(#432). BIG CHICKEN; EL PELIGRO DE LOS ANTIBIÓTICOS

[MONOTEMA] En Big Chicken, Maryn Mckenna cuenta con detalle la historia de cómo los antibióticos se introdujeron en la alimentación a finales de los años 40 del siglo pasado, primero en Estados Unidos, y luego en el resto del mundo, y han sido (y son) una de las principales causas de la que es probablemente la mayor amenaza para salud pública en la actualidad: la resistencia microbiana a estos medicamentos.

La autora comienza al libro hablando de un brote de Salmonella fuera de lo común en 2013 en el oeste de Estados Unidos, una bacteria cuyo origen estaba en un matadero de pollos y que además era resistente a una gran variedad de antibióticos: ampicilina, cloranfenicol, gentamicina, kanamicina, estreptomicina, sulfamidas y tetraciclina

La resistencia a los antibióticos es responsable de al menos 700000 muertes al año en todo el mundo, 25000 en Europa. En 2050 se predice que mueran 10 millones de personas al año. Las bacterias han evolucionado rápido, desarrollando defensas contra los antibióticos. La penicilina llegó en los años 40 y la resistencia en los 50, la tetraciclina en 1948 y la resistencia apenas 10 años más tarde, la eritromicina fue descubierta en 1952 y su resistencia llegó en 1955.  Es decir, la resistencia fue desarrollada desde el comienzo, pero ahora parece que lo hacen incluso más rápido.

No sólo el mal empleo de los antibióticos en humanos puede ser la causa de ello, sino su uso en animales, especialmente en países como Estados Unidos, donde hasta 2013 no había ninguna regulación, y se permitía dárselo a los pollos para hacerlos más grandes y musculosos en menor tiempo, además de protegerlos contra las enfermedades. Hoy un pollo de matadero pesa el doble que hace 70 años y llega a ese peso en la mitad de tiempo.

Los antibióticos comenzaron a añadirse a la comida animal a finales de los años 40, en el contexto del boom científico de la época, en el que parecía que todo lo que tenía un componente nuevo tecnológico era un signo del progreso que no se podía cuestionar. Pero muy pronto se alzaron voces en contra: primero algunos científicos aislados quienes fueron objeto de burla por dar la voz de alarma, luego pequeños comités, después importantes sociedades médicas, y finalmente los gobiernos. En Estados Unidos ese proceso duró más de 60 años.

Al comienzo, la penicilina se vendía sin regulación, no fue hasta 1951 cuando sólo se haría por prescripción médica. En aquella época se llegaron a vender pasta de dientes, lápices de labios, chicles…que llevaban este antibiótico.

En 1945, pocos meses antes de recibir el Nobel, Fleming decía lo siguiente:

La mayor posibilidad de mal en la auto medicación es usar dosis demasiado pequeñas, tal que, en lugar de acabar con la infección, los microbios son educados para resistir a la penicilina.

Entonces seguía advirtiendo que ese organismo adaptado podía pasar a otros individuos y expandirse:

En tal caso, la persona irresponsable que ha jugado con el tratamiento de penicilina es moralmente responsable de la muerte del hombre que finalmente sucumbe a la infección con el organismo resistente a la penicilina.

Pese a esas advertencias se seguía alimentando con antibióticos a millones de pollos en Estados Unidos, para promover su crecimiento. Se hicieron experimentos poco éticos con niños prematuros en Kenia, Guatemala, e incluso en Estados Unidos, y no mostraron efectos secundarios; es más, los promotores de crecimiento funcionaron, lo que fue un empujón más para su uso en animales.

En 1953 la FDA aprobó también el uso de antibióticos para proteger a los animales de enfermedades, es decir como uso preventivo. Si la dosis para hacerles crecer como promotores era de unos 10 g/kg, la dosis como preventores de enfermedades era de unos 200 g/kg. En 1955 la FDA aprobó el uso de antibióticos también como conservantes de la comida.

El empleo en todo tipo de animales se generalizó. En 1956, un estudio mostró que el 11% de las muestras de leche de los supermercados tenía penicilina, en cantidades que podrían servir incluso como medicina en humanos. Pese a que había un norma que estipulaba que los primeros litros de leche de las vacas se tiraran, la realidad es que no era así en muchos casos. Las máquinas para ordeñar habían hecho que se diera antibióticos a las vacas para evitar infecciones que no se producían cuando se les sacaba la leche de forma manual.

No sólo las infecciones por Salmonella se han incrementado en Estados Unidos, sino que esta bacteria es cada vez más resistente a los antibióticos. Las personas que pasan por esta enfermedad son luego más vulnerables a otras patologías, tienen más probabilidad de sufrir otros problemas de salud.  Las bacterias resistentes que se encuentran en las heces de los animales de granja se expanden sin control, por las aguas subterráneas, por las carreteras a través del transporte de esos animales, etc.

En 1999 la Unión Europea prohibió parcialmente varios promotores del crecimiento, y en 2006 prohibió todo uso antibiótico como promotor. Pero un estudio mostró que el total de antibióticos vendidos en Holanda no había cambiado en ese periodo, es decir, los productores habían renombrado los antibióticos que fabricaban, combiando las etiquetas de promotores de crecimiento a preventivos. Pero luego también se prohibió como uso preventivo, y en la actualidad sólo se pueden emplear por prescripción veterinaria. Esa prescripción se registra en una base de datos nacional, y no se pueden prescribir antibióticos que se emplean en humanos. En Estados Unidos, todavía hoy, se permite el uso preventivo con algunas limitaciones, aunque en países emergentes, como China, es está todavía muy lejos de las regulaciones que existen en Europa.

En conclusión, un libro muy esclarecedor sobre cómo se ha convertido un alimento en un producto industrial regido por las leyes del mercadeo, en lugar de por la lógica de la biología y de la salud. Una obra en la que también se pueden encontrar lecciones sobre alertas tempranas que no fueron escuchadas, y sobre acciones que se han tomado quizá demasiado tarde, desoyendo a científicos que sufrieron la mofa y el descrédito por ir en contra de la rueda aplastante del “más rápido y más barato”.

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(#401). MENOR RIESGO DE DIABETES AL COMER PRODUCTOS ECOLÓGICOS

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En este artículo publicado en Nutrients, los autores analizan la asociación entre la diabetes y la compra de productos de alimentación ecológicos en una muestra represtentativa de la población estadounidense.

Consumir comida ecológica puede ser una buena forma de prevenir la diabetes, ya que tiene menos cantidad contaminantes químicos y dispone de un mejor contenido nutricional, que son dos de los factores que se han ligado a esta enfermedad.

El marcado de comida orgánica ha crecido desde los $3500 millones en 1996 a los $35000 millones en 2014 en Estados Unidos, lo que indica la tendencia a consumir este tipo de productos. Todavía no hay un cuerpo sólido de investigaciones que relacionen la ingesta de estos productos con diversos indicadores de salud, pero sí que es cierto que, como comentan los autores, se postula como un factor relevante para reducir riesgos.

Los alimentos orgánicos tienen una mayor cantidad de nutrientes beneficiosos, como antioxidantes o ácidos grasos poliinsaturados. Es más, contienen un tercio de residuos de pesticidas con respecto a los alimentos convencionales. De este modo, esos potenciales beneficios para la salud deberían traducirse en evidencias medibles en trabajos de campo.

El objetivo de esta investigación es, precisamente, testar si existe una asociación inversa entre el consumo de alimentos orgánicos y el riesgo de padecer diabetes en Estados Unidos.

Metodología

Los participantes pertenecían al National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES), donde se evaluaba la compra de productos orgánicos en los ciclos de 2007/08 y 2009/10. NHANES es una encuesta organizada por el National Center for Health Statistics (NCHS) del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

Cada ciclo consiste en aproximadamente 10000 participantes representativos de la población estadounidense, y las preguntas que se les realizan están relacionadas con la nutrición, la salud, las enfermedades y el comportamiento de compra.

La muestra para este estudio consistió en 8199 adultos mayores de 19 años (excluyendo embarazadas), a quienes se preguntaban si compraban comida orgánica y la frecuencia de esa compra. Esas variables se tomaron como indicadores aproximados de la exposición a los alimentos ecológicos.

Los participantes fueron identificados con diabetes a través de reportar si habían sido diagnosticados anteriormente o tras realizar el testo de hemoglobina A1C.

Como covariables se empleó información relativa a la edad, sexo, etnia, educación, ingresos, historial familiar de diabetes, tabaquismo, ingesta de alcohol y actividad física.

Resultados e implicaciones

La descripción de los datos muestra claramente que los participantes que compraban productos orgánicos llevaban un estilo de vida global más saludable, y además tenían mayores niveles de ingresos y de educación.

Por tanto, en el modelo estadístico han de considerarse estas variables para aislar el efecto de la compra y la frecuencia de compra de productos orgánicos en el desarrollo de diabetes, y eso es precisamente lo que hacen los autores en su Modelo 3:

Como puede derivarse de las tablas anteriores, el riesgo de diabetes disminuye en aquellos participantes que han comprado comida orgánica en los 30 días anteriores a la recogida de datos. En cuanto a la frecuencia, se atisba una leve respuesta a la dosis, que necesitaría ser confirmada en posteriores estudios.

Limitaciones/Comentarios

Los autores realizan un interesante análisis sobre una gran muestra representativa de Estados Unidos, lo que es un punto fuerte para dar validez a los resultados que obtienen. Es cierto que no se aprecia un tamaño de efecto claro, pero sí un patrón de respuesta a la dosis que sugiere que existe una reducción de riesgo de diabetes para individuos que compran comida orgánica.

En salud, incluso tamaños de efecto muy pequeños tienen trascendencia, porque se trata de ir dando pasos en la reducción de riesgos que son en parte evitables con buenos hábitos de consumo.

Los autores recuerdan que los pesticidas organofosfatos y los piretroides están asociados a un mayor riesgo de diabetes, y que los productos ecológicos contienen un 30% menos de residuos de estos químicos con respecto a los convencionales. En animales, los productos orgánicos tienen menos residuos de antibióticos, los cuales también se han asociado a la diabetes tipo 2.

En conclusión, y pese a la limitación de tratarse de un estudio transversal y que toma como variable proxy del consumo la compra de productos, los resultados sugieren una reducción de riesgo de diabetes que merece ser tenido en cuenta como un argumento más para decantarse por la producción y consumo de este tipo de alimentos.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

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Scimago (SJR) 1.557 Q1 FOOD SCIENCE

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(#399). MÚSICA CON VOLUMEN BAJO PARA INCENTIVAR EL CONSUMO DE PRODUCTOS SALUDABLES

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En este artículo publicado en el Journal of the Academy of Marketing Science, los autores estudian el efecto de diferentes condiciones ambientales relativas a la música y el ruido sobre el consumo de productos saludables.

La música y el sonido ambiente son características de un establecimiento comercial que pueden ser gestionadas por la influencia que tienen sobre el comportamiento de compra. Como indican los autores, hay establecimientos con sonidos excesivamente altos (un 33% de restaurantes/tiendas en Nueva York tienen un nivel de sonido tan alto que los trabajadores deben llevar protecciones en los oídos), pero también otros donde se cuidan los niveles de sonido para que sean más bajos.

Entre las marcas que deliberadamente permiten sonidos altos está Abercrombie & Fitch, cuyos establecimientos tienen sonidos entre los 85 y 90 dB, en el límite justo de lo que la ley permite sin llevar protección (un cortacésped, por ejemplo, produce 90 dB). Según los autores, esa estrategia se concibe para alejar a los consumidores más veteranos de las tiendas, y atraer al público más joven.

El objetivo de esta investigación es analizar la posible influencia de la gestión de la intensidad de la música y el sonido ambiente sobre la elección de comida saludable (vs no saludable) en restaurantes y establecimientos de alimentación.

Los autores muestran una interesante relación de estudios realizados desde 2006 sobre el efecto de la música ambiente sobre diferentes variables de interés en marketing:

En esta extensa revisión se pueden apreciar los efectos beneficios de gestionar adecuadamente la música. En cuanto al volumen, tal y como indican los autores, su efecto es congruente con la intuición de que la alta intensidad se relaciona con la excitación, el estrés y el arousal, mientras que la baja intensidad se asocia con la relajación.

Metodología y resultados

Los autores realizaron 2 experimentos de campo (café y supermercado) y 5 en laboratorio, con el objetivo de analizar el efecto del volumen de la música en diferentes variables de interés para los investigadores.

Los resultados mostraron que el volumen de la música influye en los latidos del corazón, ya que a mayor intensidad el número de latidos se incrementaba. La relajación inducida por la música a bajo volumen es la razón que plantean los autores para explicar que los consumidores prefieran los productos saludables en ese entorno ambiental, lo que afecta no sólo a la compra de un producto específico (en un café), sino también a una cesta de productos (en un supermercado).

Estos resultados tienen unas implicaciones claras para la gestión de establecimientos de alimentación, en función del tipo de producto que se quiera promocionar, o el posicionamiento de la misma tienda en sí. Los autores, muestran un esquema básico en la siguiente tabla

Limitaciones/Comentarios

Es evidente que otras características de la música, como el tempo pueden moderar esta relación entre el volumen y el comportamiento de compra. Pero admitiendo esta limitación, el estudio presenta resultados interesantes sobre la importancia del nivel de relajación en la elección de productos de consumo.

El estrés y la activación producen decisiones menos saludables, mientras que un ambiente apacible, que abogue por la lentitud en lugar de las prisas, por lo sosegado en lugar de lo inmediato, hace que los consumidores tomen decisiones más razonadas, que probablemente les lleven a unos mejores hábitos de vida.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Biswas, D. et al. (2018). Sounds like a healthy retail atmospheric strategy: Effects of ambient music and background noise on food sales. Journal of the Academy of Marketing Science, doi 10.1007/s11747-018-0583-8

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(#392). REVISIÓN SOBRE LA EFECTIVIDAD DEL IMPUESTO A LAS BEBIDAS AZUCARADAS

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En esta artículo publicado en The American Journal of Clinical Nutrition, los autores realizan una revisión sistemática sobre el impacto de las medidas impositivas sobre las bebidas azucaradas, productos que son una de las principales causas del incremento de la obesidad ligada a la mala alimentación.

Recordemos que ya en 2010, la OMS recomendó implementar impuestos específicos sobre este tipo de bebidas con el fin de reducir su consumo.

El objetivo de esta investigación es resumir la evidencia empírica disponible en los estudios realizados sobre la eficacia de las medidas impositivas.

Metodología

Los autores consideraron estudios publicados entre el 1 de enero de 2011 y el 31 de diciembre de 2017. Tras superar diferentes criterios de exclusión, un total de 17 estudios fueron incluidos en el análisis, entre los cuales estaban 5 estudios observacionales que evaluaban el resultado de los impuestos en México y Estados Unidos. De los 12 restantes, 6 de ellos fueron experimentos realizados para evaluar intervenciones locales (en restaurantes y distribuidores), y los otros 6 fueron experimentos que evaluaban las intenciones de comportamiento.

Resultados e implicaciones

En 4 de los 5 estudios que evaluaron el impacto de los impuestos en México y Estados Unidos se encontraron reducciones significativas de consumo. Esas reducciones en el consumo se estima que son efectivas con un incremento de al menos un 8% en el precio de venta, siendo más importante en los estratos socioeconómicos más bajos (precisamente los más obesos).

En los 12 estudios restantes en los que la intervención fue específica en establecimientos de venta o se evaluaron intenciones de comportamiento los resultados tienen una línea similar, aunque en estos casos los autores estiman que el rango del impuesto debiera estar entre el 10 y 20%, aunque existe cierta variabilidad entre todos ellos.

Los autores finalmente recomiendan un impuesto que produzca un incremento en el precio de venta entre el 20 y 25% como la forma más apropiada de reducir el consumo de estos productos y reorientarlo hacia bebidas más saludables.

Limitaciones/Comentarios

Globalmente se muestra un patrón claro de reducción del consumo, pero es importante que la magnitud del impuesto sobre la producción se traduzca en un significativo incremento del precio de venta. Como ocurre con otros productos, como el tabaco, las medidas impositivas son efectivas per se, pero deben ser complementadas con estrategias de comunicación para educar a la población, aunque esos resultados siempre deban evaluarse en el largo plazo.

 LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Redondo M. et al. (2018). The impact of the tax on sweetened beverages: a systematic review. The American Journal of Clinical Nutrition, 108, 548-563.

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Impact Factor (2017)

Cuartil

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Q1

NUTRITION

Scimago (SJR)

3.438

Q1

NUTRITION AND DIETETICS

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(#378). LA ALIMENTACIÓN ECOLÓGICA REDUCE EL RIESGO DE CÁNCER

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En esta investigación publicada en JAMA Internal Medicine, los autores encuentran que el consumo de comida orgánica está asociado a un menor riesgo de cáncer. Para ello, emplean una cohorte de 68946 participantes.

Los autores comienzan el artículo aludiendo a la relación robusta entre la exposición a pesticidas y el cáncer, aunque admiten que la respuesta a la dosis y el efecto cóctel aún han de se mejor investigados. No obstante, los efectos tóxicos de combinaciones de pesticidas, incluso a bajas dosis, se han reportado.

En los últimos años, el mercado de comida orgánica ha crecido. Esos productos se cultivan sin el uso de fertilizantes sintéticos, pesticidas y organismos genéticamente modificados, además de restringir el uso de medicamentos para uso veterinario. Así, como bien indican los autores, la comida orgánica tiene menos residuos de pesticidas que la convencional. Para sostener esa afirmación, comentan un informa de la EFSA de 2018 donde se indica que el 44% de las muestras analizadas de productos convencionales contenían 1 o más residuos cuantificables, mientras que el porcentaje en los productos ecológicos era sólo del 6.5%. 

El objetivo de esta investigación es, por tanto, analizar esa hipotética reducción de riesgo en el desarrollo de cáncer.

Metodología

Los autores emplearon el NutriNet-Santé estudio, una cohorte de voluntarios franceses que debían cumplimentar cuestionarios en internet sobre sus hábitos nutricionales, estilos de vida, estado de salud, actividad física, y otras variables sociodemográficas y antropométricas.

Los participantes debían indicar la frecuencia de consumo de 16 tipos de productos orgánicos (lácteos, huevos, frutas, verduras, etc.).

La cohorte la formaron 68946 personas adultas que se enrolaron en el estudio desde 2009 hasta noviembre de 2016, con un tiempo de seguimiento medio de 4.56 años. Un 78% de esos voluntarios eran mujeres.

Durante el seguimiento se detectaron 1340 casos de cáncer.

Resultados e implicaciones

El consumo de comida ecológica está positivamente asociado con ser mujer, tener un estatus socioeconómico y nivel de estudios alto, y tener mejores hábitos alimenticios (por ejemplo, más fruta y verdura y menos comida procesada) y de actividad física. En definitiva, tener un estilo de vida más saludable. Es de destacar además, que también está asociado al historial familiar de cáncer, de forma que aquellas personas con mayor nivel de riesgo familiar consumen más productos orgánicos.

Todos esos factores pueden añadir confusión a la relación entre el consumo de productos orgánicos y el riesgo de cáncer. Por ello, los autores los consideran en un modelo estadístico (regresión de Cox), dividiendo el consumo en cuatro cuartiles.

Los resultados se muestran en la siguiente tabla:

b378_2

Los modelos 2 y 3 son los que contemplan un mayor número de variables de control. Como puede observarse, existe una relación clara significativa, y con un patrón de respuesta a la dosis entre el consumo de productos orgánicos y el riesgo de cáncer.

La relación con los tipos de cáncer se muestra a continuación:

b378_3

Los resultados muestran una asociación significativa en la reducción de los linfomas, y resultados también a tener en cuenta en el cáncer de piel y cáncer de mama.

De este modo, apostar por una dieta orgánica puede reducir el riesgo global de cáncer, sobre el cáncer post-menopáusico en mujeres y los linfomas.

Los resultados contrastan con los encontrados en Bradbury et al. (2014), donde en una cohorte sólo de mujeres en el Reino Unido no se encontró una reducción del riesgo global. Eso sí, había una asociación negativa con el desarrollo de linfoma No-Hodgkin, lo que en ese caso sí que concuerda con lo encontrado en el estudio realizado sobre población francesa. Es precisamente el linfoma No-Hodgkin, un tipo de cáncer asociado directamente al uso de varios pesticidas.

El proceso mediante el cual los pesticidas podrían causar el cáncer no es totalmente conocido, aunque se barajan varias rutas para ello, como el daño en el ADN, la disrupción endocrina, y la perturbación en la homeóstasis celular.

Limitaciones/Comentarios

Los autores reconocen limitaciones relacionadas con la sobre representación de mujeres, el poco tiempo de seguimiento que podría dejar fuera cánceres desarrollados con un horizonte temporal más alto, y el error atribuible a los cuestionarios auto administrados.

No obstante, y pese a estas limitaciones, la gran muestra empleada, el control estadístico de las variables de confusión y los análisis de sensibilidad realizados dan robustez a los resultados. En cualquier caso, habría sido interesante también tener en cuenta aspectos relacionados con la exposición a radiación ionizante y no ionizante.

Aunque los resultados necesitan ser replicados, este estudio ofrece una importante señal para advertir sobre el riesgo de uso de pesticidas y la idoneidad de una dieta con presencia de más productos ecológicos.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Baudry, J. et al. (2018). Association of Frequency of Organic Food Consumption With Cancer Risk. Findings From the NutriNet-Santé Prospective Cohort Study. JAMA Internal Medicine, doi: 10.1001/jamainternmed.2018.4357.

 
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Impact Factor (2017)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

19.989

Q1

MEDICINE, GENERAL & INTERNAL

Scimago (SJR)

8.032

Q1

INTERNAL MEDICINE

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(#374). LA NECESIDAD DE EVITAR LA INGESTA DE ANTIBIÓTICOS A TRAVÉS DE LA COMIDA

[REVISIÓN DE ARTÍCULO]  En este artículo publicado en The Journal of Antibiotics los autores explican las razones por las cuales es urgente que la gente deje de consumir comida de animales tratados con antibióticos.

En febrero de 2017 un informe de la ONU declaró la resistencia antimicrobiana como la mayor amenaza a la salud pública de nuestro tiempo.

Según datos de Estados Unidos, el uso de antibióticos en la agricultura es responsable de alrededor de un 20% de infecciones resistentes en humanos. Aunque el abuso de estos medicamentos por parte de la población es la principal causa de este problema, no se debe obviar la contribución que se produce a través de la dieta.

Históricamente los antibióticos se han empleado en el sector primario para acelerar el crecimiento de los animales, administrados conjuntamente con vitaminas. Pero esa práctica que comenzó hace más de 50 años se extendió de tal forma que las ventas de estos medicamentos para uso veterinario son 3 veces mayores que para tratamientos en humanos.

La producción orgánica, por definición, prohíbe el uso de antibióticos, pero como indican los autores, ni siquiera llega al 1% de las extensiones de cultivo en Estados Unidos. De este modo, la gran mayoría de carne, huevos y productos lácteos que llegan al consumidor están “suplementados” con antibióticos.

La forma de producción “industrial” de muchas de esas granjas, tan típica del sistema económico actual donde las malas condiciones higiénicas y el hacinamiento son una característica fundamental, contribuyen precisamente al incremento de esta práctica.

La resistencia bacteriana puede ser cruzada, es decir, que han desarrollado métodos de supervivencia frente a diversos tipos de antibióticos que tienen mecanismos de acción similares. Pese a que en Estados Unidos se prohibieron en 2005 las fluoroquinolonas en pollos, se necesita una regulación mucho más restrictiva, y que se haga lo mismo con otros antimicrobianos.

Los autores ponen el foco en lo importante que es que los médicos sean conscientes de este problema y presionen desde todos sus ámbitos de influencia. Hay que concienciar a los consumidores de que eviten la comida que lleva antibióticos. De este modo, la industria empezará a dar pasos también para proveer productos libres de estos medicamentos, como ya ocurre en diversos restaurantes y algunos supermercados en Estados Unidos. No obstante, y claro está, hay que exigir a la FDA que elabore una regulación similar a la que está presente en la Unión Europea, donde recordemos que los antibióticos están prohibidos salvo para tratar o controlar enfermedades en los animales. 

Prohibir el uso de los antibióticos en animales destinados a consumo humanos incrementaría menos de un 1% los precios de venta de carne. No obstante, y dada la situación actual en la que esos productos son más caros que la media, los autores proponen que se otorgue algún tipo de subsidio a las rentas más bajas para ayudarles a su compra (en programas similares a los cupones de ayuda).

Los autores concluyen con dos puntualizaciones importantes. Primero, existen lagunas legales que hacen que se abuse de los antibióticos en animales para uso terapéutico cuando realmente no hay esa indicación. Segundo, la resistencia a los antibióticos es un problema de magnitud superior a la amenaza conjunta del Zika y el Ébola. De este modo, hay que actuar con determinación ya.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

 Makary, M. A. et al. (2018).A call for doctors to recommend antibiotic-free foods: agricultural antibiotics and the public health crisis of antimicrobial resistance. The Journal of Antibiotics, doi: 10.1038/s41429-018-0062-y

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Impact Factor (2015)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

2.033

Q3

BIOTECHNOLOGY & APPLIED MICROBIOLOGY

Scimago (SJR)

0.762

Q2

PHARMACOLOGY

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(#364). LA NECESIDAD DE REDUCIR EL ARSÉNICO EN LA ALIMENTACIÓN

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En esta investigación publicada en Enrivonmental Health Perspectives, los autores proponen realizar más intervenciones para minimizar el impacto del arsénico en la salud. Este tóxico, tiene su principal vía de entrada a través de la alimentación.

La relevancia de este tema ha hecho que en Estados Unidos se forme el “The Collaborative on Food with Arsenic and associated Risk and Regulation” (C-FARR), que ha resultado en la publicación de varios estudios sobre este asunto

Los autores indican que, pese a que el arsénico inorgánico es un evidente cancerígeno y ocasiona diversas enfermedades, también se debe prestar atención a la toxicidad crónica de especies orgánicas. En el agua potable, el arsénico aparece en su forma inorgánica (la más tóxica), pero en la comida existe una combinación de ambas. 

Sin embargo, la exposición debida al agua de bebida es menor que en la comida. Según datos que muestran los autores, menos de un 4% de estadounidenses estaban expuestos a agua potable con concentraciones de arsénico >1μg/L, y sólo un 1% estaba por encima del límite de 10μg/L que marca la EPA.

Es interesante repasar los estudios epidemiológicos que citan los autores sobre la relación entre el consumo de arroz y enfermedades cardiovasculares y cáncer. La evidencia es limitada, pero sugiere que el consumo de arroz puede incrementar el riesgo de enfermedad, aunque es difícil separar si esa exposición viene fundamentalmente por el agua de bebida o por el propio arroz.

No obstante, en Estados Unidos, no hay regulación con respecto a los niveles de arsénico en los alimentos. Ante esta lentitud en realizar esa regulación, los autores proponen varias formas de intervención en todos los niveles de la cadena de valor, involucrando a diversos grupos de interés.

Así, y con el ejemplo del arroz, los autores proponen realizar práctica de agricultura sostenible, rebajando el uso del agua en los cultivos. Además, aconsejan emplear fertilizantes de silicio (haciéndolos accesibles a los pequeños agricultores, ya que son más caros). Por supuesto, hay que evitar el uso de pesticidas que contengan arsénico y no cultivar en zonas próximas a fuentes de contaminación.

Los ingredientes de ciertos alimentos también podrían cambiarse por alternativas con menos riesgo. Por ejemplo, usar el jarabe de maíz alto en fructosa en lugar de jarabe de arroz orgánico en productos dirigidos a niños, y el empleo de carragenina como sustituto a la gelatina. No obstante, y como bien indican los autores, el arsénico se reduciría pero aún estaría presente el debate sobre si pueden existir otros efectos adversos producidos por ese cambio.

Los autores también recomiendan modificar los hábitos de cocción del arroz, tanto a nivel industrial como en casa, por ejemplo, cambiando el agua de cocción varias veces durante el cocinado. Las reducciones conseguidas son altamente relevantes.

Los celíacos, que en ocasiones pueden abusar del arroz para llevar una dieta libre de gluten, son un segmento de población especialmente sensible a esta cuestión, al igual que los niños y las mujeres embarazadas.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

 Nachman, K. E. et al.  (2018).Opportunities and Challenges for Dietary Arsenic Intervention . Environmental Health Perspectives, doi: 10.1289/EHP3997.

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Impact Factor (2017)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

8.309

Q1

ENVIRONMENTAL SCIENCES

Scimago (SJR)

3.41

Q1

HEALTH, TOXICOLOGY AND MUTAGENESIS

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(#326). ENDULZANTES ARTIFICIALES Y OBESIDAD EN NIÑOS; EVIDENCIA LIMITADA

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En este artículo publicado en Nutrients, los autores analizan si la exposición a endulzantes no nutritivos durante los primeros años de vida, e incluso durante el embarazo, pueden estar asociados al desarrollo de la obesidad.

Hay un creciente interés en la investigación actual  por los analizar el efecto de la exposición pre natal y post natal a determinados agentes que puedan sembrar la semilla de la obesidad en la infancia.

Pon endulzantes no nutritivos los autores identifican compuestos sintéticos, como el aspartamo, la sucralosa y la sacarina, y también los alcoholes de azúcar, como el xilitol, así como los compuestos derivados de plantas (ej. stevia).

Los autores referencian varios estudios que muestran la asociación de estos endulzantes con efectos adversos cardiometabólicos.

El objetivo de esta investigación es realizar una revisión de la literatura acerca de la relación entre la exposición pre natal y post natal a estos endulzades y el desarrollo de obesidad. Dado que existe cierta controversia al respecto (ej. la Ameriacan Dietetic Association indica que esos endulzantes son seguros dentro de unos límites, mientras que el US Institute of Medicine aboga por evitarlos en la infancia), este estudio pretende dar una visión más completa.

Incremento del consumo

Estos endulzantes han incrementado su venta entre los niños norteamericanos en los últimos años, entre otros motivos por las campañas de marketing que los promueven como más saludables, y también por el propio desconocimiento de los padres (3 de cada 4 padres no identifican correctamente en las etiquetas este tipo de endulzantes).

Revisión de la literatura sobre exposición en la infancia

Los autores revisan enayos clínicos controlados, estudios de cohortes y estudios transversales. Globalmente existe evidencia limitada sobre su asociación con la obesidad, con estudios que reportan carencia de asociación y otros que encuentran una asociación positiva entre la ingesta de estos endulzantes y parámetros de obesidad.

Sin embargo, la heteregoeneidad de estas investigaciones, sus diferentes diseños metodológicos, y la divergencia en las edades de los niños expuestos, hace complicado llegar a conclusiones más sólidas.

Revisión de la literatura sobre exposición pre natal

De los 5 estudios revisados por los autores (2 RCT y 3 de cohortes), sólo 2 de estos últimos reportaron una asociación positiva.

Revisión de la literatura sobre exposición en animales

De los 6 experimentos revisados, 4 de ellos mostraron una asociación positiva, uno no encontró asociación y otro una asociación negativa.

De nuevo, por tanto, existe una evidencia limitada, y aún sigue habiendo muchas incógnitas por resolver.

Posibles mecanismos

Los autores identifican varios mecanismos por los cuales la ingesta de estos endulzantes podría tener un efecto en la ganancia de peso y en la composición corporal en la infancia: programación del metabolismo y las preferencias de sabor, secreción hormonal, disrupción de la microbiota. Recordemos que estos endulzantes son transferidos al líquido amniótico y a la leche materna, por lo que la dieta de la madre en el periodo pre natal y en la lactancia es fundamental.

Limitaciones/Comentarios

Aunque falta consistencia entre los estudios, los autores son claros en su conclusión final: Dada la robusta evidencia acerca de los riesgos para la salud de la ingesta elevada de azúcar en la dieta, y dada la incertidumbre de alimentarse con endulzantes artificiales, lo más prudente es que las embarazadas y los niños limiten su consumo, al menos hasta que haya más estudios al respecto.

Es una recomendación bastante lógica ante la evidencia disponible. Es complejo resumir esos resultados de investigación ante la gran heterogeneidad de diseños metodológicos, pero los indicios hacen pensar en una asociación entre ese tipo de endulzantes y la obesidad. Bien es cierto que es una evidencia muy limitada, y que por ahora no podemos pasar de este punto.

Una de las consecuencias de esta revisión es, precisamente, advertir de que sustituir el azúcar por endulzantes artificiales puede no ser una buena idea si no se limita también el consumo de estos.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Archibald,  et al.  (2018). Early-Life Exposure to Non-Nutritive Sweeteners and the Developmental Origins of Childhood Obesity: Global Evidence from Human and Rodent Studies. Nutrients, doi: 10.3390/nu10020194.

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NUTRITION & DIETETICS

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Q1

FOOD SCIENCE

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(#241). LA IMPORTANCIA DE LA MICROBIOTA INTESTINAL

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] La microbiota se refiere a la población de microorganismos que coloniza una determinada parte del cuerpo, y que incluye bacterias, virus, protozoos, hongos y arqueas. La mayoría de estos organismos no son patógenos, es decir, no son reconocidos como amenazas y eliminados por el sistema inmune, y cohabitan simbióticamente con los enterocitos (células epiteliales del intestino que absorben nutrientes). 

El objetivo de este artículo es resaltar la relevancia que la flora intestinal tiene para la salud humana, así como identificar factores que afectan a su riqueza y diversidad.

Composición de la mircobiota intestinal

Se estima que está compuesta por más de 35000 especies bacterianas, con una gran diversidad de genes (más de 10 millones diferentes) y que pueblan desde el esófago hasta el colon, con divergentes niveles de acidez. Aquellas personas con una mayor diversidad de genes tienen una microbiota más robusta y menor prevalencia de desórdenes metabólicos y obesidad.

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Aspectos funcionales de la microbiota intestinal

La micorbiota intestial mantiene  una relación de simbiosis con la mucosa intestinal y realiza funciones inmunológicas, protectoras y metabólicas en los individuos sanos. A este conjunto de micro organismos se les considera un órgano en sí mismo, y se alimentan de la dieta y de las células epiteliales.

Factores que afectan a la microbiota intestinal

(1) Edad: El intestino empieza a ser colonizado por microorganismos incluso cuando está en el útero. La estructura de esa flora intestinal está relacionada con la forma de nacimiento; aquellos niños que nacen de parto vaginal son colonizados por organismos de la vagina materna. Por el contrario, en aquellos que nacen por cesárea es mayoritariamente la flora de la piel de la madre la que coloniza el intestino del niño.

A los 3 años, los niños tienen ya entre un 40 y un 60% de nivel de similitud con la flora de los adultos, la cual es estable entre la tercera y séptima década de vida.

(2) Dieta: La leche materna contiene varios compuestos bioactivos que no están disponibles en las leches de fórmula. Esos compuestos tienen un papel significativo en la digestión y absorción de los nutrientes, en la inmunoprotección y en la defensa antimicrobiana.

Una dieta rica en frutas, verduras y fibra está asociada con una mayor diversidad y riqueza de la microbiota intestinal. Las algas marinas también son un alimento recomendable para la flora intestinal humana, debido a su riqueza en compuestos bioactivos y fibra.

(3) Antibióticos: Diversos estudios han mostrado un efecto negativo del uso de antibióticos en la microbiota intestinal, tanto en el corto como en el largo plazo. El empleo de un antibiótico de amplio espectro durante una semana puede afectar a la microbiota de manera que no recupere su diversidad en varios meses o incluso años. Es más, su empleo incrementa el riesgo de infección por Salmonella debido a la disrupción sufrida en el mecanismo de exclusión competitiva de la flora intestinal.

(4) Probióticos y prebióticos: Los probióticos son microorganismos vivos que pueden proveer beneficios a la salud humana cuando se administran en dosis adecuadas (ej. Lactobacillus, casei, Bifidobacterium longum, Streptococcus thermophilus), y son usados en muchas ocasiones para contrarrestar los efectos perversos de los antibióticos sobre la ecología intestinal.

Los prebióticos se definen como ingredientes de la comida que tienen oligosacáridos no digestibles, que precisamente estimulan el crecimiento y la bioactibidad de microorganismos presentes en el intestino.

Conclusión

Los autores hacen un repaso sobre factores que pueden afectar a la riqueza y diversidad de la microbiota intestinal, que se considera como un órgano más en los humanos, y que tiene importantes propiedades inmunológicas, protectoras y metabólicas.

Tanto el tipo de parto como el modo de lactancia condicionan la microbiota de los niños, siendo la dieta y el uso de antibióticos los factores más relevantes que modulan la ecología de esos miles de microorganismos que pueblan el sistema digestivo. Una dieta rica en fruta, verduras y fibra y un adecuado uso de los antibióticos se muestra fundamental para mantener una flora intestinal adecuada.

Los autores comentan que los probióticos y los prebióticos pueden ser beneficiosos, pero indican claramente que se necesitan más investigaciones antes de que se usen comercialmente como promotores de salud.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Jandhyala, S. M.. et al. (2015). Role of the normal gut microbiota. World Journal of Gastroenterology, doi: 10.3748/wjg.v21.i29.8787

Indicadores de calidad de la revista*

 

Impact Factor (2015)

Cuartil

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Thomson-Reuters (JCR)

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Q2

GASOTROENTEROLOGY & HEPATOLOGY

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GASOTROENTEROLOGY

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(#224). CONSUMIR GRANOS ENTEROS EN LUGAR DE REFINADOS MEJORA EL BALANCE DE ENERGÍA

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] La diferencia entre los granos enteros y los refinados es que en los segundos se quita la parte exterior (salvado) y la interior (germen). Esto hace que se elimine una parte importante de nutrientes y la fibra, y que no se retrase la absorción del almidón, produciendo picos de insulina.

Como sostienen los autores, el consumo de granos enteros está ligado en estudios epidemiológicos a la reducción del riesgo de diabetes tipo 2 y de enfermedades cardiovasculares, además de reducir el índice de masa corporal y la propensión a ganar peso. Sin embargo, algunos estudios aleatorizados y 2 recientes metanálisis han cuestionado que realmente haya una asociación con el peso corporal. Dado que el sobrepeso y obesidad es un problema muy importante, es de interés responder a la cuestión de si realmente el consumo de granos tiene relación con el aumento o reducción del peso.

Metodología

Se realizó un ensayo clínico aleatorizado donde se invitó a personas entre 40 y 65 años con BMI entre 20 y 35 en la ciudad de Boston. De los 1714 individuos que respondieron sólamente 103 participaron finalmente en el estudio. Esos participantes cumplían una serie de característias: no tomaron antibióticos 3 meses antes del estudios, no consumían más de 2 bebidas alcohólicas al día, no usaban suplementos probióticos o prebióticos, ni tampoco suplementos de calcio o de vitamina D. Tampoco se contó con personas con diversas patologías que vienen detalladamente reflejadas en el artículo.

Los investigadores proveían toda la alimentación a los participantes durante las 8 semanas que duró el estudio. Los participantes tenían que devolver la comida que no ingerían (aunque se recomendaba ingerirla por completo) y debían mantener un estilo de vida habitual en cuando a actividad física. Esos individuos eran asignados aleatoriamente a dos tipos de dieta, de manera ciega, es decir, no sabían a qué tratamiento experimental eran asignados. En las primeras 2 semanas todos los participantes consumían la misma dieta, para luego tras valorar su adherencia y peso ser asignados a uno de los dos tratamientos. La principal fuente de grano fue el trigo, la avena y el arroz.

Se tomaron medidas antropométricas en las semanas 2 y 8, en conjunción con análisis de sangre. También se midió la tasa metabólica de reposo, que hace referencia al gasto energético necesario para mantener las funciones vitales en reposo. Finalmente, se midió la composición de la microbiota intestinal y se realizó un análisis de las heces.

Resultados e implicaciones

De los 103 participantes inicialmente seleccionados, 90 realizaron la primera fase, pero sólo 81 completaron el estudio.

Los resultados mostraron que los participantes que comían granos enteros excretaban mayor energía en las heces, probablemente debido al incremento de la ingesta de fibra de este tipo de alimentos.

En un contexto de estabilidad en el peso corporal, la ingesta de granos enteros en lugar de granos refinados incrementa la tasa metabólica de reposo, lo que a su vez está asociado a un mejor control del sobrepeso.

Limitaciones/Comentarios

El estudio presenta resultados que podrían ayudar a explicar el hecho de que en ciertos estudios epidemiológicos se encuentre una asociación inversa entre la ingesta de granos enteros y el riesgo de padecer obesidad y diabetes. Sin embargo, este tipo de experimentos tienen el problema del reducido tamaño muestral y, sobre todo, de que sólo encuentran efectos en el plazo de duración del estudio, en este caso 8 semanas. Los efectos a largo plazo no son tenidos en cuenta. El estudio está parcialmente financiado por General Mills, aunque los autores indican que la corporación no influyó en el análisis de los datos y redacción del artículo.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Karl, J. F. et al.  (2017).  Substituting whole grains for refined grains in a 6-wk randomized trial favorably affects energy-balance metrics in healthy men and postmenopausal women American Journal of Clinical Nutrition, doi:10.3945/ajcn.116.139683

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NUTRITION & DIETETICS

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NUTRITION & DIETETICS

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