(#433). ETIOPÍA, LA NUEVA CANTERA DE EXPLOTACIÓN PARA LAS MARCAS DE ROPA

[MONOTEMA] Esclarecedor reportaje de la televisión alemana Das Erste, sobre la nueva “moda” de producir textil en Etiopía.

Tras la catástrofe del Rana Plaza en Bangladesh, ocurrida en 2013, la industria busca nuevos lugares donde seguir con su dinámica de explotación al menor coste posible. Pese a que, incluso desde el gobierno alemán, se ha vendido que es una nueva oportunidad para comenzar de cero y hacer las cosas mejor en el sector, lo que muestra esta investigación es todo lo contrario, es decir, se siguen reproduciendo los mismos dramas y la misma situación de esclavitud moderna, pero ahora a un coste base de $26 al mes.

El reportaje muestra fábricas modernas, visitadas por políticos alemanes, y que dan una primera sensación de condiciones dignas. Pero, al rascar un poco, se ve que no es así.

Los investigadores se dan cuenta que la presión por conseguir cuotas de producción, los salarios de miseria, y la forma de tratar a los trabajadores como si fueran esclavos siguen siendo una característica de este modo de producción.

Tras visitar a algunas trabajadores que viven en condiciones infra humanas, ellas cuentan que eso no es lo que esperaban cuando comenzaron en la fábrica. Ganan entre $23 y $35 al mes y no les da para nada, sólo para apenas subsistir. No se sienten humanas.

Cuando los reporteros les enseñan a las trabajadores lo que dice H&M en relación a su objetivo de pagar salarios dignos, y lo mucho que están trabajando en este sentido, las empleadas contestan atónitas que ojalá la marca sueca cumpliera la mitad de lo que dice, que con eso sería incluso suficiente.

El propio gobierno de Etiopía está tratando de “vender” su país como el más barato para producir, “la mitad de lo que se paga en Bangladesh”. Es una dinámica terrible, porque ya es difícil imaginar cuál será el próximo país que quiera “ganar” a Etiopía en salarios de miseria.

Cuando se le pregunta al responsable de la fábrica al respecto, dice que entiende que el salario que ganan los empleados no les permita llevar una vida digna, y ofrece la solución de incrementar la productividad. Vaya, incrementar todavía más la presión por las cuotas de producción, que conllevan desmayos, no poder ir al servicio, no cobrar si enfermas, insultarles, acoso sexual, prohibición de hablar entre ellos, trabajar horas extra permanentemente, etc.

Claro, los trabajadores, en este nuevo infierno disfrazado de fábricas de bonita apariencia, poco pueden hacer, más allá de quejarse a investigadores como estos. No tienen la capacidad de organizarse correctamente, en un casi inexistente movimiento sindical.

Tanto el Gobierno alemán, como H$M y Kik (las marca afectadas) dicen que investigarán lo que ocurre. Es la “respuesta tipo”,  la que ya tristemente conocemos tras décadas de explotación laboral

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(#418). GRANDES MARCAS TEXTILES Y COMPROMISOS INCUMPLIDOS

[MONOTEMA] Un reciente informe realizado por investigadores del Sheffield Political Economy Research Institute (SPERI), de la Universidad de Sheffield, pone de manifiesto los incumplimientos de los compromisos de numerosas compañías textiles sobre el pago de salarios dignos.

No sólo el caso comentado en este blog de H&M, sino otras compañías como PVH (poseedora the Tommy Hilfiger y Calvin Klein) tienen el objetivo de pagar a todos los trabajadores no menos de un salario digno. También Primark estipula esta meta en el código de conducta para sus proveedores.

El objetivo de este informe es analizar los compromisos adquiridos por 20 grandes compañías textiles y evaluar su cumplimiento. Para ello, se ha empleado una encuesta diseminada por Clean Clothes Campaign, completada con diferentes fuentes adicionales de información (fuentes secundarias y encuestas a otras empresas del sector). Las compañías que respondieraon a la encuesta fueron: Adidas, C&A, Decathlon, G-Star RAW, Gucci, H&M, Inditex, Nike, Primark, Puma, PVH, Tchibo, Under Armour, Fast Retailing/Uniqlo. Las que no respondieron fueron: Amazon, Fruit of the Loom, GAP, Hugo Boss, Levi Strauss, Zalando.

Los resultados muestran que, a pesar de que algunas corporaciones se han comprometido a pagar salarios dignos, esos compromisos no se han trasladado en acciones con efectos significativos o resultados satisfactorios. Aunque hay algunos signos de progreso, lo cierto es que las compañías emplean la alusión al objetivo de pagar salarios dignos como una labor más de relaciones públicas que no se traduce en una mejora tangible para los trabajadores.

Según la Organización Internacional del Trabajo, se estiman unos 60 millones de trabajadores textiles en todo el mundo, de los que aproximadamente un 80% son mujeres. Un 60% de esa fuerza de trabajo se sitúa en Asia, donde los salarios mínimos están a menudo por debajo de la línea oficial de pobreza.

Una muestra del ingente negocio que generan estas compañías es la siguiente: el producto interior bruto de Camboya (uno de los países “preferidos” por su bajo coste) fue de $22.2 billones en 2017, mientras que las ventas de Zara en 2017 fueron de $29 millones, las de Nike en 2018 fueron de 35 billones, y las de Christian Dior en 2018 fueron de $49 millones.

Aunque existen varias defininciones de lo que es un salario digno, los autores citan la propuesta por Clean Clothes Campaign: “ganancias obtenidas en una semana estándar de trabajo (no más de 48 horas) que permiten al trabajador comprar comida para él y su familia, pagar la renta, los servicios de salud, y cubrir las necesidades básicas de vestimenta, transporte y educación, además de ahorrar una pequeña cantidad para hacer frente a imprevistos”.

Resultados de la investigación

Todas las compañías, excepto Amazon y Decathlon, están implicadas en varios acuerdos de colaboración, iniciativas para mejorar los salarios de los trabajadores, como ACT, Fair Labor Association Fair Compensation Programme, German-Dutch Sustainable Textiles Cooperation Agreement, Fair Wage Approach, Ethical Trading Initiative, IndustriALL Global Framework Agreement, ILO Better Work. Sin embargo, cada iniciativa toma una visión diferente en relación al camino a seguir para mejorar los salarios y, lo que es más importante, existe poca evidencia de que estos programas contribuyan realmente a una mejora de esos sueldos. Si las grandes corporaciones no cambian sus prácticas de compra se hace difícil que los proveedores modifiquen su forma de pagar a los trabajadores. Todas estas iniciativas voluntarias son, por el momento, muy poco existosas para provocar cambios, pese a que 13 de las 14 compañías encuestadas dicen que están comprometidas a pagar salarios dignos.

Aunque en varios códigos de conducta que las corporaciones exigen a sus proveedores se nombra la aspiración a conseguir salarios dignos, se queda en eso, un aspiración, porque no se concreta en medidas específicas para conseguirlo. Por lo tanto, se permite que se viole el código sin romper el contrato.

Es más, sólo 6 de las compañías encuestadas concebía el concepto de salario digno como un dinero que debe también cubrir las necesidades de las familias de los trabajadores y no sólo de ellos a nivel particular, y sólo 4 de esas 6 corporaciones tiene en el código de conducta ese compromiso.

Sin embargo, no existe una clara hoja de ruta para conseguir esos objetivos, no hay ningún plan temporal para ello.

Aunque la gran mayoría de compañías emplea una combinación de auditorías internas y externas, son insuficientes debido a la evidencia sobre la manipulación de las auditorías externas (conflictos de interés y “entrenamiento” de los trabajadores para dar las respuestas “adecuadas”). Además, como no hay aspectos concretos que evaluar sobre el compromiso de alcanzar el salario digno, se hace complicada la evaluación.

La falta de transparencia de las corporaciones en relación a los salarios que se paga en la cadena de suministro sigue siendo una característica del sector. Aunque algunas de ellas publiquen una lista de proveedores, son incapaces de dar datos sobre los salarios pagados.

Como concluyen los autores, los consumidores están comprando productos creyendo que están hechos por trabajadores que cobran un salario digno, cuando la realidad sigue siendo que ganan muy por debajo de ese nivel.

Una de las recomendaciones de los autores es que la Organización Mundial del Trabajo defina claramente qué es un salario digno, y que ello pudiera emplearse como un benchmark real para todos los países donde opera la industria (obviamente calculando un salario digno para cada páis, una vez unificada su definición).

En definitiva, este estudio demuestra una vez más que las iniciativas voluntarias son una forma de relaciones públicas, de actividad de marketing que no se traduce (o lo hace de manera insuficiente) en el cumplimiento de los propios compromisos adquiridos.

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(#417). LOS ACCIONISTAS DE H&M VOTAN NO A LOS SALARIOS DIGNOS

[DESPIERTA] Tras prometer a bombo y platillo en 2013 que en 5 años como máximo pagaría salarios dignos en toda su cadena de suministro, H&M, el gigante de la moda, ha decidido no hacerlo.

En una reunión de accionistas acaecida a comienzos de mayo de 2019, estos han desestimado que los 850000 trabajadores que hacen la ropa a cambio de salarios que, en la mayoría de los casos, son insuficientes para llevar una vida digna, continúen en esa situación.

H&M repartiría 1600 millones de euros en dividendos entre sus accionistas, a no ser que decidieran utilizar parte de ese dinero para cumplir la promesa que habían realizado en 2013. Sin embargo, sólo 20 de los casi 600 accionistas que estaban presentes votaron a favor de la propuesta. En el siguiente vídeo se muestra un resumen de lo acontecido:

H&M continúa vendiéndose en su web con expresiones como esta:

To use our influence to bring systemic change to the entire fashion industry is one of H&M Group’s greatest missions — from improving the livelihood of the people working in our suppliers’ factories to encouraging our customers to recycle their clothes through our garment recycling scheme

We want our customers to be proud of what they wear, not only because they look and feel good in their clothes, but also because of the way the clothes have been made and the environmental and social impact the garments have had.

“Improving the livelihood of the people working in our suppliers’ factories”….El mundo del marketing es así.

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(#416). LAS MAQUILAS EN LAS ZONAS FRANCAS DE EL SALVADOR

[DESPIERTA] Las maquilas de El Salvador continúan teniendo un trato fiscal favorable pese a las múltiples evidencias sobre explotación laboral. Según el reportaje realizado por la revista Gatoencerrado, un 20% de ellas siguen recibiendo los beneficios asociados a las zonas francas pese haber sido sancionadas entre 2016 y 2017 por vulnerar los derechos de los trabajadores.

El artículo 29 de Ley de Zona Francas (LEZOFIC) indica que las empresas que se acogen a esta norma deben de cumplir obligaciones laborales para tener derechos a las exenciones de impuesto, entre ellas están: derechos a asociación y sindicalización de los trabajadores; el respeto al salario mínimo, horas laborales, salud y seguridad ocupacional; pago de indemnización, vacaciones y aguinaldo, entre otras

Las zonas francas de exportación son unos lugares de privilegio dentro de un país donde las empresas afincadas allí se benefician de unos beneficios fiscales determinados. En el caso de El Salvador existen 17 zonas francas en las que las más de 100 maquilas allí establecidas están exentas del pago del impuesto sobre los Derechos Arancelarios a la Importación, impuesto de importación, impuesto municipal e impuesto sobre la renta. Además, como el reportaje indica, también se les beneficia con la exoneración de impuestos por importación o transferencia de bienes muebles y bienes raíces, los impuesto municipales sobre activuo y patrimonio, y el impuesto sobre el valor agregado (IVA).

Los testimonios sobre el maltrato que sufren los trabajadores de las maquilas, muestran que se sigue en una situación de precariedad, con una vulneración constante de los derechos laborales básicos. El siguiente vídeo es una muestra de ello:

Los incentivos fiscales en El Salvador, equivalen al 5% del PIB, es decir, tal como indica esta investigación, el país deja de percibir $1200 millones al año, un porcentaje que equivale al doble de lo que el país gasta en salud.

El Ministerio de Trabajo y Previsión Social (MTPS) sólo cuenta con 110 inspectores para todo el país, una cifra insuficiente para atender correctamente todas las demanda de inspecciones.

“El procedimiento para atender denuncia es: el inspector solicita la documentación (planillas de pago, contrato y otros); luego se entrevista a una muestra representativa de 20 personas, para posteriormente hacer su informe”, detalló.

No obstante, mujeres como Guadalupe señalan que los inspectores llegan a las maquilas, se reúnen en los salones de aire acondicionados con gerentes, jefes de recursos humanos y empleados adoctrinados, hacen sus informes de aprobación y se van, sin conocer a profundidad la realidad de los trabajadores.

En definitiva, una muestra más de la triste realidad de este sector, donde se da la paradoja además de que las empresas que tienen un trato fiscal privilegiado sujeto al cumplimiento de los derechos laborales, lo siguen manteniendo pese a que incumplen su parte del trato.

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(#386). PRINCESAS DISNEY A CAMBIO DE ESCLAVITUD

[DESPIERTA] Un nuevo informe de China Labor Watch nos vuelve a recordar en estas fechas navideñas la responsabilidad que tenemos como compradores y lo que debemos exigirle a las marcas.

The Guardian se hace eco del estudio que retrata las condiciones laborales de cuatro fábricas chinas que hacen juguetes para Disney y Lego, entre otras marcas.

Como se muestra en este gráfico, los trabajadores reciben alrededor de un céntimo de euro por cada muñeca que se vende a casi 40 (relizando el cambio de libras a euros).

b386_2Esto indica que cada trabajador recibe como salario el 0.03% del precio de venta final, cuando el fabricante recibe el 16.4% y el distribuidor el 25.9%.

Aunque más bien deberíamos hablar en femenino, ya que como ocurre en el sector textil, la mayoría son mujeres que sufren la explotación de estas gigantes multinacionales amparadas en subcontratas de fábricas con mano de obra barata.

Los trabajadores están haciendo más horas extra de las que legalmente están estipuladas. Durante los meses de mayor exigencia realizan entre 80 y 175 horas extra al mes, a pesar que la ley china marca un límite de 36.

Además, este informe revela otras violaciones de sus derechos:

– No realizan la obligada formación de 24 antes de incorporarse a su puesto en aras de aprender convivir con sustancias tóxicas y protegerse de ellas,  y manejar maquinaria peligrosa.

– No se provee a los trabajadores de suficiente equipamiento para protección contra tóxicos en la fábrica.

– No se les realiza un examen físico previo, por lo que luego es difícil dilucidar que si enferman la empresa tiene responabilidad, es decir, no se puede demostrar si una enfermedad tiene origen ocupacional.

– Los trabajadores no reciben una copia de sus contratos y no se les explican los entresijos de los mismos.

– Viven en unas condiciones indignas, en casas dormitorio en la propia fábrica donde se acumulan hasta 8 personas en una misma habitación, a veces sin agua caliente, la cual tienen que traer a las habitaciones con grandes cubos.

– Carencia de sindicatos independientes.

– Falta de canales de reclamación efectivos. Cuando los trabajadores se enfrentan a problemas en el trabajo eligen renunciar o aceptar esas dificultades sin opción a queja.

Estos son los beneficios netos que han conseguido Disney (izquierda) y Lego (derecha) en los últimos años:

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Como se puede apreciar, Disney tuvo unos beneficios en 2018 de $12600 millones, mientras que para Lego en 2017 fueron €1048.35 millones. Estos beneficios multimillonarios no se corresponden con un cuidado de los salarios para los trabajadores de la cadena de producción.

Como afirma el informe, la estimación del salario digno en China en la provincia de Guangdong está entre los $991 y los $1078 al mes. Esto indicaría que para una casa con 4 miembros, dos personas adultas deberían ganar entre $495 y $539 mensualmente como mínimo. Sin embargo, el salario base es de sólo $301.87 en la fábrica “Jetta”, $258.74 en la fábrica “Herald”,  $287.49 en la fábrica “Wah Tung”, y $247.24 en la fábrica “Lovable”. De esta manera, se ven obligados a hacer interminables horas extra para complementar esos salarios para tratar de acercarse a un salario digno.

Las marcas presionan cada año más a los suministradores para que se consigan más unidades manteniendo el mismo coste de adquisición, y eso hace que la presión repercuta sobre las condiciones laborales de los trabajadores.

Empresas como Disney o Mattel son, paradójicamente, miembros del Ethical Toy Program (ETP), que pretende trabajar para asegurar una mejor calidad de vida de los trabajadores de la cadena de suministro, mejorando sus condiciones laborales. Como indica The Guardian, miembtros del ETP dicen que tomarán nota de este informe y que trabajarán con las fábricas para revertir la situación. Veremos qué ocurre.

Mientras tanto, este informe muestra de nuevo la irresponsabilidad de estas grandes multinacionales, que de un modo u otro son copartícipes de un sistema terrible de explotación que no son capaces de solucionar, pese a los miles de millones de beneficios que acumulan en los últimos años.

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(#370). NUEVO INFORME DEL WRC SOBRE VIOLACIONES DE DERECHOS DE TRABAJADORES TEXTILES EN EL SALVADOR

[DESPIERTA]  Se acaba de publicar un nuevo informe del Workers Right Consortium (WRC), en este caso sobre las condiciones de trabajo de los empleados de “Konffetty” en El Salvador. Konffetty es el proveedor de “Vive La Fete” (VLF), una empresa estadounidense que hace ropa para niños y también logos para universidades.

Dado que WRC se dedica fundamentalmente a auditar a las fábricas que producen cualquier tipo de indumentaria para las universidades, el foco se ha puesto en el proveedor de VLF, aunque VLF sólo tenga una parte de su negocio en la ropa universitaria.

VLF se presenta en su página web como sigue (traducido literalmente):

Dedicada a la calidad y la excelencia, la misión de Vive La Fete, Inc. es ofrecer productos únicos de alta calidad para niños, con diseños excepcionales y un servicio excepcional para nuestros clientes.

Vive La Fete, Inc., ofrece estilos para todos y cada uno de sus pequeños momentos especiales, desde el clásico “hand smocking” hasta nuestros divertidos y extravagantes apliques, siempre usando los mejores tejidos. 

¡Estamos seguros de que todas nuestras prendas se convertirán en una reliquia familiar para las generaciones venideras!

Pero esas palabras tan bonitas esconden una historia detrás bastante más oscura, como el informe de WRC muestra.

La investigación se inicio a comienzos de 2017, en respuesta a una queja recibida de la organización salvadoreña “Mujeres Transformando”, sobre las condiciones de trabajo de las empleadas que realizan la jornada laboral en sus casas.

Sin embargo, y pese a que la ley de El Salvador indica que esas trabajadoras tienen los mismos derechos que las que se emplean en las fábricas. VLF argumenta que esas trabajadores estaban realizando  una especie de contratos de servicios por lo que técnicamente no eran empleadas de la fábrica y, por tanto, no estaban sujetas a esa ley, pero WRC argumenta que eso es simplemente un truco para tratar de evadir la responsabilidad, y que ello viola la ley de El Salvador.

Esas trabajadores, además, no llegaban a cobrar el salario mínimo, estipulado en $1.23 por hora. Dado que se trabaja por pieza terminada, tras entrevistar a 80 empleadas WRC estima que en promedio reciben sólo un tercio del salario mínimo.

Tampoco se pagan las horas extras ni bonos anuales. Además, no  se les provee de vacaciones pagadas, cobertura sanitaria ni contribución para la pensión. 

WRC ha propuesto medidas correctoras, entre las que destacan una estimación de la compensación que deberían recibir las trabajadoras por todos los abusos cometidos. Sin embargo, la respuesta de VLF ha sido la de, primero negar la evidencia, y luego, tras admitirla, decidir que en lugar de solucionar la situación (respetar los derechos de esas trabajadoras),  iba a cortar su relación con ellas, es decir, dejarlas sin trabajo.

Todas estas denuncias del WRC violan los códigos de conducta de las diferentes universidades que reciben productos de VLF.

En definitiva, una lamentable historia de explotación, vestida (como casi siempre) de una bonitas palabras de presentación de la compañía. Este es el uso del marketing que tristemente más se repite; una forma de enmascarar la realidad.

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(#361). NIKE Y COLIN KAEPERNICK; ¿CONTRA EL RACISMO PERO A FAVOR DE LA EXPLOTACIÓN LABORAL?

[DESPIERTA]  Jim Keady realiza una reflexión digna de comentar, acerca de la campaña de Nike para conmemorar el 30 aniversario de su tagline “Just do it”.

Nike ha empleado al ex jugador de la NFL Colin Kaepernick, quien en 2016 se arrodilló mientras sonaba el himno americano, como acción de protesta contra la brutalidad policial y el racismo que todavía hoy atraviesa las entrañas de ese país.

Otros jugadores le siguieron, y se abrió un gran debate en Estados Unidos, donde una parte de la opinión pública tachó a Kaepernick de anti-americano (Trump entre ellos).

Desde entonces el jugador está sin empleo; ningún equipo profesional lo ha fichado, y él piensa que hay una conspiración en la liga para no hacerlo debido a su acto de rebeldía.

Y ahora ha accedido a ser uno de los deportistas con los que Nike celebra su aniversario, con una frase que bien resume lo que en realidad ha sucedido: “Cree en algo. Incluso si ello significa sacrificarlo todo”.

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Jim Keady, de quien ya hablamos con detalle en nuestro monográfico sobre Nike, plantea una interesante reflexión. ¿Debe Kaepernick trasladar también su lucha a defender los derechos de miles de personas esclavizadas en las fábricas de Nike?

Keady presume (y no le falta razón) de ser el único deportista que plantó cara a Nike, al no querer llevar ninguna prenda de la marca cuando era entrenador en la Universidad de St. John. Eso le costó el puesto, y después realizó una incansable labor de activismo, viajando a Indonesia y documentando las condiciones deplorables que vivían allí los trabajadores de Nike.

Ahora Keady piensa que quizá sería pedir demasiado a Kaepernick extender su protesta por la defensa de la dignidad laboral. Si así lo hiciera, nunca debería prestarse a esta campaña de Nike.

Keady, por el contrario, pone el foco en la marca de Oregón, diciendo sin tapujos que todo es “para vender más zapatillas”. Pues sí, ciertamente, esas acciones de marketing “con causa”, están encuadradas en la planificación global de marketing de la compañía. Se trata, como dice Keady, de vender más. Y los que aún creen que este tipo de empresas tienen “alma” y “conciencia”, probablemente no conocen con suficiente detalle su historia.

Hace pocos meses comentábamos algo parecido en relación a LeBron James. ¿Por qué hay deportistas que hacen acciones sociales loables pero no se atreven a poner el foco en las marcas que los visten? Eso sí que sería una verdadera revolución.

Algunos piensan que a Nike esto le puede perjudicar, porque al contar con Kaepernick se ha ganado la antipatía de un sector de “patriotas” que consideran un crimen más importante arrodillarse ante unos acordes que ver pisoteados los derechos más fundamentales por tener un color de piel más oscuro. Nike siempre se ha posicionado como rebelde, por lo que está dentro de sus valores; están como pez en el agua.

Sin embargo, la cuestión subyacente que parece plantear Keady sigue sin respuesta. ¿Cuánto debemos pedirles a estos deportistas en cuanto a compromiso social? Seguramente hay que pedirles mucho más, incluso a estos que se atreven a alzar la voz. Seguimos esperando deportistas valientes. Cientos de miles de personas que dejan la vida haciendo sus camisetas y zapatillas también.

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(#341). NIKE Y ADIDAS SIGUEN ACUMULANDO BENEFICIOS A COSTA DE SUS EMPLEADOS

[DESPIERTA] A pocos días del inicio del Mundial de fútbol, Clean Clothes Campaing ha sacado a la luz un interesante informe en el que muestra que Nike y Adidas han incrementado su inversión en patrocinio deportivo (y también sus beneficios) a costa de seguir explotando a los trabajadores de sus fábricas, principalmente en Indonesia, Camboya y Vietam.

Nike y Adidas patrocinan a 22 de las 34 selecciones del Mundial, con contratos estratosféricos, como los 65 millones de euros al año que la marca germana paga a la selección de ese país. A nivel individual, destacan los 25 millones de dólares que Cristiano Ronaldo recibe anualmente de Nike.

Todos estos números no tendrían por qué ser objeto de crítica, si no fuera que ambas marcas siguen desatendiendo los compromisos más básicos con los trabajadores de las fábricas en el sudeste asiático. Tras is dejando progresivamente China por el aumento de los costes laborales, las principales fábricas se encuentran a hora en Indonesia, Camboya y Vietnam donde, según Clean Clothes Campaign, las violaciones de los derechos laborales son una constante, y los salarios están entre el 45% y el 65% por debajo de lo que se considera digno.

Como se puede ver en los gráficos siguientes, los ingresos y los márgenes de venta de Nike y Adidas no han parado de crecer desde el año 2005.

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No sólo los ingresos y los márgenes, también los beneficios se han disparado (en el caso de Nike) o llevan una tendencia al alza (en el caso de Adidas).

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La inversión en actividades de marketing crece, es decir, existe una dinámica creciente de inversión y beneficios que en los últimos años.

Untitled-4Nike y Adidas generan suficientes beneficios para pagar un salario digno a los trabajadores, pero no lo hacen, no está dentro de sus prioridades. Según el informe, si ambas marcas hubieran mantenido sus niveles de dividendos en el nivel de 2012 (que ya eran altos), ese dinero  se podría haber empleado en pagar un salario digno a los empleados de las fábricas. Clean Clothes estima en unos 500 millones de euros el coste añadido para Nike de pagar salarios dignos, mientras que para adidas es de poco más de 200 millones. Sus beneficios en 2017 han sido de casi 4000 y 1200 millones de euros, respectivamente. Recordemos que hace unos meses, realizamos aquí en este blog un análisis similar (aunque con diferente metodología), y concluimos también que Nike seguiría siendo ampliamente rentable si doblara o triplicara los salarios.

De igual manera, si hubieran mantenido sus gastos de marketing al nivel de 2012, ese dinero ahorrado podría haber cubierto también los salarios dignos. Adidas pagó en 2017 11 millones de euros más a Messi con respecto  a lo que pagó a Zidane 15 años antes, una suma que podría haber permitido pagar un salario digno a 44170 trabajadores en Indonesia, y a 52600 en Vietnam.

En definitiva, un informe que es conveniente leer antes de que alguno “sufra” por sus jugadores y equipos favoritos en el Mundial, y que va muy en la línea de lo que llevamos 2 años demandando en Stars for Workers.

Por cierto, is os compráis una camiseta de la selección, se estima que únicamente el 1% de ese precio va a salarios para los trabajadores, meintras que el 14.5% va al beneficio de Adidas, y el 4.5% al de la Federación.

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(#324). LOS KOCH, O COMO EL MARKETING HUMANIZA AL VILLANO

[MONOTEMA] El extraño caso de los hermanos Koch. Tal vez ese podría ser el título de una buena historia, en una especie de homenaje posmoderno a Robert Louis Stevenson.

A través de uno de sus muchos tentáculos han lanzado una nueva campaña en medios, con el spot televisivo que se muestra a continuación:

Como bien explica Linskey (2018), Industrias Koch aparece ahora defendiendo la inmigración, los “Dreamers”, esos inmigrantes sin papeles traídos desde pequeños a su país. Los multimillonarios hermanos están pidiendo una legislación que los proteja. No quieren que se vayan, no quiere que Trump los deporte.

En el último año han regresado unos 50000 mexicanos, tal y como explica este vídeo:

Algunos de ellos chicos jóvenes, incluso recién graduados en el instituto están volviendo para evitar el riesgo de ser deportados y no poder regresar jamás a Estados Unidos con sus familias.

Obama introdujo el programa DACA en 2012, precisamente para atender a este inmenso colectivo  de personas que se encontraban en una situación legalmente comprometida. Trump, amenazó con suprimirlo, pero parece que se ha encontrado con la oposición judicial.

El juego de los Koch

¿A qué están jugando los hermanos Koch? En esta web hemos hablado ya varias veces de su ideario y acciones, como por ejemplo: (1) Financiar esa maquinaria de propaganda ultraliberal que es la Fundación Heritage; (2) Impulsar el nuevo plan de impuestos de Trump (obviamente favorable para las grandes empresas); (3) Realizar todo tipo de barbaridades ambientales; (4) Ponerse en contra de la reforma sanitaria de Trump por parecerle demasiado laxa (demasiado benevolente con los más necesitados).

¿Cómo es que ahora parecen defender a los inmigrantes? En teoría va en contra de su forma de ver la economía y sociedad, y más teniendo en cuenta su historial de apoyos a medidas que precisamente chocaban con la defensa de los derechos laborales. Pero hay que hilar un poco más fino en esta ocasión.

Como hemos apuntado hace un momento, no es la primera vez que se posicionan en contra de la política de Trump. En este caso, los Koch no tienen amigos, defienden sus intereses, que son intereses de clase. Si Trump no “funciona” como ellos quieren no dudarán en oponerse y seguir su camino recto hacia la multiplicación de su fortuna. Cueste lo que cueste.

Más bien, su acción de defensa de los Dreamers obedece a una estrategia de contra marketing, tan habitual en el sector del tabaco o del azúcar. Es una manera de obtener una respuesta favorable a nivel de imagen, porque cuando uno posee una industria tan poderosa no puede estar siempre en el ojo del huracán como los más abyectos villanos. De vez en cuando hay que ir creando una buena opinión, una imagen que trate de tapar las tropelías hechas por otro lado. Una donación aquí, unos naming rights allá, y una campaña publicitaría más para congraciarse con un sector de población que los ven como los malos entre los malos.

Humanizando al villano

Dr. Jekyll y Mr. Hyde, esas dos caras que señalan una de las metáforas profundas que Gerald Zaltman explicaba en su guiño al concepto de arquetipo. Esa lucha por el equilibiro, la tensión entre el bien y el mal, la aceptación de lo humano en lo divino, y de lo divino en lo humano.

La paradoja, la contradicción,  Dionisio frente a Apolo, y todo ello en la misma persona. Esa es la realidad de los hombres, lo que nos hace la vida sinusoidal, hiperbólica, ondulatoria y maravillosa.

La aceptación del equilibrio como metáfora profunda es una forma perversa de manipularnos. Los Koch (y sus agencias de relaciones públicas) lo saben. Son malos pero también buenos, hacen daño pero también luchan por evitarlo. Es la justificación del mal porque también hay bien, la justificación del odio porque también hay compasión, la justificación del error porque también hay aciertos.

Perverso. Muy perverso. De este modo, se construye una imagen humana de algo que no lo es. Y se conecta emocionalmente con millones de personas que se reflejan en un equilibrio que marca sus vidas, no todo es lineal, nadie es 100% bueno ni 100% malo, la máscara de Nietzsche frente a la esencia sombría. Se humaniza al villano, y se consigue la aceptación social. Y aparecen dichos, frases hechas con mayor o menor fortuna: quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, nadie es un ángel, todos tenemos un lado oscuro. Y se normaliza lo terrible, se justifica, e incluso se empatiza con ello. Es la sombra de Jung, el retrato de Dorian Grey.

Pero aún falta completar la obra, poner el colofón, realizar el giro argumental. Una vez que el villano se humaniza sentimos el inexorable deseo de ver más bondad en él. Queremos que se transforme, que salga de la oscuridad para abrazar la luz, que esa humanidad que hemos visto se refleje en el último acto de metamorfosis. Y entonces ese villano entra en nuestros corazones. La metáfora profunda de la transformación, de nuevo en la terminología de Zaltman, de nuevo siendo cómplice de los arquetipos de Jung.

Los profesionales del marketing lo saben, lo manejan desde su creída superioridad intelectual; muchos se jactan de saber moldear las percepciones a su antojo porque conocen ciertos principios de la psicología y sociología. En realidad, no son especiales, aunque algunos de ellos sí que lo crean por simplemente saber identificar las debilidades humanas.

Los Koch, por tanto, han entrado desde hace tiempo en el juego de la metáfora, en la ingeniería de las percepciones, en la humanización robotizada. Han construido su propia historia de redención, su propio relato de la contradicción, su propia forma de convertir tanta maldad en evanescencia y tan poca bondad en un legado.

Es demasiado perverso.

Cómo citar este artículo: Martínez, J. A. (2018, abril 25). Los Koch, o cómo el marketing humaniza al villano. Descargado desde www.cienciasinmiedo.es/b324

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(#289). SEWING HOPE; SALARIO DIGNO EN LA INDUSTRIA TEXTIL

[MONOTEMA] Llega por fin con detalle la historia de Alta Gracia, la fábrica textil situada en la República Dominicana cuyos trabajadores reciben un salario digno, algo totalmente inusual en esta industria.

Surgida en 2010, Alta Gracia se ha convertido en una especie de experimento real, con muchos ojos puestos sobre ella y su potencial capacidad para sobrevivir en un mercado donde prima la competencia en costes a través de la explotación laboral y las condiciones de trabajo esclavas.

 

Si en este 2017 Slave to Fashion ha puesto nombres y caras a vivencias lamentables de explotación laboral en las fábricas textiles, Sewing Hope nos muestra identidades de personas que han podido salir de la pobreza, mejorar las condiciones de sus familias, y tener una vida donde algunos sueños están incluso permitidos.

Aunque su vida es todavía muy corta, la historia de Alta Gracia tiene la profundidad y los matices necesarios como para poner sobre la mesa cuestiones esenciales para esta industria y, de forma más general, para el sistema capitalista neoliberal.

En este post voy a exponer algunos de los aspectos más destacados del libro, con el fin de ayudar a su comprensión e incentivar su lectura.

Los autores

El libro está escrito por Sarah Adler-Milstein y John M. Kline, quienes han vivido desde diferentes ópticas el desarrollo del proyecto, y lo han hecho desde prácticamente el inicio, y con gran implicación.

Adler-Milstein es una activista que ha trabajado para el Workers Right Consortium (WRC), que es probablemente la única entidad con el grado de independencia necesario para auditar válidamente factorías textiles. La autora se involucró en los primeros años de la compañía, supervisando su funcionamiento, y trabajando asimismo por los derechos laborales en diferentes países de Latinoamérica.

Alder-Milstein conoció a John M. Kline en 2010, profesor de la Universidad de Georgetown, con una amplia trayectoria en la investigación en ética y diplomacia en los negocios, quien rápidamente se interesó por el caso de Alta Gracia y lo ha seguido muy de cerca hasta el día de hoy.

Ambos autores han volcado las experiencias vividas durante estos años en este recomendable libro, donde el vínculo especial que han creado con algunos de los trabajadores dominicanos se hace palpable.

Para ellos, la enseñanza que muestra Alta Gracia es que no hay ninguna razón para que las grandes empresas del sector paguen también salarios dignos a sus trabajadores. Veremos, no obstante, algunos matices a esta consideración a continuación. 

Una explicación detallada del caso de Alta Gracia también puede encontrarse en el podcast de Doble Cara, junto a Antonio J. Mayor.

Programas de Doble Cara

Los antecedentes

El libro comienza contando la historia de Yenny Pérez, quien con sólo 14 años llegó a Villa Alta Gracia para buscar empleo en BJ&B, una fábrica de origen coreano que producía equipamiento universitario para las licencias de Nike y Reebok. Era el año 1991, y pese a que en la entrevista de trabajo descubrieron que no era más que una niña, la contrataron. 

Así empezó Yenny un calvario que duraría más de una década, primero en BJ&B, luego en otra factoría vecina (TK), para volver de nuevo a la primera. Salarios míseros, horas interminables, condiciones higiénicas deplorables, acoso…, en fin, las características comunes que tantas veces he contado en este blog.

Sin embargo Yenny no se conformaba con eso, y planteó la posibilidad de crear un sindicato, y luchar por los derechos de todos los trabajadores, hasta entonces explotados. Afortunadamente contó con el apoyo de WRC, que presionaba a las Universidades para que otorgaran contratos de licencia que cumplieran unos mínimos estándares. Esto llevó incluso a Yenny a dar conferencias en diversas universidades norteamericanas, y en convertir su lucha en un icono de tantas luchas similares, la mayoría desconocidas o silenciadas.

Pero BJ&B no se quedó de brazos cruzados, y empleó tretas que, desgraciadamente, son comunes en el sector. Colaboró para poner a otros trabajadores en contra de Yenny y sus propuestas, con la amenaza encubierta de que este tipo de movilizaciones podrían acabar por cerrar la fábrica. Y claro, más vale trabajar míseramente que quedarse sin trabajo. La clásica cantinela del que esclaviza, pero que también pueden asumir los esclavos.

Incluso la factoría llegó a realizar donaciones a las iglesias locales para que el párroco en sus dicursos rompiera una lanza a favor de la empresa, de la prosperidad que había traído, y de las fatales consecuencias de continuar por el camino de las protestas. Al fin y al cabo estaban defendiendo derechos humanos, algo que, por lo visto, no era asunto de enjundia para el clero.

Y vaya, finalmente BJ&B cerró, ya fuera por la propia indolencia de Nike y Reebok en reajustar sus pedidos en base a una  mejora de las condiciones laborales, o ya fuera porque ese tipo de fábricas sólo están preparadas para exprimir al trabajador y no son capaces de reconvertirse a producir dignamente. Los malos presagios se materializaron. Pero la lucha y la dignidad permaneció.

Nace Alta Gracia

Gracias a Scott Nova, director ejecutivo de WRC, y Joe Bozich, CEO de Knights Apparel, nacería la única fábrica textil que paga salarios dignos. Bazich había vivido una historia personal muy dolorosa, un sufrimiento que le incitó a hacer algo realmente loable en los negocios. Él podía pagar a los médicos para sobrellevar sus desgracias familiares, pero los trabajadores textiles no podían hacerlo llegados a ese caso. Catarsis, lo llamarían algunos, quizá por no admitir que fue un simple ejercicio de empatía que todos los grandes ejecutivos tendrían que hacer por defecto. Pero esa empatía no existe en el mundo de las primas por objetivos y los grandes salarios de encorbatados. Tal vez por eso cuando ocurre un caso como el de Bozich, lo elevamos a una categoría especial. Sea como fuere, Bozich hizo lo que casi nadie hace.

Entonces comenzaron una aventura en el que en primer lugar tenían que fijar un salario digno. La industria trabajaba con salarios medios que hacían necesario que un sueldo digno fuera entre el 200% y el 500%. Son números a veces confusos. Un 200% unos lo interpretan como el doble del salario actual, y otros como el triple. Así, si alguien ganaba $0.83 por hora, un 200% sería $1.66 por hora para unos, y $2.49 por hora para otros. Yo me quedo con la interpretación de que $2.49 es un 200% más de $0.83, es decir, se sube un 200%, mientras que en el libro los autores parecen preferir la primera opción. Yo hablaré aquí siempre de mi interpretación. De este modo, se fijó el salario digno en un poco más de la subida del 200%: $2.83 por hora, lo que suponía unos $125 a la semana y unos $500 al mes.

Contactaron con un empresario local para ver si estaba dispuesto a emprender el proyecto siempre bajo la premisa de aceptar ese salario digno. Y también contaron con ex trabajadores de BJ&B, como Yenny Pérez. Pero al final tuvo que ser la propia Knights Apparel la que pusiera varios millones de dólares para crear la start-up, y claro, para ello tenían que convencer a sus inversores. Y no fue fácil porque el inversor quiere dinero y poco riesgo, por lo que tuvieron que maniobrar y separar legalmente Alta Gracia de Knights Apparel. ¿La solución?: Poner de gerente a un empresario de India, amigo de Donnie Hodge (otro hombre clave de Knights Apparel), y situar el domicilio fiscal en Islas Vírgenes. Sí, un paraíso fiscal.

Pero en 2015 Hanes Corporation compró Knights Apparel por $200 millones y dejó fuera la unión con Alta Gracia. Eso sí, perdonaron varios millones de deuda que la fábrica había acumulado, empleando $3 millones en recapitalizar la factoría. Comenzaba una nueva etapa para la empresa, pero hasta el día de hoy sigue sin dar beneficios. Donnie Hodge se quedaba al frente del timón.

Marketing de Alta Gracia

Alta Gracia tenía de cara muchas cosas. Primero, se había labrado una muy buena imagen en el entorno universitario, debido a los esfuerzos del WRC y a las charlas dadas por los propios integrantes de la factoría. Segundo, la United Students Against Sweatshops (USAS) estaba realizando movilizaciones en diferentes universidades para que las grandes marcas respetaran un código de conducta interno, y para fomentar que se firmaran acuerdos con empresas como Alta Gracia. Y tercero, tenían un mercado potencial tremendamente amplio (el merchandising universitario es un mercado que genera varios miles de millones de dólares en ventas), y que además estaba geográficamente muy cerca.

La marca se vende bajo la etiqueta de “comercio justo” aunque en realidad no aparece la certificación en su página web. Pero bueno, qué mayor justicia que pagar un salario digno a los trabajadores, cuando la mayoría de empresas certificadas no lo suele hacer (cobran salarios más altos que la media del sector y tienen como objetivo llegar a salarios dignos).

Y ha tenido grandes aliados en las universidades con un tratamiento muy atractivo en la Universidad de Duke, y con displays como el que se muestra debajo (derecha) en la Penn State.

Alta Gracia section of the Stores with and without employees.  Single shots of Jim Wilkerson, group shot of Jim Wilkerson and Angela Bowling, and a group shot of Jim Wilkerson, Angela Bowling, and Tom Craig.

Además, decidió utilizar a sus propios empleados como reclamo en las etiquetas, intentando tangibilizar lo que significaba comprar una prenda; adquirir una camiseta de Alta Gracia suponía estar apoyando un modo de entener los negocios en los que la dignidad del trabajor es esencial, y en el que pueden cambiar sus vidas a mejor.

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Sin embargo la banda de precios en las que venden en las universidades es muy curiosa, porque aparecen en varios bookstores a precios por debajo de productos similares de Nike (ver debajo la comparación en www.fanatics.com)

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Champion

Alta Gracia: $16.99

Nike: $25.99

Champion: $19.99

Independientemente de los descuentos que pueda hacer el distribuidor, una camiseta de Alta Gracia es más barata que una similar de Nike o Champion, marcas que evidentemente no pagan un salario digno en sus fábricas. ¿Es esa estrategia correcta? Los autores se lo plantean en el libro, y más teniendo en cuenta que la factoría sigue dando pérdidas. Parecería más adecuado tratar de diferenciar el producto con un precio primado por su consideración de comercio justo, e incrementar el margen por unidad.
 
Pero también una lectura complementaria es posible; Marcas como Nike o Champion son capaces de vender productos muy parecidos con un margen mucho mayor debido a su imagen. Eso nos da una idea del sobreprecio que el consumidor puede pagar por esos productos.
 
Alta Gracia nos muestra feacientemente que pagar un salario digno sólo supone añadir unos céntimos de dólar a cada producto. Así, para una sudadera de que se vende a $35 en las tiendas, el encarecimiento sería de unos $0.90 por unidad. Si no lo repercutimos en el consumidor, y se distribuye por la cadena de suministro, supone simplemente renunciar a un porcentaje prácticamente despreciable de los beneficios. Como, de nuevo, tantas veces hemos explicado en esta web, las grandes empresas podrían pagar un salario digno y generar ingentes beneficios, pero no quieren.
 
Pese a tener un nicho de mercado relevante, Alta Gracia sigue en números rojos. La nueva línea abierta con los Dallas Cowboys puede permitir a la factoría dominicana entrar en el segmento del deporte profesional, incrementar el volumen de pedidos y el de clientes.

Una profunda reflexión se hace necesaria

¿Puede entonces una empresa como Alta Gracia sobrevivir en este sistema económico en una industria como la textil? Pues no podemos dar una respuesta categórica todavía, aunque sí afirmar que obviamente es posible, pero con muchos matices.

Tenemos una factoría impulsada por el dinero y el know-how de un gigante del sector (Knights Apparel), situada en una zona franca en la República Dominicana, país que tiene un tratado de libre comercio con Estados Unidos, y además está registrada en un paraíso fiscal. No sólo eso, sino que aunque Alta Gracia paga un salario digno no ofrece productos con certificación orgánica, como sí lo hacen otras empresas del sector, por lo que tiene menores costes que otras compañías enfocadas a la sostenibilidad y ecología. Y, como hemos indicado, cuenta con una buena imagen de marca, un mercado potencial atractivo y un lugar privilegiado para vender a Estados Unidos. Y aún así, sufren pérdidas.

Los beneficios de estar en una zona franca son jugosos, ya que hay exención del pago de múltiples impuestos, entre ellos el equivalente al IVA de las compras o el impuesto sobre los beneficios, al menos durante los primeros años de funcionamiento. El acuerdo de libre comercio con Estados Unidos permite la exportación con ventajas a nivel arancelario a ese país. Y encima un paraíso fiscal para tratar de eludir el pago de impuestos, que ya hemos dicho que son mínimos por el privilegio de las zonas francas. En cualquier caso, y como me comenta John M. Kline en una comunicación personal, este hecho es en práctica irrelevante porque hasta ahora no hay beneficios que eludir.

Por tanto, ante unas condiciones a priori tan favorables, ¿por qué no hay beneficios? Probablemente haya que ser pacientes y esperar un poco más. Al fin y al cabo Alta Gracia ha superado el tiempo de vida de otros “experimentos similares”, como los de Just Garments (cerrada en 2007), y los de SweatX (cerrada en 2004), que fallaron por diversos motivos. Los primeros quizá porque realmente no cumplieron ni con sus propios compromisos de salario digno, y los segundos porque no fueron capaces de atender adecuadamente a la demanda y gestionar experimentadamente. Todos estos factores son claramente controlados por Alta Gracia, por lo que es de esperar que los beneficios lleguen. Veremos.

Otro elemento de reflexión se refiere a si una empresa como esta debe emplear las mismas armas del capitalismo neoliberal para generar un negocio que va en contra de la forma en la que el sistema se implementa. Me refiero a tres aspectos fundamentales: (1) zonas francas; (2) libre comercio; (3) paraísos fiscales.

Quizá alguien puede pensar que para luchar contra el sistema hay que valerse del propio sistema. Pero otros dirán que es lamentable que la defensa de un derecho humano fundamental, como es un salario digno y unas condiciones laborales apropiadas, se cimente sobre pilares que están fomentando la desigualdad, la pobreza, y por supuesto la explotación laboral (las zonas francas suelen contar con legislaciones laborales más laxas). Sin embargo, y como muy bien indica John M. Kline,  aunque Alta Gracia se encuentra en una zona franca, lo estándares laborales están muy por encima de lo que la ley marca como mínimo, y los trabajadores tienen su propio sindicado y han firmado un convenio laboral colectivo.

Y esto nos lleva a plantear una cuestión quizá infantil, pero necesaria. ¿Podría plantearse crear una marca textil produciendo con salarios dignos, fuera de una zona franca, y debidamente registrada en un país que no fuera un paraíso fiscal? Pues, quien haya leído hasta aquí, probablemente piense que sería prácticamente imposible para una start-up.

Uno de los grandes triunfos del capitalismo neoliberal y del modo de producción esclavo es precisamente anular cualquier alternativa que lo cuestione. El sistema ha creado unas condiciones que hacen extremadamente difícil sobrevivir si no te sometes a ellas. Es la perversión más absoluta. No es que estas empresas que pagan salarios dignos no puedan ser rentables per se; no lo son porque el propio sistema no lo permite. La esclavitud justificada. Tremendo.

Pero no. No debemos quedarnos con esta idea solamente. Una de las grandes enseñanzas de Alta Gracia es que las grandes compañías del sector, esos gigantes con miles de millones de euros de beneficio neto, podrían aplicar el pago de un salario digno. Esas empresas no son de nueva creación, tienen una estructura sólida, una imagen consolidada y una red de distribución asentada. No tienen que pasar por las dificultades de una empresa que nace. Ellas son las que deberían dar el paso. Pero no lo hacen.

Mientras tanto, debemos alentar la creación de marcas como People Tree, y el esfuerzo de emprendedoras como Safia Minney, por ejemplo, y otras muchas de empresas más pequeñas. Las certificaciones de comercio justo son una buena noticia, porque los salarios cobrados por las empresas adheridas son más altos que la media. Pero también hay que admitir que la banda de precios en las que se mueven este tipo de empresas se hace muy difícil de alcanzar para perfiles de consumidores que no tengan un alto poder adquisitivo.

Y aquí también obedece otra reflexión, y es que quizá deberíamos apostar por la compra de estos productos de forma esporádica en lugar de la de productos a precios más bajos de manera continua. Es un cambio en la forma de concebir el consumo y la vida. En lugar de comprar 3 vestidos al año de Zara o H&M, o 3 sudaderas de Nike o Adidas, comprar un vestido y una sudadera de una marca de comercio justo.

Quizá suene naif y paternalista, pero probablemente sea la única forma de ayudar a cambiar el sistema desde las acciones de consumo.

Conclusión

Un salario digno es posible, son sólo unos céntimos de dólar por prenda. Y ello puede hacer cambiar la vida de miles de familias de trabajadores del sector. Tener acceso a servicios médicos, a enviar a sus hijos a la universidad, a poder satisfacer las necesidades básicas de comida y energía, a poder incluso pagar un préstamo y poder ahorra. A, en definitiva, tener derecho a soñar.

El caso de Alta Gracia nos muestra una interesante conjunción de factores que hemos discutido en este post, donde hay luces y sombras, y donde nos lleva a plantearnos cuestiones mucho más profundas sobre la perversión del sistema y su capacidad para justificar la esclavitud y la desigualdad.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su Artículo 25.1 indica que todo el mundo tiene el derecho a un estándar de vida adecuado que permita el bienestar suyo y de su familia, incluyendo la comida, la ropa, la asistencia médica, el domicilio, servicios sociales, etc. De este modo, no se está pidiendo nada que no sea humanente un derecho. Y he aquí otra de las vilezas del sistema, hacer creer que un salario digno es un privilegio, en lugar de un derecho.

Recomiendo la lectura de este libro, y su discusión en las universidades. Que los alumnos de Economía y Administración de Empresas analicen y sean críticos con este caso, y que salgan de las facultades con la idea y el compromiso de crear “muchas Alta Gracias”, no sólo en el sector textil, sino en otros donde se reproducen condiciones simialres de esclavitud, como el de componentes tecnológicos, por ejemplo.

Finalmente, dejo estos dos vídeos donde se puede escuchar más información sobre este caso de la mano del propio John M. Kline:

Agradecimientos

Mi más sincero agradecimiento a John M. Kline y Safia Minney por contestar amablemente a varias cuestiones relacionadas con este artículo.

Cómo citar este artículo: Martínez, J. A. (2017, diciembre 18). Sewing Hope; Salario digno en la industria textil. Descargado desde www.cienciasinmiedo.es/b289

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