(#338). CONFLICTOS DE INTERÉS EN LA OMS PARA EVALUAR LOS RIESGOS DE LOS CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En este artículo publicado en el International Journal of Oncology, el autor, Lennart Hardell, reflexiona acerca de los conflictos de interés de varios miembros del panel de expertos de la OMS que debaten sobre los riesgos para la salud humana de la radiofrecuencia.

En 2011 la evaluación realizara por la IARC llevó a la OMS a catalogar la radiofrecuencia como posible cancerígeno. Es de destacar que, según el autor, la IARC tiene su financiación propia y la OMS actúa como mero observador.

A pesar de que, como indica el autor, desde 2011 varios estudios epidemiológicos y de laboratorio han corroborado y fortalecido esa asociación con el cáncer, desde el punto de vista de regulación no se han producido cambios relevantes.

La ICNIRP

La mayoría de los países siguen usando el estándar de la International Commission on Non-Ionizing Radiation Protection (ICNIRP), publicado en 1998. Es decir, no se están teniendo en cuenta las nuevas evidencias publicadas en los últimos 20 años. Ese estándar sólo considera como efectos nocivos los efectos térmicos (por calentamiento), y ello hace que los niveles de referencia sean muy altos y discordantes con los que sugieren que también existen efectos no térmicos.

La ICNIRP considera sólo los efectos a corto plazo de exposiciones muy intensas. Nada más, no tiene en cuenta exposiciones más largas a intensidades menores ni tampoco las diferentes sensibilidades de las personas (niños, enfermos, etc.).

Aunque esas guías de la ICNIRP fueron actualizadas en 2009, no se realizaron cambios relevantes en cuanto a los niveles máximos, y siguen sin considerar los efectos a largo plazo.

La ICNIRP es una organización privada con sede en Alemania. Como indica el autor, sólo los miembros de la organización pueden elegir a nuevos expertos para su panel, y muchos de ellos tienen lazos con la industria de las telecomunicaciones.

Los conflictos de interés

El autor señala la figura clave de Michael Repacholi, un investigador que a comienzos de los 90 comenzó a alertar sobre los riesgos de exposición a radiofrecuencia, y que sugirió a la OMS en 1996 que empezara un proyecto para su estudio en profundidad. Repacholi fue el primer director de la ICNIRP en 1992. Rápidamente la OMS aceptó la sugerencia del investigador y desde 1996 hasta 2006 fue el propio Repacholi el responsable del departamento de radiación electromagnética del proyecto. Así, Repacholi combinaba sus dos cargos, en la OMS y en la ICNIRP (aquí como “emérito”).

Sin embargo, Repacholi comenzó a meter a la industria por medio, pidiendo financiación para sus proyectos, y actuaba casi como un representante de los intereses del sector. Así, cuando dejó su cargo en la OMS en 2006, Repacholi apareció en varios vídeos de propaganda de organizaciones de empresas de telecomunicaciones.

Repacholi reclutó a Emilie van Deventer para el proyecto de la OMS, quien había sido miembro del Institue of Electrical and Electronics Engineers (IEEE), la organización más poderosa de ingenieros, y cuyos miembros tienen vínculos con la industria.

El autor destaca que 4 de los 6 miembros que forman el grupo central de expertos de la OMS pertenecen a la ICNIRP, y otro es antiguo miembro. Ser un miembro de la ICNIRP supone ya inmediatamente tener un conflicto de interés, porque esa organización está vinculada a la industria de las telecomunicaciones y también a la militar. En la siguiente tabla, se identifican esos 6 miembros, junto con otros cargos en diferentes instituciones.

b338_2El autor señala que esta situación ha sido denunciada por variar organizaciones, y que se han enviado diferentes peticiones a la OMS para que forme un panel realmente independiente, pero ninguno de esos llamamientos ha sido efectivo.

Desde la OMS se defienden argumentando que la ICNIRP es una institución que colabora con ellos y, por tanto, en esa relación oficial no puede haber conflictos de interés. De este modo, no tienen intención de cambiar su proceder. Sin embargo, no tienen en cuenta que la ICNIRP lleva dos décadas obviando la evidencia científica.

Comentarios

El autor se queja de la impasividad de la OMS para modificar una situación que parece poco higiénica, ya que parte de la premisa que ser miembro de la ICNIRP es ya de por sí un problema para dar recomendaciones sobre salud y campos electromagnéticos.

La ICNIRP publica en su web que no existe ni financiación de la industria ni conflictos de interés de los miembros de su panel. Lo hace como una muestra de transparencia e independencia.

Sin embargo, en este detallado texto elaborado por AVAATE, puede comprobarse que existe una divergencia entre lo que se declara en la web de la ICNIRP y la realidad del trabajo de cada miembro.

Después de leer este artículo de Lennart Hardell y los documentos de la ICNIRP y de AVAATE, creo que el lector puede juzgar por sí mismo el estado de la situación, y qué implicaciones tiene para la opinión pública.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Hardell, L. (2017).World Health Organization, radiofrequency radiation and health – a hard nut to crack (Review). International Journal of Oncoloy, doi: 10.3892/ijo.2017.4046.

 
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(#308). LOS REPUBLICANOS ADVIERTEN A LA OMS QUE LE QUITARÁN FONDOS SI NO RECTIFICAN SOBRE EL GLIFOSATO

[MONOTEMA] El Partido Republicado de los Estados Unidos acaba de dar una advertencia (algunos dirían que es más bien una amenaza) a la OMS: la financiación corre peligro.

Y es que el partido encabezado por Trump sigue “tirando de manual” neoliberal; respalda a Monsanto y no le gusta para nada que en la OMS se hayan “atrevido” a calificar al glifosato como probable cancerígeno (tipo 2A).

Así, un representate tejano del partido, Lamar Smith, decía que la OMS había emitido un jucio sobre el glifosato sin suficiente base ni respaldado por datos fiables.

Supongo que Smith no se estaría refiriendo a las múltiples evidencias que ligan al glifosato con numerosos efectos negativos sobre la salud y el medio ambiente, ni sobre el “intachable” comportamiento de Monsanto. No claro que no. Sin embargo, se despacha preguntándose si la IARC (órgano vinculado a la OMS) debería seguir recibiendo financiación gubernamental.

El partido demócrata publica un informe que compromete a Monsanto

En este documento recién publicado, el Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología especifica una realidad que hemos contado de mil maneras diferentes en este blog.

El informe sale como respuesta al mencionado Lamar Smith, y  pone en el punto de mira a Monsanto. Así, refleja las tácticas de la industria química para atacar la ciencia que se relaciona con sus productos.

Entre esos documentos que el informe recoge, están emails internos de trabajadores de Monsanto admitiendo que el producto no es seguro, y que no podían descartar que fuera cancerígeno.

Otro punto interesante del informe es la identificación de varios científicos ligados a Monsanto, y que se han encargado de criticar los estudios que muestran efectos adversos del glifosato. Entre ellos está Bruce Chassy, profesor emérito de la Universidad de Illinois. Y por supuesto, A. Wallace Hayes, uno de los editores de la revista Food and Chemical Toxicology.

Monsanto se preparó para lo que ellos sospechaban que iba a ser la decisión de la OMS (como así ocurrío), y empezó con las clásicas maniobras de relaciones públicas (contar con profesionales afines a la industria, campaña en redes sociales, buscar el apoyo de organizaciones que defienden los intereses de la industria, etc.).

Y, fiel a su estilo, empleó la escritura fantasma para redactar un artículo con la “firma” (entre otros) de Helmut Greim. Estaba claro que Monsanto quería contrarrestar las críticas escribiendo un artículo hecho por ellos pero en el que pareciera que otros científicos independientes habían participado.

Monsanto también extendió sus brazos para contratar a personas vinculadas a medios masivos para añadir más ruido. Lo hizo con Henry Miller, médico de la Universidad de Stanford, quien escribió en Forbes un artículo “dirigido” por Eric Sachs, el jefe científico de la multinacional. Miller fue despedido de Forbes cuando se enteraron del chanchullo.

Finalmente el informe hace alusión al empleo de organizaciones teóricamente independientes y sin ánimo de lucro, pero que no son más que títeres de la industria, aunque cuenten con nombres rimbombantes y “poco sospechosos” como “Campaign for Accuracy in Public Health Research”, que es dirigida por la American Chemistry Industry. La industria del tabaco ha estado usando una estrategia similar durante mucho años.

En definitiva, nada que no supiéramos ya en este blog, pero resulta edificante conocer que en otros lugares y otras personas valoran también críticamente toda la información disponible y llegan a conclusiones similares.

La financiación de la OMS

La OMS es uno de los numerosos órganos de la ONU, y como tal recibe dos tipos de financiación. En primer lugar hay una contribución obligatoria de todos los estados miembros (193), que considera diversas variables ligadas a la riqueza y población de los países. Esa parte fija le sirve a la ONU para cubir los costes administrativos y unos pocos programas.

Sin embargo, los países pueden también contribuir voluntariamente. Muchas progamas de la ONU,como UNICEF, UNHCR (refugiados) o WFP (alimentos), se financian enteramente con este tipo de aportaciones.

En 2016 Estados Unidos contribuyó con 10 mil millones de dólares a las Naciones Unidas, de los cuales 6 mil fueron voluntarios. De ese monto, 400 millones fueron a la OMS, cuyo programa se financia con una combinación de fondos obligatorios y fondos voluntarios.

De este modo, la advertencia del republicano Smith iría en la línea de cortar recortar los fondos voluntarios. El presupuesto de la OMS en 2016 dependía en casi un 20% de las aportaciones de Estados Unidos.

Trump ha quierdo desde el principio meter la tijera a esos fondos voluntarios, por lo que no es extraño que los republicanos mantengan esa postura. En cualquier caso, es otro capítulo más de esta especie de mala película del Oeste que estamos viviendo en el que los papeles de forajidos están muy bien interpretados.

Conclusión

La ciencia sin contexto no es nada. Y ese contexto, inexorablemente, tiene que ser siempre explicado para tratar de aproximarnos a la realidad de cualquier cuestión científica. La historia del glifosato ya la sabemos, porque es la misma historia que la del Agente Naranja, la del disulfuro de carbono, o la de otros pesticidas.

Luego la manipulación de la opinión pública (y también la actuación de otros “ingenuos” científicos y periodistas que se ponen del lado de la industria porque es muy “guay” ir en contra de todo lo que suene a conspiración) complican cualquier tipo de regulación. Pero aquí las conspiraciones no tienen nada de ensoñación. Aquí son algunas multinaciones, políticos, científicos, etc. que se ponen en mano de algo bastante material: el dinero.

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