(#401). MENOR RIESGO DE DIABETES AL COMER PRODUCTOS ECOLÓGICOS

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En este artículo publicado en Nutrients, los autores analizan la asociación entre la diabetes y la compra de productos de alimentación ecológicos en una muestra represtentativa de la población estadounidense.

Consumir comida ecológica puede ser una buena forma de prevenir la diabetes, ya que tiene menos cantidad contaminantes químicos y dispone de un mejor contenido nutricional, que son dos de los factores que se han ligado a esta enfermedad.

El marcado de comida orgánica ha crecido desde los $3500 millones en 1996 a los $35000 millones en 2014 en Estados Unidos, lo que indica la tendencia a consumir este tipo de productos. Todavía no hay un cuerpo sólido de investigaciones que relacionen la ingesta de estos productos con diversos indicadores de salud, pero sí que es cierto que, como comentan los autores, se postula como un factor relevante para reducir riesgos.

Los alimentos orgánicos tienen una mayor cantidad de nutrientes beneficiosos, como antioxidantes o ácidos grasos poliinsaturados. Es más, contienen un tercio de residuos de pesticidas con respecto a los alimentos convencionales. De este modo, esos potenciales beneficios para la salud deberían traducirse en evidencias medibles en trabajos de campo.

El objetivo de esta investigación es, precisamente, testar si existe una asociación inversa entre el consumo de alimentos orgánicos y el riesgo de padecer diabetes en Estados Unidos.

Metodología

Los participantes pertenecían al National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES), donde se evaluaba la compra de productos orgánicos en los ciclos de 2007/08 y 2009/10. NHANES es una encuesta organizada por el National Center for Health Statistics (NCHS) del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

Cada ciclo consiste en aproximadamente 10000 participantes representativos de la población estadounidense, y las preguntas que se les realizan están relacionadas con la nutrición, la salud, las enfermedades y el comportamiento de compra.

La muestra para este estudio consistió en 8199 adultos mayores de 19 años (excluyendo embarazadas), a quienes se preguntaban si compraban comida orgánica y la frecuencia de esa compra. Esas variables se tomaron como indicadores aproximados de la exposición a los alimentos ecológicos.

Los participantes fueron identificados con diabetes a través de reportar si habían sido diagnosticados anteriormente o tras realizar el testo de hemoglobina A1C.

Como covariables se empleó información relativa a la edad, sexo, etnia, educación, ingresos, historial familiar de diabetes, tabaquismo, ingesta de alcohol y actividad física.

Resultados e implicaciones

La descripción de los datos muestra claramente que los participantes que compraban productos orgánicos llevaban un estilo de vida global más saludable, y además tenían mayores niveles de ingresos y de educación.

Por tanto, en el modelo estadístico han de considerarse estas variables para aislar el efecto de la compra y la frecuencia de compra de productos orgánicos en el desarrollo de diabetes, y eso es precisamente lo que hacen los autores en su Modelo 3:

Como puede derivarse de las tablas anteriores, el riesgo de diabetes disminuye en aquellos participantes que han comprado comida orgánica en los 30 días anteriores a la recogida de datos. En cuanto a la frecuencia, se atisba una leve respuesta a la dosis, que necesitaría ser confirmada en posteriores estudios.

Limitaciones/Comentarios

Los autores realizan un interesante análisis sobre una gran muestra representativa de Estados Unidos, lo que es un punto fuerte para dar validez a los resultados que obtienen. Es cierto que no se aprecia un tamaño de efecto claro, pero sí un patrón de respuesta a la dosis que sugiere que existe una reducción de riesgo de diabetes para individuos que compran comida orgánica.

En salud, incluso tamaños de efecto muy pequeños tienen trascendencia, porque se trata de ir dando pasos en la reducción de riesgos que son en parte evitables con buenos hábitos de consumo.

Los autores recuerdan que los pesticidas organofosfatos y los piretroides están asociados a un mayor riesgo de diabetes, y que los productos ecológicos contienen un 30% menos de residuos de estos químicos con respecto a los convencionales. En animales, los productos orgánicos tienen menos residuos de antibióticos, los cuales también se han asociado a la diabetes tipo 2.

En conclusión, y pese a la limitación de tratarse de un estudio transversal y que toma como variable proxy del consumo la compra de productos, los resultados sugieren una reducción de riesgo de diabetes que merece ser tenido en cuenta como un argumento más para decantarse por la producción y consumo de este tipo de alimentos.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Indicadores de calidad de la revista*

Impact Factor (2017) Cuartil Categoría
Thomson-Reuters (JCR) 4.196 Q1 NUTRITION & DIETETICS
Scimago (SJR) 1.557 Q1 FOOD SCIENCE

*Es simplemente un indicador aproximado de la calidad de la publicación

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(#340). SACRIFICE ZONES: LA DESIGUALDAD SOCIAL Y LA EXPOSICIÓN A TÓXICOS EN ESTADOS UNIDOS

[MONOTEMA]  Las zonas de sacrificio eran lugares que los gobiernos estadounidense y soviético empleaban para realizar todo tipo de actividades nucleares. Esos sitios quedaban para siempre inhabitables, aunque no todos ellos realmente se vaciaban de personas. Eran zonas (y personas) que se “sacrificaban” para un supuesto bien mayor. Pero ellos nunca pidieron ser sacrificados y, desde luego, es muy discutible que cualquier objetivo político-económico pueda prevalecer sobre la salud de una comunidad.

Sacrifice zones cuenta la terrible historia de diferentes comunidades norteamericanas que han sufrido de manera directa la contaminación de industrias situadas en sus aledaños. Son las nuevas zonas de sacrificio; esta vez no hay residuos nucleares, pero sí dioxinas, benzeno, residuos de pesticidas, arsénico, tungsteno o manganeso.

En este post voy a comentar brevemente algunos de los puntos más relevantes de esta obra (publicada en 2012), que presenta además la constatación de que la desigualdad social también lleva aparejada una mayor desigualdad en la exposición a tóxicos industriales. A través de 12 casos en diferentes comunidades de Estados Unidos, el libro muestra una desesperante realidad de mentiras, inoperancia, dolor y muerte.

El autor

Steve Lerner (en la foto) es un premiado escritor que está ampliamente familiarizado con temas ambientales, y que para realizar este trabajo ha pasado 2 años de su vida recorriendo Estados Unidos para entrevistar a cientos de personas que forman parte de esas comunidades “sacrificadas”.

Lerner pone nombre y apellidos al dolor y a la lucha de individuos que se convirtieron en héroes incidentales. Y lo hace de manera honesta, mostrando la desesperanza de colectivos que sabían que estaban sufriendo las consecuencias de una contaminación, mientras las empresas y el Gobierno seguían imbuidos en falsedades e inoperancia.

Desigualdad en la ubicación de focos contaminantes

La segregación racial llevó a construir barrios para negros, a dividir las ciudades en zonas donde el color de la piel (y el del dinero) designaban quién debía habitarlas. Aunque esa época se fue diluyendo, muchos vecindarios segregados mantuvieron su estructura racial; los hijos y nietos de esos primeros habitantes siguieron viviendo allí.

A la discriminación histórica y la depresión económica, algunas de esas comunidades han añadido la presencia de industrias altamente contaminantes. Lerner muestra los datos de diferentes investigaciones que indican que la exposición a tóxicos ambientales es mayor para esas personas en relación a las que viven en zonas más ricas. Además, las empresas se aprovechan de esos vecindarios deprimidos; su menor nivel educativo y económico les confiere menos capacidad para organizarse y protestar contra los atropellos medioambientales que sufren.

El autor muestra que esas empresas mienten sistemáticamente, y que no controlan de manera adecuada sus contaminantes. Aunque existen abogados y asociaciones que asesoran y ayudan a este tipo de comunidades a organizarse, lo cierto es que se ven casi siempre impotentes ante las dificultades de probar que están siendo envenenados, y la burocracia de las instituciones gubernamentales que deberían haber realizado un mejor trabajo.

Casas con las ventanas permanentemente cerradas, con la gente odiando volver del trabajo para no encontrarse de nuevo con el insoportable olor, o beber y bañarse en agua contaminada. Vecindarios que quedan para siempre estigmatizados, porque aunque hay casos (pocos) en los que finalmente se ha conseguido que la industria se vaya, la contaminación persiste,  los suelos siguen envenenados; la comunidad queda marcada para siempre.

Aunque el Gobierno multa a veces a esas empresas, lo hace en menor medida que a las que están ubicadas en zonas más ricas. También hay desigualdad en eso. Además, Lerner, enfatiza la injusticia de la redistribución de esas multas, porque deberían ir directamente a compensar a la familias que viven al lado de esos focos contaminantes, y no perderse en la recaudación global.

Los vecinos se convierten en expertos ambientales sin quererlo, sin tener la formación necesaria, aprenden a hablar en partes por millón. Sin embargo, y pese a los esfuerzos en recopilar información sobre las enfermedades que sufren, no son capaces de convencer a la comunidad científica; claro, no es válido desde el punto  de vista metodológico. Pero esos casos particulares constituyen en sí una evidencia también, aunque luego se disipe entre los que claman que para inferir una relación causal hace falta mucho más. Es siempre la misma historia; se pretende que se pruebe estadísticamente algo que es evidente, pero que luego se pierde entre los vericuetos de la jerga académica. Y entonces los que defienden a los envenenadores argumentan que aunque haya realmente más casos de enfermedades, ello es debido a que en esas comunidades se fuma más, se bebe más o se drogan más. Es cierto, eso ocurre, pero esa confusión en las variables no debería tapar una realidad terrible. Pero lo hace. No es de extrañar que el Centro de Control de Enfermedades haya sido incapaz de probar causalidad en decenas de clusters de enfermedades en esas zonas.

El Gobierno no puede atribuir causalidad, pero en Pensacola, en su tristemente famosa montaña de dioxinas, nunca se completaron las labores de limpiado. Los vecinos se bañaban y bebían agua contaminada. No, el Gobierno no podía atribuir causalidad, pero las muestras de suelo daban 950 ppt de dioxinas, cuando el límite residencial es de 7 ppt. De dieldrín 2000 ppb, cuando el límite es de 40 ppb. De arsénico 9400 ppb, cuando el límite es de 370 ppb. De benzopirenos 1133 ppb, cuando se considera seguro un máximo de 88 ppb. Pero el Gobierno no puede atribuir causalidad.

Lerner cuenta diversos ejemplos de tremendas mentiras, de cómo la industria sin ningún pudor escribe un discurso falso, sin importar las consecuencias. Por ejemplo, en agosto de 2005, después de recibir muchas quejas sobre la planta de carbon de Royal Oak, en Florida, un representante de la misma enfatizaba que los test de emisiones hechos en la fábrica habían demostrado estar en relga; no sólo cumplían con la ley de Florida, sino que lo hacían de manera holgada. Un mes después, sin embargo, los inspectores encontraron que la planta emitía 9 veces más metanol que lo permitido. Tres meses después de las declaraciones de ese individuo, los inspectores habían hallado 9 violaciones de la ley. Al día siguiente, la fábrica cerró.

Contaminación del aire, del agua, del suelo. Lerner muestra industrias del carbón, plásticos, armas, refinerías…todas ellas colocadas prácticamente en el patio de atrás de esos vecindarios “sacrificados”. No importa, al fin y al cabo son negros, indios, hispanos o blancos que se merecen lo que tienen. Por cierto, los omnipresentes hermanos Koch también son protagonistas. Pese a que han recibido millonarias multas, ellos siguen escribiendo su relato, como el que muestra este vídeo.

El autor concluye el libro abogando por reducir los impuestos a los ciudadanos e incrementarlos a los fabricantes de este tipo de productos hechos con sustancias tan tóxicas. También sugiere una monitorización independiente, y destinar más recursos a ello. Hay que ser prudentes, bajar los límites máximos permitidos, proteger a la población más vulnerable y ser mucho más conservadores debido a que desconocemos el efecto sinérgico de la combinación de diferentes tóxicos.

Todos aquellos que defienden el neoliberalismo, la auto regulación, y les abren las puertas a este tipo de empresas sin exigir el control adecuado, deberían irse a vivir con sus familias a uno de estos vecindarios. Tal vez así, verían las cosas de otra manera.

Cómo citar este artículo: Martínez, J. A. (2018, junio 12). Sacrifice zones; La desigualdad social y la exposición a tóxicos en Estados Unidos. Descargado desde www.cienciasinmiedo.es/b340

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(#295). POISON SPRING; UNA INQUIETANTE HISTORIA SOBRE LA EPA Y LOS PESTICIDAS

[MONOTEMA]  Cuando una organización gubernamental, que nace con el loable fin de proteger la salud de las personas y el medio ambiente, actúa justamente de manera contraria y se pliega a los intereses espúreos de las corporaciones, la desesperanza, el solipsismo, e incluso el nihilismo se pueden adueñar de cualquier individuo honesto que evalúe la situación. Es lógico, porque ya no sólo son multinacionales contra personas, sino el propio Gobierno el que acaba empujando todavía más.

Poison Spring cuenta como la Environmental Protection Agency (EPA), ha sido cómplice de las tropelías de la industria de los pesticidas prácticamente desde su creación en 1970. A pesar de contar con científicos honestos, las injerencias gubernamentales (por intereses económicos) y la carencia de recursos han propiciado que se haya fallado en el objetivo básico de regular adecuadamente el uso (indiscriminado) de sustancias tóxicas en la agricultura.

En este post voy a comentar algunos de los puntos más relevantes de esta obra (publicada en 2014), que resume 25 años de trabajo de E. G. Vallianatos, un analista científico de la EPA que, desde 1979 a 2004, fue testigo de lo que estaba sucediendo dentro de su organización. La información que aporta es, tristemente, fiel reflejo de la deriva de un sistema neoliberal perverso.

Los autores

E. G. Vallianatos (en la foto) es zoólogo, doctor en historia y postdoc en historia de la ciencia. Trabajó durante 25 años como técnico de la EPA, por lo que fue testigo de casi todos los eventos más importantes a los que esta organización tuvo que hacer frente. El acceso a documentación y su experiencia vivida junto a otros científicos en la EPA, han propiciado que Vallianatos haya podido contar con solvencia una realidad lamentable.

El libro está también co-escrito por McKay Jenkins, periodista y profesor  de la Universidad de Delaware, especializado en toxicología y medioambiente.

Puertas giratorias y manipulación de los mensajes

William Ruckerlshaus fue el primer administrador de la EPA, y bajo su mandato se tomaron decisiones importantes, como la supresión del DDT en 1972. Sin embargo, es un ejemplo de las continuas puertas giratorias entre la política y la industria. Ruckerlshaus dejó la EPA para trabajar en Weyershauser y Monsanto, entre otras corporaciones con conflictos claros de interés con la misión de la agencia gubernamental. Pero luego volvió a la EPA en la época de Reagan, para dejarla otra vez en 1985. En esta ocasión se convirtío en CEO de Brownig-Ferris, una gestora de residuos, incrementando su salario de $72000 al año que tenía en la EPA hasta $1 millón en la corporación.

Recientemente, hemos asistido a los “fichajes” de Scott Pruit y Michael Dourson, por lo que la EPA sigue siendo hasta prácticamente día de hoy un nido de “hombres de la industria”. Así, la queja de los autores está ciertamente justificada.

No sólo las puertas giratorias constituyen una carencia de independencia, sino que también la EPA ha sufrido una pérdida irremisible de capacidad para hacer correctamente su trabajo, ya que ha visto deteriorado su presupuesto y los laboratorios para validar las investigaciones de la industria. Menos dinero y menos laboratorios.

La desmantaleción progresiva de la EPA y su incapacidad manifiesta para regular es sólo una parte del macabro juego. Las corporaciones y los políticos ligados a ellas han de manipular también las percepciones de los ciudadanos. Por eso, como bien indican los autores, cuando la EPA o cualquier otra organización o equipo de investigación informa acerca de los potenciales riesgos de un pesticida, la maquinaria de relaciones públicas comienza a funcionar, y el mensaje que se construye es que se está “en contra de los granjeros y agricultores”. Así, se manipula a la opinión pública, porque realmente cuando se denuncian los peligros de los pesticidas no se está yendo contra los agricultores, sino defendiendo los intereses de la población general. Y en cualquier caso, se perjudica el “agronegocio” (agribusiness), que es algo más complejo que poner el foco en un “pobre agricultor”, ya que significa poner en riesgo los ingresos de gigantes de la industria química que obtienen enormes beneficios vendiendo esos productos contaminantes. Defender la salud y el medio ambiente no es ir en contra de los granjeros como la maquinaria perversamente expresa, pero desafortunadamente a la opinión pública llegan menos estas matizaciones.

“Habrá escasez y hambre”, decían corporaciones y grandes agricultores en 1972 cuando la EPA prohibió el DDT. Pues eso.

La manipulación del mensaje llega, por supuesto, a la publicidad de los productos. Como hemos comentado tantas veces en este blog, la corporaciones sólo cuentan la parte de la historia que les interesa y disfrazan la realidad. Estos dos anuncios de DDT de mediados de lo años 40 son una buena muestra de ello.

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Las quejas y adertencias sobre la toxicidad del DDT ya habían salido a la palestra cuando se publicaron esos anuncios, como también muestra este artículo de 1946:

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De la prohibición a la gestión del riesgo

Esta es una de las grandes victorias de la corporaciones químicas, conseguir que los productos cancerígenos se pueden seguir diseminando como pesticidas, siempre que vayan sujetos a una gestión del riesgo. Es decir, de un análisis coste-beneficio en el que lo relevante es una “dosis tolerable” de esos productos para los humanos. Ello supone, entre otras cosas, que no existen efectos acumulativos ni efecto cóctel (interacción con otros tóxicos), lo que es ciertamente discutible.

Y también supone que los agricultores emplean los pesticidas de manera adecuada, algo que los autores cuestionan, por ejemplo aludiendo a una encuesta realizada en 1981 por el gobierno estadounidense sobre su uso en Florida; el 40% de los agricultures usaban el pesticida equivocado o simplemente rociaban de más sus cultivos.

En realidad, como argumentan los autores, se trata de una forma legal de cubrirse las espaldas. Esto es, las corporaciones se protegen contra demandas por efectos tóxicos de los pesticidas a través de esas consideraciones de riesgo y tolerancia de dosis pequeñas. Así, son todavía hoy pertinentes las palabras de Morton Biskind, médico que falleció en 1981 y que alertó contra los peligros del DDT: “Los aparatos de comunicación (…) se encargan de negar, suprimir y distorsionar la abrumadora evidencia. Un nuevo principio de toxicología parece que se arraiga en la literatura: no importa cómo de letal un veneno pueda ser para otras formas de vida animal; si no mata instantáneamente a los humanos entonces es seguro. Cuando, sin embargo, mata a una persona, entonces es culpa de ese propio individuo, ya sea porque era alérgico a esa sustancia o porque la usó inadecuadamente”. Hoy, 37 años después del fallecimiento de Biskind, no podemos objetar ni una coma a esas palabras.

El fraude y la ocultación

Por si todo esto no fuera suficiente, los estudios de las empresas y los procesos de validación y supervisión de la EPA están salpicados de fraude y corrupción. Los autores comentan lo sucedido con el IBT, ese escándalo de proporciones colosales del mayor centro de investigación privado para las empresas agroquímicas, y del que hablamos con pausa en el post sobre los Poison Papers. Como comentamos entonces, la EPA hizo poco por volver a evaluar decenas de sustancias cuyos test reportados por las corporaciones estaban manipulados.

La EPA pasa por alto los ingredientes “inertes” de los pesticidas. Son secretos comerciales, según los productores, y no son evaluados porque no forman parte de la composición molecular activa. Pero no son para nada inertes, ya que en su mayoría son altamente tóxicos, a veces incluso  más que el componente activo. Pueden actuar como coadyuvantes para aumentar la adherencia del biocida, y entre ellos se encuentran compuestos como el clorobenzeno, benzeno, formaldehido…Según los autores el DDT podría pasar ahora como elemento inerte. Hay alrededor de 1800 ingredientes inertes y cuya inclusión en un pesticida concreto puede suponer más del 50% del propio producto. De este modo, existe una ocultación importante de la carga tóxica de los pesticidas, tal y como comentamos en diferentes posts sobre el glifosato.

Al fraude y la ocultación se añaden, además, el riesgo que sufren los investigadores de ser “señalados” por decir o hacer algo en contra del agronegocio. Así, los autores comentan el caso del estudio epidemiológico de Alsea (Oregón), y cuya historia describimos con detalle al comentar el libro “Una amarga niebla”.  Ese estudio que llevó a la EPA a prohibir el pesticida 2,4,5-T (uno de los dos componentes del Agente Naranja),  supuso un beso mortal para el programa epidemiológico de la Agencia. Varios de sus científicos se vieron atacados por la maquinaria de relaciones públicas de las corporaciones, afectando a las carreras profesionales de esos investigadores y a su trabajo dentro de la EPA.

Y es que la EPA ha jugado con fuego en muchas ocasiones. Los efectos del DDT todavía se veían en 1982 pese a su prohibición 10 años antes. La EPA tenía documentación que probaba su efecto en pájaros y peces en el Valle de Río Grande. Vallianatos descubrió unos documentos internos de científicos de la Agencia que ilustraban este hecho, pero que iban a ser destruidos. Ni la EPA ni el Gobierno de Texas hicieron  nada al respecto, a pesar de su conocimiento.

Así, la EPA tiene la cualidad de ser objeto de demandas que vienen desde todos los ángulos. Cuando tiene la osadía de regular en contra de los intereses de la industria, pese a las abrumadoras evidencias, entonces las corporaciones litigan contra ella. Pero como también deja gran parte de su trabajo sin hacer, organizaciones ecologistas y otros grupos también la llevan a los tribunales por no defender lo que realmente es su misión; proteger al ciudadano y al medio ambiente. Tal es el caso de la demanda de Earth Justice contra la EPA en 2013 por aprobar un nuevo insecticida neonicotenoide de Dow, especilmente lesivo para las abejas (los estudios recientes no dejan lugar a dudas sobre ese daño).

Miopía tóxica

Los profesores de marketing estamos familiarizados con el concepto de miopía comercial, que se produce cuando un ejecutivo es incapaz de identificar correctamente el mercado en el que compite una empresa, formado por necesidades a satisfacer, alternativas para satisfacerlas y clientes reales y potenciales.

Lo que los autores del libro expresan con claridad es que analizar de manera simple el potencial daño humano de un pesticida es incurrir en un error similar. Podríamos llamarlo miopía tóxica, porque para valorar el daño que hacen los pesticidas a los humanos y a la naturaleza hay que tener unas miras mucho más amplias y entender la complejidad y dinámica de los ecosistemas y, por supuesto, del cuerpo humano.

El libro está plagado de numerosas citas y advertencias de científicos en este sentido, y también de cifras, que quizá muestren de forma más directa la definición del problema. En 1991 la EPA estimó que 50 millones de norteamericanos estaban bebiendo agua potable potencialmente contaminada con pesticidas. A día de hoy, ya se han confirmado restos de insecticidas en ese agua para consumo humano.

En 2005 un estudio reveló que los pesticidas producían 300000 envenenamientos al año en Estados Unidos. La cifra en todo el mundo era de 26 millones, con 200000 muertes atribuidas y 750000 nuevos enfermos crónicos todos los años.

En 1954 los insectos destrozaron un 10% de las cosechas en Estados Unidos. En 1980 (junto con las enfermedades) un 37%, a pesar de las ingentes toneladas de pesticidas empleados. “¿Ha merecido la pena?”, se preguntan los autores.

El investigador David Pimentel estimó en 2003 que sin el empleo de pesticidas los agricultores habrían perdido el 41% de sus cultivos, lo que hubiera incrementado el precio de los productos entre un 5 y un 10%, es decir, una subida moderada y asumible, y más teniendo en cuenta los beneficios de haber evitado el daño para los humanos y el medio ambiente, una cifra que Pimentel estimaba en $12 mil millones al año.

Conclusión

Vallianatos y Jenkins enfocan su esperanza en las próximas generaciones de jóvenes que deben luchar por cambiar este modelo perverso y enfocarse hacia una agricultura que minimice los pesticidas. No es fácil, desde luego. No sólo los intereses de las multinaciones y la complicidad de los gobiernos están en contra, sino también incluso muchos agricultores.

Los autores comentan los casos de amenazas a pequeños granjeros y agricultores proclives a eliminar los pesticidas por parte de sus propios compañeros. Es el máximo triunfo de los malvados y manipuladores, hacer que los propios agricultores defiendan un producto que les está matando a ellos antes que a nadie.

Pero claro, no a todos; los grandes propietarios de tierras no suelen vivir en el campo, y les importa bien poco lo que allí suceda. Que rocíen veneno con las avionetas fumigadores les trae sin cuidado. Para los que están al pie del cañón todos los días, lo lamentable es que los pesticidas actúan como una droga; necesitan cada vez más, son adictos a algo que les produce un beneficio rápido, y que tienen que consumir con más intensidad porque la resistencia a ellos se incrementa. Un panorama desolador.

Los autores apuestan por tener un modelo de agricultura mucho menos concentrado e intensivo, con predominio de propietarios pequeños (familiy farming), con rotación de cultivos, con menos presión sobre la producción, y con el uso del control integral de plagas. Esto no lo está diciendo un soñador utópico; lo están diciendo cientos de investigadores desde hace décadas.

Luego vendrán los palmeros de siempre a defender lo indefendible, a pervertir el discurso, a manipular los mensajes. A llamar magufos, ecolopijos, comunistas, o lo que suene más despectivo a los que defienden un modelo alternativo y a los que denuncian los peligros de los pesticidas. Y entonces dirán que el estudio doble ciego de no se quién demuestra que los pesticidas no hacen daño, o cosas similares. Y así se creerán más científicos que nadie, porque son tecnólogos que vencen a los magufos alarmistas.

Y ahora yo me permito proponer a los lectores que reflexionen, que piensen en todas las historias que llevamos contando en este blog sobre pesticidas. Que valoren el contexto en el que la ciencia se produce, y la historia vivida desde la II Guerra Mundial. Después, que evalúen las interacciones entre política, corporaciones y ciencia, así como el papel de las agencias reguladoras y los efectos sobre los ciudadanos. Y finalmente, que visionen los anuncios publicitarios de los productores, y empiecen a contabilizar las mentiras, manipulaciones, fraudes y corrupciones por parte de todos los actores del sistema. Luego, pueden volver a leer el discurso y el relato de los voceros, y esos “super científicos” que tratan de sacarnos de la ignorancia.

Cómo citar este artículo: Martínez, J. A. (2018, enero 10). Poison Spring; una inquietante historia sobre la EPA y los pesticidas. Descargado desde www.cienciasinmiedo.es/b295

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(#285). CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS ALTERAN EL CANAL IÓNICO DEL CALCIO

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En esta investigación publicada en Brain Research, los autores realizan una simulación para analizar los efectos de los campos electromagnéticos sobre la conducción y la concentración en los canales iónicos del .

Existe evidencia en la literatura sobre enfermedades asociadas a disfunción de los canales iónicos del calcio y del sodio: desórdenes musculares y neuronales, parálisis muscular hipercaliémica, epilepsia con convulsiones febriles, poliquistosis renal, autismo y migrañas.

Recordemos que los canales iónicos son una especie de puertas por las que la célula se comunica con el exterior a través de la membrana fosfolipídica, y donde existen unas proteínas de membrana (canales) que controlan ese intercambio.

Los canales del calcio producen un flujo de un millón de iones por segundo, y pueden elegir entre iones de idéntico radio con una selección basada en la carga. El proceso es básicamente una corriente iónica producida por una diferencia de potencial del orden de miliVoltios entre el exterior y el interior de la membrana. Cuando se abre el canal, la corriente iónica fluye y se produce una despolarización, es decir, un cambio de signo del potencial por una diferencia de concentración iónica entre el interior y el exterior de la célula. Esa corriente es del orden de los picoAmperios.

Como bien indican los autores, existen varios estudios en la literatura que muestran que la exposición a diferentes tipos de campos electromagnéticos activa los canales iónicos del calcio y produce un incremento de esos iones en el interior de la célula. Se cree que esa exposición afecta el gradiente de voltaje entre la membrana,  estimulando la activación del canal.

El objetivo de la investigación es modelar la estructura del canal y modificar los cálculos electrostáticos cuando se introduce el factor externo de un campo electromagnético, con el fin de estudiar la conductancia del canal.

Metodología

Los autores siguieron otros modelos anteriores para realizar su simulación. Así, asignaron la ubicación de cuatro residuos de glutamato detrás de la pared del canal y fueron programados para diseminarse en espiral para determinar la conductividad del canal.

Los iones fueron modelados por medio de Movimiento Browniano, donde tanto la posición como la velocidad de esos iones son simulados mediante la ecuación de Langevin.

En cuanto  a la exposición los autores simulan el efecto de un campo electromagnético de 900 Hz de frecuencia y 7 V/m de amplitud. Se consideró el efecto del campo en las 3 direcciones espaciales. Posteriormente los autores simularon el efecto de un campo con una amplitud de 100 V/m.

Resultados e implicaciones

La conductancia del canal se vió alterada ante la exposición al campo, incrementando la corriente iónica. En el caso de que la fuerza aplicada es en la dirección del eje del canal, el campo empuja a los iones haciendo el tiempo de paso más corto. Cuando la dirección de la fuerza es perpendicular al eje, el campo produce una mejor entrada de los iones en el canal.

Todas las corrientes iónicas se incrementaron ante las diferentes configuraciones del campo, en línea con otras investigaciones que mostraron que, efectivamente, esa corriente se incrementa pero depende de la fuerzam frecuencia y orientación del campo.

Por tanto, campos electromagnéticos no ionizantes producen perturbaciones en los canales iónicos del calcio, incrementando el flujo de iones.

Limitaciones/Comentarios

Artículo difícil de seguir y poco claro en algunos aspectos. Particularmente me deja ciertas dudas en elementos que no acabo de comprender muy bien. Por ejemplo, habla de campos externos pero no de la correspondencia con el campo interno generado dentro de la célula. La correspondencia entre ambos campos viene dada por la conductividad eléctrica del medio, siendo diferente en cada tipo de tejido, y también de la frecuencia.

Es importante advertir que esta investigación realiza una simulación numérica, por lo que no obtiene resultados de una investigación con tejidos reales, por lo que las conclusiones dependen fuertemente de las características del proceso de modelado.

En cualquier caos, si tanto un campo eléctrico como un campo magnético pueden generar campos internos (como así ocurre), la producción de corrientes en el rango de los picoAmperios por los canales iónicos puede perturbar el correcto funcionamiento de las células. Pero se echa mucho de menos una discusión sobre la relación entre los campos eléctricos inducidos y la diferencia de potencial transmembrana.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Roetker, N. S. et al. (2016).Effects of electromagnetic field exposure on conduction and concentration of voltage gated calcium channels: A Brownian dynamics study. Brain Research, 1646, 560-569.

Indicadores de calidad de la revista*

 

Impact Factor (2016)

Cuartil

Categoría

Thomson-Reuters (JCR)

2.746

Q3

NEUROSCIENCES

Scimago (SJR)

1.26

Q2

MOLECULAR BIOLOGY

* Es simplemente un indicador aproximado para valorar la calidad de la publicación

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(#278). EL CASO DE SHARON GOLDBERG; NIÑOS ELECTROSENSIBLES

[MONOTEMA] Los proyectos de ley que se discuten este año en Massachusetts en relación a la necesidad de una mayor regulación de las exposiciones a Wi-Fi y otros emisores de radiofrecuencia nos están permitiendo conocer una realidad que, aunque algunos se empeñen en tapar o ridiculizar, existe y es muy preocupante.

Sharon Goldberg ha tenido la amabilidad y valentía de contarme con detalle su caso, el cual debe suponer un punto de inflexión en el modo en el que parte de la sociedad afronta esta cuestión.

En este post voy a relatar una historia que merece ser contada y conocida. No es un caso aislado, hay miles como este, pero el hecho de que sea una profesional de la medicina quien la protagoniza lo otorga un mayor eco.

Su perfil como médico

Sharon Goldberg nació en Estados Unidos, y se trasladó a Israel a estudiar medicina en Tel-Aviv University, Sackler School of Medicine, obteniendo su título en 1997. Poco tiempo después retornó a Estados Unidos para continuar su formación. En el Beth Israel Medical Center, en Nueva York completó su residencia en medicina interna. En 2000 obtuvo el certificado en medicina interna por la American Board of Internal Medicine, y desde entonces ha continuado su formación en otras especialidades, como en Medicina Tropical.

Desde 2001 hasta 2004 estuvo trabajando en el Mount Sinai School of Medicine de Nueva York, y desde entonces y hasta 2015 ejerció como profesora en el Mount Sinai School of Medicine (2004-2005), en el Albert Einstein College of Medicine (2006-2011), y en la Universidad de Miami, en el Miller School of Medicine (2011-2015).

Sharon_Goldberg

Durante todo este periodo, Goldberg se ha especializado también en medicina integrativa, lo que le ha hecho obtener una visión más amplia de las ciencias de la salud, y así emprendió su carrera como consultora en Glow Health Miami, en 2016, un proyecto personal en el que combina su experiencia en medicina interna con la medicina integrativa.

Durante estos años de carrera profesional, la doctora Goldberg ha publicado artículos de investigación en revistas científicas, como Pyschiatry and Clinical Neurosciences, Atherosclerosis, y Journal of Diabetes and Metabolic Disorders.

El comienzo de su interés por los efectos nocivos de la radiación no ionizante

En 2014, cuando todavía estaba como profesora a tiempo completo en la Universidad de Miami, su departamento le dio un nuevo teléfono móvil, un obsequio de la propia universidad. Goldberg era usuaria de Blackberry pero ese año cambió a un iPhone, porque la mayoría de las aplicaciones médicas que empleaban estudiantes y los residentes que estaban a su cargo no se podían ejecutar en su Blackberry.

El día en que llevó su nuevo teléfono a casa tuvo una llamada de 20 minutos en la cual empleó el altavoz, cogiendo el dispositivo con los dedos pulgar e índice. Cuando finalizó la llamada, Goldberg sintió dolor y quemazón en el dedo índice, un dolor neuropático, similar al que un diabético puede sufrir en un pie. Esa sensación de ardor y dolor no se fue hasta que no pasaron 3 o 4 días. Esto hizo que rápidamente devolviera el teléfono móvil y pidiera que se lo cambiaran por otro con un menor SAR (tasa de absorción específica). Desde ese momento la doctora comenzó a interesarse por un campo que hasta entonces no había sido objeto de su atención; el efecto de los campos electromagnéticos sobre la salud. Se unió al Collaborative on Health and the Environment, y estableció lazos con otros científicos que estaban trabajando en esta disciplina. Ella misma empezó a leer literatura específica al respecto y a formarse sobre cómo detectar y medir esas fuentes de radiación.

Jóvenes enfermos

Sharon Goldberg siente que su motivación para estudiar los efectos de los campos electromagnéticos sobre la salud es similar a la de otros compañeros médicos, que se cuestionan qué causas hay detrás de que en los últimos 10-15 años esté enfermando tanta gente. Según Goldberg, investigadores interesados en la nutrición y/o en las enfermedades crónicas están abordando también el estudio de la radiación no ionizante, como uno de los posibles caminos para explicar esta situación.

Goldberg se pregunta por qué la mayoría de pacientes que ella tenía como internista al comienzo de su carrera eran de una edad avanzada (65 años en adelante), mientras que los enfermos que han pasado por sus manos y por las de sus compañeros en los últimos años tienen cada vez menos edad. Si antes los jóvenes que trataba tenían patologías bien definidas (abuso de alcohol, secuelas de drogas, SIDA, cáncer, enfermedades estructurales cardíacas, trastornos convulsivos, enfermedades autoinmunes…), los más recientes tienen múltiples comorbilidades: diabetes, historial de ataques cardíacos o infarto, enfermedad vascular, obesidad, etc. Goldberg destaca que ahora en Estados Unidos es rutinario ver personas de 30-40 años con varios diagnósticos, pero sin ninguna causa subyacente clara, y enfatiza en relación a su interés sobre la radiación no ionizante: “Esta es mi motivación, las personas de 30 y 40 años no deberían necesitar amputaciones de extremidades, diálisis, cateterismos, o cuidados paliativos”.

La sensibilidad de sus hijos

En este punto, la historia de la doctora Goldberg tiene elementos en común con la de otros científicos y profesionales de la medicina que valoran el amplio número de publicaciones que la literatura muestra advirtiendo de los efectos nocivos de la radiación no ionizante, y también de la observación de pacientes, compañeros, amigos y familiares. Todos estos investigadores sienten que los niveles de protección no son adecuados, y que no se está regulando con la suficiente responsabilidad. Hasta aquí, es una historia que incluso podría catalogarse como común entre un nutrido grupo de investigadores.

Sin embargo, lo que hace su caso más especial es lo que le está ocurriendo a sus hijos, un niño y una niña que han sido diagnosticados con intolerancia electromagnética, o lo que aquí en España conocemos como electrosensibilidad o electrohipersensibilidad. Goldberg explica en esta carta, fechada el 4 de abril de 2017,  el caso, por lo que vamos a reproducir las líneas más reseñables.

“En mayo de 2016, mi hija de 2 ° grado sufrió mareos, náuseas y vértigo cada vez que se usaba la pizarra inteligente en su clase. Con exposiciones más largas (es decir, cuando la profesora ponía películas en la pizarra), la niña tenía confusión, náuseas muy intensas y mareos. A medida que avanzaba el año, desarrolló una pérdida de memoria a corto plazo y cambios de comportamiento significativos. La primera semana de verano, asistió a un campamento bajo múltiples torres de telefonía móvil y después de solo 2 horas, desarrolló lo que más tarde se reconoció como toxicidad aguda por radiación. Ella manifestó todos los síntomas que habían aparecido en la escuela, además de problemas neuropsiquiátricos más graves, muchos de los cuales duraron varios meses, incluyendo: hipersomnolencia, acatisia, un tic nervioso, llantos extremos sin razón aparente, arrebatos de ira y mareos crónicos. Durante este período, ella era muy sensible a la radiación del teléfono celular / Wi-Fi / torres de telefonía / y otros tipos de emisores de radiofrecuencia. Es de destacar que cuando los niveles de radiofrecuencia se midieron posteriormente en su clase, la densidad de potencia era extremadamente alta: 125000 μW/m², un nivel claramente asociado con muchos problemas de salud efectos, incluyendo daños en el ADN, cambios de comportamiento y dificultades de concentración). Afortunadamente, ella se ha recuperado, pero permanece sensible a la radiofrecuencia cuando se expone. Después de solo 3 días en la escuela este año estaba demasiado mareada y con nauseas para regresar a la escuela que tanto le gustaba”.

Así, la hija de Sharon Goldberg, que ahora tiene 9 años, sufrió claros síntomas de electrosensibilidad. Los niveles de densidad de potencia en su clase estaban por debajo de los límites de referencia, por tanto, eran perfectamente legales. Aquí en España se permite hasta 4500000 μW/m², es decir, incluso 36 veces más. Sin embargo, como bien indica la doctora Goldberg, las recomendaciones sobre exposición derivadas de diferentes investigaciones recientes son mucho más restrictivas, por lo que la niña estaba expuesta a niveles muy superiores a los que algunos investigadores han propuesto (entre 1 y 1000 μW/m²).

Pero, poco tiempo después, su hijo que hoy tiene 7 años, comenzó a sufrir también problemas:

“En diciembre de 2016, después de comenzar en una nueva escuela, mi hijo desarrolló cambios progresivos en el comportamiento, similares a los asociados al autismo. Cada semana que pasaba se volvía más agresivo y violento, atacando a su hermana en muchas ocasiones, golpeándola y pateándola sin razón aparente. También tuvo un retroceso en su desarrollo y no quería vestirse, desvestirse o lavarse por sí mismo. Tenía frecuentes dolores de cabeza y dificultades severas para mantener la concentración. Después de dos meses en esa escuela, comenzó a atacar a otros miembros de la familia, incluyéndome a mí, y a su abuela que vivía con nosotros. Tenía ataques de ira en los que era muy difícil contenerse físicamente. Durante esos ataques él era a menudo destructivo. En febrero pateó una puerta corredera de ducha tan fuerte que se rompió. A principios de marzo, y después de que nuestra hija mencionara que el autobús escolar la había mareado mucho, decidimos experimentar y ver si al no montar en autobús cambiaban los resultados. Y sorprendentemente, después de 24 horas sin subir a ese vehículo, la violencia y agresiones de mi hijo pararon. No hubo más agresiones en el hogar aparte de varios episodios que ocurrieron después de fuertes exposiciones a la radiación fuera de la casa, y una vez terminada el año escolar mi hijo volvía a ser el niño normal y dulce que era. Sin embargo, después de dos días de reiniciar el colegio el mes pasado, mi hijo volvió a ser agresivo con su hermana”.

Sharon Goldberg enfatiza en su carta que sus dos hijos tienen un desarrollo completamente normal y saludable, pero cuando se exponen a radiofrecuencia empiezan a sentirse enfermos, cada uno de una forma diferente. El niño lo hace gritando y siendo agresivo mientras que la niña principalmente sufre mareos e indisposiciones. Y ambos lo hacen a la vez cuando van a establecimientos comerciales como Home Depot o Target donde están expuestos a radiación.

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Todas estas circunstancias unidas a que su hogar es desde 2016 una “zona blanca”, es decir, libre de radiofrecuencia, les ha hecho establecer relaciones circunstanciales de causa y efecto. Goldberg decidió deshacerse de su contador telegestionable, la alarma, el router Wi-Fi (ahora emplean cable), además de implementar otros cambios para que sus hijos se encuentren tranquilos y saludables dentro de casa.

Como bien comenta Goldberg, en relación al caso de su hijo, los autobuses son un lugar donde la exposición a radiofrecuencia se multiplica. Al margen de que puedan llevar Wi-Fi incorporada, la radiación de los múltiples teléfonos móviles que están conectados (buscando continuamente repetidores al estar moviéndose) y cuyas ondas rebotan con la carcasa metálica del autobús, hace de este lugar una zona de alta inmisión.

Diagnosticados y buscando un lugar para llevar una vida normal

Sus hijos fueron diagnosticados por 2 pediatras como sensibles a los campos electromagnéticos, registrando el código ICD-10 como “efectos de la radiación”. El Distrito Escolar del Condado de Palm Beach aceptó a los niños en su programa de “Hospital a domicilio” en octubre de 2017.

Este es un programa que se usa para los niños con cáncer o enfermedad grave que están demasiado enfermos para asistir a clases normales, o porque se considera que no están lo suficientemente seguros allí. El programa incluye clases virtuales y es lo que la familia Goldberg está empleando a día de hoy a la espera de mudarse a una escuela con las condiciones de inmisión de radiofrecuencia que les permita asistir sin problemas, lo que está resultando tremendamente complicado.

Ori and Noa beachConclusión

He escrito mucho en esta web sobre los efectos adversos de la radiación no ionizante. Y lo he hecho buceando por la literatura científica, pero también observando los casos que conozco personalmente. Esto últimos son evidencias circunstanciales, pero constituyen una fuente de información para un científico cuando se multiplican en número. Pero incluso aunque fueran casos aislados (que no lo son) también merecerían la atención científica, y el reconocimiento social y médico.

El caso de Sharon Goldberg es importante para que sirva como palanca para animar a todas aquellas personas que están sufriendo algo similar pero que no se atreven a admitirlo por miedo al rechazo profesional y social. Lamentablemente, algunos radicales del cientifismo provocan que los que sufren se escondan por temor a represalias y burlas.

Es alentador que la doctora Goldberg admita que cuando le presentaba información sobre los efectos adversos de la radiofrecuencia a otros colegas médicos estos mostraran interés en saber más y en reconocer que hay evidencias notables de que esos efectos puedan existir. Aquí, en España, por desgracia, la situación probablemente es diferente. Sólo unos pocos médicos han tenido el coraje y el arrojo de defender públicamente una realidad que es constantemente atacada por el círculo pseudoescéptico. Qué error poner al mismo nivel la creencia paranormal con la existencia de la electrosensibilidad. Qué falta de respeto y qué incoherencia científica. Pero cuánto daño están haciendo.

La realidad es que no sabemos muy bien lo que está ocurriendo, pero dada toda la evidencia disponible, un buen científico debe al menos dudar, pedir más investigación, demandar precaución, y estudiar todas las posibilidades, aunque provengan de evidencias circunstanciales.

La doctora Sharon Goldberg está viviendo momentos muy duros con sus hijos pequeños, pero ha hecho el meritorio esfuerzo de contar su historia para poder ayudar a que otros niños y adultos no sufran de ese modo. Espero que esto sirva para que otras personas se animen a relatar su caso, y para que también la sociedad humildemente acepte que, dado todo lo que conocemos, lo más inteligente y honesto es minimizar la exposición.

Padres, directores de colegio, profesores, médicos, investigadores, reguladores y políticos: Escuchad, por favor.

Agradecimientos

Este artículo no habría sido posible sin la colaboración de Sharon Goldberg, quien ha atendido a mis preguntas de manera amable y cortés. Además, también estoy en deuda con Ángel Martín y Cecelia Doucette, quienes me ayudaron a llegar hasta Sharon.

Cómo citar este artículo: Martínez, J. A. (2017, noviembre 7). El caso de Sharon Goldberg; Niños electrosensibles. Descargado desde www.cienciasinmiedo.es/b278

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(#125). UN MUNDO MÁS OBESO

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] Tanto el sobrepeso como el estar excesivamente delgado están asociados a un incremento de las enfermedades y de la mortalidad. Entre esas personas, aquellas que tienen obesidad severa (BMI≥35 kg/m²) o mórbida (BMI ≥40 kg/m²) presentan los mayores niveles de riesgo.

El objetivo de esta investigación es analizar la tendencia en el índice de masa corporal (BMI) desde 1975 hasta 2014.

Metodología

Los autores han analizado estudios poblaciones que han medido la estatura y el peso de adultos de 18 o más años en diferentes países. Para ello, han establecido varias categorías: (<18·5 kg/m² [infrapeso], 18·5 kg/m² to <20 kg/m², 20 kg/m² to <25 kg/m², 25 kg/m² to <30 kg/m², 30 kg/m² to <35 kg/m², 35 kg/m² to <40 kg/m², y ≥40 kg/m² [obesidad mórbida]).

Emplearon 1698 fuentes de datos, que comprendían 19.2 millones de participantes de 186 países, que cubren el 99% de la población mundial.

Resultados

Como se puede apreciar en la siguiente figura, la media del índice de masa corporal ha crecido en hombres y mujeres, aunque existen diferencias claras por regiones. La región de Polynesia y Mirconesia es donde se concentran el mayor número de personas obesas. Pero es muy importante destacar en donde más ha crecido el BMI es en los países de habla inglesa con alta renta.

The Lancet, 387 (2016) 1377-1396. doi:10.1016/S0140-6736(16)30054-X

De 1975 a 2014, la prevalencia global de infrapeso (BMI < 18.5 kg/m2) decreció de 13.8% a 8.8% en hombres y de 14.6% a 9.7% en mujeres. Sin embargo, la prevalencia en obesidad (BMI  ≥30 kg/m²) se incrementó de un 3.2% hasta un 10.8% en hombres, y de un 6.4% hasta 14.9% en mujeres. En 2004 la prevalencia de obesidad superó a la de infrapeso en mujeres, y en 2011 lo hizo en hombres.

La obesidad ha crecido de forma no lineal en algunas regiones, tal y como se muestra en la siguiente figura.

The Lancet, 387 (2016) 1377-1396. doi:10.1016/S0140-6736(16)30054-X

Implicaciones

En apenas 40 años hemos pasado de un mundo donde el infrapeso era más común que la obesidad a una situación completamente opuesta en muchas de las regiones del globo. La realidad es que el porcentaje global de personas con infrapeso y obesidad en 1975 ha crecido en 2014, tanto para hombres como para mujeres. Es decir, el crecimiento económico vivido en estas últimas 4 décadas ha reducido la prevalencia del infrapeso, lo que es bueno, pero ha conseguido una sociedad en la que el porcentaje de personas en riesgo (infrapeso+obesidad) es mayor. Además, sigue habiendo importantes signos de desnutrición en ciertas regiones, contrastando con el incremento de obesidad mórbida en otras. De este modo, la redistribución de los alimentos sigue siendo una asignatura pendiente, al igual que profundizar en el estudio de factores ambientales que contribuyen a ese incremento de la obesidad.

Limitaciones/Comentarios

Estudiar las medias siempre es arriesgado ya que puede haber asimetrías importantes dentro de cada país. Esto no se comenta en el artículo. 

NCD Risk Factor Collaboration (2016). Trends in adult body-mass index in 200 countries from 1975 to 2014: a pooled analysis of 1698 population-based measurement studies with 19·2 million participants. The Lancet, doi:10.1016/S0140-6736(16)30054-X

Indicadores de calidad de la revista*
JCR  Impact Factor (2014): 45.22
SJR  Impact Factor (2014): 11.15
* Es simplemente un indicador aproximado para valorar la calidad de la publicación

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