(#369). LA RADIOFRECUENCIA DEBERÍA CONSIDERARSE CANCERÍGENO SEGURO; EL USO EXCESIVO DEL MÓVIL INCREMENTA EL RIESGO DE TUMORES CEREBRALES Revisión de estudios epidemiológicos publicados desde que en 2011 la IARC considerara la radiofrecuencia como posible cancerígeno (2B)

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[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En este artículo publicado en Environmental Research, los autores abogan claramente por cambiar la consideración de la radiofrecuencia de posible cancerígeno a cancerígeno seguro. Para ello revisan varios de los artículos más relevantes publicados desde que, en 2011, la IARC catalogara esas emisiones como posible cancerígeno.

Estudios caso-control: glioma

La investigación de Aydin et al. (2011) realizada en niños con tumores cerebrales entre 2004 y 2008 en Noruega, Suecia, Dinamarca y Suiza, en niños y adolescentes entre 7 y 19 años, arroja resultados poco claros. Aunque las conclusiones reportadas no relacionaron el riesgo de tumor con el uso del teléfono móvil, un visionado más detallado de los resultados puede ofrecer interpretaciones diferentes (ver tabla).

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Como indican los autores, cuando se tomaron los datos del operador (y no los propiamente dados por los participantes) se aprecia un patrón significativo de respuesta a la dosis. Además, la tendencia encontrada en la respuesta a la dosis de exposición ipsilateral y contralateral, también bordea la significación al 95% (y recordemos que ese 95% no es ningún valor sagrado). Por tanto, mirando los datos en su totalidad, se podrían interpretar de manera diferente, y hay razones para considerar que puede haber una asociación.

El estudio de Cardis et al. (2011), también arroja una respuesta a la dosis significativa, en esta ocasión considerando la dosis como radiación absorbida, y la respuesta como el riesgo de glioma y meningioma en 5 países (Australia, Canadá, Francia, Israel y Nueva Zelanda). La siguiente tabla muestra un resumen de los resultados.

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Hardell et al. (2013b), por su parte, en su estudio sobre cánceres cerebrales en Suecia entre 2007 y 2009, muestra también resultados significativos en función del tiempo de uso (ver tabla).

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El estudio de Coureau et al. (2014), realizado en Francia entre 2004 y 2006 en personas con tumores cerebrales, de nuevo muestra un mayor riesgo con el incremento de tiempo de exposición (ver tabla).

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Las investigaciones de Hardell & Carlberg (2015) y de Akhavan-Sigari et al. (2014) también muestran resultados a favor de la relación causal, mientras que Grell et al. (2016) y Momoli et al. (2017) re analizaron datos del estudio INTERPHONE, y encontraron  que el riesgo de glioma se incrementaba con una mayor exposición., y que cambios genéticos asociados a efectos cancerígenos (mutación de la proteína supresora de tumores p53) se ligaban también a un mayor uso.

Estudios caso-control: meningioma

Los estudios de Cardis et al. (2011) y Couerau et al. (2014) encontraron sólo un incremento de riesgo significativo para usuarios con alta exposición (ver tablas siguientes).

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b369_7Carbelg et al. (2013) no encontraron asociaciones significativas, pero Carlberg & Hardell (2015), en su estudio agregados entre los años 1997-2003 y 2007-2009, de nuevo encontraron un mayor riesgo para altas exposiciones (ver tabla).
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Estudios caso-control de otros tipos de tumores

Destacan los estudios sobre Schwannoma vestibular de Moon et al. (2014) y Petterson et al. (2014) donde, en el caso del estudio de Moon et al. (2014) se encontró que los tumores tenían mayor volumen en función del tiempo de exposición y del uso del teléfono móvil.

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Estudios de cohortes

La investigación de Frei et al. (2011) con un seguimiento de casi medio millón de personas durante más de una década no encontró asociación con el uso del teléfono móvil en cuanto a la incidencia glioma y meningioma. Este resultado, bastante relevante, sin embargo está sujeto a las críticas que los autores identifican: los usuarios que más habían empleado el teléfono móvil estaban considerados en el grupo de no expuestos, y aquellos que empezaron a usar el teléfono después de que la primera cohorte fuera establecida también se incluyeron en la categoría de no expuestos.

Sin embargo, el estudio de Benson et al. (2013), pese a realizar una medida limitada de la exposición al móvil no reportaron un incremento de riesgo de glioma, pero sí de Schwannoma vestibular. Ese estudio se realizó sobre un millón de mujeres en el Reino Unido.

Incidencia de tumores cerebrales

Los autores comentan varios estudios que han encontrado incrementos significativos de incidencia de tumores cerebrales. Por ejemplo, Baldi et al. (2011) en el periodo 2000-2007 encontraron una creciente incidencia de meningiomas (ver tabla), y globalmente también en el sistema nervioso central.

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Dobes et al. (2011), en el periodo 2000-2008 en Australia, encontraron una mayor incidencia de gliobastoma multiforme, y también en meningiomas en hombres, aunque una menor incidencia de Schwannomas (ver tabla).b369_12

Zada et al. (2012), por su parte, examinaron datos de 3 registros de cáncer en Estados Unidos, encontrando incrementos en el glioma y el gliobastoma multiforme (ver tabla).

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Sato et al. (2016) examinaron la incidencia de cáncer de cerebro en Japón, y los resultados mostraron un crecimiento significativo en los grupos de edad entre 20-29 y 30-39 años, durante el periodo 1993-2010 (ver tabla).

Series de casos

De interés también es el estudio de West et al. (2013) sobre casos de mujeres jóvenes que llevaban el teléfono móvil en sus sujetadores y desarrollaron cáncer de mama (ver tabla).

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Los estudios de Peleg et al. (2012) y Peleg et al. (2018) sobre clusters de cáncer en trabajadores jóvenes de instalaciones de telecomunicaciones, y el estudio de Stein et al. (2011) sobre personal militar mostraron asimismo incidencias de cáncer por encima de lo esperado.

Comentarios

Como bien indican los autores, tanto los estudios caso-control como los de cohortes tienen limitaciones, pero esos posibles sesgos (sobre todo el de mala clasificación) tienden a favorecer la hipótesis nula (no efecto).  No obstante, y teniendo en cuenta además de que 3 metanálisis recientes han encontrado un incremento significativo de riesgo de glioma en personas que han usado el móvil 10 o más años (Bortkiewicz et al., 2017; Prasad et al., 2017; Yang et al., 2017), los resultados (tomados con una perspectiva global) están más cerca del cancerígeno seguro que del posible cancerígeno.

Esto es lo que defienden los autores de este artículo, y abogan porque la IARC tan rápido como sea posible, tenga en cuenta esta evidencia y pase a catalogar la radiofrecuencia como cancerígeno tipo 1. Obviamente, esta evidencia debe contemplarse en conjunción con los estudios experimentales en animales, en especial los recientes resultados encontrados por el Instituto Ramazzini y el Programa Nacional de Toxicología de Estados Unidos.

Los autores defienden la aplicación del principio de precaución, y también el disfrute de la tecnología inalámbrica pero con una adecuada labor educativa sobre los riesgos que  conlleva, así como una mejor y más adecuada regulación.

Además, el cáncer no es el único efecto negativo que este tipo de radiación puede causar, sino que la elecrohipersensibilidad, la disminución de la calidad del esperma o la pérdida de audición están también reportadas en la investigación. Esto, por sí solo, ya debería suponer una alerta pública sobre los perjuicios de usar indebidamente esta tecnología.

Bajo mi punto de vista, los estudios epidemiológicos mostrados indican globalmente un mayor riesgo de cáncer cerebral para usos prolongados y altos del teléfono móvil, lo que es en sí importante, pero que quizá podría llevar a una percepción inadecuada del riesgo. Los datos de esos estudios están en su mayor parte obtenidos hace varios años, cuando el despliegue y el uso de la tecnología inalámbrica era mucho menor. Por tanto, habría que preguntarse qué sucedería en usuarios moderados de teléfono móvil (referidos a las llamadas) pero que tienen un uso muy activo de la conexión inalámbrica.

Asimismo, y como también indican los autores, las poblaciones más vulnerables deberían de ser especialmente cautas, y los sistemas de salud pública establecer acciones para protegerlas. Reducir la exposición de los niños, tanto en casa como en los centros educativos es esencial.

Finalmente, y aunque no es habitual en las revisiones de artículos que hago en esta web, pongo a continuación todas las referencias del estudio, porque en este caso, lo creo fundamental para su entendimiento y para ampliar información.

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LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Miller, A. B. et al.  (2018).Cancer epidemiology update, following the 2011 IARC evaluation of radiofrequency electromagnetic fields (Monograph 102). Environmental Research, doi: 10.1016/j.envres.2018.06.043
 
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