(#349). SUPLEMENTACIÓN CON CAFEÍNA Y RENDIMIENTO EN FUERZA Y POTENCIA

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En esta investigación publicada en el Journal of International Society of Sports Nutrition, los autores realizan una revisión de los estudios que asocian la ingesta de cafeína con la fuerza y potencia muscular.

El efecto ergogénico de la cafeína sobre la resistencia muscular ha sido reportado en diversas investigaciones. Sin embargo, los efectos sobre el ejercicio anaeróbico no están tan claros. El objetivo de esta investigación es, por tanto, dilucidar cómo está el estado de la cuestión en relación a la asociación con la fuerza y potencia muscular.

Metodología

Los autores identificaron dos variables para caracterizar la fuerza y la potencia: test de 1RM y salto vertical, respectivamente.  Sobre estas variables, seleccionaron los estudios que incluyeron en su revisión sistemática y metanálisis.

Los estudios seleccionados emplearon diseños aleatorizados, y es de destacar que se excluyeron aquellos donde la ingesta de cafeína se hacía mediante café, ya que esa bebida tiene otros compuestos biológicamente activos que pueden moderar el impacto de la cafeína. Por tanto, los autores se centraron sólo en la suplementación con cafeína.

De los 2533 documentos inicialmente identificados, sólo pasaron los criterios de inclusión 20, 10 para cada una de las variables analizadas. Las muestras agregadas de los estudios que evaluaban fuerza y potencia fueron 149 y 145 participantes, respectivamente, por lo que las muestras, pese a la agregación, no pueden considerarse grandes.

Resultados e implicaciones

Las dosis de cafeína variaron entre  0.9 mg/kg y 7 mg/kg. Los resultados del metanálisis indicaron una diferencia significativa entre los grupos de placebo y los experimentales en relación a la fuerza máxima (p=0.023), donde el posterior análisis de subgrupos reveló que la cafeína significativamente mejoraba la fuerza en el tren superior pero no en el tren inferior. El metanálisis realizado para analizar la potencia muscular arrojó resultados también significativos (p=0.047).

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Los tamaños de efecto para ambas variables fueron pequeños, pero como bien comentan los autores, incluso pequeñas ganancias de rendimiento pueden ocasionar grandes efectos a nivel de competición.

No se encontraron diferencias, sin embargo, en entre los subgrupos de individuos previamente entrenados frente a principiantes.

Limitaciones/Comentarios

Como resaltan los autores, los resultados deben interpretarse con cautela debido a que los tamaños de muestra son limitados. Tampoco queda muy claro qué dosis de cafeína proporciona los beneficios reportados, ya que el rango de dosis en los diferentes estudios es amplio.

Sin embargo, el estudio aporta la interesante contribución de identificar a la cafeína como una más que plausible ayuda para mejorar el rendimiento en deportes con alto contenido en ejercicio anaeróbico.

Particularmente, me hubiera gustado también que los autores comentaran si existe algún efecto secundario identificado en la literatura o en qué medida la equivalencia con el café podría realizarse.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Schoenfeld, B.&  Grgic, J. (2017). Eccentric Overload Training: A Viable Strategy to Enhance Muscle Hypertrophy?. Journal of the International Society of Sports Nutrition, doi: 10.1186/s12970-018-0216-0

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(#343). RETORNO DE LA INVERSIÓN PARA PATROCINADORES EN DEPORTES INDIVIDUALES

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En este artículo publicado en Marketing Letters, los autores analizan la relación entre el rendimiento de deportistas y el de las acciones de las empresas que los patrocinan.

Es muy complejo medir el retorno de la inversión de estas actividades de patrocinio, pero una de las formas empleadas es a través del análisis del precio de las acciones alrededor de momentos temporales clave, como el anuncio de la firma del contrato o la fecha del evento donde el atleta a competido con éxito. Sin embargo, la literatura muestra divergencia en los resultados: Agrawal & Kamakura (1995), Clark et al. (2005) y Elberse & Verleun (2012) encontraron ganancias significativas de precio, pero Fizel et al. (2008) y Ding et al. (2011) no reportaron efectos significativos.

El objetivo de esta investigación es analizar sobre una gran muestra de deportistas los cambios en el precio de las acciones de las firmas que los apoyan económicamente.

Metodología

Los autores escogieron tres deportes: tenis, golf y atletismo, e hicieron un registro de eventos desde enero de 2001 hasta junio de 2014.

En la siguiente tabla se muestra un registro de las marcas patrocinadoras (ropa y equipamiento) del ganador y el finalista de cada uno de esos eventos:

b343_1Los autores emplearon dos variables para medir retornos anormales, basados en el precio de las acciones de la firma y del mercado global, tanto en el día del evento como en el día previo, y también en la tendencia en precio en varias semanas anteriores.

Asimismo, también midieron los retornos acumulados sobre un periodo entre 2 y 5 días después de la conclusión del evento.

Resultados

Los autores encontraron un efecto positivo de los atletas ganadores sobre el valor de las acciones de los patrocinadores en esa ventana de 5 días posteriores al evento. Esos efectos acumulados anormales sobre el retorno fueron 0.405% mayores cuando el patrocinado ha ganado la competición con respecto al subcampeón, pero lo resultados eran significativos sólo al 90% de confianza.

Es de destacar que el coeficiente de determinación del modelo (R-cuadrado) sólo fue de 0.01. Es decir, el modelo prácticamente no explica  nada de esa variación en el retorno de la inversión, aunque los autores intentan justificarlo basado en que otros estudios similares también han reportado R-cuadrados bajos.

Los resultados sugieren que ese efecto positivo sólo se da para las marcas de ropa y no para las de equipamiento deportivo.

Limitaciones/Comentarios

Aunque la investigación cuenta con una muestra muy amplia y tres disciplinas deportivas diferentes, los resultados son muy poco claros, con una leve evidencia de que los campeones de esas competiciones incrementan el precio de las acciones, lo que se toma como un indicador de que el patrocinio es efectivo.

Encontrar varianzas explicadas tan extremadamente bajas dice muy poco sobre la utilidad del modelo, y más teniendo en cuenta que los autores no realizan ningún proceso de validación de las asunciones.

Es más, sería deseable estimar en qué medida ese incremento anormal de precio de las acciones en esa ventan de 5 días posterior al evento se traduce en un beneficio económico para las firmas, y contrastar ese dato con la cuantía de la inversión realizada en el patrocinio.

En conclusión, no parece que esta investigación aporte demasiada luz sobre la efectividad de los patrocinios deportivos, más allá de una evidencia muy limitada de que puede reportar retornos anomales para firmas de ropa (no de equipamiento) y sólo en el caso de los ganadores (y no de los finalistas).

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Gerritsen, D. F. & van Rheenen, S.  (2017).The value of winning: endorsement returns in individual sports. Marketing Letters, doi:10.1007/s11002-017-9422-9.

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BUSINESS

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MARKETING

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(#319). COLABORACIÓN ENTRE JUGADORES DE BALONCESTO Y MARCAS DE CALZADO DEPORTIVO

[MONOTEMA] En el mundo del baloncesto, la relación entre los jugadores y las marcas de calzado deportivo es dispar, y tiene mucho matices dependiendo de cada situación. En uno de los capítulos de mi libro “Publicidad, baloncesto y zapatillas“, publicado en 2014, expliqué algunas de las más relevantes. En este post, por tanto, os dejo plasmado ese epígrafe, que seguro disfrutarán los más aficionados al deporte de la canasta y al marketing deportivo.

Formas de colaboración entre el jugador y la marca

Las formas en que las marcas tienen de compensar a los jugadores son variadas, en función de si realizan anuncios publicitarios o no, o si tienen su propio modelo. Por ejemplo, Ferrán Martínez tenía un contrato únicamente de material deportivo con Adidas desde 1985 hasta 1988. Luego firmó con Reebok, donde ya fue protagonista de anuncios publicitarios del modelo “The Pump”, a cambio de material deportivo (zapatillas y ropa, sin límite) y una cantidad económica.

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Ferrán reconoce la importancia de la relación personal con los ejecutivos de las marcas, clave para generar confianza y mantener una relación exitosa a largo plazo. Por ejemplo: “Cuando firmé un precontrato con Toronto Raptors (en el 98, año del lockout de la NBA), me mandaron muchísimo material mientras estuve en Toronto, en el Training Camp oficial, pese a renovar finalmente por el Panathinaikos al tener dudas sobre si se iniciaba la liga americana o no (de hecho comenzó en febrero)”. Del mismo modo, Epi, lo hace con las personas de Adidas: “Al final, la relación con “las marcas” (empresas), son las personas que están en contacto directo contigo, y tengo el placer de comentar que por aquel entonces el responsable de basket en Adidas era Agustín Burillo, el cual fue no tan solo alguien que se preocupaba del business, sino también de las personas que estábamos representando de cierta forma a ellos, estoy muy contento del trato que me dio Agustín”. Finalmente, Juanma Iturriaga destaca también la importancia de su relación personal con Modesto Pérez de Zabalza, el responsable de baloncesto de Converse, cuando firmó su contrato con la marca americana en 1986.

Ese contrato de Ferrán Martínez se gestó gracias, entre otras cosas, a la relación que Ferrán tenía con los exjugadores de fútbol del Barcelona y Real Madrid, Asensi y Santillana, respectivamente, que estaban en Reebok.

Otras marcas pueden incluso incluir una cantidad variable en función de los títulos que consiga el jugador, caso de Roger Esteller con Nike en 1996 (tenía toda la ropa que quisiera para él y para su entorno, y una cantidad económica fija y otra por asistir al campus de verano), o simplemente no firman ningún contrato y adquieren un compromiso con un jugador para que lleve zapatillas y/o ropa de la marca, como Óscar González con And1 desde la temporada 2001/2002, o Anicet Lavodrama con Nike y Reebok. 

Germán Gabriel, por ejemplo, y pese a su excelente trayectoria deportiva, nunca ha firmado ningún contrato con ninguna marca. Con 19 años, Nike se puso en contacto con el jugador para ofrecerle uno de tres años pero justo cambiaron a la persona encargada de la sección de baloncesto, y este nueva empleado no estaba de acuerdo en firmar ese contrato. Después, Gabriel ha tenido acuerdos de colaboración con Adidas, Nike, Reebok, And1, y de nuevo con Adidas, que es con la que lleva los últimos 6 años. El acuerdo consiste en el envío de zapatillas principalmente (algo de ropa de forma eventual) y el compromiso por parte del jugador de jugar con el calzado que le envían.

Otras veces, sencillamente, una marca provee material al jugador sin ningún compromiso por ambas partes. Por ejemplo, cuando Quique Villalobos llegó al Real Madrid, su compañero Chechu Biriukov le puso en contacto con la marca que él llevaba (Converse). Algunos meses más tarde, Adidas se interesó por Villalobos y le ofreció un contrato de 2 años en el que le pagaba un millón de pesetas al año más todo el material que quisiera. Villalobos no renovó su contrato con Adidas cuando expiró, y al fichar por el Taugrés de Vitoria, la marca Avia le ofereció llevar sus zapatillas.

Joan Pagés, en los 80, tenía un acuerdo con Nike para suministro de material, que el primer año era sólo de zapatillas, pero al año siguiente se tradujo en el equivalente a 6000 euros entre ropa y material de todo tipo. Este tipo de acuerdos de un montante económico anual en material es bastante común entre jugadores menos mediáticos en la actualidad. Por ejemplo, tal y como indica Quique Villalobos, Jaime Fernández (Estudiantes), tiene un contrato de 6000 Euros por temprada con Adidas España; Tibor Pleiss (Laboral Kutxa) tiene contrato similar con Nike Alemania (revisable si va a la NBA), mientras que Alexandr Zhigulin (Barcelona B) tiene un contrato de 6000 euros por temporada con Nike Europa.

En otras ocasiones, los jugadores firman una cláusula en los contratos con sus clubs por la cual están obligados a calzar una determinada marca. Aunque no es un caso ya habitual, sí que en la década de los 80 sucedía en algunos equipos de la ACB. Santiago Aldama, en el CAI Zaragoza, cuenta cómo le tocó a él vivir esta experiencia: “Todos los jugadores del primer equipo teníamos incluida una cláusula en nuestros contratos que nos obligaba a llevar zapatillas de la marca Adidas en todos los partidos y entrenamientos del equipo. Esto era debido a que el club tenía un acuerdo de patrocinio con la marca, que tiene su sede en Zaragoza, en la que toda la ropa y zapatillas que se utilizaban debían ser de esta marca. En contraprestación, esta marca ofrecía a los jugadores diferentes tipos de acuerdos en función de su notoriedad. En la gran mayoría de los casos, como era el mío, nos ofrecían 250000 pesetas en ropa deportiva de la marca”.

Un caso bastante curioso es el del John-Robert Holden, jugador nacionalizado ruso y componente durante muchas temporadas del CSKA de Moscú (y de triste recuerdo para la selección española, ya que encestó la canasta definitiva que daba a Rusia el Eurobasket de 2007). Holden llevó Nike durante toda su etapa en Rusia (aunque sin ningún contrato de por medio), pero tenía una muy buena relación con la marca K1x. La enseña alemana quería abrir mercado en territorio ruso y Holden se prestó a llevar su ropa voluntariamente cuando paseaba por la ciudad. Además, y según explica Holden, se calzó un par de zapatillas K1x en uno de los partidos de la liga rusa, todo para ayudar a la marca.

Además de una cantidad económica y material, la marca puede ofrecer opciones sobre acciones de la compañía, como en el caso de Samaki Walker cuando firmó con Apex, en 1996, o el del entrenador Mike Krzyzeswki con Nike (Katz, 1994).

Nike fichó a “coach K”, quien anteriormente estaba con Adidas. Fue algo controvertido ya que mucha gente en Nike no entendía por qué se pagaba tanto a un entrenador: 400000 dólares al año y stocks options de Nike. Coach K también daría clinics para Nike y proveería feedback para la empresa sobre zapatillas. Fue un tema muy comentado debido al lucrativo negocio de algunos entrenadores (Katz, 1994).

Normalmente las marcas “obligan” a los jugadores a llevar sus zapatillas en actos públicos, pero a veces son más flexibles en ese sentido y dan total libertad al jugador para no llevarlas fuera de la cancha, caso de Converse con Juanma Iturriaga desde 1986 a 1990. Finalmente, los royalties por ventas también son habituales, como el ya comentado caso de Epi con Adidas, o el singular caso de Bob Cousy con PF Flyers, marca que actualmente sigue comercializando sus zapatillas signature (desde 2001 la marca pertenece a New Balance), y que paga a Cousy un porcentaje sobre su venta.

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Cifras concretas sobre el porcentaje que cobran los jugadores por los modelos con su nombre las comenta Katz (1994). Por ejemplo, a comienzos de los 90, Charles Barkley percibía un 2% del precio neto del modelo Nike Air Force, mientras que Michael Jordan conseguía un 5% de sus Nike Air Jordan. No obstante, más allá de la contraprestación que ofrece la marca, y como han admitido un gran número de jugadores profesionales, la relación personal con la persona de la marca que se ocupa de la “cuenta” de ese jugador, e incluso con los directivos de la marca es fundamental para que la relación llegue a buen término. Los jugadores a veces pasan momentos deportivos menos agradables (lesiones, derrotas), o viven situaciones más o menos comprometidas (pérdida de equipajes en viajes, etc.), y en esos momentos valoran mucho que la marca les apoye y que no tengan problema en suministrar el material que necesita en cualquier lugar del mundo.

Charles Barkley percibía royalties, pero no tuvo un modelo personalizado de Nike, o al menos con su nombre ligado al modelo hasta la temporada 1993/1994 con las Nike Air Force Max CB. Nike añadió las iniciales del jugador tras ser elegido Barkley el jugador más valioso de la NBA en 1993. Jordan, por su parte, recibiría royalties por cada Air Jordan vendida, pero también un porcentaje sobre las Nike Air Basketball. Además, obtendría un porcentaje sobre las ventas netas de todo el aparataje Jordan y los accesorios, y algunas acciones de la compañía (Strasser & Becklund, 1991). Es curioso como los royalties no eran tan importantes ya en los 80 como en los 70. Al ya comentado ejemplo de los jugadores del Nike Pro Club, se puede añadir la oferta que Puma hizo al futbolista Pelé en 1970, que incluía un 10% en royalties (Smit, 2008).

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La relación con los jugadores

El proceso de acercamiento entre un jugador y una empresa de material deportivo lo describe perfectamente David Carro, actual agente certificado por la FIBA: “Los agentes tenemos contacto con los representantes de las empresas de marcas deportivas y nos reunimos para hablar sobre posibles acuerdos con nuestros clientes así como para avisarles cuando un jugador cambia de agencia de representación o cuando fichamos a un jugador nuevo con potencial para ser importante para una marca deportiva. Las empresas se interesan por los jugadores primero, y luego preguntan quién los representa para poder negociar un acuerdo y sus condiciones. Evidentemente nosotros estamos al tanto de lo que se paga en el mercado para poder realizar la mejor operación de cara a nuestro cliente. Los jugadores luego tienen sus preferencias, evidentemente, y sí es cierto que se decantan más por unas marcas que por otras y te ayudan a marcar las líneas de la negociación en base a ello. Se trata de buscar un equilibrio entre el beneficio económico y la comodidad que tenga el jugador con la propia marca, que abarca desde cómo lo traten a la hora de mandar material, si cuentan con él cuando se exponen modelos nuevos y la relación con el propio representante de la marca en sí, que también hace lo posible por cuidarlos. Esa relación suele comenzar cuando los jugadores son aún bastante jóvenes, facilitándoles material nuevo para que lo prueben y así propiciar que ya tengan la relación con la marca cuando llega la hora de firmar un contrato de imagen”

En 1977 Adidas estimó que le costaba entre 3000 y 10000 dólares al año conseguir que un jugador de la NBA llevara sus zapas y entre 40000 y 100000 tener un contrato formal de endorsement que incluyera apariciones personales.

Del mismo modo, si existe una ruptura del contrato por parte del jugador, este debe indemnizar a la marca. Un caso célebre es el de Vince Carter, quien en 1999 daba por zanjado el contrato que le unía a Puma, tras el primero de los cuatro años que debía cumplir. El jugador fue sentenciado a pagar 13.5 millones de dólares a la marca, además de tener prohibido la firma de cualquier contrato con otro competidor de Puma durante 3 años. Ambas partes resolvieron esta situación pocos meses más tarde, cerrando un acuerdo por el que el jugador indemnizaba a la marca por una cantidad no hecha pública107 (Thefreelibrary.com, 2000). Antes de los JJOO de Sidney, Carter firmaría por Nike por 30 millones de dólares (Kim, 2012).

En 2004 un jurado federal sentenció a Vince Carter a pagar casi 4.7 millones de dólares a su exagente William “Tank” Black relativos a comisiones perdidas y otros daños. Carter rompió con su agente en 2000, cuando éste fue implicado en un escándalo financiero en el que estafó a varios deportistas a los que representaba, entre ellos Carter. Carter demandó asimismo a Black por negligencia en el caso de la demanda de Puma. Al final, el jurado no consideró que la actuación de Black perjudicara financieramente a Carter (Associated Press, 2004). Y es que probablemente el jurado tuvo en cuenta el dinero que Carter recibiría de su posterior contrato con Nike.

Pero, ¿debe una marca seguir apoyando a un jugador cuando cesa su contrato? Un caso curioso en este sentido es el de Matt Bonner. El jugador de los Spurs era el único en la NBA en tener un contrato con New Balance, firmado en 2008, marca que le proporcionaba zapatillas personalizadas. El contrato se rompió pero Bonner continuó llevando zapatillas de la marca americana. Por tanto, New Balance tuvo un escaparate gratuito en los pies de Bonner, aunque ciertamente es un jugador poco mediático, pero un especialista muy valorado en un equipo campeón, como los Spurs. Bonner se quejó en muchas ocasiones de que ninguna marca se acercaba a él para proveerle de zapatillas, especialmente New Balance, que son las que más le gustan. Sin embargo, posiblemente New Balance hizo caso omiso a esa llamada debido a que en diciembre de 2010 el modelo que llevaba Bonner se rompió en pleno partido, algo que las cámaras captaron y que rápidamente se distribuyó por la red. Hay pocos hechos que pueden herir tanto a una marca como que sus zapatillas se rompan en medio de un partido, por lo que es de suponer que en New Balance no andaban muy contentos con ese episodio desafortunado. A comienzos de la temporada 2013/2014, de nuevo Bonner clamó por conseguir más zapatillas New Balance, ya que sólo le restaban un par de pares en casa. Incluso realizó esa petición pública vía Twitter. Finalmente, y como indica Kerby (2013), la marca le envió unos cuantos pares más, por lo que Bonner ya podría jugar tranquilo durante un año más. Lo interesante de este caso es cómo una marca que todavía mantiene una línea de baloncesto (aunque no es su negocio principal), como New Balance, despreció a Bonner en primer instancia tras la ruptura de su contrato, a pesar de beneficiarse de la publicity generada por el jugador. Pero después, tal vez por la presión mediática originada tras la imploración de Bonner en los medios de comunicación, decidió proveer de material al jugador y reabrir de nuevo la relación. No obstante, en enero de 2014 Mat Bonner fichó por Adidas, es decir, unas pocas semanas después

La ruptura de zapatillas de Bonner no es un evento único. Un caso similar ocurrió en diciembre de 1990 a un jugador de la Universidad de Marquette cuando, en pleno partido, cayó al suelo porque se le rompió la suela de una de sus zapatillas L. A. Gear. La marca californiana, nacida en 1979, creció de manera importante en los 80, llegando a competir con Reebok y Nike, y tenía el 12% del mercado en Estados Unidos en 1990, según Seize9 (2013, septiembre 7). Fichó a celebridades como Michael Jackson, Paula Abdul, Karl Malone o Kareem Abdul-Jabbar. Sin embargo, el incidente de las zapatillas rotas fue uno de los elementos que Wurk (2001) identifica como clave para explicar el colapso de la compañía a partir de 1990. No obstante, ¿puede un accidente de ese tipo herir gravemente la imagen de una marca? Es muy difícil responder a eso. En febrero de 2014, el jugador de los Spurs, Manu Ginobili rompió también sus zapatillas Nike en pleno partido, algo que también le sucedió a Tony Wroten, de los Sixers, en marzo de 2014 con unas Jordan. Probablemente, en estos últimos casos, quede en mera anécdota, ya que la imagen de Nike (y Jordan) es robusta ante el impacto este tipo de situaciones. Pero en una marca más pequeña, quizá el efecto sea totalmente diferente. En cualquier caso, estos sucesos hieren, aunque sea de manera pequeña, a una marca siempre que exista notoriedad en la noticia; basta con mirar ciertos comentarios de internautas a esas noticias para darse cuenta de ello. En otras ocasiones, la noticia pasa prácticamente desapercibida, como en el caso de Germán Gabriel y las zapatillas que rompió en Novo Mesto a comienzos de la década de 2000. En un contraataque, frenó en seco y la zapatilla se desgarró, quedando sus dedos fuera. Gabriel tuvo que pedirle la zapatilla a un compañero para seguir jugando. El incidente tuvo tan poca trascendencia que ni siquiere el jugador recuerda qué marca llevaba cuando ocurrió.

Volviendo a Matt Bonner, hay que reconocer que es un jugador muy particular, por lo que no es de extrañar que su relación con una marca de zapatillas también lo sea. Así, en la Navidad de 2013, mientras los grandes jugadores apadrinados por los gigantes de la industria de zapatillas estrenaban modelos customizados por las marcas especiales para esas fechas (LeBron James, Ray Allen, Stephen Curry, Chris Paul…), Matt Bonner apareció con sus New Balance de siempre con unos lazos rojos y un muñeco de nieve rojo pintado a mano en la parte delantera de la zapatilla. Un contraste muy ilustrativo.

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Es una alianza entre marcas

En muchos de los casos, la firma de un jugador de baloncesto con una empresa de calzado deportivo se convierte en una alianza entre dos marcas, debido a que las grandes estrellas del deporte son también marcas (Luo, Chen, Han & Park, 2010), ya que son productos que entablan una relación emocional con sus consumidores. Esto hace que la congruencia  entre jugador y marca de calzado sea fundamental, ya que los objetivos e imagen proyectada deben ser similares. Así, en esa colaboración entre dos empresas, pueden ocurrir varias opciones, más allá de la convivencia usual entre el jugador y la marca de calzado.

En primer lugar, el jugador puede convertirse realmente en una enseña comercial ligada a la de calzado deportivo. Este es el caso de la marca Jordan, que pertenece a Nike, y que en 1997 emergió como empresa subordinada, donde el mítico jugador es una pieza fundamental. Según Rovell (2009), la marca Jordan (que engloba, entre otros, todos los modelos Air Jordan que Nike ha lanzado desde 1984) ya ha conseguido llegar al billón de dólares en ventas, es la segunda en cuota de mercado de zapatillas en Estados Unidos (10.8%) por encima de Adidas, siendo la líder en modelos para baloncesto en ese país (Badenhausen, 2013). Esta marca es el ejemplo por excelencia de colaboración fructífera entre un jugador y una marca de calzado, donde el jugador se convierte en un icono de tal magnitud para la marca, que ésta crea una submarca. En 2012 se estima que el jugador percibe unos 60 millones de dólares en royalties por las ventas de zapatillas con su apellido (Badenhausen, 2013). Algunos de los modelos de Jordan son también específicos para determinados jugadores, como Carmelo Anthony o Chris Paul, por lo que, aplicando el razonamiento anterior, se produce una mezcla entre tres marcas: Nike, Jordan y la que representa cada jugador, aunque éstos, de momento, no tienen su propia enseña dentro de Nike.

Recordemos que la marca Jordan comenzó a gestarse en 1994, cuando el jugador anunció a los directivos de Nike que se retiraba del baloncesto (fue su primera retirada). Tinker Hatfield y Howard White, dos de los pesos pesados de Nike, empezaron a pensar en la creación de esa marca para intentar que Jordan siguiera siendo un estandarte dentro de la industria, y que su retirada afectara lo más mínimo a los beneficios de la compañía (Katz, 1994).

En segundo lugar, el jugador que tiene sus zapatillas pro-model de una marca determinada se queda con su propia marca desvinculándose de la de zapatillas, manteniendo la identidad original. Los casos más importantes han sido los de Patrick Ewing con Adidas y Shaquille O’Neal con Reebok. Ewing se desvinculó de Adidas en 1988 y creó su propia marca “Ewing Athletics”, produciendo sus propias zapatillas con la ayuda de empresas poco conocidas de fabricación de calzado, como Phoenix o Next Sports. Aunque su marca gozó de cierta popularidad y son uno de los clásicos del baloncesto de todos los tiempos, no tuvo el éxito esperado, y Ewing acabó jugando con Nike al final de su carrera deportiva. En 2012, la marca se volvió a relanzar.

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En el caso de O’Neal, el jugador no renovó su jugoso contrato con Reebok de 3 millones de dólares al año en 1998, y se llevó su marca “Shaq” y su logo “The Dunkman” para producir sus propias zapatillas con la colaboración de la empresa ACI Internacional.Un año antes había fallado en su intento de creación de la empresa Dunk.net, de zapatillas y artículos deportivos. El jugador quería poner en el mercado zapatillas más accesibles económicamente al gran público (sus Reebok Shaq Attack costaban alrededor de 135 dólares), y lo consiguió con la marca Shaq y convirtiendo a su logo “The Dunkman” en una segunda marca en 2001. Posteriormente en 2006, O`Neal firmó un contrato con Li-Ning por 5 años con el objetivo principal de penetrar en el emergente mercado chino (Badenhausen, 2011). De este modo, el mítico jugador ha estado intentando llegar a un segmento de mercado muy sensible al precio, con la mayoría de modelos a la venta entre los 20 y 40 dólares, y vendiendo principalemnte en establecimientos de descuento y grandes almacenes, algo que, paradójicamente, ha sido identificado por otras marcas como Brooks o L. A. Gear, como un factor clave para su declive en el mercado del baloncesto.

El caso del jugador Stephon Marbury es similar al de Ewing y O’Neal, aunque con la particularidad de que el jugador creó una nueva marca, Starbury, al terminar su periplo con And1, donde también tenía un modelo personalizado. Las negociaciones con And1 se vieron viciadas por la tremendas pretensiones económicas de Marbury (Falk, 2009), por lo que el jugador decidió utilizar uno de los apodos que tenía de adolescente “Starbury”, para independizarse y crear su propia empresa. Con la colaboración de la compañía Steve and Barry’s University Sporstwear, Marbury ha estado realizando una estrategia muy parecida a la marca Shaq en cuanto a precio; zapatillas en torno a 15 dólares para acceder a un segmento de mercado muy específico. Incluso ha lanzado modelos personalizados para jugadores NBA, como el caso de Ben Wallace. Tras la quiebra de su socio comercial en 2008, Marbury ha seguido confiando en su marca, y tras su fichaje por la liga china en 2010, ha entablado un acuerdo comercial con Beijing RenHeshengye International Economics & Trading Co, para desarrollar su producto en China (Chao, 2010), con modelos en una banda de precios bajos, entre los 15 y 49 dólares. Tanto Marbury, como O’Neal, han seguido los pasos del ex jugador Clyde Drexler, quien en 2005, se convirtió en la primera estrella de la NBA en firmar con una marca China, en este caso Athletic (Quanzhou Athletic Shoes y Garment Co. Ltd), aunque sin una línea de productos propia, y sólo como spokeperson o prescriptor de la marca.

David Falk, en 1992, creo su propia agencia (FAME), y en 1996 firmó a Iverson. Así, a Iverson le consiguieron un contrato de 50 millons de dólares en 10 años con Reebok, esa relación entre Iverson y Reebok es una de las más exitosas de la historia de las zapatillas deportivas. Cuando Marbury llegó a la liga, FAME no intervino en su primer contrato con And1 que le pagó entre 400000 y 500000 dólares al año. Marbury llamó a Falk un día y le dijo que estaba interesado en que FAME le representara. Ya era 1998 y el mercado de las zapatillas había descendido. De hecho, Marbury quería que le consiguiera 4 o 5 millones de dólares al año, cuando ninguna empresa estaba dispuesta a pagar más de 1 millón al año. En FAME consiguieron convencer a And1 para que volviera a firmar con Marbury por 8 millones durante 5 años, incluyendo royalties por las ventas de sus modeles firmados con su autógrafo y con participaciones en la compañía. Pero Marbury no quiso el negocio porque el seguía penmsado que se merecía al menos 3 millones de dólares. Las influencias familiares hicieron que la relación entre Falk y Marbury se rompiera.

En tercer lugar, el jugador puede firmar con la marca como directivo, es decir, con capacidad para la gestión y la toma de decisiones de su modelo personalizado y de otros modelos de la marca. Este ha sido el caso de jugadores como Karl Malone, que en 1996, tras su paso por L. A. Gear, firmó como directivo por la marca Ryka, una empresa especializada en zapatillas de deporte para mujeres, pero que pertenecía a un conglomerado de empresas con producción para el sector masculino, como Apex, enseña con la que su modelo personalizado salió a la venta. La experiencia duró relativamente poco tiempo, ya que Malone firmó por Converse en 2000 y posteriormente con DaDa, empresa con la que tuvo un contencioso por impago en la temporada 2003-2004 (Shaikin, 2005). Otro caso relevante fue el de Chris Webber, que en 2002, en pleno auge de su carrera profesional, firmó con DaDa como presidente de su nueva división de baloncesto, lanzando por supuesto su modelo personalizado, el primer gran apadrinamiento que consiguió Dada (junto al de Latrell Sprewell), antes de que la marca desfalleciera después de 2006.

En cuarto lugar, un jugador fuera del circuito profesional, cuando está ya retirado, se lanza al mundo empresarial con su propia enseña. En cuanto a zapatillas de baloncesto, el caso más destacado es el de Magic Johnson, retirado definitivamente en 1996 (se retiró por primera vez en noviembre de 1991, cuando anunció que era portador del virus del SIDA. No obstante, jugó los JJOO de Barcelona’92, y volvió a las canchas de la NBA para jugar sus últimos 32 partidos en la temporada 1995/1996). Johnson posee la marca “Magic 32” y está totalmente involucrado desde el diseño hasta las actividades de maketing, enfocándose a un público sensible al precio, y contando también con una línea de ropa casual en colaboración con la empresa Zanetti, fabricante californiano. Un coetáneo de Magic, Hakeem Olajuwon, ha diversificado su marca DR34M, creada en 2011, para incluir zapatillas de baloncesto. Hakeem llevó el número 34 durante su carrera, y era apodado “The Dream”. De ahí el juego de letras con el nombre de su marca. Olajuwon mantiene esta marca enfocada a productos de lujo y ello no le impide colaborar con la marca Etonic, la cual le apoyó en sus inicios en la NBA, y con la que tuvo una línea de zapatillas con su nombre. En 2014, Etonic, en conjunción con el jugador, lanzó una edición limitada de aquellas lanzadas en 1984.

En Australia, su jugador más importante Andrew Gaze, poco antes de retirarse en 2005 emprendió la aventura de lanzar su propia marca de calzado “Gaze”, junto a su socio Nigel Purchase, zapatillas vendidas principalmente en establecimientos de descuento, como K-Mart o Target, entre otros, y únicamente en su país. Después de diferentes problemas en la distribución, Gaze decidió licenciar la marca, que sigue vigente en Australia aunque con planes de expansión a India. En España, Luis Miguel Santillana cuando todavía era jugador, a comienzos de los 80 creó su propia marca de ropa deportiva “Track” amparada en la empresa que llevaba su apellido, aunque no lanzó ninguna línea de calzado de baloncesto. Otro ejemplo, aunque ya fuera del baloncesto, fue la creación de la marca Cruyff, por el mítico futbolista holandés Johan Cruyff en 1979, cuando apuraba sus últimos años en el fútbol de elite.

En quinto lugar, existen también casos en donde ex jugadores se suben al carro de un proyecto ya prácticamente desarrollado, para ayudar a darle el empujón comercial definitivo. Tal es el caso de John Starks, quien ha participado en el lanzamiento de la marca Etkio, nacida en 2009, y basada en los estudios ortopédicos de Barri Katz, quien ha creado unas zapatillas innovadoras que reducen ostensiblemente el riesgo de lesión de tobillo (hay jugadores que son bastante maniáticos en cuanto al uso de unas zapatillas tras una lesión. Por ejemplo, Roy Fisher, no volvía a ponerse el mismo par de zapatillas si se lesionaba con ellas). En este caso, Starks recibe una participación en el capital de la empresa, en lugar de un sueldo o de royalties, que es la forma habitual de proceder en esta industria. Esa forma de compensar al jugador que apoya la marca es una vía interesante de conseguir a celebridades que apadrinan una marca recién creada, y con menos medios para realizar grandes campañas de publicidad. Starks tiene la labor de prescribir el producto y de atraer jugadores a la marca (obviamente utilizando sus contactos como antigua estrella de la NBA). Un caso con cierta similitud es el de Berni Rodríguez con Li-Ning. La marca china quería estrechar lazos con los jugadores españoles, además del patrocinio de la selección, y eligió a uno de esos internacionales para tal fin. Berni quedó muy satisfecho con sus zapatillas, obteniendo modelos personalizados. Así, el jugador español comenzó también su andadura como coloaborador e inversor de Li-Ning, siendo pieza clave en la obtención de más jugadores españoles para la marca, como Rafa Freire, Saúl Blanco o Alejandro Abrines (Larrañaga, 2011).

Finalmente, el jugador puede implicarse en el diseño de las zapatillas que apadrina, es decir, ir más allá de ser un mero presciptor de la marca para participar en la confección del producto. Esta estrategia es utilizada por las firmas para añadirle valor al producto, ya que al participar el jugador en su diseño, se transmite una imagen de mayor calidad y confianza. En 1979, Rick Barry participó en la creación de las Adidas Top Ten, probablemente el primer caso conocido en baloncesto de esta forma de colaboración entre jugador y marca, algo que Adidas explotó convenientemente en la publicidad. Hasta esa fecha, algunas enseñas, como Nike en sus inicios, utilizaban el feedback de los ateltas para realizar mejores en las zapatillas. El mítico entrenador y co-creador de Nike, Bill Bowerman, era el encargado de unir esas opiniones a su talento como innovador, con el fin de mejorar las zapatillas que la empresa de Oregon importaba de Japón. En la  década de los 80, también New Balance empleó a su estrella, James Worthy, para el diseño de las zapatillas que llevaban su nombre.

NewBalance1987_

Actualmente, la implicación de ciertos jugadores en el diseño es mucho más común, desde Kobe Bryant y sus zapatillas de caña baja Nike Zoom IV, a Steve Nash y sus ecozapatillas Trash Talk en 2008. Estas últimas son un calzado en edición limitada hecho con material reciclable, y en el que Nash, un ferviente defensor del ecologismo y la sostenibilidad ha participado en el diseño, y también en la promoción, obviamente (Revista Oficial NBA, 2008).

En España, Epi también se implicó en el diseño de su propio modelo para Adidas. Esto hace que el vínculo entre el jugador y la marca se acentúe. Por ejemplo, Epi estaba tan contento con el producto final, en el que él había participado en el diseño, que regalaba ese modelo de Adidas a todas las personas afines a él.

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(#298). ¿CAMBIAR DE ENTRENADOR A MITAD DE TEMPORADA?

[MONOTEMA] Jason Kidd ha sido destituido como entrenador de los Bucks de la NBA hace escasos 2 días. Es el segundo cambio a mitad de esta temparada 2017-18 tras el de David Fizdale en los Grizzlies el pasado mes de noviembre.

¿Es adecuado cambiar de entrenador a mitad de temporada? Se ha escrito mucho al respecto en la literatura académica. En mi caso, he tenido la oportunidad de publicar varios papers sobre ello (Martínez, 2012; Martínez & Caudill, 2013, Martínez, 2017), y los voy a comentar brevemente en este post.

Las evidencias que la literatura ha mostrado son contradictorias, es decir, con estudios que encuentran efectos positivos, negativos y neutros, por lo que no es un tema del que se pueda extraer una conclusión clara. Sin embargo, voy a tratar de explicar lo que en mis estudios han aportado (modestamente) a este debate.

Mejora a corto plazo

“Entrenador nuevo; victoria segura”. Este dicho tan extendido tiene cierta base empírica, tal y como muestro en Martínez (2012), tras analizar todos los cambios de entrenador en la NBA a mitad de temporada desde 1949-50 hasta 2009-10:

Y lo es debido a dos factores fundamentales, y es que la mayoría de los cambios de entrenador se producen antes de que un equipo juegue su siguiente partido en casa, y en equipos con un porcentaje de victorias no muy elevado (es decir, equipos con problemas de rendimiento). Como son precisamente esas dos variables las que tienen un cambio relativo mayor en comparación con el modelo que explica las victorias en partidos anteriores, es lógico que se obtengan estos resultados. Así, sobre un “partido tipo”, la probabilidad de victoria para el nuevo entrenador es más de 2 veces superior al último partido jugado por el equipo, es decir, al anterior partido jugado y dirigido por el entrenador reemplazado. Esto da una idea del fuerte cambio producido en el rendimiento de los jugadores tras el cambio.

De este modo, el efecto psicológico sobre los jugadores parece claro, tal y como comentaba en el artículo:

La mejora de rendimiento en los equipos que cambian de entrenador en el primer partido jugado se debe a un efecto psicológico, o lo que Koning (2003) denomina “efecto shock”, que futuras investigaciones deberán analizar más en profundidad. Estudios de naturaleza cualitativa podrían ayudar a esclarecer las razones de ese efecto, una vez mostrada la evidencia empírica de su existencia. Las teorías sobre liderazgo y asimilación de expectativas (comentadas anteriormente), podrían ser un buen inicio, pero otras aproximaciones podrían ser también consideradas. Así, desde un enfoque más economicista, podría aplicarse una explicación basada en los incentivos que los jugadores obtienen en ese primer partido (Ariely, 2010), donde necesitan “mostrarse” al nuevo técnico o reivindicar su valía como jugadores, puesta en cuestión por el bajo rendimiento del equipo. Desde un punto de vista más psicológico, la metáfora del cambio explicada por Zaltman y Zaltman (2008) se postula como otra posible línea de trabajo. El ser humano vive en una continua paradoja entre el deseo de inmovilismo (seguridad) y el deseo de cambio (esperanza), cuya balanza se rompe hacia el deseo de cambio en ciertas situaciones de ruptura emocional, como puede ser la que ocurre cuando el deportista actúa por debajo de su nivel esperado. Esa esperanza de cambio podría hacer que los jugadores incrementaran significativamente su rendimiento, incluso de manera inconsciente, en un efecto que se podría manifestar de forma similar a cómo los estudios de neurociencia están mostrando (Lindstrom, 2008).

Por tanto:

Estos resultados indican, básicamente, que sí que existe un cambio en el efecto que las variables tienen sobre la probabilidad de victoria, que se traduce principalmente en que en el primer partido que dirige un nuevo entrenador, el equipo en cuestión tiene una probabilidad de ganar sensiblemente superior si juega en casa y frente a un equipo débil, comparado con que esa misma situación se diera con el antiguo entrenador.

Recordemos que estamos hablando de probabilidades y de un “partido tipo”, es decir, con valores de las variables independientes del modelo en su punto medio. Para realizar predicciones sobre el modelo propuesto hay que especificar el estado de cada variable de manera concreta y calcular la probabilidad.

Así, empleando el modelo que estimé en el paper, la probabilidad de que los Grizzlies ganaran el último partido que dirigió David Fizdale era del 38%, mientras que la probabilidad de que lo hiciera su sustituto J.B Bickerstaff en su primer partido era del 18%. Efectivamente los Grizzlies perdieron ese primer partido con el entrenador nuevo. El motivo es que jugaron en casa de los Spurs, y el modelo tiene en cuenta la diferencia de potencial entre los equipos y el factor cancha.

Sin embargo, para el cambio de entrenador de los Bucks la situación cambia. Kidd jugó su último partido fuera, en casa de los Sixers, y perdió. Su probabilidad de victoria era sólo del 11%. Pero su sustituto, Joe Prunty jugó en casa su primer partido y además contra un equipo bastante más flojo (los Suns). Y consiguió la victoria; pero es que la probabilidad de hacerlo era del 78%.

Evidentemente todo esto son estimaciones y hay que interpretarlas siempre en lenguaje probabilístico. Por tanto, aunque el cambio de entrenador incrementa la probabilidad de ganar ese primer partido (tomando  un “partido tipo”), ello está sujeto al valor concreto de las variables que caracterizan ese partido.

La cuestión que se presenta ahora es conocer si ese cambio positivo a corto plazo se traduce en una mejora significativa de resultados al final de la temporada regular. Dilucidar la respuesta no es sencillo, pero he tratado de aproximarme en los estudios que comento a continuación.

¿Mejora al final de la temporada regular?

Para responder a esta pregunta he realizado dos estudios; uno publicado en 2013 que recoge los datos desde 1949-50 hasta 2009-10, y una revisión de ese estudio ampliando datos (hasta la temporada 2015-16), y empleando  una metodología diferente de análisis.

Globalmente, los resultados indican que hay una leve evidencia que el cambio puede incrementar el porcentaje de victorias para los equipos, pero teniendo en cuenta de que sólo en un 12% de ocasiones lo hace de manera significativa. Aproximadamente un 5% de los cambios producen peores resultados y la gran mayoría, 83%, no cambian significativamente el porcentaje de victorias.

Por tanto es una decisión arriesgada, y más teniendo en cuenta los posibles costes asociados al despido. Por ejemplo, los Pistons tuvieron que pagar $6 milllones a Larry Brown por su despido en 2005.

Si finalmente los gestores de la franquicia deciden cambiar de entrenador, para maximizar la probabilidad de éxito se debe contratar a un entrenador con alta experiencia y con una larga carrera como jugador (que precisamente son los más caros). Además, el cambio debe hacerse lo antes posible en la temporada para que se incremente la probabilidad de mejorar los resultados.

Vamos a ver qué ocurre este año con los resultados de Grizzlies y Bucks tras el cambio de entrenador. Aunque tienen alta experiencia como entrenadores ayudantes, tanto J.B Bickerstaff como Joe Prunty son bastante novatos, pese a que el primero dirigió a los Rockets en 2016 tras la marcha de McHale. Además ninguno de los dos ha sido jugador de la NBA.

De momento, Bickerstaff lleva un porcentaje de victorias prácticamente idéntico a su predecesor (37% frente a 36.8%), por lo que no parece que el cambio haya dado sus frutos, aunque hay que esperar al final de temporada, por supuesto.

Conclusiones

El análisis estadístico en el deporte siempre suscita controversia, porque algunos piensan que es sólamente una forma de marear datos con poca aplicación práctica. Sin embargo, la importancia del sports analytics es innegable en el deporte profesional actual, como una herramienta más de toma de decisiones.

Estudiar si un cambio de entrenador mejora o no los resultados está dentro de las múltiples aplicaciones que tiene este campo. En general, lo que nos dicen los datos es que hay un efecto positivo tras el cambio, reflejado en ese incremento de probabilidad de victoria en el primer partido, pero que en la mayoría de los casos se diluye al final de temporada. Si se apuesta por el cambio, se aconseja no esperar demasiado y contratar un entrenador con alta experiencia y que haya sido jugador. Si leéis mis papers encontraréis más comentarios y limitaciones de esos estudios.

Por último, recordad siempre que estamos usando el lenguaje de la probabilidad, y que casos particulares hay de muy diversa índole. Pero a lo largo de la historia de la NBA, los datos agregados nos dicen lo que acabo de relatar en este post.

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(#281). LOS ATLETAS DE ÉLITE VIVEN MÁS QUE SUS HERMANOS

[REVISIÓN DE ARTÍCULO]  En esta investigación publicada en el British Journal of Sports Medicine, los autores realizan un interesante enfoque para comparar la esperanza de vida de atleta de élite con los de la población, empleando a sus hermanos como controles.

Esta forma de hacerlo evita el sesgo producido por diferencias genéticas y, cuando los datos lo permiten, se muestra como una atractiva vía metodológica.

Recordemos que, en general, la actividad física está asociada a un riesgo menor de morbilidad y mortalidad. Sin embargo, hay matices en cuanto al tipo de deportes (resistencia, mixtos, fuerza) y el nivel de intensidad (moderada vs extrema). Tanto la participación continuada en deportes de potencia como el ejercicio extremo pueden invertir esa relación positiva con la salud. No obstante, hay evidencias al respecto que necesitan ser estudiadas con mayor profundidad.

Metodología

Los autores emplearon una cohorte de 2567 atletas finlandeses masculinos que habían representado a ese país entre 1920 y 1965 en diferentes eventos internacionales, junto con sus hermanos. Después se excluyeron los casos de muerte prematura y de los que no se tenían datos completos.

Finalmente, la muestra se compuso de 900 atletas, y de los 1855 hermanos se seleccionaron aquellos que estaban más cerca en edad. Es de suponer que también fueron hombres, aunque el artículo no lo especifica.

Los participantes fueron clasificados en 3 grupos de deportes: (1) resistencia; (2) mixtos; (3) potencia. La diferencia entre estos tres grupos radica en la oposición entre deportes de alto perfil aeróbico frente al anaeróbico, resistencia frente a fuerza. Así, por ejemplo, los corredores de media y larga distancia estarían en el grupo 1, los jugadores de fútbol, baloncesto, saltadores, velocistas estarían en el grupo 2, y luchadores, boxeadores, levantadores de pesas, en el grupo 3.

En 2001 se les pasó una encuesta que fue respondida sólo por una parte de ellos. En ese cuestionario se les preguntaba sobre sus hábitos de vida (actividad física, consumo de tababo y alcohol, etc.).

Resultados e implicaciones

En general los atletas analizados viven entre 2 y 3 años más que sus hermanos, pero hay matices en cuanto al tipo de deporte practicado. Así, la  mayor diferencia se produce en los atletas que han practicado deportes de resistencia, mientras que para los de potencia esa divergencia desaparece. Los datos de la edad al morir, tanto media como mediana, así como los resultados de la regresión de Cox se muestran a continuación:

b281_2Tampoco hay diferencias en cuanto al riesgo de las causas de mortalidad entre los atletas y sus hermanos. No obstante, tanto los atletas como sus hermanos tenían unos hábitos de actividad física y tabaquismo mejores que los de la población general. Esto es importante porque indica que existe una clusterización familiar en la forma de orientar la vida desde el punto de vista de hábitos saludables; tanto los atletas como sus hermanos tenían menos enfermedades crónicas que la población control.

Por tanto, esta investigación confirma que los atletas de élite tienen una mayor esperanza de vida, incluso cuando se controla por el factor genético, pero que el tipo de práctica deportiva condiciona esa diferencia.

Comentarios/Limitaciones

La escasa respuesta al cuestionario de 2001 (sólo 199 atletas lo hicieron) condiciona los análisis para conocer aspectos importantes que podrían moderar o mediar entre la práctica deportiva y la mortalidad. La influencia de factores del entorno (epigenéticos) entre los ateltas y sus hermanos podría ser también importante, ya que los autores reconocen que no han podido tener en cuenta de manera completa las diferencias entre el estatus socioeconómico de ambos grupos.

La generalización a deportes concretos es complicada,  ya que se necesitarían estudios específicos. Además, tampoco se controla por el nivel de intensidad en el entrenamiento o el volumen del mismo entre diferentes deportes. También sería discutible la composición de los 3 grupos empleados, por ejemplo, incluir a los velocistas en el grupo 2 en lugar del grupo 3 podría ser cuestionable.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Kontro, T. K. et al. (2017). Mortality and health-related habits in 900 Finnish former elite athletes and their brothers. British Journal of Sports Medicine, doi:10.1136/bjsports-2017-098206

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(#243). LOS DEPORTISTAS DE ÉLITE VIVEN MÁS, PERO CON MATICES

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] Aunque los investigadores ponen una considerable atención en el proceso de desarrollo de los atletas, la investigación después de acabar su carrera es más limitada. El conocimiento sobre cómo la participación en deportes de élite afecta la longevidad de los atletas es incompleta.

Como bien indican los autores, a veces la noticias en los medios de comunicación sobre muertes de deportistas relativamente jóvenes crea falsas expectativas sobre una supuesta mortalidad precoz de este tipo de deportistas. Un metanálisis reciente de Garatachea et al. (2014), realizado sobre 10 estudios que incluían a 42807 atletas mostró que los deportistas de élite tienen mayor esperanza de vida que la población general y un menor riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular y cáncer, con ratio de mortalidad (SMR) de 0.67 (95% IC: 0.55-0.81)  para la población total, y 0.73 (95% IC: 0.65 -0.82) para la enfermedad cardiovascular y 0.60 (95% IC: 0.38-0.94) para cáncer. Según comentan los autores, el estudio de Garatachea et al. (2014) excluyó  38 estudios que no emplearon el SMR como indicador estadístico, por lo que se perdió mucha información.

Particularmente interesante también es el estudio realizado por Lawler et al. (2012), donde muestra que los jugadores de baloncesto profesionales negros viven hasta 9 años más que sus semejantes en la población general, y también más que los blancos de esa población general. Sin embargo los jugadores de baloncesto blancos viven hasta 18 meses más que sus colegas negros.

Teramoto & Bungum (2010), revisaron 14 estudios epidemiológicos encontraron que los deportes de resistencia y mixtos (aeróbicos y anaeróbicos) estaban asociados a una mayor supervivencia de atletas que la población general (menor mortalidad y mayor longevidad). Sin embargo, los resultados de estudios que consideran deportes anaeróbicos son menos claros.

Como resaltan los autores, la mortalidad viene determinada por el tipo de deporte, la intensidad con la que se practica, y otrs factores como la raza o la obesidad. Por ejemplo, Baron et al. (2012), examinaron 3439 jugadores de la NFL  que habían jugado más de 5 temporadas entre 1959 y 1988 y encontraron que los jugadores con más peso (BMI mayor o igual que 30 kg/m2) tenían un riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular 2 veces mayor que los otros jugadores, y que tanto los jugadores negros como los que jugaban en línea defensiva tienían un mayor riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular, después de ajustar por el BMI.

Una vez revisados los antecedentes más relevantes, el objetivo de esta investigación es completar la revisión de Teramoto & Bungum (2010) para responder a las preguntas de si los atletas de élite tienen una mayor longevidad que la población general y de cuáles son los factores de riesgo asociados con la longevidad.

Metodología

Los autores revisaron artículos entre 1980 y 2014, siguiendo los siguientes criterios de inclusión: (1) estudios enfocados en atletas de élite; (2) estudios que proporcionaban una medida de mortalidad/longevidad y /o causas. Por atletas de élite consideran aquellos deportistas que participan en cualquier tipo de deporte semi profesional, profesional y/o olímpico. La muestra total la compusieron 57 artículos, con un total de 465575 deportistas (5610 mujeres).

Resultados e implicaciones

En general los resultados muestran una mayor longevidad de los deportistas en comparación con la población general, pero con matices. La mayoría de deportes aeróbicos-anaeróbicos presentaron atletas con mayor longevidad. Por ejemplo, ciclistas de élite de Francia, Italia y Bélgica que habían participado en el Tour de Francia eran más longevos que sus semejantes de la población general. Lo mismo ocurría para buceadores y esquiadores noruegos, o para atletas italianos de track and field. Sin embargo, en jugadores de fútbol la evidencia fue menos consistente; mayor longevidad en futbolistas holandeses pero peor en tasas de supervivencia en alemanes, junto con una mayor prevalencia de esclerosis lateral amiotrófica en futbolistas italianos. Además, los levantadores de pesas fineses también tenían menos longevidad que la población de ese país.

En cuanto a las causas de mortalidad: (1) Precocidad: en jugadores de béisbol hay una asociación entre la fecha de debut y la longevidad (más precoz asociado a menos longevo); (2) Posición: las cualidades antropométricas determinan en muchos casos la posición del atleta por lo que no es de extrañar que sea un factor importante (a más peso menos longevidad); (3) Raza: asociada a longevidad en la NBA, NFL y MLB; (4) Alto rendimiento: los luchadores de sumo con más victoria morían antes pero probablemente debido al efecto del BMI. En jugadores de golf, aquellos con mejor rendimiento tenían menor mortalidad.

Limitaciones/Comentarios

Los autores muestran diversas limitaciones de los estudios realizados. La primera de ellas se refiere a las bases de  datos incompletas, con especial relevancia de las fechas de muerte en jugadores de béisbol. La segunda se refiere a la incapacidad de distinguir entre longevidad y calidad de vida, pese a que la actividad física modera esa relación de manera positiva. Además hay evidencia de que los ex atletas tienen un estilo de vida más saludable que el resto de la población.

También es importante considerar nuevas investigaciones que alertan de que un excesivo ejercicio aeróbico puede conllevar enfermedades cardiovaculares. Y por supuesto el papel de la genética, ya que es posible que esos atletas tengan unos rasgos genéticos superiores al resto de población, y que ello unido a la práctica deportiva mejore la esperanza de vida.

Aunque el factor de la raza se muestra relevante en varios estudios (probablemente asociado a la educación), no se comenta la dificultad de categorizar a los deportistas en la actualidad en función de, por ejemplo, una simple dicotomía negro/blanco. En la NBA, la cantidad de jugadores que tienen diversidad genética en este sentido es amplia.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Lemez, S. & Baker, J.. (2015). Do Elite Athletes Live Longer? A Systematic Review of Mortality and Longevity in Elite Athletes. Sports Medicine – Open, doi: 10.1186/s40798-015-0024-x

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(#165). MORTALIDAD EN JUGADORES DE FÚTBOL PROFESIONALES EN ACTIVO Y RECIÉN RETIRADOS

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] Los autores comienzan hablando sobre datos de muerte súbita en deportistas, estimándose entre 6 y 36 muertes por 10000 habitantes y año en edades de 12 a 35 años. Son datos muy preocupantes, ya que la incidencia es muy alta.  Asimismo, cada vez más hay un creciente interés por estudiar las muertes ocurridas tras la retirada de los deportistas, donde las contusiones, lesiones, o problemas psicológicos pueden ser importantes.

El objetivo de esta investigación es sencillo, meramente descriptivo, aunque no por ello carente de interés: reportar las características de las muertes desde 2007 a 2013 de jugadores de fútbol en activo y tras su retirada.

Metodología

Entre 2007 y 2013 la FIFA y sus divisiones continentales recogieron datos sobre la mortalidad de futbolistas en activo y recientemente retirados en todo el mundo. Los jugadores en activo fueron descritos como aquellos mayores de 17 años que habían competido de manera profesional según la regulación de cada una de las competiciones. Como futbolistas retirados entraron todos aquellos menores de 46 años que habían competido de manera profesional. Ese periodo reciente post-retirada es considerado como especialmente relevante y difícil en la vida de cualquier atleta.

Al margen de los datos básicos sobre cada jugador, se categorízó la causa de la muerte como: (1) directamente relacionada con el deporte; (2) no directamente relacionada con el deporte (accidentes de tráfico, suicidios, enfermedad o crimen violento).

Los datos fueron regristrados en una base por un investigador, y fueron comprobados por un segundo investigador, aunque este sólo revisó el 20% de los datos de manera aleatoria. Las discrepancias fueron resultas por consenso. Para maximizar la validez d ela información se consultaron fuentes adicionales:  Wikipedia, Google e Infostrada Sports.

La incidencia de la mortalidad fue calculada como el ratio entre en número de muertes durante los 7 años considerados y el número total de jugadores de fútbol estimados en la mitad de ese lapso temporal, ascendiendo a 65000.

Resultados e implicaciones

Un total de 214 muertes entre futbolistas activos y recientemente retirados fueron reportadas. El ratio total de mortalidad fue de 0.47 por 1000 futbolistas y año, aunque tras excluir 19 casos por causas desconocidas ese valor se modificó a 0.428. Si comparamos esos datos con el ratio de muertes de jóvenes entre 20 y 40 años, vemos que éste está entre 20 y 40 fallecimientos por 10000 habitantes (datos de población en Francia y Estados Unidos), por lo que al menos es el doble que el de los futbolistas.

La media de las muertes fue de 30 años, y 148 fueron de futbolistas activos y 66 entre los retirados. La principal causa de muerte fue la enfermedad (55.4%, un 33% de patología cardíaca), seguida de accidentes (24.6%), suicidios (11.3%) y crimen violento (8.7%). Entre los jugadores activos, un 17% de las muertes estaban relacionadas con la actividad deportiva.

Ante estos resultados, la prevención de patologías cardíacas se hace necesaria, aunque como comentan los autores los protocolos de detección de patologías basados en electrocardiogramas y/o ecocardiogramas tiene poca validez predictiva, aunque se está trabajando para mejorarlo (recomendaciones de Seattle). Destaca también el índice de suicidios (11.3%) que reflejan un ratio de mortalidad de 0.48 por 10000 jugadores. Los autores no relativizan esa cifra con otras, pero dejan entrever que los problemas psicológicos de los futbolistas pueden desembocar en esos suicidios. Según Goutterbage et al. (2015) los problemas psicológicos de los futbolistas (ansiedad, depresión, burnout) tienen una incidencia no despreciable.

Otros estudios relacionados

Hay dos estudios anteriores en el fútbol italiano que reportan ratios de mortalidad similares. Uno de ellos, sugiere que los porteros los suicidios eran significativemente menores en los porteros con respecto a los jugadores de campo.

En el estudio de Boden et al. (2013) sobre mortalidad entre jugadores de fútbol americano en institutos y universidades el ratio de mortalidad fue menor que en este estudio (entre 0.09 y 0.25 por 10000 atletas) pero también es cierto que el rango de edad de ambos estudios difiere.

Otros estudios interesantes son los de seguimiento de atletas retirados. Lindqvist et al. (2013) estudiaron la mortalidad de atletas suecos de deportes de potencia (lucha, lanzamientos, levantamiento de pesas), que compitieron entre 1980 y 2008,  y encontraron un ratio de 3 muertes por 1000 atletas y año, bastante superior por tanto al de este estudio.

Pärsinen et al. (2000), por su parte, estudiaron a levantadores de pesas finlandeses durante un periodo de 12 años, mostrando 8 muertes entre los 62 deportistas estudiados, siendo el suicido y la patología cardíaca las principales causas de defunción, ratio también mayor que el observado en este estudio.

Limitaciones/Comentarios

Los propios autores reconocen la dificultad en obtener datos fiables, lo que puede haber llevado a una infraestimación de la mortalidad. Tampoco queda muy claro a qué se refiere con esos 65000 jugadores sobre los que calcula el ratio de mortalidad, ya que en otro punto del artículo dice que son unos 100000.

Goutterbage, V. et al. (2015). Mortality in international professional football (soccer): a descriptive study. The Journal of Sports Medicine and Physical Fitness, 55 (11), 1376-1382. 

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Impact Factor (2015)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

1.111

Q3

SPORTS SCIENCES

Scimago (SJR)

0.46

Q2

PHYSICAL THERAPY, SPORTS THERAPY AND REHABILITATION

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(#160). MORTALIDAD EN EL FÚTBOL AUSTRALIANO

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] Un estilo de vida físicamente activo asociado al deporte y la recreación se suele recomendar por sus efectos positivos en la salud. Pero la práctica deportiva también trae consigo lesiones y muertes. Esas muertes pueden ser directas (ej. accidentes), o indirectas (ej. una enfermedad cardíaca que es exacerbada por la práctica deportiva).

El objetivo de esta investigación es analizar el número y causa de muertes asociadas a la comunidad que practica fútbol americano en Australia, un deporte que tienen más de 1.2 millones de participantes y que es uno de los principales del país. Para ello, los autores toman los datos de compañías aseguradoras entre los años 2004 y 2013.

Metodología

Los datos proceden de la agencia de seguros Jarine Lloyd Thompson que gestiona los accidentes de la Asociación Nacional de Fútbol Australiana. La asociación está compuesta por clubes de las más de 260 ligas que compiten desde 2004. Las personas aseguradas son jugadores, voluntarios, entrenadores, delegados, y en general todos aquellos ligados a la competición.

Los autores consideraron para su análisis sólo aquellas incidencias provenientes de jugadores entre 2004 y 2013, es decir, durante 10 años completos.

Resultados e implicaciones

En esos 10 años 24 jugadores murieron, 16 de ellos mientras jugaban o entrenaban y 8 en otras actividades (viajes, actividades sociales). La incidencia de muertes fue de 0.8/100000, con un intervalo de confianza al 95% de (0.5 ; 1.2). No se pueden sacar conclusiones más claras porque para más de la mitad de las muertes las causas fueron desconocidas.

Las muertes en el campo cuyas causas fueron identificadas se debieron a fallos cardíacos, aunque es posible que se infraestimaran debido a que otras causas desconocidas podrían fácilmente ser realmente categorizadas como tal. Si la población de jugadores s es prácticamente de 3 millones de participantes en esos 10 años (aquí los autores seguramente suman las poblaciones de cada uno de los años, algo habitual en epidemiología), la incidencia sería aproximadamente de 1 caso de muertes súbitas por 200000 jugadores.

Limitaciones/Comentarios

Los autores admiten que pueden haber una infraestimación de los casos de muerte asociados a eventos cardíacos por lo que abogan por mejorar la calidad de los datos en aras de ofrecer resultados más detallados sobre las causas de la muerte que puedan ayudar a prevenir alguna de ellas.

Los autores comentan que hay estudios que indican que el riesgo de muerte súbita puede no ser homogéneo en ciertos estratos y que puede afectar más a atletas universitarios hombres, afro-americanos y jugadores de baloncesto. Es necesario investigar mucho más sobre este tema. 

 Fortington, L. V. & Finch, C. F. (2016) Death in Community Australian Football: A Ten Year National Insurance Claims Report. PLoS ONE 11(7): e0159008.

Indicadores de calidad de la revista*

 

Impact Factor (2015)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

3.06

Q1

MULTIDISCIPLINARY SCIENCES

Scimago (SJR)

1.39

Q1

MEDICINE (MISCELLANEOUS)

* Es simplemente un indicador aproximado para valorar la calidad de la publicación

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(#155). PATROCINIOS DEPORTIVOS NO EFICACES A CORTO PLAZO

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] El gasto en patrocinio ha crecido de 26.2 billones de dólares en 2002 a unos 57.5 billones en 2015. En Estados Unidos, la cuota de mercado del patrocinio deportivo  es del 70%. Existen diferentes medidas intermedias de la eficacia del patrocinio pero todas ellas tienen problemas. Los autores se centran en dos variables que a priori determinan el consumo de una marca que actúa como patrocinador: (1) historial de compras; (2) intenciones de compra.  Como bien indican, hay varias evidencias en la literatura de que esas intenciones no se trasladan necesariamente en comportamientos efectivos.

Los autores hacen un repaso  a la literatura sobre determinantes de compra en el contexto de un patrocinio y plantean el siguiente modelo:

b155

La explicación es sencilla y bastante coherente: Las intenciones de compra de una marca que patrocina un evento/equipo deportivo depende de deferentes variables: (1) conocimiento de marca; (2) congruencia percibida entre el patrocinador y el patrocinado; (3) actitud hacia la marca; (4) historial de compras. La actitud, a su vez, está determinada por el grado de conocimiento de marca y la congruencia. Tanto las intenciones de compra, como el historial de compras y la actitud hacia la marca influyen en las compras reales, aunque los autores enfatizan que es necesario controlar por el número de días en el que se recogen datos sobre actitudes e intenciones de compra y el momento en el que se valora el comportamiento efectivo. A mayor número de días, menor es la probabilidad de que se trasladen en ese comportamiento.

Metodología

Para testar el modelo propuesto los autores se centraron en Samsung,  el patrocinador de la equipación del Chelsea, club de fútbol inglés de la Premier League.  

Se empleó un cuestionario vía internet, gracias a la colaboración de diversas peñas del club que colaboraron en la diseminación de la encuesta. La muestra total de casos válidos fue de 291 aficionados que rellenaron preguntas sobre las variables del modelo descrito excepto para las compras reales. Para evaluar las compras reales se volvieron a enviar esos cuestionarios más adelante, aunque sólo contestaron 120 (en  un margen temporal de entre 4  y 8 meses).

Según los autores las características sociodemográficas de esa segunda muestra era similar a la primera también al perfil del aficionado del equipo.

Para las variables actitudinales y de intención de comportamiento los autores emplearon escalas tipo Likert de 1 a 10, y para las variables referidas a las compras pasadas y actuales variables dicotómicas.

Resultados e implicaciones

El modelo fue testado con un software de ecuaciones estructurales y reportó un ajuste adecuado vía chi-cuadrado: Chi-cuadrado (10 grados de libertad ) = 11.80; p=0.298.

b155_2

Standardized estimates of the structural model. *p < .05. **p ≤ .001.

Como puede interpretarse de la figura anterior, ninguna de las variables intermedias que medían la efectividad del patrocinio (actitud hacia el patrocinador; intenciones de compra) tenía un efecto significativo sobre las compras reales.

La mayoría de los encuestados (94%) identificó el patrocinador en la pregunta sobre el conocimiento de marca (recuerdo espontáneo) lo que indica que a nivel de recuerdo el patrocinio es eficaz, pero si ello no se traduce luego en ventas el retorno de la inversión cimentado sobre esa variable intermedia es cuestionable.

Limitaciones/Comentarios

Los autores reconocen que el lapso de tiempo de entre 4 y 8 meses transcurrido entre la primera y segunda oleada puede ser insuficiente para medir la eficacia del patrocinio en términos de ventas. No obstante, no se puede dejar pasar el hecho de que no exista relación entre ambas variables,  lo que al menos podría indicar que a corto plazo no hay un retorno de la inversión.

Tampoco se consideran la inversión en comunicación de marketing del patrocinador en ese periodo de tiempo, ni la realizada en activación del patrocinio. Esto es una limitación importante, aunque el ajuste adecuado del modelo es una buena noticia para apoyar su validez.

Faltan más estudios para poder generalizar estos resultados ya que se trata del estudio de un único patrocinador y un sólo deporte.

Zahara, N. et al. (2016). No More “Good” Intentions: Purchase Behaviors in Sponsorship. Journal of Sport Management, 30, 162-175.

Indicadores de calidad de la revista*

  Impact Factor (2015) Cuartil Categoría
Thomson-Reuters (JCR) 0.68 Q4 MANAGEMENT
Scimago (SJR) 0.60 Q2 DECISION SCIENCES (MISCELLANEOUS)

* Es simplemente un indicador aproximado para valorar la calidad de la publicación

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(#142). PROCESO DE LAS PROPUESTAS DE PATROCINIO DEPORTIVO

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] A pesar de la importancia económica del patrocinio deportivo los autores indican que no hay ningún modelo para evaluar su efectividad, aunque diversos investigadores sostienen que la concepción estratégica del patrocinio puede genera una ventaja competitiva.

Recalcan el hecho de que el marco conceptual para medir la efectividad de la esponsorización está todavía en sus inicios, y hay una carencia de procedimientos más allá de las medidas simples e intermedias de la exposición de los logos en los eventos patrocinados.

Desde el punto de vista de la literatura sobre patrocinio deportivo, Sack & Fried (2001) indican que un adecuado proceso de patrocinio  se compone de las siguientes etapas: (1) conocer la audiencia; (2) encontrar los patrocinadores que se ajusten a la audiencia; (3) contactar con esas marcas; (4) proponer una propuesta de patrocinio; (5) cerrar el trato. Desde la perspectiva del patrocinado, este sería el esquema general a seguir.

Los autores proponen sistematizar el proceso de patrocinio siguiendo el esquema del New Service Develpment (NSD) donde hay diferentes etapas para tomar la decisión de patrocinar y formalizar el desarrollo de la relación entre patrocinador y patrocinado.

Metodología

Los autores siguen el método del estudio de casos, analizando las propuestas de patrocinio y los contratos firmados en 2 casos específicos, tomadas de varias entrevistas a miembros de esas organizaciones (tanto patrocinador como patrocinado).

Resultados e implicaciones

Los patrocinados elaboran propuestas de patrocinio realizadas por el departamento de marketing y rubricadas por el departamento de finanzas o el director comercial, y son enviadas a los patrocinadores por el director comercial o el director de la empresa. El contrato necesita ser elaborado por un departamento legal, que en algunos casos puede ser externo a la empresa.

En cuanto a los patrocinadores, éstos reciben las propuestas y las evalúan. Para firmar la propuesta definitiva necesitan el visto bueno del cuartel general de la empresa (en caso de que sea multinacional).

El tiempo que se tarda en completar el proceso varía entre 3 y 5 meses (más corto para la renovación de los patrocinios), y hay cierta flexibilidad en los procesos de contacto y negociación, no habiendo un proceso sistemático de contactos y documentación compartida.

Limitaciones/Comentarios

El artículo es muy superficial y no profundiza, pese a ser un estudio de casos, en las particularidades de cada negociación o en la forma en que ambas partes (patrocinador y patrocinado) acuerdan la forma de colaboración y las medidas de eficacia.

Athanasopoulou, P.& Sarli, E. (2015). The development of new sponsorship deals as new business-to-business services. Journal of Business & Industrial Marketing, 30 (5), 552 – 561 

Indicadores de calidad de la revista*

  Impact Factor (2015) Cuartil Categoría
Thomson-Reuters (JCR) 0.75 Q3 BUSINESS 
Scimago (SJR) 0.66 Q1 BUSINESS & INTERNATIONAL MANAGEMENT

* Es simplemente un indicador aproximado para valorar la calidad de la publicación

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