(#203). LA OBESIDAD INFANTIL Y LA RESPONSABILIDAD DE LOS EDUCADORES

[REVISIÓN DE ARTÍCULO]  El autor comienza el artículo reflexionando acerca del papel de los educadores en la formación en salud de los niños. Más allá de la propia libertad de estos para seguir su camino está la responsabilidad de intentar influir en su entorno para que se den unas condiciones favorables que le permitan desarrollar su estilo de vida. Incidir sólo sobre el conocimiento de la necesidad de una forma de vida saludable es insuficiente si no se intenta modificar el contexto donde éstos viven.

Este artículo pretende desarrollar los siguientes objetivos: (1) demonstrar que el contexto en el que los niños viven influye en su salud; (2) demostrar que los educadores en salud de las escuelas necesitan cuestionar el paradigma de que el énfasis principal de su actividad debe centrarse en una aproximación individualista al problema de la salud; (3) proveer marcos éticos e históricos que ayuden a los educadores en salud a confiar en la responsabilidad social que tienen para mejorar el entorno de la vida de los niños.

La salud de los niños y el entorno

El autor se remonta a mitad del siglo XIX cuando varios intelectuales como Frederick Engels o Edwin Chadwick publicaron trabajos que empezaban a documentar la relación entre la enfermedad y los entornos sociales poco saludables. No sólo los niños que trabajaban en aquella época en la Inglaterra de Dickens 16 horas al días con 12 o 14 años, sino la insalubridad de las viviendas o de los barrios. La enfermedad era más prevalente en la clase trabajadora.

A partir de 1848, en Inglaterra, se comenzó a legislar para intervenir en mejorar las condiciones de vida y de trabajo en esos barrios y de esas personas con el fin de influir en la menor prevalencia de enfermedades, el descenso de la mortalidad infantil y el incremento de la esperanza de vida.

La situación actual con respecto a hace casi 200 años ha cambiado en cuanto a forma, pero no en cuanto a fondo. Se han erradicado muchas enfermedades y evitados epidemias antiguas y contagios masivos, pero ahora el problema se viste de nombres como obesidad, diabetes, enfermedad cardiovascular o cáncer, lo que se conoce como enfermedades no transmisibles (NCD, en inglés).

Así, las proyecciones de distintos organismos no son nada optimistas. La OMS prevee que para 2030 habrá 4 veces más de muertes por NCDs, y se estima que al coste anual de la obesidad en Estados Unidos es de $147 billones.

Ante estos datos muchos educadores en salud se plantean si hemos aprendido la lección desde el siglo XIX sobre la necesidad de alterar las condiciones sociales y del entorno de las personas para hacerlo más saludable.

Los factores sociales, políticos y económicos condicionan el devenir de las enfermedades, más que la propia elección personal el estilo de vida, que se ve asimismo sumiso al propio entorno en el que se desarrolla.

La libertad individual de elección

Ante este contexto, los educadores en salud tienen a incidir en la responsabilidad individual de cada niño a la hora de realizar sus elecciones, como si éstas fueran independientes del entorno en el que se desarrollan. Y ese es el error que el autor del artículo detecta a la hora de abordar su función como educadores.

La premisa de la libertad individual de elección está fuertemente ligada a filósofos como Immanuel Kant o John Stuart Mill; cada persona debe tener la libertad para hacer lo que le parezca mientras que no dañe a los demás. Los individuos son moralmente responsables de su propia salud.

Sin embargo, la evidencia referenciada por el autor nos muestra que los programas educativos basados en las decisiones individuales tienen una eficacia cuestionable; no es suficiente con incidir en la responsabilidad individual, hace falta cambiar las condiciones sociales, políticas y económicas que causan la obesidad. De este modo, las elecciones personales en temas relacionados con la salud dependen del entorno; los individuos raramente disponen de toda la información o tienen la capacidad para comprar lo que desean. Los niños no eligen ser obesos en contextos proclives a que esa enfermedad se produzca; descartar las intervenciones en el contexto de esas personas enarbolando la bandera de la libertad de elección es precisamente ir en contra de esa libertad. Una perspectiva igualitaria no busca igualar per se los niveles de prevalencia de enfermedades entre distintos grupos sociales, sino que pretende una justa y equitativa oportunidad para conseguir ser saludables.

Conclusión

Los educadores en salud deben ir más allá de la perspectiva de que los niños son responsables de su propios comportamientos de salud, ya que el entorno condiciona en parte esas conductas. Además, los infantes no son los culpables de haber nacido o crecido en situaciones socioeconómicas desiguales. Por ello, el autor aboga por la responsabilidad social de los educadores para implementar acciones dirigidas también a ese contexto.

Limitaciones/Comentarios

El autor hace un esfuerzo por justificar la necesidad de intervenciones a nivel individual y contextual, sin que ello implique coartar las libertades de las personas, en este caso los niños que son precisamente los que menos capacidad tienen para dirigir sus decisiones de manera independiente. La regulación y la intervención sobre el contexto económico, social, y también sobre el marco regulador es esencial. Bajo mi perspectiva el autor acierta con defender este enfoque.

Balog, J. E. (2016).  Public Health, Historical and Moral Lessons for the Preparation of School Health Educators: The Case of Childhood Obesity and the Need for Social Responsibility. American Journal of Health Education,  doi: 10.1080/19325037.2016.1219683  

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HEALTH (SOCIAL SCIENCE)

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(#201). LA MERCANTILIZACIÓN DE LOS SISTEMAS DE ATENCIÓN A LA PRIMERA INFANCIA

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] El apoyo público a los Sistemas Europeos de Educación y Atención de la Primera Infancia (EAPI) varía entre diferentes países. Los EAPI están diseñados para ayudar a la educación y cuidado de los niños entre 0 y 6 años, en particular a los que están una situación más desfavorecida. Se cree que la escolarización temprana es una forma de ayudar al desarrollo de los niños.

Entre las actividades de los EAPI están facilitar el acceso de los padres al mercado laboral, ayudando a evitar la pobreza especialmente en las parejas más jóvenes, así como la de integrar a niños como problemas físicos o de aprendizaje en el sistema educativo, eliminando desigualdades sociales y culturales.

Los subsidios a guarderías públicas, el establecimiento de precios públicos que cubren sólo una parte del coste de la guardería, los permisos post-parto, o la reducción de la carga fiscal para los padres con hijos pequeños son parte de este tipo de programas.

Sin embargo, como comentan los autores, en algunos países de Europa estos servicios está parcialmente privatizado. En el Reino Unido de forma más evidente que en otros países como Francia o Noruega, por ejemplo, donde en los últimos años están aumentando los servicios privados, aunque en muchos casos por entidades sin ánimo de lucro.

El crecimiento de la privatización de guarderías, y la desregulación de este “mercado” puede tener efectos negativos sobre los objetivos del EAPI, tal y como los autores argumentan en el artículo.

Las políticas de austeridad en Europa han repercutido negativamente en la implementación de los EAPI en algunos países. En Inglaterra y Holanda los gobiernos han reducido los susbidios a los padres. En Inglaterra, se han “relajado” algunas medidas regulatorias, en pos de facilitar el negocio a las entidades privadas, como por ejemplo los requerimientos de espacio de juego para los niños. En Francia, el porcentaje de trabajadores cualificados en las guarderías bajó de un mínimo del 50% al 40% en 2009; en 2012 se incrementó el ratio de niños por educador de 3 a 4, aunque los niveles de gasto público en los EAPI se han mantenido.

Los autores también hacen referencia a una investigación sobre la propensión de este tipo de guarderías privadas a operar en lugares económicamente atractivos, frente a las áreas más desfavorecidas a nivel socioeconómico. De este modo debe haber una regulación amplia sobre este sector con el fin de que no se mercantilice y haga que precisamente se vean agraviados los objetivos de esos programas de ayuda a la infancia

Conclusión

La desregulación inherente a las políticas neoliberales también se produce en el mercado de los proveedores de guarderías y jardines de infancia. Las entidades privadas se pueden integrar en el sistema público  como forma de complementar esos servicios, pero siempre desde un firme compromiso de mantenimiento de un sistema de subsidios y acciones que garanticen la equidad de acceso a esos servicios.

En Europa, existe heterogeneidad en cómo los países están abordando este tema, aunque la austeridad propiciada por la crisis económica ha afectado a ciertos indicadores de calidad de estos servicios esenciales.

Lloyd, E. & Penn, H.  (2014).  Childcare markets in an age of austerity. European Early Childhood Education Research Journal, doi: 10.1080/1350293X.2014.912901

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Impact Factor (2015)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

0.642

Q3

EDUCATION & EDUCATIONAL RESEARCH

Scimago (SJR)

0.54

Q2

EDUCATION

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(#109). POBREZA Y DESEMPLEO COMO CAUSAS DEL DETERIORO DE LA SALUD

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] Existe amplia evidencia sobre la asociación entre la mala salud y el estatus socioeconómico de las personas. Sin embargo, los autores comentan que permanece la duda sobre qué es lo que causa qué, es decir, sobre la direccionalidad de la relación causal.

De acuerdo con la tesis de que el bajo nivel socioeconómico influye negativamente en la salud de las personas, existen variables intermedias que podrían explicar ese efecto: ansiedad, estrés, acceso a los servicios de salud, por ejemplo.

También hay estudios que relacionan la falta de empleo con el deterioro de la salud, aunque existe controversia al respecto. El hecho de que haya vínculos claros con suicidios y homicidios no quiere decir que exista un incremento en la mortalidad debido al desempleo.

Por el contrario, la tesis de la selección social sostiene que la salud pobre es la que lleva a la reducción de ingresos y el desempleo. El objetivo de este artículo es arrojar un poco más de luz sobre esa dirección de causalidad entre pobreza, desempleo y salud, que como hemos dicho sin duda están asociados. Los autores estudian los datos de 26 países de la Unión Europea.

Metodología

Se analizaron los datos de un panel EU-SILC donde los participantes son entrevistados anualmente durante 4 años, con rangos de edad entre 18 y 59 años. Los años estudiados fueron 2008, 2009, 2010 y 2011, aunque en este último periodo también se agregaron los de 2012 y 2013.

El estado de salud se midió simplemente con una pregunta global de 5 categorías (muy malo, malo, normal, bueno y muy bueno) colapsando las 2 categorías de cada extremo. Por tanto, se emplearon 3 categorías (mala, normal, buena).

La variable dependiente fue el “deterioro en salud”, medida como una variable dicotómica indicando la transición de un año a otro en el estado de salud, usando las 3 categorías anteriores. Sólo se tuvo en cuenta para el análisis la transición entre la tercera y la cuarta ola de datos con el fin de tener información anterior sobre el estado de salud. 

Casi 300000 observaciones componían el panel indicando 26098 de ellas un deterioro en salud y 24573 una mejora. También se midieron covariables como la edad, el nivel de educación, género, tipo de hogar, empleo y nivel de pobreza. Como control también se utilizaron variables de cada país como el nivel de empleo, el nivel de pobreza y el porcentaje de población con mala salud.

Resultados

Los autores testan diferentes modelos incluyendo más o menos covariables con el fin de ver la robustez de los resultados ante esas divergentes especificaciones. En todos los modelos planteados estar desempleado y ser pobre en el año anterior se asocia a un empeoramiento de la salud en el año siguiente, tras controlar estadísticamente por el resto de covariables.

Implicaciones

Si se quieren implementar políticas públicas para la mejora de la salud, hay que incidir en el empleo y la redistribución de la riqueza. Como muchos autores argumentan, esta es quizá la mejor política sanitaria de todas, la de tratar de evitar que las personas vivan en condiciones cada vez más precarias.

Limitaciones

El artículo implementa un modelo econométrico pero no dice nada sobre las asunciones, ni sobre los residuos. Tampoco sobre su capacidad de clasificación de los casos. No dice si emplea un modelo de efectos fijos o aleatorios para considerar la correlación de los datos en cada país, aunque se adivina que elige un modelo de efectos fijos al considerar los países como variables dicotómicas en algunas de sus especificaciones.

Por tanto, bajo mi punto de vista, hay que tomarlo con prudencia, aunque tal y como se ha planteado es un indicio de que esa asociación existe y tiene ese sentido causal.

 

 Vaalavuo, M. (2016). Deterioration in health: What is the role of unemployment and poverty?. Scandinavian Journal of Public Health, doi:10.1177/1403494815623654

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JCR Impact Factor (2014): 1.83
SJR  Impact Factor (2014): 2.00
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(#104). CORRUPCIÓN Y DESIGUALDAD ENTRE LOS MUY RICOS

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] Hay consenso en la literatura científica sobre que la corrupción incrementa la desigualdad y la pobreza. Sin embargo, ¿qué ocurre entre el segmento de población de rentas más altas? Esa es la pregunta que trata de responder esta investigación.

La corrupción favorece a unos pocos, que consiguen ser extremadamente ricos, lo que podría favorecer que incluso dentro del grupo de rentas más altas haya gran desigualdad. Los autores muestran varias referencias en la literatura sobre la asociación entre el número de super ricos en un país y al grado de corrupción. Pero los autores pretenden ofrecer otro punto de vista, analizando la desigualdad de la riqueza entre ese grupo de privilegiados.

Metodología

Los autores consultan la lista de Forbes sobre desigualdad en 13 países (Australia, China, Hong Kong, India, Japón, Corea del Sur, Malasia, Filipinas, Singapur, Taiwan, Tailandia y Estados Unidos).

Como variables en el modelo escogen el nivel de corrupción, el crecimiento del PIB y el nivel de competitividad. Todas esas variables provienen de diferentes estadísticas de organismos especializados. Los autores, además, consideran los retrasos temporales de esas variables en su modelo econométrico.

Resultados

La corrupción no afecta significativamente al nivel de desigualdad entre los super ricos. Sólo el nivel de competitividad tiene un efecto estadístico, lo que indica que un incremento de la competencia, reducciones de oligopolios y cárteles puede contribuir a la mayor igualdad entre las rentas excepcionalmente altas.

Implicaciones

En cualquier caso, parece claro que el concepto de desigualdad no tiene las mismas implicaciones en este subgrupo de privilegiados. El que haya más desigualdad o menos en rentas extremadamente altas quizá sea poco relevante desde el punto de vista social. Sin embargo, es interesante admitir la necesidad de, en mi opinión, una mayor y mejor regulación para la reducción de prácticas de oligopolio y colusión, lo que también, seguramente, tendrá un efecto en la redistribución de la riqueza en rentas medias y bajas.

Limitaciones

Los datos provienen de fuentes secundarias que son susceptibles de ser criticadas por su componente subjetivo. La muestra de países es pequeña y muy centrada en el sudeste asiático.

 

Franses, P. H. & de Groot, B. (2015). Corruption and inequality of wealth amongst the very rich. Quality & Quantity, doi: 10.1007/s11135-015-0202-4

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JCR Impact Factor (2014): 0.72
SJR  Impact Factor (2014): 0.33
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(#92). SI TE CREES GUAPO APOYARÁS LA DESIGUALDAD SOCIAL

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] Las actitudes sobre la desigualdad no sólo reflejan las preferencias ideológicas de las personas, sino que también influyen en cómo reaccionan ante diferentes temas sociales, como la distribución de los recursos o la regulación de las grandes industrias. Pero, ¿qué hace que la gente sea más o menos igualitaria? Lo que plantea este estudio es que hay ciertos rasgos psicológicos relacionados con la propia percepción de atractivo físico que condiciona ese modo de pensar.

El artículo muestra que la creencia que tienen las personas sobre su atractivo físico influye en la percepción de clase social (más atractivo = más arriba socialmente), lo que finalmente determina las actitudes hacia la desigualdad social.

En 2011 se realizaron unas 13 millones de cirugías cosméticas en Estados Unidos

Existen muchas investigaciones que muestran que las personas atractivas tienen más éxito social que las no atractivas. Pero también ocurre , como dice el artículo, con las que se creen atractivas. Es decir, la creencia personal condiciona el comportamiento social.

La clase social

Es una combinación de variables objetivas (ingresos, educación, ocupación) y subjetivas (creencia sobre el propio estatus social con respecto a los demás).

El artículo muestra diferentes investigaciones que nos dicen que las personas que perciben que pertenecen a una clase social más baja están más concienciadas con el entorno, y se comportan de manera más compasiva y prosocial. Todo lo contrario que las que se creen en estratos superiores, que además son insensibles ante los problemas de desigualdad porque intentan mantener sus privilegios de clase. 

Metodología

Los autores realizan 5 estudios para testar sus hipótesis:

En el primer de ellos encuestan a 180 individuos a través de internet, acerca de sus percepciones sobre tu propio atractivo, clase social e ideología.

En el segundo de ellos realizaron un experimento online con 383 participantes donde se manipulaba la variable referida a la propia percepción de atractivo, para relacionarla con la clase social percibida y la dominancia de grupo (percepción del poder sobre los demás).

En el tercero de ellos, de nuevo un experimento online con 484 individuos fue implementado, con el objetivo  de testar si el atractivo percibido influía en la percepción subjetiva de clase social y en el apoyo a la desigualdad.

En el cuarto de ellos se estudió si suscitar que los individuos piensen positivamente sobre ellos sobre un particular rasgo aumentaría la percepción de clase social. Para ello 492 participantes cumplimentaron un cuestionario online, donde también se analizó la intención de realizar donaciones a causas que apoyen la igualdad social.

Finalmente, en el quinto estudio se relacionó la percepción de atractivo con el concepto de integridad y las actitudes hacia la desigualdad, empleando un experimento online con 340 individuos.

Resultados

La percepción de atractivo influye en la percepción de clase social, lo que conlleva un apoyo a la dominancia de grupo (poder percibido sobre los demás), una reducción de la intención de donar a causas que apoyen la igualdad, y la defensa de ideologías que promuevan el mantenimiento de los privilegios de clase.

Los participantes son capaces de diferenciar conceptos como poder, estatus y clase social. Así, la gente puede reconocer que tiene rasgos y cualidades que incrementan la capacidad de influir en los demás (poder), de ser respetados por los demás (estatus), pero ello no significa necesariamente que eso les haga formar parte de una clase social elevada.

Implicaciones

Una forma de cambiar tu vida es creerte atractivo. Si eso ocurre probablemente pienses que están en una posición social más alta. Sin embargo, ello está asociado a una visión más jerarquizada de la sociedad, donde de alguna manera se justifica la desigualdad social y no se lucha por evitarla. De este modo, y siempre hablando en términos generales (en promedio), si te crees más guapo probablemente te vuelvas peor persona.

Limitaciones

Es un trabajo muy meritorio, con múltiples estudios que van dando robustez a los resultados. Incluso emplea el criterio del ajuste exacto de la chi-cuadrado en sus modelos, algo realmente destacable, aunque no debería haber realizado un análisis factorial con rotación ortogonal en uno de los estudios. Por lo demás, creo que es un artículo bastante completo.

 

Belmi, P. & Neale, M. (2014). Mirror, mirror on the wall, who’s the fairest of them all? Thinking that one is attractive increases the tendency to support inequality. Organizational Behavior and Human Decision Processes, 124, 133-149. 

Indicadores de calidad de la revista*
JCR Impact Factor (2014):  2.20
SJR  Impact Factor (2014): 2.80
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