(#213). BEBER ALCOHOL Y MENOR RIESGO DE CÁNCER DE PULMÓN EN NO FUMADORES

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] El cáncer de pulmón es el cáncer que produce más muertes en el mundo; 1.8 millones de nuevos casos y 1.6 millones de muertes al año. El tabaquismo está asociado a más del 80% de los diagnósticos de este tipo de cáncer. Otros factores ambientales, como la exposición a asbestos o a gas radón también incrementan el riesgo. Esto hace que también existan casos de cáncer de pulmón entre no fumadores; concretamente es la séptima causa de muerte por cáncer, por lo que tiene una elevada importancia.

Los autores plantean que el consumo de alcohol puede modular el riesgo de cáncer de pulmón. Recordemos que el alcohol es un cancerígeno seguro para la OMS (Grupo 1). Sin embargo, como el consumo de tabaco y alcohol están asociados, aislar el efecto de esta última variable es complejo.

El objetivo de esta investigación es analizar la asociación ente el consumo de alcohol y el riesgo de cáncer de pulmón entre no fumadores, empleando una recopilación de 22 estudios de la International Lung Cancer Consortium y el proyecto SYNERGY.

Metodología

De los 22 estudios considerados, 10 provienen de Norte América, 7 de Europa y 5 de Asia u otras áreas. Todos esos estudios eran caso-control a analizados como tales.

El consumo de alcohol y tabaco fue recogido en cada estudio con un cuestionario. Los no fumadores eran aquellos que habían fumado menos de 100 cigarrillos a lo largo de su vida, mientras que los no bebedores eran aquellos que no consumían alcohol o lo hicieron de forma ocasional durante su vida.

La cantidad de alcohol consumido fue convertida en unidades estandarizadas de bebida, es decir, a gramos por día, lo que permitió estimar los gramos medios de alcohol consumidos por día de manera global y separando por tipos de bebida.

La muestra total la compusieron 2548 casos de no fumadores con cáncer de pulmón y 9362 controles pareados por edad, aunque no por sexo (78% de casos y 57% de controles eran mujeres).

Se tomó como referencia la categoría de no consumo de alcohol para compararla con las diferentes categorías descritas en función de los gramos de consumo diarios, desde bajo consumo hasta muy alto consumo.

Resultados e implicaciones

La ingesta baja y moderada de alcohol se asoció con una menor probabilidad de padecer cáncer de pulmón, ya que los Odds Ratio (OR) son significativamente menores que 1 (el intervalo de confianza está por debajo de 1), tal y como puede verse en la siguiente tabla.

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Ello ocurre para los subtipos de cáncer analizados: adenocarcinoma y carcinoma epinocelular de pulmón. Para los bebedores de vino y de licores con consumo bajo (entre 0 y 4.9 g/día) también se encontró una asociación negativa, lo que no ocurrió para la cerveza.

Estos resultados son consistentes con otros estudios que han mostrado que existe un menor riesgo de cáncer de pulmón para personas que consumen menos de 12 g/día de alcohol (aproximadamente un vaso de vino o un quinto de cerveza).

Los autores explican estos resultados por los flavonoides presentes en el vino, que pueden reducir el riesgo de algunos tipos de cáncer. Sin embargo, encuentran más dificultades en explicar el porqué de esa asociación inversa con las bebidas de mayor graduación.

Más interesante todavía es el que no se hayan encontrado asociación entre los muy bebedores de alcohol y el cáncer de pulmón, ni siquiera para los que ingieren más de 30 o de 45 g/día, es decir, el equivalente aproximado a 2 o 3 copas de whisky diarias.

Limitaciones/Comentarios

El hecho de agrupar tantos estudios es siempre un problema, porque las variables de confundido medidas son diferentes entre ellos, y porque el sesgo de respuesta también puede influir de manera diferente.

Los autores categorizan el consumo de alchohol en varios grupos pero no explican las posibles variaciones de resultados haciendo los grupos de diferente manera, por ejemplo, agrupándolos en lugar de en 6 más la categoría de referencia, en 4 más la categoría de referencia. Esto incrementaría el tamaño de muestra en los subgrupos y haría más confiable los análisis para el caso de bebedores con alta ingesta.

Tampoco se comenta el hecho de que el consumo de alcohol pueda estar asociado a otros tipos de enfermedades, lo que quizá pueda dar una interpretación equivocada de los resultados.

En cualquier caso, es una evidencia más que nos hace ver la complejidad de la investigación epidemiológica, y la prudencia con la hay que tomar los resultados.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Fehringer, G. et al. (2017).  Alcohol and Lung Cancer Risk Among Never Smokers: A Pooled Analysis from the International Lung Cancer Consortium and the SYNERGY Study. International Journal of Cancer, doi: 10.1002/ijc.30618

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Impact Factor (2015)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

5.531

Q1

ONCOLOGY

Scimago (SJR)

2.66

Q1

ONCOLOGY

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(#206). LA ESTATURA ASOCIADA AL RIESGO DE PADECER ENFISEMA PULMONAR

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] El enfisema pulmonar es una enfermedad obstructiva donde se dañan los alvéolos, lo que hace que no se reciba el oxígeno necesario. Las personas que sufren esta enfermedad se caracterizan por tener menor masa corporal, menor tolerancia al ejercicio y peor calidad de vida.

El tabaquismo es un fuerte predictor de la enfermedad crónica pulmonar obstructiva, donde el enfisema es un componente de esta patología (otro es la bronquitis crónica).

Dado que el tamaño de los pulmones depende de la estatura, los autores plantean la hipótesis de que el enfisema sea más prevalente en pacientes que hayan desarrollado una enfermedad crónica pulmonar obstructiva.

Metodología

Participaron 726 personas con enfermedad pulmonar obstructiva crónica con un diagnóstico basado en espirometría, que fueron evaluados en un hospital de Pisa (Italia), entre 2001 y 2014. Si los pacientes tenían asma, otras enfermedades pulmonares, cáncer de pulmón o neumonectomía eran excluidos del estudio.

Se tuvieron en cuenta variables como el consumo de tabaco, la edad, ,el sexo, el peso, la estatura y los resultados de la espirometría.

Se realizó una tomografía computerizada del tórax para diagnosticar el enfisema, imágenes que se valoraron entre 3 codificadores independientes.

Resultados e implicaciones

El 52% de los participantes fueron diagnosticados con enfisema, en diferentes grados de gravedad.

Los pacientes con enfisema eran significativamente más altos y con menor masa corporal, una vez controlado por el resto de variables consideradas. La probabilidad de desarrollar enfisema se incrementaba un 5% con el aumento de 1 centímetro de estatura.

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Los resultados también indican que las mujeres son más susceptibles que los hombres a los efectos del tabaco (desarrollo de enfisemas similar a hombres con menor consumo de cigarrillos).

Estos resultados refuerzan la idea de que la estatura es un predictor de enfermedades pulmonares, como el infarto pulmonar (a consecuencia de embolias)

Limitaciones/Comentarios

La muestra no es aleatoria y sólo de una región geográfica. Hacen falta más estudios con participantes de otro origen étnico y, bajo mi punto de vista, emplear más variables de control, como el estilo de vida o la exposición a otros agentes ambientales. Creo que este es el principal problema de este artículo, las pocas variables de control que emplea en una muestra no aleatoria y no demasiado amplia.

Miniati, M.. et al. (2016).  Body height as risk factor for emphysema in COPD. Scientific Reports. doi: : 10.1038/srep36896

Indicadores de calidad de la revista*

 

Impact Factor (2015)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

5.228

Q1

MULTIDISCIPLINARY SCIENCES

Scimago (SJR)

2.07

Q1

MULTIDISCIPLINARY

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(#180). LA REGULACIÓN DEL CONSUMO DE TABACO FAVORECE LA DISMINUCIÓN DE LA INVERSIÓN INTERNACIONAL

[REVISIÓN DE ARTÍCULO]  La OMS estima que alrededor de 6 millones de personas en todo el mundo mueren cada año por enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco, y enfatiza el papel que los gobiernos deben jugar en la regulación de este sector prohibiendo fuma en lugares públicos.

Los autores argumentan que la carencia de una prohibición de fumar en el país de origen de una empresa  productora de tabaco facilita la expansión internacional de esta. Una explicación que los autores postulan es que las empresas son reticentes a invertir en el extranjero porque pueden pensar que esa prohibición a nivel nacional puede actuar como un indicador de que la demanda global puede bajar. El objetivo de esta investigación es comprobar empíricamente que esta hipótesis postulada sobre la relación entre la prohibición en el país de origen y la internacionalización a países donde haya menos regulación es avalada por los datos.

Metodología

Los autores plantean un modelo para explicar la inversión en otros países en función de la regulación en el país de origen y diversas variables de control (ventas, flujo de caja, número de directores, concentración de la propiedad…).

Los datos fueron recogidos de ORBIS, que provee información de 141 empresas que tienen en el  sector del tabaco su principal actividad, en el periodo 1997-2009.

Como criterio para decidir si una empresa invertía en el extranjero se tomó que al menos un 10% de la propiedad estuviera en una subsidaria fuera del país de origen.

En cuanto a clasificar un país como poseedor de prohibiciones o no, los autores consideraron oportuno que aunque existiera una mínima regulación de prohibición de fumar en ciertos lugares públicos ya se consideraba dentro del grupo de países con prohibiciones, admitiendo que estas pueden ser de diferente intensidad. Hay un total de 93 países donde no existe ninguna prohibición sobre el consumo de tabaco.

Resultados e implicaciones

Tras la estimación del modelo los resultados concuerdan con la hipótesis postulada; las intervenciones diseñadas para reducir el consumo de tabaco en los países de origen tienen un efecto en la probabilidad de que las empresas de esos países inviertan en otros para expandir su negocio. Cuando no existe regulación en el país de origen, las empresas invierten más en otros países donde tampoco hay leyes que prohíban el consumo en público.

Por tanto, una política gubernamental enfocada en el establecimiento de este tipo de prohibiciones, no sólo favorece la disminución del consumo dentro del país, sino que desmotiva la inversión de esas empresas productores en otros países del entorno, con lo que el efecto no sólo es intra-país, sino también inter-país.

Limitaciones/Comentarios

Hay una clara limitación sobre la consideración de la variable que mide la inversión en otros países, que puede verse afectada por error de medida (carencia de información proveniente de países en desarrollo). En cualquier caso, los indicios que muestra este estudio son interesantes para acercarnos a entender el efecto que tienen las políticas reguladoras en cada país sobre el negocio total de la venta de tabaco.

Crotty et al.  (2016). Regulation as Country-Specific (Dis-)Advantage: Smoking Bans and the Location of Foreign Direct Investment in the Tobacco Industry. British Journal of Management, doi: 10.1111/1467-8551.12161

Indicadores de calidad de la revista*

 

Impact Factor (2015)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

2.188

Q2

MANAGEMENT

Scimago (SJR)

1.37

Q1

STRATEGY & MANAGEMENT

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(#40). CONSUMO BAJO Y MODERADO DE ALCOHOL Y CÁNCER

El consumo alto de alcohol se ha asociado a multitud de cánceres: colon, mama en mujeres, oral, laringe, hígado y esófago, y se sospecha que también con el de estómago, páncreas o pulmón. Se estima que el alcohol produce el 3.6% de los cánceres en el mundo (1.7% en mujeres y 5.2% en hombres). Sin embargo, el consumo moderado o bajo de alcohol se ha asociado a tener menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes que los abstemios, aunque a partir de cierto umbral de consumo los efectos se vuelven totalmente negativos.

Los autores realizan un ambicioso estudio siguiendo durante 30 años a 88043 mujeres y 47881 hombres, profesionales del ámbito sanitario.  Los resultados dicen que un consumo entre 15 y 30 gramos de alcohol al día está mínimamente asociado con el desarrollo de cáncer (está en el límite de la significación estadística al 5%). Para los hombres tampoco existe una asociación estadísticamente significativa (aunque sí que hay un patrón ascendente) entre el consumo bajo-moderado de alcohol y los cánceres asociados específicamente a esta droga. Ese consumo equivale aproximadamente a 2 latas de cerveza de 33 cl al día. Sin embargo, para las mujeres el límite estaría en una sola lata. Es importante señalar que el tabaco actúa como multiplicador del riesgo, sobre todo en mujeres, donde un consumo bajo (entre 5 y 14.9 gramos al día) está asociado al desarrollo de cáncer (principalmente cáncer de mama) si la mujer es, además, fumadora.

El estudio es bastante completo, con diferentes análisis de sensibilidad, y con una muestra suficientemente grande. Una limitación es el que se centre en un solo colectivo profesional, y que puede haber error de medida en el consumo de alcohol reportado por los propios participantes (lo que podría “tapar” un poco la significación estadística). Hay que destacar que este estudio específicamente trata de la asociación del alcohol con el cáncer y no con otros tipos de enfermedades que pudiera provocar un consumo bajo o moderado de alcohol, aunque como el artículo sostiene, hay diferentes investigaciones que muestran cierto efecto “protector” de un consumo bajo de alcohol sobre algunas enfermedades.

Por tanto, este estudio nos dice que, ante todo, evitemos el tabaco  si nos gusta beber alcohol. Si no somos fumadores, aproximadamente un par de tercios de cerveza para los hombres y un quinto para las mujeres no parece tener efectos significativos sobre el incremento de probabilidad de desarrollar cánceres asociados al alcohol. La asociación con el cáncer de mama hace que, posiblemente, las mujeres debieran pensarse si ese “quinto de cerveza al día” debiera ser evitado, al menos, hacerlo sólo eventualmente.
 

Cao, Y., Willet, W. C., Rimm, E. B., Stampfer, M. J. & Giovanucci, E. L. (2015). Light to moderate intake of alcohol, drinking patterns, and risk of cancer: results from two prospective US cohort studies. BMJ, 351,h4238. doi: 0.1136/bmj.h4238

Indicadores de calidad de la revista*
JCR Impact Factor (2014): 17.44
SJR  Impact Factor (2014): 2.21
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(#39). PREVENCIÓN DEL TABAQUISMO EN NIÑAS DESDE LA ESCUELA

Cada día entre 80 y 100000 jóvenes se convierten en adictos al tabaco. Un 88% de los fumadores comenzaron antes de los 18 años, por lo que los programas de intervención sobre niños y adolescentes cobran especial relevancia. Hay estudios que indican que las chicas tienen un comportamiento diferente de los chicos en su iniciación al tabaquismo. Parece que las niñas sufren más presión social es más probable que comiencen a fumar que los chicos, son más influenciables por estrellas de cine que fuman que los chicos. Las marcas de tabaco, por su parte, también contribuye diseñando cigarrillos y paquetes más atractivos para el público femenino.

Los autores del estudio realizan una revisión de 16 investigaciones con intervenciones en la escuela, no encontrando un efecto global significativo en las niñas. En esas intervenciones, a un grupo de niños se les incluía en un programa de concienciación y a otro grupo no, y se seguían durante largos periodos de tiempo (a veces varios años).

Los autores claman por intervenciones más personalizadas sobre las chicas y por combinar esas intervenciones con campañas mediáticas. Reconocen, no obstante, que un pequeño tamaño de efecto podría existir (no detectable con sus datos), y que ese pequeño efecto podría justificar esas intervenciones. En cualquier caso, sólo 1 de los 16 estudios revisados muestran un decrecimiento significativo en el riesgo de fumar para las chicas sobre las que se ha intervenido, lo que es indicativo de que las intervenciones en la escuela necesitan reenfocarse y que la presión social y mediática es muy poderosa. El RR del análisis agregado que realizan los autores es de 0.96 (0.86 ; 1.08).

En mi opinión, no obstante, siempre son interesantes esas intervenciones aunque el tamaño de efecto sea muy pequeño; con que sólo  un niño por colegio no se convierta en fumador debido a esos programas de concienciación quizá el esfuerzo merezca la pena.

De Kleijn, M. J. J., Farmer, M. M., Booth, M., Motala, A., Smith, A., Sherman, S., Assendelft, W. J. J. & Shekelle, P. (2015). Systematic review of school-based interventions to prevent smoking for girls. Systematic Reviews, 4, 109. doi: 10.1186/s13643-015-0082-7

Indicadores de calidad de la revista*
JCR Impact Factor (2014): No está incluida
SJR  Impact Factor (2014): 0.98
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(#38). IMPACTO ECONÓMICO DEL TABACO

Extraordinario artículo que nos muestra una revisión (151 artículos) de la evidencia sobre el impacto económico del tabaco y de los programas de reducción de la prevalencia de fumadores. El tabaco está relacionado con múltiples enfermedades que se pueden prevenir: enfermedades pulmonares, cerebrovasculares, coronarias, varios tipos de cánceres (más del 25% son atribuibles al tabaco y un 80% el de pulmón), etc., lo que conlleva muertes prematuras y pérdida de calidad de vida. La OMS cuantifica en 6 millones al año las personas que mueren por causa del tabaco, y un coste asociado de medio trillón de dólares. Es más, se espera que esas muertes lleguen a 7 millones en 2020 y 8 en 2030. Además, unos 600000 fumadores pasivos mueren al año, por lo que hay un claro efecto indirecto en personas no fumadoras (enfermedades coronarias y respiratorias, ataques al corazón…).

El tabaco causa costes directos derivados de los tratamientos por las enfermedades que produce (en USA son 170 billones de $), y costes indirectos (falta de productividad, absentismo – en USA se ausentan 6.5 días más de media que los no fumadores y van al médico 6 días más por año-, incendios, etc.). En los países desarrollados supone un 15% del gasto en salud. El coste de pérdida de productividad causado por el tabaco al año en USA es de 151 billones. Pero el tabaco también genera beneficios, como los impuestos al estado, el ahorro en las pensiones por las muertes prematuras, y los puestos de trabajo (da empleo a 33 millones de personas en el mundo). Ante este escenario es preceptivo analizar en qué medida son eficientes los programas de reducción del tabaquismo, lo que, como muestra el artículo es beneficioso en la mayoría de los estudios revisados. La estrategia más efectiva a corto plazo es la del incremento del precio (los impuestos deben ser entre un 42.9 y un 91.1% del precio). Según el Banco Mundial, un 10% de aumento en el precio conlleva un descenso del 7% en el consumo de la gente joven y un 4% en el resto. La parte negativa de estas acciones es el incremento del negocio ilegal de tabaco, que se estima entre 10 y 17 billones de dólares en USA, y en un 40% del total de cigarrillos en el Reino Unido. Pese a este efecto no deseado, el incremento del precio del tabaco disminuye el consumo, preserva el empleo, aumenta la recaudación del estado. Otras intervenciones son los tratamientos farmacológicos (como los parches de nicotina), los programas de concienciación, las campañas mediáticas, restricciones publicitarias, acciones en las escuelas y puestos de trabajo (como la prohibición de fumar en lugares públicos). Todas estas acciones muestran una adecuada efectividad, pero es preferible que se combinen e integren.

Cuantificar en términos monetarios los resultados en ganancia de la salud de las personas es complejo. Pero parece claro tras la lectura de este artículo que la lucha contra el tabaquismo debe comenzar por una subida de precios del tabaco coordinada con la mejora del control sobre el fraude de los mercados paralelos, y unas campañas integradas de comunicación y acción en las escuelas, unidos con leyes anti tabaco que restrinjan las acciones de marketing de las tabacaleras y que regulen el consumo en los lugares públicos. En mi opinión, existe además la necesidad de implementar acciones de educación largo plazo, incidiendo en el significado social de la acción de fumar, con el fin de asociar conceptos y valores  vomitivos a las personas que fumen, en lugar de verse como algo cool, o sinónimo de rebeldía (los chicos que fuman ligan más). En cualquier caso, y bajo mi visión, no todas las intervenciones deben ligarse a criterios de coste beneficio, ya que el estado tiene la obligación de ir mucho más allá, que para eso pagamos impuestos, aunque algunas “intervenciones” no sean económicamente eficientes.

Ekpul, V. U. & Brown, A. K. (2015). The Economic Impact of Smoking and of Reducing Smoking Prevalence: Review of Evidence. Tobacco Use Insights, 8, 1–35. doi: 10.4137/TUI.S15628.

Indicadores de calidad de la revista*
JCR Impact Factor (2014): No está incluida
SJR  Impact Factor (2014): No está incluida
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(#6). ¿VIVIMOS MÁS Y CON MEJOR SALUD?

[MONOTEMA] En numerosas ocasiones nos dicen que sí, que vivimos mucho más y mucho mejor que antes. El entrañable Eduard Punset nos lo cuenta en sus libros y en su web, y diversos expertos nos dicen que ya no existe el envejecimiento; ahora vivimos efectivamente más y mejor.

Pero, como siempre, hay que profundizar un poco para ver los claroscuros de este tipo de afirmaciones. Si se lanza el mensaje a la población de que hace 100 años se vivía de media 40 años y ahora 80, y que estamos cada vez más sanos, quizá muchos ciudadanos se quedarán con la superficie de estas afirmaciones, sin cuestionarse cuál es el dibujo que se esconde tras esas cifras.

Hace unas pocas semanas, la Revista Española de Investigaciones Sociológicas publicaba este artículo, firmado por Juan Manuel García González, en el que se realiza un análisis para el caso español de las causas de esperanza de vida desde 1980 a 2009. Empezaremos por este interesante artículo para después ir aderezando este post con otros datos no menos esclarecedores.

Vivimos más…con matices
La esperanza de vida se ha doblado en España desde 1910. Esto es innegable. La principal causa de ello es la disminución de la mortalidad infantil. Este hecho ya nos da una de las claves de esta cuestión. No vivimos 40 años más, sino que hay muchos menos fallecimientos de niños (afortunadamente), lo que hace que la media de edad al morir ya no se vea tan condicionada por ello. Aunque parezca una obviedad, hay que resaltarlo igualmente; el extraordinario incremento de la esperanza de vida le debe mucho a la bajada de la mortalidad en niños.

En 2009, la esperanza de vida al nacer en España para los hombres era de 78.5 años y para las mujeres de 84.5.  Y ciertamente hemos mejorado, porque al margen de los datos sobre mortalidad infantil, las personas adultas viven más que antes. Así, como dice el artículo,  a los 35 años las ganancias de esperanza de vida son de 18,6 y 14,6 años para mujeres y hombres, respectivamente. A los 65, 11,6 y 8,3 años. A los 80, 4,5 y 3,3 años. Y a los 90, 0,9 años para ambos sexos. Por tanto, es verdad, vivimos más, pero la ganancia de años disminuye ostensiblemente con el incremento de la edad. Esto quiere decir que por, ejemplo, una persona de 65 años tiene una considerable ganancia de esperanza de vida con respecto a hace 100 años (alrededor de una década más de vida), pero un anciano de 90 años prácticamente se morirá a la misma edad que lo hacían los ancianos de 90 años en 1910.

Y, aunque esto sea también obvio, conviene recordar que la vida no se ha alargado significativamente. Hay un límite biológico que no conseguimos mejorar de manera relevante, al menos por el momento, pese a que cada vez más comprendemos mejor las causas del envejecimiento, con el acortamiento de los telómeros y la metilación del ADN como elementos esenciales.  Antes también las personas llegaban a sobrepasar los 90 años. Recordemos, por ejemplo, al filósofo inglés Thomas Hobbes, quien nació en 1588 y murió en 1679, es decir,  vivió 91 años.  Por tanto vivir casi 100 años no es una cuestión sólo del siglo XXI. No obstante, el mensaje subyacente es optimista, y como bien relata el artículo, es un logro que en sólo 100 años haya ocurrido esto, siendo más patente la mejora de la esperanza de vida en adultos desde 1970 con repecto al periodo anterior.

Premios Nobel mejor que jugadores de béisbol
Estudiar una población tan heterogénea como la de un país tiene pequeños inconvenientes derivados de la cantidad de subpoblaciones que existen. Por ejemplo, el incremento de la esperanza de vida adulta podría darse de manera muy alta en cierto grupo social y de manera inapreciable en otro, pero al final el valor promedio sería positivo.

Por eso a veces conviene también poner a prueba la hipótesis de que vivimos más con grupos de población menores, pero con un mayor nivel de homogeneidad, en el sentido de que los estilos de vida son generalmente más homogéneos que los de la extensa y divergente población de un país.

 
Para ello hay que tener bases de datos de ese tipo de poblaciones, y yo, afortunadamente, dispongo de dos de ellas.

De este modo, he analizado a los jugadores de béisbol que han jugado las ligas mayores de Estados Unidos a lo largo de la historia (más de 18000) y a los hombres que ha recibido un Premio Nobel (más de 800). Ambas poblaciones constituyen grupos medianamente homogéneos de hombres, con estilos de vida que son más similares entre sí (admitiendo divergencias, por supuesto), que los que podrían tener una población tan diversa como la de un país.

En primer lugar he estudiado la vida media en función del nacimiento en diferentes periodos de tiempo desde 1800, y en segundo lugar he descrito las muertes década a década desde 1950. Ambos análisis son pertinentes para analizar la evolución de la esperanza de vida.

 
En relación al análisis desde el punto de vista de nacimientos, es claro que ha habido una evolución positiva de la esperanza de vida, que es mucho más patente en los jugadores de béisbol. Los científicos han aumentado relativamente menos su vida, pero es que ya partían de unas medida de tendencia central (media y mediana) muy altas. Lo que han mejorado ostensiblemente los científicos es su “longevidad”, siendo el porcentaje de ellos que sobrepasa los 90 años realmente extraordinario (37.6% para los nacidos entre 1911 y 1920).

Si analizamos ahora las muertes en las últimas décadas, llegamos a conclusiones similares; existe una evolución creciente de la esperanza de vida y de los mayores de 90 años, que vuelve a ser más patente entre los científicos que entre los deportistas.

Globalmente, estos datos nos están diciendo que el estatus social es un condicionante muy importante de la esperanza de vida de subpolaciones, y que la vida nos es igual de extensa para todos, ni mucho menos. En la década 2001-2010 hay unas diferencias muy notables entre la esperanza de vida de deportistas profesionales  (como los jugadores de beisbol) y los científicos y diferentes personalidades (escritores, políticos, etc.) que reciben el Nobel. Eso es patente, tanto en la vida media, en la vida mediana y en el porcentaje de personas que sobrepasan los 90 años.

De este modo, sí, vivimos más, pero no todos por igual. En dos poblaciones de hombres con raza prevalentemente blanca y con una situación económica generalmente “acomodada”,  el estilo de vida (y aquí podriamos englobar la educación, hábitos de vida,  etc.) condiciona la esperanza de vida y la probabilidad de llegar a vivir más de 90 años. Y como he dicho anteriormente, vivir muchos años no es algo del siglo XXI, ya durante todo el siglo XIX los Premios Nobel llegaban en promedio a los 80 años de vida.

 
Claroscuros
Volviendo al artículo de J. M. García, el autor apunta varias claves sobre aspectos de la salud que condicionan la esperanza de vida.

(a) Mejora cardiovascular: Existe una evolución positiva desde 1980 en cuanto al decrecimiento de la mortalidad por enfermedades cerebrovasculares.

(b) Incremento de las enfermedades degenerativas: Sin embargo, desde 1980,  los trastornos mentales se han multiplicado por cuatro en el grupo de 65-79 años, por doce en el de 80-89 y por veintidós en el de 90 o más años. En el caso de las nerviosas, los factores de multiplicación han sido dos, cinco y ocho, respectivamente.

(c) Cáncer: En los últimos años, la incidencia de algunos cánceres ha aumentado (como el de pulmón para las mujeres) y otros han disminuido (como el de estómago). El incremento de la esperanza de vida aumenta a su vez el riesgo de padecer cáncer, aunque los tratamientos médicos y la mejora de ciertos hábitos de salud (como la disminución del consumo de tabaco en hombres) juegan a favor de la salud.

Algunos de estos aspectos y otros más merecen ser comentados, con el fin de tener una visión más completa sobre la realidad de nuestra salud en las últimas décadas y las perspectivas futuras. Emplearé datos de otros países y estadísticas más globales.

1. Cáncer
Si tomamos datos de Estados Unidos entre 1975 y 2011, vemos que la incidencia de cáncer es prácticamente la misma hoy que hace más de 30 años, con un ligero descenso para los hombres y ascenso para las mujeres. Estos datos no son muy esperanzadores. Bien es cierto que se podría decir que, dado que la población ha envejecido y ello incrementa per se la probabilidad de cáncer, esa estabilidad de cifras es un signo positivo. Lo que sucede es que hay otros datos que no invitan al optimismo. Por ejemplo, la incidencia de cáncer infantil ha aumentado, y ciertos procedimientos de cribado (como el del cáncer de mama) están seriamente cuestionados por su eficacia. Si a esto unimosel artículo de The Lancet que prevee para 2030 se incrementen las enfermedades oncológicas en un 75%, entonces el panorama se convierte en realmente preocupante.

Si no hemos sido capaces de reducir la incidencia de cáncer en un contexto de descenso en el consumo de tabaco, tenemos que estar doblemente insatisfechos.
lungcancercaComo muestra este gráfico, el consumo de cigarrillos ha caído prácticamente a la mitad desde los años 70. Obviamente esto se relaciona con las curvas de incidencia de cánceres y su periodo de latencia, destacando el ascenso en las mujeres.

Por tanto, el consumo de tabaco cae a la mitad mientras la incidencia de cáncer de otros tipos diferente al de pulmón crece.

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2. Alergias
Si la disminución de muertes por enfermedades infecciosas ha sido un innegable avance en las últimas décadas, sobre todo en los niños, uno de los precios que se está pagando por ello es el incremento de las alergias, cuyo aumento es en parte (sólo en parte) explicado por esta “hipótesis de la higiene”.  Desde 1997 hasta 2011 las alergias de la piel y a la comida se han incrementado en niños, manteniéndose estable las respiratorias, como muestra el siguiente gráfico:

db121_fig01Más de un tercio de los niños de este reciente estudio en Estados Unidos era sensible a uno o más alérgenos. Y según ciertas previsiones, se espera que la incidencia de alergias en la población occidental se duplique en 2025.

3. Resistencia a los antimicrobianos
Si bien es cierto que las vacunas y los anitbióticos supusieron una revolución en el ámbito de la salud que han tirado de la esperanza de vida hacia arriba, no es menos cierto que la situación lentamente está comenzando a cambiar. La resistencia a los antimicrobianos es una realidad en los países desarrolladosdonde muchas personas consumen de forma inadecuada antibióticos, otros lo hacen de manera abusiva, y la gran mayoría no sabemos realmente cuánta cantidad de éstos ingerimos a través de la comida (lacteos y carnes).

Según este informe de la Organización Mundial de la Salud, este tema es de gran preocupación en todo el mundo, pudiendo volver a la situación que teníamos hace décadas donde no existían antibióticos que pudieran curar unas anginas, una neumonía o una tubercolsis, enfermedades que se volvían en muchos casos fatales. De hecho, en 2011 hubo 630000 casos de tuberculosis multi-resistente.

4. Obesidad y diabetes
La obesidad y la diabetes están creciendo en todo el mundo. En esta web puede encontrarse centenares de referencias bibliográficas sobre diabetes y las posibles causas de su incremento y algunos datos interesantes sobre obesidad. Como puede apreciarse en el siguiente gráfico la prevalencia de diabetes ha crecido no linealmente en las últimas décadas, coincidiendo con el incremento en la fabricación de productos químicos. Como bien sabemos, la asociación no implica causalidad, pero tanto el incremento de la exposición a tóxicos medioambientales, como a la contaminación electromagnética ha crecido exponencialmente desde los años 50 del siglo pasado. Esta es una de las hipótesis sobre las que el doctor Sam Milham sustenta su afirmación de que la obesidad y diabetes (al margen de otro tipo de enfermedades) están relacionadas con la electrificación.

t2dchems Y desde luego, la tendencia en la incidencia de la obesidad sigue un patrón similar, como puede verse en la figura siguiente. Tanto para diabetes como para obesidad, el incremento de su incidencia en niños es altamente preucupante.
nhanes-fig55. Enfermedades neurodegenerativas
Las esclerosis lateral amiotrófica (ELA), y las enfermedades de Parkinson y Alzheimer, son algunas de las patologías neurodegenerativas más importantes. Como he indicado anteriormente, de esto se hacía eco el artículo de J. M. García para el caso de España.

Así, por ejemplo, los datos sobre incidencia de Parkinson y Alzheimer son muy reveladores. He aquí la evolución en las últimas décadas de las muertes por Parkinson en Estados Unidos y del Alzheimer en Finlandia, respectivamente.

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Conclusión
Es innegable el incremento de la esperanza de vida en los países occidentales en los últimos 100 años. La mejora de la higiene, los avances médicos, las vacunas, los antibióticos, entre otros factores, han disminuido la mortalidad infantil y han mejorado las expectativas de vida de los mayores de 65 años. Sin embargo, la vida tiene  un límite biológico que se mantiene prácticamente constante a lo largo de los siglos, estando su último (o penúltimo) peldaño en la escalera de los 90 años. Por tanto, no vivimos más, sino que muchos de los que morían antes de lo debido  lo hacen ahora después. Y desde luego la probabilidad de llegar “tan lejos” no es para todas las subpoblaciones igual; los estilos de vida condicionan claramente el paisaje de la longevidad, tal y como he comentado al comparar los jugadores de béisbol frente a los ganadore del Premio Nobel.

Si este incremento de la vida ha venido de la mano de una mejor salud es otro cantar.  Es cierto que hay disminución en las enfermedades del aparato circulatorio (en el caso visto de España),  y también que el consumo de tabaco ha decrecido ostensiblemente (no en todos los países por igual, por cierto). Sin embargo, este último hecho no ha afectado a la incidencia global de cáncer (sí sobre algunos en concreto, como el de pulmón para el hombre), lo que indica que hay otros factores ambientales que están enfermando a la sociedad.

Obesidad, diabetes, alergias, cáncer, enfermedades neurodegenerativas y resistencia a los antibióticos son serias amenazas a la salud de los occidentales, con consecuencias muy graves económicas (una sociedad enferma es menos productiva y necesita mayores costes médicos), y sociales. Y aunque el envejecimiento de la población pueda explicar parte de la incidencia de casos de cáncer y enfermedades neurodegenerativas, los datos en niños sobre cáncer, alergias, obesidad y diabetes muestran claramente que hay otros muchos elementos a tener en cuenta.

La continua exposición a los tóxicos medioambientales (alimentación, polución, radiación electromagnética, etc.) afecta, entre otros,  al sistema inmune y al ADN, y están contribuyendo a construir una  sociedad enferma que vive más, es cierto, pero a un precio que muchos quizá no hubieran deseado pagar.

En cualquier caso el mensaje debe ser positivo en el sentido de que, siendo conscientes de esta información, en nuestra mano está seguir manteniendo este nivel tecnológico, pero legislando adecuadamente para proteger al ciudadano de los hórridos intereses de  algunas industrias y gobernantes. El progreso tecnológico y económico no debe ser paradójico, y puede convivir con los intereses de la salud. Sólo hace falta que el ciudadano esté informado, despierte de ese letargo inducido, y emprenda las acciones pertinentes para cambiar esta situación.

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