre 50 y 100; (3) Severa, si Ap era mayor que 100.

En cuanto a los SPE, los días con niveles de flujo mayores de 10 MeV fueron designados como eventos.

Como análisis estadísticos los autores emplearon la regresión logística, tomando como variables dependientes el padecer o no DM y también MS, en la muestra tratada por ACS.

Resultados e implicaciones

Los resultados muestran una asociación entre los cambios en la actividad geomagnética y los eventos de enfermedad cardíaca, tanto para pacientes con DM como con MS.

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Como se aprecia en la tabla anterior, los resultados son significativos para los días con tormenta geomagnética y con viento solar de alta velocidad. El riesgo se incrementa para tormentas que duran más de 1 día.

Limitaciones/Comentarios

No hay un patrón claro de respuesta a la dosis entre el riesgo de síndrome coronario agudo y la intensidad de la tormenta geomagnética. Este es uno de los principales aspectos que este estudio deja en el aire,y que deben ser analizados en futuros trabajos.

De igual modo, en algunas variables tampoco es homogénea su asociación con la DM y con el MS, como en la duración de la tormenta.

Todas estas limitaciones hacen que este artículo deba considerarse con prudencia, pero no empañan el hecho de que se hayan encontrado resultados concordantes con otros estudios; la variación de la actividad geomagnética está asociada a eventos cardíacos. Las implicaciones a nivel epidemiológico son claras, tal y como comentan los autores, pero también las hay para el campo del bioelectromagnetismo, estamos hablando de una perturbación en el campo magnético terrestre del orden de los nanoteslas, es decir, bastante pequeña en magnitud.

Como bien indican los autores, se necesitan más investigaciones para seguir indagando en lo que parece una asociación entre cambios en la pulsación del campo geomagnético y en la resonancia de Schummann y las frecuencias cardíacas y cerebrales de los humanos.

Finalmente, se habría agradecido una mayor profundización en los test de mala especificación del modelo estadístico.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Vencloviene, J. et al. (2017). A possible association between space weather conditions and the risk of acute coronary syndrome in patients with diabetes and the metabolic syndrom. International Journal of Biometeorology , doi: 10.1007/s00484-016-1200-5

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ENVIRONMENTAL SCIENCES

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Q2

HEALTH, TOXICOLOGY AND MUTAGENESIS

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(#227). ESTATURA, CÁNCER Y ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] La estatura es una variable que refleja factores genéticos, nutricionales y del entorno.  Su asociación con la mortalidad ha sido investigada en varios estudios. Por ejemplo, un metanálisis de 121 estudios de cohortes con un total de 1 millón de participantes encontró que la estatura estaba inversamente relacionada con el riesgo de muerte por enfermedades circulatorias, como enfermedades coronarias, infarto e insuficiencia cardíaca. Sin embargo, estaba positivamente asociada con el riesgo de muerte por melanoma y otros tipos de cáncer: páncreas, sistemas nervioso y endocrino, ovarios, mama, próstata, colon, leucemia y pulmones.

Además de la estatura medida de pie, la estatura medida con la persona sentada también es una variable interesante para ser relacionada con las enfermedades, ya que, por ejemplo, la estatura sentado puede estar más fuertemente asociada con la resistencia a la insulina, y está positivamente ligada a la función pulmonar.

El objetivo de esta investigación es analizar la asociación entre la estatura (tanto de pie como sentado) con la mortalidad por enferemdades en una gran muesta de mujeres y hombres de 10 países europeos.

Metodología

Entre 1992 y 2000 521457 personas (70% mujeres, la mayoría entre 20 y 70 años) fueron seleccionadas para participar en un estudio de cohortes en 10 países europeos: Dinamarca, Francia, Alemania, Grecia, italia, Holanda, Noruega, España, Suecia y Reino Unido.

Cuando se les reclutó, se les pasó un cuestionario sobre estilo de vida, información demográfica e historial médico, y se les midió la estatura. No obstante, los participantes noruegos reportaron ellos mismos su altura, y no todos los francesas o ingleses fueron medidos en el centro médico, sino que también indicaron su estatura sin necesidad de medición. Los autores abogaron finalmente por no considerar los datos de las personas que reportaron su estatura, debido al sesgo conocido de sobreestimación de esta.

Las causas de muerte fueron cateogrizadas según la décima revisión del International Classification of Diseases (ICD-10). Todas las causas de muerte incluían fallecimiento por casuas externas.

Después de eliminar los casos con información incompleta o estatura no medida de manera objetiva, la  muestra total quedó en 409758 personas, aunque a sólo 253427 se les midió la estatura también sentados.

Las variables “estatura” y “estatura sentado” fueron agrupadas en quintiles en aras de formar parte de una regresión de Cox para explicar el riesgo de mortalidad. Las covariables fueron el consumo de alcohol, el estatus de fumador, el peso corporal, actividad física, educación y calorías ingeridas. Los modelos fueron ajustados independientemente para hombres y para mujeres, ya que para las mujeres se consideraba también variables como la menopausia y el uso de hormonas.

Se emplearon correcciones de Bonferroni; p=0.004 (0.05/13 variables) para las comparaciones múltiples.

Resultados e implicaciones

El tiempo medio de seguimiento fue de 12.5 años; 29810 participantes murieron durante ese proceso. De todas las muertes identificadas con una causa (25526), 11931 fueron cáncers.

Los resultados globales mostraron una asociación positiva entre la estatura de pie y la mortalidad por cáncer, pero inversa con las enfermedades cardiovasculares.

Sin embargo, la estatura de pie estaba inversamente asociada al riesgo de morir por enfermedades circulatorias, tanto para hombres como para mujeres. Es más, la estatura se asoció inversamente la enfermedad isquémica del corazón y el infarto de miocardio en hombres y mujeres, y sólo con enfermedad cerebrovascular en hombres. No hubo asociaciones significativas con respecto  a las muertes por infarto o enfermedades respiratorias. Cuando se excluyeron los sujetos con una historial pasado de cáncer, enfermedades cardiovasculares o diabetes, los resultados fueron similares.

En cuanto a la estatura sentado, se encontró una asociación negativa entre esta variable y todas las casuas de muerte en hombres y mujeres. Aquí desaparece esa asociación positiva entre la estatura y el desarrollo de cáncer, mientras que se mantenía la relación inversa con el riesgo de muerte por enfermedades circulatorias.

Al examinar la interacción entre los dos tipos de estatura (de pie y sentado) se encontró que que las personas más altas en ambos casos tenían una asociación inversa con la muerte por enfermedades respiratorias en hombres, pero no en  mujeres.

Por tanto, los resultados de este estudio concuerdan con los del metanálisis comentado al comienzo en cuanto a la estatura de pie.

La relación positiva entre la estatura y la muerte por cáncer puede ser resultado de que las personas más altas tienen órganos más grandes, y por lo tanto un mayor número de células en riesgo de transformación maligna o proliferación. Por contra, las personas más altas tienen mayores diámetros coronarios y un menor ritmo cardíaco y mayor capacidad pulmonar, lo que se postula como posible factor protector de muerte por enfermedades circulatorias con respecto a las personas más bajas.

Los autores explican el resultado de que la estatura sentado no se asocie positivamente al cáncer en el hecho de que tienen mejor función pulmonar.

Limitaciones/Comentarios

El gran potencial de este artículo es su elevado tamaño muestral. Sin embargo, los autores no explican demasiado bien esos resultados un tanto diferentes entre la relación entre la estatura sentad y la mortalidad por cáncer, lo que deberá ser profundizado en otros estudios.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Sawada N, Wark PA, Merritt MA, Tsugane S, Ward HA, Rinaldi S, et al. (2017) The association between adult attained height and sitting height with mortality in the European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition (EPIC). PLoS ONE 12(3): e0173117. doi:10.1371/journal.pone.0173117

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Q1

MULTIDISCIPLINARY SCIENCES

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1.39

Q1

MEDICINE (MISCELLANEOUS)

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(#212). LA ESTATURA ESTÁ ASOCIADA A LA FIBRILACIÓN AURICULAR

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] La fibrilación atrial (auricular) es la arritmia más prevalente, y está significativamente asociada con eventos cardiovasculares, fallo cardíaco y mortalidad. Estudios previos han mostrado que el riesgo de padecer esta arritmia es más alto en personas con una estatura mayor. Sin embargo, los mecanismos de esta asociación no están todavía muy claros. Por ejemplo, se hipotetiza que las personas más altas tienen la aurícula izquierda más grande, lo que podría predisponerlos a esta arritmia.

El objetivo de esta investigación es analizar la relación entre la estatura y este tipo de arritmia, profundizando en los mecanismos por los cuales pueda haber una estructura causal.

Metodología

Entre 2010 y 2013 todos los habitantes de Liechenstein entre 25 y 41 años fueron invitados a participar en un amplio estudio sobre riesgos cardiovasculares. Tras aplicar varios criterios de exclusión la muestra la compusieron 2149 personas.

A través de cuestionarios se recogieron datos sobre historial médico, estilo de vida y aspectos nutricionales. La estatura fue medida directamente a cada uno de los voluntarios. También se les tomó la presión arterial y se les realizó un electrocardiograma.

Se les extrajo una muestra de sangres para analziar los niveles de colesterol, glucosa, creatinina, y otros indicadores. Finalmente, se les realizó un análisis genético, donde se identificaron todos los polimorfismos de un sólo nucleótido (SNP) asociados con la estatura; un total de 655, con el fin de crear un índice de estatura predicha por esa información genética.

La media de edad de la muestra era de 37 años, la estatura mediana de 1.71 m y el 53.7% eran mujeres. Los participantes más altos tenían mayor nivel educativo y mayor masa grasa.

Resultados e implicaciones

La estatura se dividió en cuartiles para incluirla como variable discreta en el análisis estadístico.

Después de ajustar por las covariables consideradas, los resultados  mostraron que un incremento de 10 cm en la estatura estaba asociado con un incremento de 4.17 ms en el intervalo PR del corazón, y con un aumento de 2.06 ms en el intervalo QRS.

Sin embargo no se encontró asociación con marcadores indirectos de hipertrofia cardíaca. Estos resultados pueden explicar en parte la relación encontrada en otros estudios entre la estatura y la fibrilación atrial, porque los intervalos PR están asociados consistentemente a esa arritmia.

Los resultados del test genético confirman esa asociación entre los intervlalos PR y QRS y la estatura

Limitaciones/Comentarios

El estudio genético da robustez a la asociación encontrada entre la estatura y los cambios en los intervalos PR y QRS del electrocardiograma. Se necesitan más estudios en otras poblaciones con más diversidad étnica y mayor rango de edad.

Kofler, T. et al. (2016).  Relationships of Measured and Genetically Determined Height With the Cardiac Conduction System in Healthy Adults. Circulation: Arrhythmia and Electrophysiology, doi: 10.1161/CIRCEP.116.004735

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Impact Factor (2015)

Cuartil

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Thomson-Reuters (JCR)

4.428

Q1

CARDIAC & CARDIOVASCULAR SYSTEM

Scimago (SJR)

2.84

Q1

CARDIOLOY & CARDIOVASCULAR MEDICINE

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(#161). EFECTOS DE LA RADIACIÓN DE TELEFONÍA MÓVIL SOBRE EL CORAZÓN DE RATAS ADOLESCENTES

[REVISIÓN DE ARTÍCULO]  La frecuencia de los 900 MHz está en el ámbito de la radiofrecuencia, en la banda que emplean las operadoras de telefonía móvil. Los adolescentes son un grupo que usa especialmente la tecnología inalámbrica, y su exposición temprana a esa contaminación puede ocasionar problemas futuros.

Los autores investigan en este estudio el efecto de la exposición a esta frecuencia en el corazón ratas con una edad entre los 21 y 59 días, que puede considerarse equivalente al periodo de adolescencia en esos animales.

Metodología

Se emplearon 24 ratas en periodo adolescente (entre 21 y 59 días). El grupo de control estaba compuesto por 8 de ellas, y el resto se asignó aleatoriamente a 2 grupos experimentales. El primero de ellos fue expuesto a 900 MHz durante una hora (las 11 de la mañana) cada día entre los días 21 y 59. El segundo de ellos fue un grupo experimental placebo que se expuso a una emisión simulada en las mismas condiciones que el grupo experimental. Todos los grupos estaban en la misma habitación y en las mismas condiciones de temperatura y luz.

La frecuencia fue generada por un oscilador con una potencia de saluda de 300 mW. Dentro de las cajas, las ratas sufrían una exposición media de 0.187 W/m2, con un SAR de 0.0093 W/Kg, muy por debajo de lo que son los niveles máximos permitidos por ejemplo en España (4.5 W/m2). Los corazones de las ratas fueron examinados tras sacrificarlas cuando acabó el experimento, y se examinaron los tejidos mediante un análisis bioquímico. Como medidas se emplearon: (1) índice de apoptosis de células miocardiales; (2) Malondialdehido (determinante de la oxidación de los lípidos) (3) La enzima superóxido dismutasa (antioxidante); (4) Glutatión (antioxidante); y (5) Catalasa (enzima que cataliza la descomposición del peróxido de hidrógeno en agua y oxígeno). También se realizó un análisis histológico e histopatológico.

Resultados e implicaciones

Los resultados, tras aplicar test no paramétricos, se muestran en la siguiente tabla.

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Como puede apreciarse, son muy interesantes, ya que arrojan dos conclusiones muy jugosas; (1) el grupo placebo (Shm-Gr) tiene en las 5 variables valores significativamente diferentes al grupo de control, lo que indica que le merea exposición simulada está asociada a diversos cambios biológicos; (2) el grupo experimental (EMF-Gr) en el que realmente había una exposición a radiofrecuencia se distingue en 2 de las 5 variables del grupo placebo, tanto en el índice de apoptosis como en los niveles de malondialdehido.

Por tanto, desde el punto de vista bioquímico, hay evidencias de varios efectos negativos en los tejidos del corazón, en referencia al estrés oxidativo. Desde el punto de vista histológico, los autores reportan cambios en la morfología de las células miocardiales y congesión capilar en el miocardio, entre otros efectos.

Recordemos que la apoptosis puede ser iniciada por agentes fisiológicos y patológcios y juega un papel importante en la progresión de casi todas las enfermedades cardíacas.

Limitaciones/Comentarios

Es evidente que la muestra es pequeña en cada grupo y se necesita replicar, pero es un estudio más que se añade al amplio cuerpo de evidencia sobre los efectos nocivos de la radiación electromagnética no ionizante. Los experimentos de laboratorio con animales son clave para incrementar el nivel de riesgo de este tipo de tóxico medioambiental, algo que para muchísimos investigadores debería ya ser un hecho.

Kerimoglu, G. et al. (2016). Effects of long-term exposure to 900 megahertz electromagnetic field on heart morphology and biochemistry of male adolescent rats, Biotechnic & Histochemistry, DOI:10.1080/10520295.2016.1216165 

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Impact Factor (2015)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

1.078

Q4

CELL BIOLOGY

Scimago (SJR)

0.44

Q2

MEDICAL LABORATORY TECHNOLOGY

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(#158). ACTIVIDAD GEOMAGNÉTICA ASOCIADA A LA VARIABILIDAD EN EL LATIDO DEL CORAZÓN

[REVISIÓN DE ARTÍCULO]  Diversas investigaciones recientes relacionan la actividad geomagnética con varios fenómenos fisiológicos, incluyendo la actividad endocrina, cerebral y cardiovascular.  Hay artículos que asocian las tormentas solares con un incremento de infartos de miocardio a través de cambios en la presión arterial.

Los autores plantean que la variabilidad en el latido del corazón (HRV) también puede verse afectada por la actividad solar, tal y como diferentes precendentes en la literatura sugieren. Los autores nombran 8 investigaciones en las que se muestran asociaciones entre la actividad cardiaca y los cambios geomagnéticos naturales en un rango de 20 a 200 nanoTeslas.

El objetivo de esta investigación es aplicar un campo magnético que simule cambios en  la actividad geomagnética similares a los que pueden ocurrir en tormentas solares, y analizar cómo cambia la variabilidad en el latido del corazón. De este modo, se pasa de evidencias observacionales a un estudio en laboratorio.

Metodología

La muestra fue de 21 sujetos sin historial de dolencias cardíacas, a los que se les metió en una jaula de Faraday.  A 10 de ellos (grupo experimental) se les simuló a través de un dispositivo cambios súbitos de la actividad geomagnética terrestre con impulsos de 69 milisegundos cada uno separados por 1 milisegundo.

Se implementaron varias medidas de HRV: muy baja frecuencia, baja frecuencia y alta frecuencia, y el ratio entre baja y alta frecuencia.

Resultados e implicaciones

Varios de los indicadores de HRV se incrementaron en la condición de simulación de cambios geomagnéticos, especialmente en frecuencias entre 0.04 y 0.15 Hz, es decir, frecuencias extremadamente bajas.

Limitaciones/Comentarios

La variabilidad en los latidos del corazón (HRV) es un complejo indicador que refleja la tensión entre los sistemas simpático y parasimpático. Existen un elevado número de artículos que asocian ese indicador a diferentes dolencias y riesgos de varias patologías. El hecho de que variaciones de campos magnéticos de baja intensidad (del orden de 50-200 nanoTeslas, por ejemplo) puedan ocasionar variaciones en HRV podría indicar que la actividad geomangética influye en la salud cardiovascular. No obstante, aún hace falta investigar mucho más al respecto.

 Caswell, J. M. et al. (2016). Simulated sudden increase in geomagnetic activity and its effect on heart rate variability: Experimental verification of correlation studies. Life Sciences in Space Research, 10, 47-52.

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Thomson-Reuters (JCR) No disponible No disponible  
Scimago (SJR) 0.63 Q2 RADIATION

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(#91). BEBIDAS AZUCARADAS Y RIESGO DE FALLO CARDÍACO

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] La prevalencia de fallo cardíaco en Estados Unidos es de 5.8 millones, y crece en los últimos años, siendo más común en hombres y en personas mayores. Las bebidas azucaradas se han asociado  con cambios en la presión sanguínea, las concentraciones de glucosa, insulina y peso.

Las bebidas azucaradas incrementan el riesgo de hipertensión, síndrome metabólico, diabetes, enfermedad coronaria e infarto.

Un fallo cardíaco ocurre cuando el corazón no puede bombear sangre adecuadamente. No es sinónimo de muerte, pero sí que es una enfermedad grave. El objetivo del estudio es analizar la asociación de esta enfermedad con el consumo de bebidas azucaradas en una cohorte de población.

Metodología

Los participantes pertenecían a la cohorte de hombres suecos establecida entre 1997 y 1998, todos nacidos entre 1918 y 1952, que completaron un cuestionario sobre diversos hábitos, como dieta, actividad física, estilo de vida, tabaquismo, consumo de alochol y datos antropométricos. Un total de 48850 hombres respondieron a la encuesta. Después de emplear diferentes criterios de exclusión (cáncer,infartos, etc.), la población final resultó en 42400 individuos.

El cuestionario que tenían que rellenar (fue en 1997) se refería al consumo de 96 tipos de comida y bebida durante el año anterior. Se preguntó asimismo y de manera específica por el consumo de bebidas azucaradas (sodas-refrescos y zumos con azúcar añadido). 

Después se contabilizaron las hospitalizaciones por fallo cardíaco a partir del 1 de enero de 1998 hasta el 31 de diciembre de 2010.

Resultados

1. Desde el punto de vista descriptivo existe una asociación negativa entre el nivel de educación y el consumo de bebidas azucaradas; los que tienen un nivel más bajo consumen más que los de nivel alto.

2. El consumo de 2 o más unidades de bebida azucarada por día está asociado con el riesgo de fallo cardíaco: HR=1.23 ; IC 95% (1.12 , 1.35). Cuando se realizó un análisis de sensibilidad y se descartó a los individuos con diabetes los resultados fueron casi idénticos. El riesgo de fallo cardíaco de ese grupo de altos consumidores se estima en un 23% con respecto a los no consumidores de bebidas azucaradas.

3. Beber entre 1 y 2 vasos de bebida bordea la significación estadística al 95%: HR=1.09 ; IC 95% (0.99, 1.20).

4. La supervivencia de las personas que no tuvieron fallo cardíaco fue superior en el grupo en el que no consumían bebidas azucaradas con respecto al que consumían 2 o más unidades por día.

Implicaciones

El consumo de dos unidades de bebidas azucaradas al día (el equivalente a dos vasos) incrementa un 23% el riesgo de sufrir un fallo cardíaco en hombres con respecto a no consumir ningún tipo de bebida similar. Hay indicios de que consumir entre 1 y 2 vasos diarios incrementa también el riesgo.

Claramente se hace preciso una mayor concienciación con respecto a este tema y una mayor regulación. La concienciación es importante porque los estratos con menor nivel educativo son precisamente los que más consumen este tipo de bebidas.

Limitaciones

Es un buen artículo, que realiza diferentes análisis de sensibilidad para dar robustez a los resultados, y que incluso implementa un procedimiento de validación del cuestionario sobre hábitos de vida y alimentación. Aunque obviamente pueda existir error de medida, ese error lo que hace es mitigar el tamaño del efecto de la asociación. Es decir, como esa asociación es significativa, si no existiera error de medida probablemente sería aún más elevada.

Ahora bien, en este tipo de investigaciones sobre el azúcar quedan muchas incógnitas en el aire. Por ejemplo, en este artículo no se ha tenido en cuenta el consumo de los azúcares añadidos de productos lácteos o cereales, algo que podría condicionar los resultados.

 

Rahma, I., Wolk, A. & Larsson, S. C. (2015). The relationship between sweetened beverage consumption and risk of heart failure in men. Heart, doi:10.1136/heartjnl-2015-307542.

Indicadores de calidad de la revista*
JCR Impact Factor (2014):  5.59
SJR  Impact Factor (2014): 2.71
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(#6). ¿VIVIMOS MÁS Y CON MEJOR SALUD?

[MONOTEMA] En numerosas ocasiones nos dicen que sí, que vivimos mucho más y mucho mejor que antes. El entrañable Eduard Punset nos lo cuenta en sus libros y en su web, y diversos expertos nos dicen que ya no existe el envejecimiento; ahora vivimos efectivamente más y mejor.

Pero, como siempre, hay que profundizar un poco para ver los claroscuros de este tipo de afirmaciones. Si se lanza el mensaje a la población de que hace 100 años se vivía de media 40 años y ahora 80, y que estamos cada vez más sanos, quizá muchos ciudadanos se quedarán con la superficie de estas afirmaciones, sin cuestionarse cuál es el dibujo que se esconde tras esas cifras.

Hace unas pocas semanas, la Revista Española de Investigaciones Sociológicas publicaba este artículo, firmado por Juan Manuel García González, en el que se realiza un análisis para el caso español de las causas de esperanza de vida desde 1980 a 2009. Empezaremos por este interesante artículo para después ir aderezando este post con otros datos no menos esclarecedores.

Vivimos más…con matices
La esperanza de vida se ha doblado en España desde 1910. Esto es innegable. La principal causa de ello es la disminución de la mortalidad infantil. Este hecho ya nos da una de las claves de esta cuestión. No vivimos 40 años más, sino que hay muchos menos fallecimientos de niños (afortunadamente), lo que hace que la media de edad al morir ya no se vea tan condicionada por ello. Aunque parezca una obviedad, hay que resaltarlo igualmente; el extraordinario incremento de la esperanza de vida le debe mucho a la bajada de la mortalidad en niños.

En 2009, la esperanza de vida al nacer en España para los hombres era de 78.5 años y para las mujeres de 84.5.  Y ciertamente hemos mejorado, porque al margen de los datos sobre mortalidad infantil, las personas adultas viven más que antes. Así, como dice el artículo,  a los 35 años las ganancias de esperanza de vida son de 18,6 y 14,6 años para mujeres y hombres, respectivamente. A los 65, 11,6 y 8,3 años. A los 80, 4,5 y 3,3 años. Y a los 90, 0,9 años para ambos sexos. Por tanto, es verdad, vivimos más, pero la ganancia de años disminuye ostensiblemente con el incremento de la edad. Esto quiere decir que por, ejemplo, una persona de 65 años tiene una considerable ganancia de esperanza de vida con respecto a hace 100 años (alrededor de una década más de vida), pero un anciano de 90 años prácticamente se morirá a la misma edad que lo hacían los ancianos de 90 años en 1910.

Y, aunque esto sea también obvio, conviene recordar que la vida no se ha alargado significativamente. Hay un límite biológico que no conseguimos mejorar de manera relevante, al menos por el momento, pese a que cada vez más comprendemos mejor las causas del envejecimiento, con el acortamiento de los telómeros y la metilación del ADN como elementos esenciales.  Antes también las personas llegaban a sobrepasar los 90 años. Recordemos, por ejemplo, al filósofo inglés Thomas Hobbes, quien nació en 1588 y murió en 1679, es decir,  vivió 91 años.  Por tanto vivir casi 100 años no es una cuestión sólo del siglo XXI. No obstante, el mensaje subyacente es optimista, y como bien relata el artículo, es un logro que en sólo 100 años haya ocurrido esto, siendo más patente la mejora de la esperanza de vida en adultos desde 1970 con repecto al periodo anterior.

Premios Nobel mejor que jugadores de béisbol
Estudiar una población tan heterogénea como la de un país tiene pequeños inconvenientes derivados de la cantidad de subpoblaciones que existen. Por ejemplo, el incremento de la esperanza de vida adulta podría darse de manera muy alta en cierto grupo social y de manera inapreciable en otro, pero al final el valor promedio sería positivo.

Por eso a veces conviene también poner a prueba la hipótesis de que vivimos más con grupos de población menores, pero con un mayor nivel de homogeneidad, en el sentido de que los estilos de vida son generalmente más homogéneos que los de la extensa y divergente población de un país.

 
Para ello hay que tener bases de datos de ese tipo de poblaciones, y yo, afortunadamente, dispongo de dos de ellas.

De este modo, he analizado a los jugadores de béisbol que han jugado las ligas mayores de Estados Unidos a lo largo de la historia (más de 18000) y a los hombres que ha recibido un Premio Nobel (más de 800). Ambas poblaciones constituyen grupos medianamente homogéneos de hombres, con estilos de vida que son más similares entre sí (admitiendo divergencias, por supuesto), que los que podrían tener una población tan diversa como la de un país.

En primer lugar he estudiado la vida media en función del nacimiento en diferentes periodos de tiempo desde 1800, y en segundo lugar he descrito las muertes década a década desde 1950. Ambos análisis son pertinentes para analizar la evolución de la esperanza de vida.

 
En relación al análisis desde el punto de vista de nacimientos, es claro que ha habido una evolución positiva de la esperanza de vida, que es mucho más patente en los jugadores de béisbol. Los científicos han aumentado relativamente menos su vida, pero es que ya partían de unas medida de tendencia central (media y mediana) muy altas. Lo que han mejorado ostensiblemente los científicos es su “longevidad”, siendo el porcentaje de ellos que sobrepasa los 90 años realmente extraordinario (37.6% para los nacidos entre 1911 y 1920).

Si analizamos ahora las muertes en las últimas décadas, llegamos a conclusiones similares; existe una evolución creciente de la esperanza de vida y de los mayores de 90 años, que vuelve a ser más patente entre los científicos que entre los deportistas.

Globalmente, estos datos nos están diciendo que el estatus social es un condicionante muy importante de la esperanza de vida de subpolaciones, y que la vida nos es igual de extensa para todos, ni mucho menos. En la década 2001-2010 hay unas diferencias muy notables entre la esperanza de vida de deportistas profesionales  (como los jugadores de beisbol) y los científicos y diferentes personalidades (escritores, políticos, etc.) que reciben el Nobel. Eso es patente, tanto en la vida media, en la vida mediana y en el porcentaje de personas que sobrepasan los 90 años.

De este modo, sí, vivimos más, pero no todos por igual. En dos poblaciones de hombres con raza prevalentemente blanca y con una situación económica generalmente “acomodada”,  el estilo de vida (y aquí podriamos englobar la educación, hábitos de vida,  etc.) condiciona la esperanza de vida y la probabilidad de llegar a vivir más de 90 años. Y como he dicho anteriormente, vivir muchos años no es algo del siglo XXI, ya durante todo el siglo XIX los Premios Nobel llegaban en promedio a los 80 años de vida.

 
Claroscuros
Volviendo al artículo de J. M. García, el autor apunta varias claves sobre aspectos de la salud que condicionan la esperanza de vida.

(a) Mejora cardiovascular: Existe una evolución positiva desde 1980 en cuanto al decrecimiento de la mortalidad por enfermedades cerebrovasculares.

(b) Incremento de las enfermedades degenerativas: Sin embargo, desde 1980,  los trastornos mentales se han multiplicado por cuatro en el grupo de 65-79 años, por doce en el de 80-89 y por veintidós en el de 90 o más años. En el caso de las nerviosas, los factores de multiplicación han sido dos, cinco y ocho, respectivamente.

(c) Cáncer: En los últimos años, la incidencia de algunos cánceres ha aumentado (como el de pulmón para las mujeres) y otros han disminuido (como el de estómago). El incremento de la esperanza de vida aumenta a su vez el riesgo de padecer cáncer, aunque los tratamientos médicos y la mejora de ciertos hábitos de salud (como la disminución del consumo de tabaco en hombres) juegan a favor de la salud.

Algunos de estos aspectos y otros más merecen ser comentados, con el fin de tener una visión más completa sobre la realidad de nuestra salud en las últimas décadas y las perspectivas futuras. Emplearé datos de otros países y estadísticas más globales.

1. Cáncer
Si tomamos datos de Estados Unidos entre 1975 y 2011, vemos que la incidencia de cáncer es prácticamente la misma hoy que hace más de 30 años, con un ligero descenso para los hombres y ascenso para las mujeres. Estos datos no son muy esperanzadores. Bien es cierto que se podría decir que, dado que la población ha envejecido y ello incrementa per se la probabilidad de cáncer, esa estabilidad de cifras es un signo positivo. Lo que sucede es que hay otros datos que no invitan al optimismo. Por ejemplo, la incidencia de cáncer infantil ha aumentado, y ciertos procedimientos de cribado (como el del cáncer de mama) están seriamente cuestionados por su eficacia. Si a esto unimosel artículo de The Lancet que prevee para 2030 se incrementen las enfermedades oncológicas en un 75%, entonces el panorama se convierte en realmente preocupante.

Si no hemos sido capaces de reducir la incidencia de cáncer en un contexto de descenso en el consumo de tabaco, tenemos que estar doblemente insatisfechos.
lungcancercaComo muestra este gráfico, el consumo de cigarrillos ha caído prácticamente a la mitad desde los años 70. Obviamente esto se relaciona con las curvas de incidencia de cánceres y su periodo de latencia, destacando el ascenso en las mujeres.

Por tanto, el consumo de tabaco cae a la mitad mientras la incidencia de cáncer de otros tipos diferente al de pulmón crece.

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2. Alergias
Si la disminución de muertes por enfermedades infecciosas ha sido un innegable avance en las últimas décadas, sobre todo en los niños, uno de los precios que se está pagando por ello es el incremento de las alergias, cuyo aumento es en parte (sólo en parte) explicado por esta “hipótesis de la higiene”.  Desde 1997 hasta 2011 las alergias de la piel y a la comida se han incrementado en niños, manteniéndose estable las respiratorias, como muestra el siguiente gráfico:

db121_fig01Más de un tercio de los niños de este reciente estudio en Estados Unidos era sensible a uno o más alérgenos. Y según ciertas previsiones, se espera que la incidencia de alergias en la población occidental se duplique en 2025.

3. Resistencia a los antimicrobianos
Si bien es cierto que las vacunas y los anitbióticos supusieron una revolución en el ámbito de la salud que han tirado de la esperanza de vida hacia arriba, no es menos cierto que la situación lentamente está comenzando a cambiar. La resistencia a los antimicrobianos es una realidad en los países desarrolladosdonde muchas personas consumen de forma inadecuada antibióticos, otros lo hacen de manera abusiva, y la gran mayoría no sabemos realmente cuánta cantidad de éstos ingerimos a través de la comida (lacteos y carnes).

Según este informe de la Organización Mundial de la Salud, este tema es de gran preocupación en todo el mundo, pudiendo volver a la situación que teníamos hace décadas donde no existían antibióticos que pudieran curar unas anginas, una neumonía o una tubercolsis, enfermedades que se volvían en muchos casos fatales. De hecho, en 2011 hubo 630000 casos de tuberculosis multi-resistente.

4. Obesidad y diabetes
La obesidad y la diabetes están creciendo en todo el mundo. En esta web puede encontrarse centenares de referencias bibliográficas sobre diabetes y las posibles causas de su incremento y algunos datos interesantes sobre obesidad. Como puede apreciarse en el siguiente gráfico la prevalencia de diabetes ha crecido no linealmente en las últimas décadas, coincidiendo con el incremento en la fabricación de productos químicos. Como bien sabemos, la asociación no implica causalidad, pero tanto el incremento de la exposición a tóxicos medioambientales, como a la contaminación electromagnética ha crecido exponencialmente desde los años 50 del siglo pasado. Esta es una de las hipótesis sobre las que el doctor Sam Milham sustenta su afirmación de que la obesidad y diabetes (al margen de otro tipo de enfermedades) están relacionadas con la electrificación.

t2dchems Y desde luego, la tendencia en la incidencia de la obesidad sigue un patrón similar, como puede verse en la figura siguiente. Tanto para diabetes como para obesidad, el incremento de su incidencia en niños es altamente preucupante.
nhanes-fig55. Enfermedades neurodegenerativas
Las esclerosis lateral amiotrófica (ELA), y las enfermedades de Parkinson y Alzheimer, son algunas de las patologías neurodegenerativas más importantes. Como he indicado anteriormente, de esto se hacía eco el artículo de J. M. García para el caso de España.

Así, por ejemplo, los datos sobre incidencia de Parkinson y Alzheimer son muy reveladores. He aquí la evolución en las últimas décadas de las muertes por Parkinson en Estados Unidos y del Alzheimer en Finlandia, respectivamente.

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Conclusión
Es innegable el incremento de la esperanza de vida en los países occidentales en los últimos 100 años. La mejora de la higiene, los avances médicos, las vacunas, los antibióticos, entre otros factores, han disminuido la mortalidad infantil y han mejorado las expectativas de vida de los mayores de 65 años. Sin embargo, la vida tiene  un límite biológico que se mantiene prácticamente constante a lo largo de los siglos, estando su último (o penúltimo) peldaño en la escalera de los 90 años. Por tanto, no vivimos más, sino que muchos de los que morían antes de lo debido  lo hacen ahora después. Y desde luego la probabilidad de llegar “tan lejos” no es para todas las subpoblaciones igual; los estilos de vida condicionan claramente el paisaje de la longevidad, tal y como he comentado al comparar los jugadores de béisbol frente a los ganadore del Premio Nobel.

Si este incremento de la vida ha venido de la mano de una mejor salud es otro cantar.  Es cierto que hay disminución en las enfermedades del aparato circulatorio (en el caso visto de España),  y también que el consumo de tabaco ha decrecido ostensiblemente (no en todos los países por igual, por cierto). Sin embargo, este último hecho no ha afectado a la incidencia global de cáncer (sí sobre algunos en concreto, como el de pulmón para el hombre), lo que indica que hay otros factores ambientales que están enfermando a la sociedad.

Obesidad, diabetes, alergias, cáncer, enfermedades neurodegenerativas y resistencia a los antibióticos son serias amenazas a la salud de los occidentales, con consecuencias muy graves económicas (una sociedad enferma es menos productiva y necesita mayores costes médicos), y sociales. Y aunque el envejecimiento de la población pueda explicar parte de la incidencia de casos de cáncer y enfermedades neurodegenerativas, los datos en niños sobre cáncer, alergias, obesidad y diabetes muestran claramente que hay otros muchos elementos a tener en cuenta.

La continua exposición a los tóxicos medioambientales (alimentación, polución, radiación electromagnética, etc.) afecta, entre otros,  al sistema inmune y al ADN, y están contribuyendo a construir una  sociedad enferma que vive más, es cierto, pero a un precio que muchos quizá no hubieran deseado pagar.

En cualquier caso el mensaje debe ser positivo en el sentido de que, siendo conscientes de esta información, en nuestra mano está seguir manteniendo este nivel tecnológico, pero legislando adecuadamente para proteger al ciudadano de los hórridos intereses de  algunas industrias y gobernantes. El progreso tecnológico y económico no debe ser paradójico, y puede convivir con los intereses de la salud. Sólo hace falta que el ciudadano esté informado, despierte de ese letargo inducido, y emprenda las acciones pertinentes para cambiar esta situación.

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