(#450). LA REGULACIÓN SOBRE ETIQUETADO Y PUBLICIDAD DE PRODUCTOS AZUCARADOS FUNCIONA EN CHILE

En un estudio publicado en Plos Medicine, los autores evaluaron la nueva ley sobre etiquetado y publicidad alimentaria en relación a su efecto sobre el consumo de bebidas azucaradas.

Debido al prevelante problema de obesidad, se están implementando medidas de regulación en diversas localizaciones geográficas, la mayoría con efectividad manifiesta, como hemos comentado en otros posts. Los autores identificaron 42 países y 6 ciudades de Estados Unidos que han utilizado medidas impositivas para tal fin.

En este caso, en 2016 Chile comenzó a ejecutar una serie de políticas reguladoras enfocadas a informar mejor al consumidor sobre el contenido en azúcar, energía, sodio y grasas saturadas de los alimentados (en un sistema de etiquetado diseñado para tal fin), limitando la publicidad de estos productos, y prohibiendo su venta en las escuelas.

Previamente, en 2014, este país implementó un incremento de la tasa impositiva a las bebidas con alto contenido en azúcares, es decir, más de 6.25 g/mL (del 13 al 18%) y una reducción para las de bajo contenido (del 13 al 10%). Después del primer año las ventas habían bajado en un 3.4% para las de alto contenido en azúcar, y se incrementaron en 10.7% para las de bajo contenido.

La regulación chilena, a partir de 2016, consistió en la implementación de forma progresiva de obligatoriedad de etiquetado y restricción de publicidad dirigida a niños (menores de 14) años, además de la prohibición de venta en las escuelas. Esa progresión en las medidas se muestra en la siguiente tabla:

Sólidos Junio 2016 Junio 2018 Junio 2019
Energía (kcal/100g) 350 300 275
Sodio (mg/100g) 800 500 400
Azúcares totales (g/100g) 22.5 15 10
Grasas saturadas (g/100g) 6 5 4
Líquidos
Energía (kcal/100g) 100 80 70
Sodio (mg/100g) 100 100 100
Azúcares totales (g/100g) 6 5 5
Grasas saturadas (g/100g) 3 3 3

El etiquetado obligatorio se ilustra a continuación:

Metodología

Los autores emplearon datos mensuales sobre compras de bebidas sacados de un panel de compras de 2383 participantes, en el periodo comprendido entre el 1 de enero de 2015 y el 31 de diciembre de 2017. 

Resultados e implicaciones

El volumen de compra de bebidas con alto contenido en azúcares decreció en 22.8 mL/per cápita/día. También disminuyó el consumo de calorías en 11.9 kcal/per cápita/día (un 27.5%). El nivel educacional de los hogares no tuvo un efecto relevante en las reducciones absolutas de compra, aunque los hogares con mayor nivel educativo tuvieron una reducción porcentualmente mayor.

Estos resultados indican que mediante este tipo de regulación no impositiva se han producido resultados con un tamaño de efecto mayor que la (débil) regulación impositiva que precedió a estas medidas.  En cualquier caso, parece evidente que la literatura muestra que la adopción de medidas de este tipo es necesaria para reducir el consumo de este tipo de productos:

Referencia

Taillie LS, Reyes M, Colchero MA, Popkin B, Corvalán C (2020) An evaluation of Chile’s Law of Food Labeling and Advertising on sugar-sweetened beverage purchases from 2015 to 2017: A before-and-after study. PLoS Med 17(2): e1003015. https://doi.org/10.1371/journal.pmed.1003015

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(#432). BIG CHICKEN; EL PELIGRO DE LOS ANTIBIÓTICOS

[MONOTEMA] En Big Chicken, Maryn Mckenna cuenta con detalle la historia de cómo los antibióticos se introdujeron en la alimentación a finales de los años 40 del siglo pasado, primero en Estados Unidos, y luego en el resto del mundo, y han sido (y son) una de las principales causas de la que es probablemente la mayor amenaza para salud pública en la actualidad: la resistencia microbiana a estos medicamentos.

La autora comienza al libro hablando de un brote de Salmonella fuera de lo común en 2013 en el oeste de Estados Unidos, una bacteria cuyo origen estaba en un matadero de pollos y que además era resistente a una gran variedad de antibióticos: ampicilina, cloranfenicol, gentamicina, kanamicina, estreptomicina, sulfamidas y tetraciclina

La resistencia a los antibióticos es responsable de al menos 700000 muertes al año en todo el mundo, 25000 en Europa. En 2050 se predice que mueran 10 millones de personas al año. Las bacterias han evolucionado rápido, desarrollando defensas contra los antibióticos. La penicilina llegó en los años 40 y la resistencia en los 50, la tetraciclina en 1948 y la resistencia apenas 10 años más tarde, la eritromicina fue descubierta en 1952 y su resistencia llegó en 1955.  Es decir, la resistencia fue desarrollada desde el comienzo, pero ahora parece que lo hacen incluso más rápido.

No sólo el mal empleo de los antibióticos en humanos puede ser la causa de ello, sino su uso en animales, especialmente en países como Estados Unidos, donde hasta 2013 no había ninguna regulación, y se permitía dárselo a los pollos para hacerlos más grandes y musculosos en menor tiempo, además de protegerlos contra las enfermedades. Hoy un pollo de matadero pesa el doble que hace 70 años y llega a ese peso en la mitad de tiempo.

Los antibióticos comenzaron a añadirse a la comida animal a finales de los años 40, en el contexto del boom científico de la época, en el que parecía que todo lo que tenía un componente nuevo tecnológico era un signo del progreso que no se podía cuestionar. Pero muy pronto se alzaron voces en contra: primero algunos científicos aislados quienes fueron objeto de burla por dar la voz de alarma, luego pequeños comités, después importantes sociedades médicas, y finalmente los gobiernos. En Estados Unidos ese proceso duró más de 60 años.

Al comienzo, la penicilina se vendía sin regulación, no fue hasta 1951 cuando sólo se haría por prescripción médica. En aquella época se llegaron a vender pasta de dientes, lápices de labios, chicles…que llevaban este antibiótico.

En 1945, pocos meses antes de recibir el Nobel, Fleming decía lo siguiente:

La mayor posibilidad de mal en la auto medicación es usar dosis demasiado pequeñas, tal que, en lugar de acabar con la infección, los microbios son educados para resistir a la penicilina.

Entonces seguía advirtiendo que ese organismo adaptado podía pasar a otros individuos y expandirse:

En tal caso, la persona irresponsable que ha jugado con el tratamiento de penicilina es moralmente responsable de la muerte del hombre que finalmente sucumbe a la infección con el organismo resistente a la penicilina.

Pese a esas advertencias se seguía alimentando con antibióticos a millones de pollos en Estados Unidos, para promover su crecimiento. Se hicieron experimentos poco éticos con niños prematuros en Kenia, Guatemala, e incluso en Estados Unidos, y no mostraron efectos secundarios; es más, los promotores de crecimiento funcionaron, lo que fue un empujón más para su uso en animales.

En 1953 la FDA aprobó también el uso de antibióticos para proteger a los animales de enfermedades, es decir como uso preventivo. Si la dosis para hacerles crecer como promotores era de unos 10 g/kg, la dosis como preventores de enfermedades era de unos 200 g/kg. En 1955 la FDA aprobó el uso de antibióticos también como conservantes de la comida.

El empleo en todo tipo de animales se generalizó. En 1956, un estudio mostró que el 11% de las muestras de leche de los supermercados tenía penicilina, en cantidades que podrían servir incluso como medicina en humanos. Pese a que había un norma que estipulaba que los primeros litros de leche de las vacas se tiraran, la realidad es que no era así en muchos casos. Las máquinas para ordeñar habían hecho que se diera antibióticos a las vacas para evitar infecciones que no se producían cuando se les sacaba la leche de forma manual.

No sólo las infecciones por Salmonella se han incrementado en Estados Unidos, sino que esta bacteria es cada vez más resistente a los antibióticos. Las personas que pasan por esta enfermedad son luego más vulnerables a otras patologías, tienen más probabilidad de sufrir otros problemas de salud.  Las bacterias resistentes que se encuentran en las heces de los animales de granja se expanden sin control, por las aguas subterráneas, por las carreteras a través del transporte de esos animales, etc.

En 1999 la Unión Europea prohibió parcialmente varios promotores del crecimiento, y en 2006 prohibió todo uso antibiótico como promotor. Pero un estudio mostró que el total de antibióticos vendidos en Holanda no había cambiado en ese periodo, es decir, los productores habían renombrado los antibióticos que fabricaban, combiando las etiquetas de promotores de crecimiento a preventivos. Pero luego también se prohibió como uso preventivo, y en la actualidad sólo se pueden emplear por prescripción veterinaria. Esa prescripción se registra en una base de datos nacional, y no se pueden prescribir antibióticos que se emplean en humanos. En Estados Unidos, todavía hoy, se permite el uso preventivo con algunas limitaciones, aunque en países emergentes, como China, es está todavía muy lejos de las regulaciones que existen en Europa.

En conclusión, un libro muy esclarecedor sobre cómo se ha convertido un alimento en un producto industrial regido por las leyes del mercadeo, en lugar de por la lógica de la biología y de la salud. Una obra en la que también se pueden encontrar lecciones sobre alertas tempranas que no fueron escuchadas, y sobre acciones que se han tomado quizá demasiado tarde, desoyendo a científicos que sufrieron la mofa y el descrédito por ir en contra de la rueda aplastante del “más rápido y más barato”.

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(#413). CÓMO COCA-COLA DEFIENDE SUS INTERESES EN CHINA

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En esta artículo publicado en BMJ, la autora expone algunas de las estrategias que Coca-Cola está siguiendo en China para promocionar su marca, fomentando el consumo de este tipo de bebidas y presionando para que no se tomen medidas que ya en otros países están siendo implementadas para reducir el consumo de azúcar.

En 1991 el procentaje de adultos que tenía sobrepeso o era obeso en China era de 20.5%; en 2011 era de 42.3%.

La autora, destaca varias de esas acciones, que no son más que una mera reproducción de lo que la industria de bebidas azucardas ha realizado en Estados Unidos y el resto de países del norte global durante las últimas décadas:

1. Injerencia del International Life Sciences Institute (ILSI) en la política de salud china. El ILSI, creado en 1978 por un ejecutivo de Coca-Cola, se encarga de “manejar” la ciencia de la nutrición al servicio de los intereses de la industria. Este lobby  está integrado en el Centro de Prevención y Control de Enfermedades (CDC) chino, por lo que su nivel de influencia en las políticas públicas es enorme. De este modo, compañías como Nestlé, McDonald’s, PepsiCo o Coca-Cola (entre otras) tienen una posición privilegiada para influir en la toma de decisiones públicas.

2. Una vez establecido dentro del entramado guvernamenal chino, a comienzos de la década de 2000 Coca-Cola retomó en el país una de las grandes bazas de la industria para defenderse: esas marcas  (Coca-Cola, PepsiCo, etc.) promueven un estilo de vida saludable, porque para llevar esa vida saludable hay que comer y beber de todo, y la clave está en hacer ejercicio físico. De este modo, se envía el mensaje de que: (1) las marcas se preocupan por la salud de los ciudadanos; (2) todos los alimentos se equiparan como pertinentes dentro de la dieta, comer y beber de todo significa igualar por ejemplo, el agua a la Coca-Cola. Es más, las bebidas azucaradas son buenas porque están compuestas principalmente de agua, con lo que hidratan oportunamente; (3) si la gente engorda es porque no se mueve lo suficiente, no porque no lleve una alimentación adecuada.

3. Dentro de las actividades de “educación” están la organización de conferencias. Entre 2004 y 2015, ILSI-China organizó 6 eventos internacionales sobre obesidad. Se elegieron invitados (ej. Steve N. Blair) cuya perspectiva sobre la prevención de la obesidad estaba basada principalmente en el equilibiro energético (calorías gastadas vs calorías ingeridas), independientemente de la calidad nutricional de los alimentos. Además, se esponsorizaron numerosos congresos y actividades centradas en la actividad física como clave en la lucha contra la obesidad.

Un ejemplo de este modus operandi es la financiación por parte de ILSI al CDC del programa “Happy 10 minutes”, una campaña nacional que pretende incentivar la introducción de descansos de 10 minutos en la jornada escolar donde en ese corto espacio de tiempo se debe practicar ejercicio. ILSI transfirió $50000 al CDC. De este modo, la industria financiaba una campaña pública que además enviaba un mensaje que se centraba en el ejercicio físico y no en la dieta o en una combinación de ambos.

Un esquema gráfico de buena parte de lo expuesto por la autora es el siguiente:

Comentarios

La autora termina el artículo exponiendo que para algunos de los investigadores y personas implicadas en este estudio, la intervención de la industria es inevitable y hasta cierto punto positiva para que se financie la investigación. Para otros, sin embargo, supone una compra de voluntades políticas y una manipulación del mensaje a la población.

Nosotros, aquí en España, ya hemos explicado que tenemos un ejemplo con ciertas similitudes, y ese plan HAVISA promovido conjuntamente por el Ministerio y la industria (Fundación Alimentum).

Este tipo de empresas explota hacia la extenuación una parte del discurso, y empequeñece el resto, sesgando la percepción de realidad de gran parte de la población. No es el azúcar, no son las calorías vacías, es que no te mueves lo suficiente, como bien decía Coca-Cola en México.

Por eso se necesita mayor y mejor regulación, y una independencia total de los poderes públicos con respecto a la industria. Ese es el primer paso, pero es fundamental. Desafortunadamente es menos probable que las empresas dejen de financiar investigaciones e investigadores que les sean leales, o participar en parte de los presupuestos de asociaciones de enfermos y sociedades médicas. Sin embargo, si existe esa independencia, a través de políticas públicas (educación y regulación) se puede luchar en pos del interés común.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Greenhalgh, S. (2019). Making China safe for Coke: how Coca-Cola shapedobesity science and policy in China. BMJ, doi: doi: 10.1136/bmj.k5050.

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Scimago (SJR) 2.893 Q1 MEDICINE (MISCELLANEOUS)

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Limitaciones/Comentarios

Globalmente se muestra un patrón claro de reducción del consumo, pero es importante que la magnitud del impuesto sobre la producción se traduzca en un significativo incremento del precio de venta. Como ocurre con otros productos, como el tabaco, las medidas impositivas son efectivas per se, pero deben ser complementadas con estrategias de comunicación para educar a la población, aunque esos resultados siempre deban evaluarse en el largo plazo.

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Greenhalgh, S. (2019). Making China safe for Coke: how Coca-Cola shapedobesity science and policy in China. BMJ, doi: doi: 10.1136/bmj.k5050.

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(#401). MENOR RIESGO DE DIABETES AL COMER PRODUCTOS ECOLÓGICOS

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En este artículo publicado en Nutrients, los autores analizan la asociación entre la diabetes y la compra de productos de alimentación ecológicos en una muestra represtentativa de la población estadounidense.

Consumir comida ecológica puede ser una buena forma de prevenir la diabetes, ya que tiene menos cantidad contaminantes químicos y dispone de un mejor contenido nutricional, que son dos de los factores que se han ligado a esta enfermedad.

El marcado de comida orgánica ha crecido desde los $3500 millones en 1996 a los $35000 millones en 2014 en Estados Unidos, lo que indica la tendencia a consumir este tipo de productos. Todavía no hay un cuerpo sólido de investigaciones que relacionen la ingesta de estos productos con diversos indicadores de salud, pero sí que es cierto que, como comentan los autores, se postula como un factor relevante para reducir riesgos.

Los alimentos orgánicos tienen una mayor cantidad de nutrientes beneficiosos, como antioxidantes o ácidos grasos poliinsaturados. Es más, contienen un tercio de residuos de pesticidas con respecto a los alimentos convencionales. De este modo, esos potenciales beneficios para la salud deberían traducirse en evidencias medibles en trabajos de campo.

El objetivo de esta investigación es, precisamente, testar si existe una asociación inversa entre el consumo de alimentos orgánicos y el riesgo de padecer diabetes en Estados Unidos.

Metodología

Los participantes pertenecían al National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES), donde se evaluaba la compra de productos orgánicos en los ciclos de 2007/08 y 2009/10. NHANES es una encuesta organizada por el National Center for Health Statistics (NCHS) del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

Cada ciclo consiste en aproximadamente 10000 participantes representativos de la población estadounidense, y las preguntas que se les realizan están relacionadas con la nutrición, la salud, las enfermedades y el comportamiento de compra.

La muestra para este estudio consistió en 8199 adultos mayores de 19 años (excluyendo embarazadas), a quienes se preguntaban si compraban comida orgánica y la frecuencia de esa compra. Esas variables se tomaron como indicadores aproximados de la exposición a los alimentos ecológicos.

Los participantes fueron identificados con diabetes a través de reportar si habían sido diagnosticados anteriormente o tras realizar el testo de hemoglobina A1C.

Como covariables se empleó información relativa a la edad, sexo, etnia, educación, ingresos, historial familiar de diabetes, tabaquismo, ingesta de alcohol y actividad física.

Resultados e implicaciones

La descripción de los datos muestra claramente que los participantes que compraban productos orgánicos llevaban un estilo de vida global más saludable, y además tenían mayores niveles de ingresos y de educación.

Por tanto, en el modelo estadístico han de considerarse estas variables para aislar el efecto de la compra y la frecuencia de compra de productos orgánicos en el desarrollo de diabetes, y eso es precisamente lo que hacen los autores en su Modelo 3:

Como puede derivarse de las tablas anteriores, el riesgo de diabetes disminuye en aquellos participantes que han comprado comida orgánica en los 30 días anteriores a la recogida de datos. En cuanto a la frecuencia, se atisba una leve respuesta a la dosis, que necesitaría ser confirmada en posteriores estudios.

Limitaciones/Comentarios

Los autores realizan un interesante análisis sobre una gran muestra representativa de Estados Unidos, lo que es un punto fuerte para dar validez a los resultados que obtienen. Es cierto que no se aprecia un tamaño de efecto claro, pero sí un patrón de respuesta a la dosis que sugiere que existe una reducción de riesgo de diabetes para individuos que compran comida orgánica.

En salud, incluso tamaños de efecto muy pequeños tienen trascendencia, porque se trata de ir dando pasos en la reducción de riesgos que son en parte evitables con buenos hábitos de consumo.

Los autores recuerdan que los pesticidas organofosfatos y los piretroides están asociados a un mayor riesgo de diabetes, y que los productos ecológicos contienen un 30% menos de residuos de estos químicos con respecto a los convencionales. En animales, los productos orgánicos tienen menos residuos de antibióticos, los cuales también se han asociado a la diabetes tipo 2.

En conclusión, y pese a la limitación de tratarse de un estudio transversal y que toma como variable proxy del consumo la compra de productos, los resultados sugieren una reducción de riesgo de diabetes que merece ser tenido en cuenta como un argumento más para decantarse por la producción y consumo de este tipo de alimentos.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Indicadores de calidad de la revista*

Impact Factor (2017) Cuartil Categoría
Thomson-Reuters (JCR) 4.196 Q1 NUTRITION & DIETETICS
Scimago (SJR) 1.557 Q1 FOOD SCIENCE

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(#399). MÚSICA CON VOLUMEN BAJO PARA INCENTIVAR EL CONSUMO DE PRODUCTOS SALUDABLES

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En este artículo publicado en el Journal of the Academy of Marketing Science, los autores estudian el efecto de diferentes condiciones ambientales relativas a la música y el ruido sobre el consumo de productos saludables.

La música y el sonido ambiente son características de un establecimiento comercial que pueden ser gestionadas por la influencia que tienen sobre el comportamiento de compra. Como indican los autores, hay establecimientos con sonidos excesivamente altos (un 33% de restaurantes/tiendas en Nueva York tienen un nivel de sonido tan alto que los trabajadores deben llevar protecciones en los oídos), pero también otros donde se cuidan los niveles de sonido para que sean más bajos.

Entre las marcas que deliberadamente permiten sonidos altos está Abercrombie & Fitch, cuyos establecimientos tienen sonidos entre los 85 y 90 dB, en el límite justo de lo que la ley permite sin llevar protección (un cortacésped, por ejemplo, produce 90 dB). Según los autores, esa estrategia se concibe para alejar a los consumidores más veteranos de las tiendas, y atraer al público más joven.

El objetivo de esta investigación es analizar la posible influencia de la gestión de la intensidad de la música y el sonido ambiente sobre la elección de comida saludable (vs no saludable) en restaurantes y establecimientos de alimentación.

Los autores muestran una interesante relación de estudios realizados desde 2006 sobre el efecto de la música ambiente sobre diferentes variables de interés en marketing:

En esta extensa revisión se pueden apreciar los efectos beneficios de gestionar adecuadamente la música. En cuanto al volumen, tal y como indican los autores, su efecto es congruente con la intuición de que la alta intensidad se relaciona con la excitación, el estrés y el arousal, mientras que la baja intensidad se asocia con la relajación.

Metodología y resultados

Los autores realizaron 2 experimentos de campo (café y supermercado) y 5 en laboratorio, con el objetivo de analizar el efecto del volumen de la música en diferentes variables de interés para los investigadores.

Los resultados mostraron que el volumen de la música influye en los latidos del corazón, ya que a mayor intensidad el número de latidos se incrementaba. La relajación inducida por la música a bajo volumen es la razón que plantean los autores para explicar que los consumidores prefieran los productos saludables en ese entorno ambiental, lo que afecta no sólo a la compra de un producto específico (en un café), sino también a una cesta de productos (en un supermercado).

Estos resultados tienen unas implicaciones claras para la gestión de establecimientos de alimentación, en función del tipo de producto que se quiera promocionar, o el posicionamiento de la misma tienda en sí. Los autores, muestran un esquema básico en la siguiente tabla

Limitaciones/Comentarios

Es evidente que otras características de la música, como el tempo pueden moderar esta relación entre el volumen y el comportamiento de compra. Pero admitiendo esta limitación, el estudio presenta resultados interesantes sobre la importancia del nivel de relajación en la elección de productos de consumo.

El estrés y la activación producen decisiones menos saludables, mientras que un ambiente apacible, que abogue por la lentitud en lugar de las prisas, por lo sosegado en lugar de lo inmediato, hace que los consumidores tomen decisiones más razonadas, que probablemente les lleven a unos mejores hábitos de vida.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Biswas, D. et al. (2018). Sounds like a healthy retail atmospheric strategy: Effects of ambient music and background noise on food sales. Journal of the Academy of Marketing Science, doi 10.1007/s11747-018-0583-8

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(#392). REVISIÓN SOBRE LA EFECTIVIDAD DEL IMPUESTO A LAS BEBIDAS AZUCARADAS

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En esta artículo publicado en The American Journal of Clinical Nutrition, los autores realizan una revisión sistemática sobre el impacto de las medidas impositivas sobre las bebidas azucaradas, productos que son una de las principales causas del incremento de la obesidad ligada a la mala alimentación.

Recordemos que ya en 2010, la OMS recomendó implementar impuestos específicos sobre este tipo de bebidas con el fin de reducir su consumo.

El objetivo de esta investigación es resumir la evidencia empírica disponible en los estudios realizados sobre la eficacia de las medidas impositivas.

Metodología

Los autores consideraron estudios publicados entre el 1 de enero de 2011 y el 31 de diciembre de 2017. Tras superar diferentes criterios de exclusión, un total de 17 estudios fueron incluidos en el análisis, entre los cuales estaban 5 estudios observacionales que evaluaban el resultado de los impuestos en México y Estados Unidos. De los 12 restantes, 6 de ellos fueron experimentos realizados para evaluar intervenciones locales (en restaurantes y distribuidores), y los otros 6 fueron experimentos que evaluaban las intenciones de comportamiento.

Resultados e implicaciones

En 4 de los 5 estudios que evaluaron el impacto de los impuestos en México y Estados Unidos se encontraron reducciones significativas de consumo. Esas reducciones en el consumo se estima que son efectivas con un incremento de al menos un 8% en el precio de venta, siendo más importante en los estratos socioeconómicos más bajos (precisamente los más obesos).

En los 12 estudios restantes en los que la intervención fue específica en establecimientos de venta o se evaluaron intenciones de comportamiento los resultados tienen una línea similar, aunque en estos casos los autores estiman que el rango del impuesto debiera estar entre el 10 y 20%, aunque existe cierta variabilidad entre todos ellos.

Los autores finalmente recomiendan un impuesto que produzca un incremento en el precio de venta entre el 20 y 25% como la forma más apropiada de reducir el consumo de estos productos y reorientarlo hacia bebidas más saludables.

Limitaciones/Comentarios

Globalmente se muestra un patrón claro de reducción del consumo, pero es importante que la magnitud del impuesto sobre la producción se traduzca en un significativo incremento del precio de venta. Como ocurre con otros productos, como el tabaco, las medidas impositivas son efectivas per se, pero deben ser complementadas con estrategias de comunicación para educar a la población, aunque esos resultados siempre deban evaluarse en el largo plazo.

 LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Redondo M. et al. (2018). The impact of the tax on sweetened beverages: a systematic review. The American Journal of Clinical Nutrition, 108, 548-563.

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NUTRITION

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3.438

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NUTRITION AND DIETETICS

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(#378). LA ALIMENTACIÓN ECOLÓGICA REDUCE EL RIESGO DE CÁNCER

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En esta investigación publicada en JAMA Internal Medicine, los autores encuentran que el consumo de comida orgánica está asociado a un menor riesgo de cáncer. Para ello, emplean una cohorte de 68946 participantes.

Los autores comienzan el artículo aludiendo a la relación robusta entre la exposición a pesticidas y el cáncer, aunque admiten que la respuesta a la dosis y el efecto cóctel aún han de se mejor investigados. No obstante, los efectos tóxicos de combinaciones de pesticidas, incluso a bajas dosis, se han reportado.

En los últimos años, el mercado de comida orgánica ha crecido. Esos productos se cultivan sin el uso de fertilizantes sintéticos, pesticidas y organismos genéticamente modificados, además de restringir el uso de medicamentos para uso veterinario. Así, como bien indican los autores, la comida orgánica tiene menos residuos de pesticidas que la convencional. Para sostener esa afirmación, comentan un informa de la EFSA de 2018 donde se indica que el 44% de las muestras analizadas de productos convencionales contenían 1 o más residuos cuantificables, mientras que el porcentaje en los productos ecológicos era sólo del 6.5%. 

El objetivo de esta investigación es, por tanto, analizar esa hipotética reducción de riesgo en el desarrollo de cáncer.

Metodología

Los autores emplearon el NutriNet-Santé estudio, una cohorte de voluntarios franceses que debían cumplimentar cuestionarios en internet sobre sus hábitos nutricionales, estilos de vida, estado de salud, actividad física, y otras variables sociodemográficas y antropométricas.

Los participantes debían indicar la frecuencia de consumo de 16 tipos de productos orgánicos (lácteos, huevos, frutas, verduras, etc.).

La cohorte la formaron 68946 personas adultas que se enrolaron en el estudio desde 2009 hasta noviembre de 2016, con un tiempo de seguimiento medio de 4.56 años. Un 78% de esos voluntarios eran mujeres.

Durante el seguimiento se detectaron 1340 casos de cáncer.

Resultados e implicaciones

El consumo de comida ecológica está positivamente asociado con ser mujer, tener un estatus socioeconómico y nivel de estudios alto, y tener mejores hábitos alimenticios (por ejemplo, más fruta y verdura y menos comida procesada) y de actividad física. En definitiva, tener un estilo de vida más saludable. Es de destacar además, que también está asociado al historial familiar de cáncer, de forma que aquellas personas con mayor nivel de riesgo familiar consumen más productos orgánicos.

Todos esos factores pueden añadir confusión a la relación entre el consumo de productos orgánicos y el riesgo de cáncer. Por ello, los autores los consideran en un modelo estadístico (regresión de Cox), dividiendo el consumo en cuatro cuartiles.

Los resultados se muestran en la siguiente tabla:

b378_2

Los modelos 2 y 3 son los que contemplan un mayor número de variables de control. Como puede observarse, existe una relación clara significativa, y con un patrón de respuesta a la dosis entre el consumo de productos orgánicos y el riesgo de cáncer.

La relación con los tipos de cáncer se muestra a continuación:

b378_3

Los resultados muestran una asociación significativa en la reducción de los linfomas, y resultados también a tener en cuenta en el cáncer de piel y cáncer de mama.

De este modo, apostar por una dieta orgánica puede reducir el riesgo global de cáncer, sobre el cáncer post-menopáusico en mujeres y los linfomas.

Los resultados contrastan con los encontrados en Bradbury et al. (2014), donde en una cohorte sólo de mujeres en el Reino Unido no se encontró una reducción del riesgo global. Eso sí, había una asociación negativa con el desarrollo de linfoma No-Hodgkin, lo que en ese caso sí que concuerda con lo encontrado en el estudio realizado sobre población francesa. Es precisamente el linfoma No-Hodgkin, un tipo de cáncer asociado directamente al uso de varios pesticidas.

El proceso mediante el cual los pesticidas podrían causar el cáncer no es totalmente conocido, aunque se barajan varias rutas para ello, como el daño en el ADN, la disrupción endocrina, y la perturbación en la homeóstasis celular.

Limitaciones/Comentarios

Los autores reconocen limitaciones relacionadas con la sobre representación de mujeres, el poco tiempo de seguimiento que podría dejar fuera cánceres desarrollados con un horizonte temporal más alto, y el error atribuible a los cuestionarios auto administrados.

No obstante, y pese a estas limitaciones, la gran muestra empleada, el control estadístico de las variables de confusión y los análisis de sensibilidad realizados dan robustez a los resultados. En cualquier caso, habría sido interesante también tener en cuenta aspectos relacionados con la exposición a radiación ionizante y no ionizante.

Aunque los resultados necesitan ser replicados, este estudio ofrece una importante señal para advertir sobre el riesgo de uso de pesticidas y la idoneidad de una dieta con presencia de más productos ecológicos.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Baudry, J. et al. (2018). Association of Frequency of Organic Food Consumption With Cancer Risk. Findings From the NutriNet-Santé Prospective Cohort Study. JAMA Internal Medicine, doi: 10.1001/jamainternmed.2018.4357.

 
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MEDICINE, GENERAL & INTERNAL

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Q1

INTERNAL MEDICINE

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(#374). LA NECESIDAD DE EVITAR LA INGESTA DE ANTIBIÓTICOS A TRAVÉS DE LA COMIDA

[REVISIÓN DE ARTÍCULO]  En este artículo publicado en The Journal of Antibiotics los autores explican las razones por las cuales es urgente que la gente deje de consumir comida de animales tratados con antibióticos.

En febrero de 2017 un informe de la ONU declaró la resistencia antimicrobiana como la mayor amenaza a la salud pública de nuestro tiempo.

Según datos de Estados Unidos, el uso de antibióticos en la agricultura es responsable de alrededor de un 20% de infecciones resistentes en humanos. Aunque el abuso de estos medicamentos por parte de la población es la principal causa de este problema, no se debe obviar la contribución que se produce a través de la dieta.

Históricamente los antibióticos se han empleado en el sector primario para acelerar el crecimiento de los animales, administrados conjuntamente con vitaminas. Pero esa práctica que comenzó hace más de 50 años se extendió de tal forma que las ventas de estos medicamentos para uso veterinario son 3 veces mayores que para tratamientos en humanos.

La producción orgánica, por definición, prohíbe el uso de antibióticos, pero como indican los autores, ni siquiera llega al 1% de las extensiones de cultivo en Estados Unidos. De este modo, la gran mayoría de carne, huevos y productos lácteos que llegan al consumidor están “suplementados” con antibióticos.

La forma de producción “industrial” de muchas de esas granjas, tan típica del sistema económico actual donde las malas condiciones higiénicas y el hacinamiento son una característica fundamental, contribuyen precisamente al incremento de esta práctica.

La resistencia bacteriana puede ser cruzada, es decir, que han desarrollado métodos de supervivencia frente a diversos tipos de antibióticos que tienen mecanismos de acción similares. Pese a que en Estados Unidos se prohibieron en 2005 las fluoroquinolonas en pollos, se necesita una regulación mucho más restrictiva, y que se haga lo mismo con otros antimicrobianos.

Los autores ponen el foco en lo importante que es que los médicos sean conscientes de este problema y presionen desde todos sus ámbitos de influencia. Hay que concienciar a los consumidores de que eviten la comida que lleva antibióticos. De este modo, la industria empezará a dar pasos también para proveer productos libres de estos medicamentos, como ya ocurre en diversos restaurantes y algunos supermercados en Estados Unidos. No obstante, y claro está, hay que exigir a la FDA que elabore una regulación similar a la que está presente en la Unión Europea, donde recordemos que los antibióticos están prohibidos salvo para tratar o controlar enfermedades en los animales. 

Prohibir el uso de los antibióticos en animales destinados a consumo humanos incrementaría menos de un 1% los precios de venta de carne. No obstante, y dada la situación actual en la que esos productos son más caros que la media, los autores proponen que se otorgue algún tipo de subsidio a las rentas más bajas para ayudarles a su compra (en programas similares a los cupones de ayuda).

Los autores concluyen con dos puntualizaciones importantes. Primero, existen lagunas legales que hacen que se abuse de los antibióticos en animales para uso terapéutico cuando realmente no hay esa indicación. Segundo, la resistencia a los antibióticos es un problema de magnitud superior a la amenaza conjunta del Zika y el Ébola. De este modo, hay que actuar con determinación ya.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

 Makary, M. A. et al. (2018).A call for doctors to recommend antibiotic-free foods: agricultural antibiotics and the public health crisis of antimicrobial resistance. The Journal of Antibiotics, doi: 10.1038/s41429-018-0062-y

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Impact Factor (2015)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

2.033

Q3

BIOTECHNOLOGY & APPLIED MICROBIOLOGY

Scimago (SJR)

0.762

Q2

PHARMACOLOGY

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(#364). LA NECESIDAD DE REDUCIR EL ARSÉNICO EN LA ALIMENTACIÓN

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En esta investigación publicada en Enrivonmental Health Perspectives, los autores proponen realizar más intervenciones para minimizar el impacto del arsénico en la salud. Este tóxico, tiene su principal vía de entrada a través de la alimentación.

La relevancia de este tema ha hecho que en Estados Unidos se forme el “The Collaborative on Food with Arsenic and associated Risk and Regulation” (C-FARR), que ha resultado en la publicación de varios estudios sobre este asunto

Los autores indican que, pese a que el arsénico inorgánico es un evidente cancerígeno y ocasiona diversas enfermedades, también se debe prestar atención a la toxicidad crónica de especies orgánicas. En el agua potable, el arsénico aparece en su forma inorgánica (la más tóxica), pero en la comida existe una combinación de ambas. 

Sin embargo, la exposición debida al agua de bebida es menor que en la comida. Según datos que muestran los autores, menos de un 4% de estadounidenses estaban expuestos a agua potable con concentraciones de arsénico >1μg/L, y sólo un 1% estaba por encima del límite de 10μg/L que marca la EPA.

Es interesante repasar los estudios epidemiológicos que citan los autores sobre la relación entre el consumo de arroz y enfermedades cardiovasculares y cáncer. La evidencia es limitada, pero sugiere que el consumo de arroz puede incrementar el riesgo de enfermedad, aunque es difícil separar si esa exposición viene fundamentalmente por el agua de bebida o por el propio arroz.

No obstante, en Estados Unidos, no hay regulación con respecto a los niveles de arsénico en los alimentos. Ante esta lentitud en realizar esa regulación, los autores proponen varias formas de intervención en todos los niveles de la cadena de valor, involucrando a diversos grupos de interés.

Así, y con el ejemplo del arroz, los autores proponen realizar práctica de agricultura sostenible, rebajando el uso del agua en los cultivos. Además, aconsejan emplear fertilizantes de silicio (haciéndolos accesibles a los pequeños agricultores, ya que son más caros). Por supuesto, hay que evitar el uso de pesticidas que contengan arsénico y no cultivar en zonas próximas a fuentes de contaminación.

Los ingredientes de ciertos alimentos también podrían cambiarse por alternativas con menos riesgo. Por ejemplo, usar el jarabe de maíz alto en fructosa en lugar de jarabe de arroz orgánico en productos dirigidos a niños, y el empleo de carragenina como sustituto a la gelatina. No obstante, y como bien indican los autores, el arsénico se reduciría pero aún estaría presente el debate sobre si pueden existir otros efectos adversos producidos por ese cambio.

Los autores también recomiendan modificar los hábitos de cocción del arroz, tanto a nivel industrial como en casa, por ejemplo, cambiando el agua de cocción varias veces durante el cocinado. Las reducciones conseguidas son altamente relevantes.

Los celíacos, que en ocasiones pueden abusar del arroz para llevar una dieta libre de gluten, son un segmento de población especialmente sensible a esta cuestión, al igual que los niños y las mujeres embarazadas.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

 Nachman, K. E. et al.  (2018).Opportunities and Challenges for Dietary Arsenic Intervention . Environmental Health Perspectives, doi: 10.1289/EHP3997.

 Indicadores de calidad de la revista*
 

Impact Factor (2017)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

8.309

Q1

ENVIRONMENTAL SCIENCES

Scimago (SJR)

3.41

Q1

HEALTH, TOXICOLOGY AND MUTAGENESIS

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(#357). NUEVAS EVIDENCIAS SOBRE LOS RIESGOS DEL BISFENOL A (BPA)

[REVISIÓN DE ARTÍCULO]  En esta investigación publicada en el Journal of Mental Health & Clinical Psychology, los autores realizan una mini revisión de los últimos estudios que relacionan la exposición a bisfenol A (BPA) con desórdenes conductuales en niños, como por ejemplo TDAH, ansiedad y depresión.

El BPA es un disruptor endocrino que interfiere con el equilibrio hormonal, incluso a dosis pequeñas. De especial relevancia es la alteración de los patrones estructurales y conductuales que son específicos de cada sexo en experimentos con animales, incrementando, reduciendo y/o eliminando diferencias atribuibles al sexo. Los BPA afectan a la expresión génica de varios receptores de estrógenos, por lo que su exposición en el útero podría predeterminar posteriores respuestas a las hormonas esteroides en el cerebro.

Los autores actualizan la revisión realizada en 2015 sobre este mismo tema, reforzando los resultados encontrados entonces. Los fetos masculinos, según la evidencia mostrada en varios estudios, se ven afectadas con más frecuencia que los femeninos, aunque también los autores comentan dos estudios en los que sucede al contrario. En cualquier caso, estos datos indican una probable asociación asimétrica de la exposición a BPA con el comportamiento de los niños y las niñas. Pero no sólo la exposición intra uterina puede afectar al comportamiento futuro de esos niños, sino también la exposición en sus primeros meses o años de vida.

Como indican los autores, más del 90% de la población europea y americana tiene concentraciones detectables de BPA en la orina, siendo la alimentación la principal ruta de exposición en humanos. Sin embargo, y aunque el BPA está en múltiples productos recipientes de comida (plásticos, latas), su corta  vida biológica hace que sea muy complejo valorar la exposición. Es más, los autores sugieren que puede haber una infra estimación sistemática de esa exposición debido precisamente a las características no persistentes de esos tóxicos, lo que puede afectar los resultados de los estudios epidemiológicos.

Desde 2008, diferentes gobiernos han implementado medidas preventivas, como la prohibición del BPA en biberones en Canadá y la Unión Europea, y la total prohibición del BPA en Francia. La European Food Safety Authority (EFSA) ha reducido progresivamente la estimación de la dosis diaria tolerable de 50 µg/kg/día, hasta 4 en 2015. Pero como comentan los autores, estudios recientes en ratas sugieren que dosis cercanas o incluso menores a ese umbral actual pueden impactar el cerebro y el comportamiento, por lo que es probable que ese nivel de protección en la normativa europea sea insuficiente.

Los autores concluyen el artículo con dos anotaciones importantes. La primera de ellas se refiere al hecho de que algunos productos que están libres de BPA contienen otras formas de bisfenol (BPS y BPF), que también son al menos tan hormonalmente activos como el BPA. La segunda alude a la necesidad de aplicar el principio de precaución dadas las evidencias que acumula la literatura. Es más, enfatizan que inferir causalidad entre un disruptor endocrino y un desorden conductual específico puede ser una tarea prácticamente imposible, pero que una valoración global de los estudios experimentales y epidemiológicos debe ser suficiente para aplicar la prudencia, y tener regulaciones más estrictas.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Mustieles, V. et al. (2018). Is Bisphenol A (BPA) a Threat to Children’s Behavior? Journal of Mental Health & Clinical Psychology 2 (1), 6-9.

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Impact Factor (2017)

Cuartil

Categoría

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