(#357). NUEVAS EVIDENCIAS SOBRE LOS RIESGOS DEL BISFENOL A (BPA)

[REVISIÓN DE ARTÍCULO]  En esta investigación publicada en el Journal of Mental Health & Clinical Psychology, los autores realizan una mini revisión de los últimos estudios que relacionan la exposición a bisfenol A (BPA) con desórdenes conductuales en niños, como por ejemplo TDAH, ansiedad y depresión.

El BPA es un disruptor endocrino que interfiere con el equilibrio hormonal, incluso a dosis pequeñas. De especial relevancia es la alteración de los patrones estructurales y conductuales que son específicos de cada sexo en experimentos con animales, incrementando, reduciendo y/o eliminando diferencias atribuibles al sexo. Los BPA afectan a la expresión génica de varios receptores de estrógenos, por lo que su exposición en el útero podría predeterminar posteriores respuestas a las hormonas esteroides en el cerebro.

Los autores actualizan la revisión realizada en 2015 sobre este mismo tema, reforzando los resultados encontrados entonces. Los fetos masculinos, según la evidencia mostrada en varios estudios, se ven afectadas con más frecuencia que los femeninos, aunque también los autores comentan dos estudios en los que sucede al contrario. En cualquier caso, estos datos indican una probable asociación asimétrica de la exposición a BPA con el comportamiento de los niños y las niñas. Pero no sólo la exposición intra uterina puede afectar al comportamiento futuro de esos niños, sino también la exposición en sus primeros meses o años de vida.

Como indican los autores, más del 90% de la población europea y americana tiene concentraciones detectables de BPA en la orina, siendo la alimentación la principal ruta de exposición en humanos. Sin embargo, y aunque el BPA está en múltiples productos recipientes de comida (plásticos, latas), su corta  vida biológica hace que sea muy complejo valorar la exposición. Es más, los autores sugieren que puede haber una infra estimación sistemática de esa exposición debido precisamente a las características no persistentes de esos tóxicos, lo que puede afectar los resultados de los estudios epidemiológicos.

Desde 2008, diferentes gobiernos han implementado medidas preventivas, como la prohibición del BPA en biberones en Canadá y la Unión Europea, y la total prohibición del BPA en Francia. La European Food Safety Authority (EFSA) ha reducido progresivamente la estimación de la dosis diaria tolerable de 50 µg/kg/día, hasta 4 en 2015. Pero como comentan los autores, estudios recientes en ratas sugieren que dosis cercanas o incluso menores a ese umbral actual pueden impactar el cerebro y el comportamiento, por lo que es probable que ese nivel de protección en la normativa europea sea insuficiente.

Los autores concluyen el artículo con dos anotaciones importantes. La primera de ellas se refiere al hecho de que algunos productos que están libres de BPA contienen otras formas de bisfenol (BPS y BPF), que también son al menos tan hormonalmente activos como el BPA. La segunda alude a la necesidad de aplicar el principio de precaución dadas las evidencias que acumula la literatura. Es más, enfatizan que inferir causalidad entre un disruptor endocrino y un desorden conductual específico puede ser una tarea prácticamente imposible, pero que una valoración global de los estudios experimentales y epidemiológicos debe ser suficiente para aplicar la prudencia, y tener regulaciones más estrictas.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Mustieles, V. et al. (2018). Is Bisphenol A (BPA) a Threat to Children’s Behavior? Journal of Mental Health & Clinical Psychology 2 (1), 6-9.

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(#352). TESTOSTERONA Y CONSUMO CONSPICUO EN HOMBRES

[REVISION DE ARTICULO] En este artículo publicado en Nature Communications, los autores presentan nuevas evidencias sobre la relación entre los niveles de testosterona en sangre en hombres y el consumo de productos que denotan estatus.

Ganar prestigio para sentirse socialmente por encima de los demás es una de las razones que explican el consumo de productos de lujo o con significado aspiracional (tenerlos denota una posición social superior), lo que refuerza también el sentimiento de unicidad, de diferenciación con respecto al resto que son “inferiores”. No importa que el valor de uso del producto entre diferentes productos sea el mismo; es el valor de signo lo que decanta la decisión de compra.

Sin embargo, como explican los autores, el comportamiento animal también tiene ciertas analogías con respecto al humano en relación a este aspecto. Algunas especies desarrollan adaptaciones que “desperdician” recursos fisiológicos sin producir unos beneficios inmediatos en cuanto a supervivencia, como por ejemplo los colores vivos de la cola de un pavo real o el peso de la cornamenta de los ciervos. Esas adaptaciones, sin embargo, incrementan el atractivo de los machos, y son claves para la reproducción. Por tanto, no está tan claro esa aseveración que los autores realizan sobre los beneficios de esos rasgos, ya que sí que tienen una gran importancia en la perpetuación de la especie.

En cualquier caso, la hormona testosterona está asociado con una variedad de comportamientos reproductivos y sociales, tanto en animales como humanos, donde se incrementan sus niveles en relación a esos comportamientos.  En los humanos, esta hormona aumenta en situaciones como la competición deportiva, después de una victoria, la presencia de una mujer atractiva o en acciones de consumo de lujo como consumir un coche deportivo.

Interesante es, además, la mención que los autores realizan sobre la relación entre la testosterona y la agresividad. Pese a que se ha mostrado asociación entre ambas variables (en estudios realizados principalmente con presos), hay investigaciones que sugieren que esa relación está mediada por la promoción del estatus, del prestigio personal. Esos estudios muestran que cuando se eleva farmacológicamente la testosterona, se incrementa la generosidad, la cooperación y la honestidad, es decir, comportamiento pro-social que no es agresivo, pero que puede proporcionar una situación de estatus.

El objetivo de esta investigación es analizar si cuando se elevan artificialmente los niveles de testosterona en hombres, existe una preferencia por el consumo de productos que denotan estatus.

Metodología y resultados

Participaron 243 voluntarios a los que se les tomó una muestra se saliva antes de comenzar el experimento y luego 3 muestras más durante el desarrollo del mismo para comprobar que efectivamente el tratamiento incrementaba los niveles de la hormona testosterona frente al grupo al que se le administró placebo (ver la figura siguiente).

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Los participantes vieron 5 pares de marcas de ropa, en las que una de ellas estaba asociada a un mayor rango social, y tenían que indicar en qué medida preferían una sobre otra. Los resultados fueron claros; el grupo experimental prefería las marcas con mayor estatus social en comparación con el grupo de control (placebo). El efecto significativo se mantuvo al controlar por diferentes variables, como el estado de ánimo, edad, el ratio 2D:4D, y las medidas post tratamiento de otras hormonas.

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Los resultados fueron también similares en la condición del pre tratamiento, es decir, antes de suministrar la testosterona, indicando que el nivel basal de testosterona también influye en esa elección.

En el siguiente experimento los investigadores trataron de dilucidar si esa preferencia por las marcas que denotaban estatus era también similar por marcas que significaban poder y alta calidad. Para ello, diseñaron varios mensajes publicitarios referidos a un reloj, incidiendo cada uno de ellos en el respectivo atributo distintivo.

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Los resultados de nuevo mostraron que aludir al estatus produce una actitud significativamente diferente en función de los niveles de testosterona, pero no en el resto de condiciones.

Implicaciones

Esta investigación muestra como la preferencia por el consumo de ciertas marcas puede estar definida por características biológicas, como los niveles de testosterona, cuando esos productos aluden al estatus, al prestigio, a la señalización de una posición social dominante.

Como indican los autores, los niveles de testosterona de los hombres se elevan tras experimentar determinados eventos (divorcio, presencia de mujeres atractivas, eventos deportivos…). En esos momentos los hombres son más proclives al consumo ostentoso, por lo que las marcas pueden implementar acciones de marketing especialmente dirigidas a ese segmento.

Limitaciones/Comentarios

Los autores admiten que el el efecto de la testosterna y la preferencia por cierto tipo de marcas puede ser bidireccional, ya que otros estudios han mostrado que precisamente el consumo de esos productos eleva el nivel de testosterona.  Por tanto es una relación que se realimenta constantemente.

En particular, me llama la atención que los resultados no hayan sido significativos en el segundo experimento al aludir al poder. Ese concepto está íntimamente relacionado con el estatus, aunque los autores explican en el artículo que puede haber diferencias importantes (un político puede tener poder pero un prestigio social bajo debido a la corrupción, y un académico puede tener un alto prestigio social pero poco poder). Sin embargo, creo que se necesitaría profundizar más en esta relación, porque intuyo que lo que subyace es prácticamente la misma motivación profunda.

 

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Nave, G. et al. (2018). Single-dose testosterone administration increases men’s preference for status goods. Nature Communications, doi: 10.1038/s41467-018-04923-0

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Q1  BIOCHEMISTRY, GENETICS AND MOLECULAR BIOLOGY 

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(#328). EXPOSICIÓN A LUZ NOCTURNA Y CÁNCER; NUEVOS INDICIOS

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] En esta investigación publicada en Enrivonmental Health Perspectives, los autores analizan la asociación entre la exposición nocturna a la luz y el desarrollo de ciertos tipos de cáncer.

La contaminación lumínica es un problema que se está agravando en la mayoría de ciudadades, en especial con la incorporación de la teconología LED, que aumenta el tono azul de la luz.

La luz artificial, especialmente la de espectro azul, puede afectar a la secreción de melatonina, que a su vez está relacionada con el desarrollo de cáncer. Esta es una de las razones postuladas para explicar que se haya encontrado una vinculación entre trabajar a turnos (noche y día) y ciertos tipos de cáncer.

El objetivo de este estudio es estudiar esa posible asociación entre la exposición nocturna a la luz y el desarrollo de cáncer de mama y próstata en una población española.

Metodología

Se empleó el MCC-Spain, un estudio caso-control sobre tumores frecuentes en España, que incluye casos y controles de 23 hospitales de 12 regiones, evaluando 5 tipos de cáncer: mama, colorrectal, próstata, estómago y leucemia linfática crónica.

Los autores centraron su muestra sólo en individuos que no habían tenido un trabajo a turnos por la noche, con el fin de evitar la contaminación por esta variable. A través de cuestionario evaluaron una serie de variables de control (BMI, historial familiar de cáncer, tabaquismo, edad, nivel educativo, estatus socioeconómico, estado menopáusico y cronotipo. Esta última variable está asociada al ciclo de la melatonina y es un indicador de cúando se encuentran niveles máximos en sangre.

La exposición a la luz interior durante la noche fue también evaluada mediante cuestionario. En cuanto a la luz exterior, sólo se obtuvieron datos de las ciudades de Madrid y Barcelona, a partir de imágenes de la NASA. Después de su tratamiento, esas imágenes sirvieron para cuantificar la densidad del flujo luminoso, y también para computar el MSI (índice de supresión de la melatonina) que vincula la proporción de luz azul en cada píxel con la variación en la melatonina. A través de un sistema de información geográfica se cruzaron esos datos con los de los individuos de la muestra.

La muestra donde sólo había datos sobre exposición a luz interior fue de 1219 casos de cáncer de mama, 1385 controles, 623 casos de cáncer de próstata y 823 controles. En cuanto a la muestra donde se disponía de datos de exposición interior y exterior, esta fue de 380 casos de cáncer de mama, 490 controles, 359 casos de cáncer de próstata y 544 controles.

Resultados e implicaciones

Cuando los autores emplean todas las variables de control para el ajuste estadístico los datos indican que existe una relación positiva entre el desarrollo de cáncer de próstata y la exposición a luz interior (habitación bastante iluminada), así como también a la exposición a luz exterior en de espectro azul (también en la categoría más intensa). En este último caso también se presenta una relación significativa con el cáncer de mama.

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Por tanto, este estudio añade un elemento más de evidencia (aunque débil) a esa asociación reportada entre la exposición a luz interior y exterior (espectro azul) y el incremento de riesgo de ciertos tipos de cáncer.

Limitaciones/Comentarios

Como admiten los autores, hubiera sido más adecuado medir la exposición a la luz interior con equipamiento especializado, en lugar de hacerlo con cuestionarios. Esta es una limitación importante del estudio.

En cualquier caso, este tipo de evidencias ponen sobre la mesa cuestiones muy relevantes sobre la radiación electromagnética no ionizante y los efectos biológicos negativos que puede producir. No siempre la enfermedad se asocia a la ionización; en frecuencias con incapacidad de ionizar las interacciones biológicas son evidentes, y la disrupción del ciclo de la melatonina puede ser un mecanismo que explique ese potencial efecto. Se necesita más investigación, por supuesto.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

García-Sáenz, A. et al.  (2018).Evaluating the Association between Artificial Light-at-Night Exposure and Breast and Prostate Cancer Risk in Spain (MCC-Spain Study) . Environmental Health Perspectives, doi: 10.1289/EHP1837.

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ENVIRONMENTAL SCIENCES

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Q1

HEALTH, TOXICOLOGY AND MUTAGENESIS

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(#294). NEUROLOGÍA DE LA MALDAD; PISTAS SOBRE LAS RAÍCES DE LA MALDAD INDIVIDUAL

[MONOTEMA]  Hemos hablado en profundidad en este blog sobre la maldad en el ámbito de la economía, política y negocios, siempre en el contexto de lo que ello significa para el caminar de la ciencia, y el modo de concebir y evaluar el sistema socioeconómico.

Sin embargo, podemos adentrarnos un poco más en ciertos aspectos de este temática, y  hoy lo voy a hacer comentando una interesante obra, “Neurología de la maldad“, de Adolf Tobeña, quien a modo de ensayo, nos muestra las raíces de las mentes predadoras y perversas de una manera ciertamente accesible y certera.

Como es habitual en este tipo de entradas, haré un breve esbozo de lo que considero más destacado del libro, aderezado con algunos comentarios personales, y estableciendo además relaciones con otros contenidos destacados del blog. Por supuesto, esta nota sobre la obra no sustituye en absoluto la necesidad de la lectura pausada del original, un libro que merece la atención debida.

El autor

Como se indica en el libro, Adolf Tobeña es catedrático de psiquiatría en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), y tiene una dilatada trayectoria en investigación en neurobiología de las emociones.

Ha sido profesor visitante en el Institute of Psychiatry de la University of London y también en las universidades de Groningen, Tel Aviv, Venecia y Córdoba (Argentina). Ha recibido numerosos premios por su labor de investigación y divulgación, y presenta una amplia experiencia en el estudio del tema que nos ocupa; la maldad humana.

Psicopatía y maldad

Tobeña comienza el libro comentando los casos de Anders Breivik y Berdard Madoff, el asesino noruego y el financiero estadounidense, dos personas que ejemplifican la maldad individual de divergentes formas, a través del asesinato y la estafa, respectivamente. Sin embargo, ambos comparten la catalogación de psicópatas.

El autor, por tanto, intenta (con acierto), ilustrar que la psicopatía puede materializarse en diferentes formas de hacer el mal, no sólo la más terrible del asesinato, sino también en formas donde el daño a los demás sea no físico (aunque luego pueda tener consecuencias fatales, como los suicidios de víctimas).

Y son psicópatas porque tienen una conducta antisocial, y no son capaces de empatizar con los demás, tener sentimiento de culpa o percibir ciertas emociones. Hacen daño, y no les importa. Pueden tener también otros rasgos de personalidad (ver la escala Hare), y su prevalencia en la población general está en torno al 1% (aunque este porcentaje se incrementa en ciertos grupos como presos o altos ejecutivos).

Por tanto, la psicopatía es una rareza, sí, pero no por ello la perversión, la transgresión a las normas o los delitos lo son. Así, trata de ilustrar que según han mostrado diferentes investigaciones, existe un porcentaje de personas (aproximadamente un 20-30%) que cumple las normas en cualquier situación, un 40-60% cuyo comportamiento depende del contexto, y un 20-30% que las incumple sistemáticamente. Por tanto, hay el mismo porcentaje de personas que muestra un comportamiento cooperador y prosocial que el que se comporta de manera no cooperadora y antisocial. El contexto puede inclinar la balanza global hacia un lado o hacia otro, pero la idea de que independientemente de la situación siempre va a haber un porcentaje de personas proclives a la corrupción, engaño y conductas amorales parece, tristemente, una realidad.

Genética y entorno

El psicópata nace y se hace, pero fundamentalmente lo primero más que lo segundo. Al menos es lo que se puede interpretar del análisis que hace el autor de ciertos factores genéticos asociados a la psicopatía. Entre ellos está el gen MAO-A, que actúa en la regulación de la serotonina y dopamina a través de la producción de la versión A de la enzima monoamino oxidasa. Esto tiene consencuencias en conductas antisociales, agresivas y violentas.

Las hormonas pueden ser otro factor a considerar. El nivel de testosterona se asocia una mayor dominancia y agresividad, algo que se muestra en los hombres pero también en las mujeres.

Sin embargo, existe interacción entre las características genéticas y las condiciones de exposición al entorno, como haber sufrido malos tratos y otros traumas similares durante la infancia o adolescencia. De este modo, esos factores externos podrían servir como moduladores (potenciadores o inhibidores) de los comportamientos psicopáticos en la edad adulta dirigidos por el factor genético.

En cualquier caso, en este sentido Tobeña muestra que la psicopatía tiene un carácter en muchos casos “familiar”, que puede persistir durante generaciones.

Necesidad de normas

Ya comentamos las tesis de Hobbes sobre la naturaleza humana y la necesidad de normas que restrinjan la posibilidad de que unos ejerzan el poder y la dominación impunemente sobre otros. En este sentido, una “mano invisible” que regule (como defiende la tesis neoliberal) es una total irresponsabilidad, porque en ese entorno la maldad consigue encontrar el mejor escenario para actuar y reproducirse.

El autor comenta diversas evidencias acerca del efecto de la vigilancia para evitar conductas antisociales, a través de las leyes, la policía e incluso la religión (con esa versión del dios castigador que hace reprimir ciertos comportamientos). Tobeña es claro en apostillar que es evidente que estas consideraciones no siignifican que se deba degenerar en un estado policial y de privación de algunas libertades básicas, pero sí que argumenta que estipular límites a ciertas conductas y establecer un sistema eficiente de vigilancia sobre ellas contribuye a su disminución.

Quizá cabría preguntarse cuál sería el papel de la educación y la cultura para actuar como auto reguladores en lugar de la amenaza del castigo externo.

Maldad en mujeres

Hay que reconocer la valentía del autor por tocar esta temática de frente, con datos en la mano (aunque quizá faltaría una mayor actualización de los mismos). Tobeña explica que la psicopatía no es ajena a las mujeres, aunque el porcentaje en la población general es ligeramente menor (entre el 0.5 y 1%).

Biológicamente hombres y mujeres difieren, y esta aparente obviedad tiene repercusiones a nivel muscular, hormonal y cerebral. El cerebro de las mujeres está mejor preparado para la empatía, y sus carcaterísticas corporales la hacen desarrollar menos fuerza que los hombres. Esto hace que la forma en la que realizan conductas malvadas sea algo divergente a los hombres, con menos presencia de agresiones violentas y más prevalencia de empleo de herramientas emocionales. Además, y como hemos comentado, el nivel de testosterona en mujeres se vincula con conductas agresivas, y las variaciones hormonales asociadas a su ciclo menstrual también influye en el umbral de irritabilidad.

Todos estos factores hacen que exista una realidad sobre la maldad femenina que está ahí, y que incluso se refleja sobre los datos de violencia doméstica, donde el autor aporta cifras de un ratio de homicidios cometidos por hombre/mujer sobre sus parejas en Estados Unidos de 62/38, frente al 70/30 de España. El autor enfatiza que está clara la descompensación entre este tipo de violencia (los  hombres son claramente más violentos y las mujeres son víctimas más probables), pero destaca que esas cifras distan de la sensación que quizá hay en la opinión pública. En cualquier caso, las referencias sobre esas estadísticas son lejanas en el tiempo (la más actual es de 2004), y convendría una actualización.

Finalmente, Tobeña apunta otro hecho que la investigación ha mostrado en varias ocasiones, pero que también resulta polémico a veces comentar, y es que en mujeres más jóvenes existe una atracción por varones androgénicos (más testosterona, conductas más arriesgadas y dominantes) para establecer relaciones sexuales esporádicas, lo que hace que se incremente la probabilidad del “atractivo del malo”, y que además contribuya al éxito reproductivo del malvado o del psicópata, y la perpetuación de su genética. Sobre este tema, ya hemos escrito en alguna ocasión en este blog, aunque los resultados están abiertos a una amplia discusión.

El autor, reitero, es claro en postular las diferencias entre hombres y mujeres en esta temática, pero no elude mostrar una realidad que también debe ser considerada sobre a la hora de evaluar el problema en su globalidad.

Neuroimagen y leyes

Tobeña presenta de manera amigable las zonas del cerebro que se asocian a conductas antisociales y, cuyas diferencias entre individuos puede explicar divergencias en la propensión a la maldad.

Sin embargo, el autor es prudente al explicar que existe todavía controversia sobre la capacidad de las técnicas de neuroimagen para predecir este tipo de conductas, y que las expectativas sobre su empleo en contenciosos jurídicos son quizá exageradas.

En la actualidad, hay ya casos en los que se ha usado la evidencia proveniente de esas investigaciones para modular las condenas y que determinadas condiciones biológicas actúen como agravante o atenuante en los juicios,  pero siempre como completemento de otras evidencias, por supuesto.

El psicópata suele distinguir entre el bien y el mal, y eso es clave a la hora de establecer la intencionalidad de la conducta delictiva. No obstante, queda un amplio margen en el ámbito del Derecho para discutir en qué medida las diferencia biológicas (por ejemplo genéticas) podrían atenuar las condenas.

Comentarios finales

El hecho de que un porcentaje no trivial de la población (20-30%) sea proclive al engaño, las trampas, la corrupción, la manipulación, en definitiva, a realizar conductas antisociales independientemente del sistema de normas hace que se deba crear precisamente un entorno adecuado para que no tengan la oportunidad de proliferar. La intervención a través de regulaciones y protección frente a estas actividades malvadas dista mucho de la permisividad de la arquitectura del sistema socioeconómico actual, donde los depredadores de cuello blanco encuentran un terreno propicio a la consecución de sus objetivos.

El poder, la dominación, se hacen estentóreas con el dinero, y por tanto el narcisismo dirige uno de sus brazos a la medración social, a la búsqueda de lo material como símbolo del éxito, cueste lo que cueste, caiga quien caiga. De este modo, el rasgo maquiavélico también prolifera en entornos donde la manipulación interpersonal puede producir ascensos en el camino hacia la cima. Narcisismo, maquiavelismo y psicopatía: la triada oscura.

Hay que asumir la maldad como algo intrínseco a algunos seres humanos, o al menos a admitir que existen mecanismos biológicos que explican conductas antisociales. Pero el entrono puede moderar esa predisposición a la maldad, tanto potenciándola como inhibiéndola. Este hecho tiene múltiples implicaciones. Por ejemplo, a mis alumnos de marketing les diría que piensen acerca de cómo se deberían gestionar las ciudades (y cualquier otro espacio público o comercial) frente al vandalismo y otras conductas malvadas; el cuidado de los detalles, la limpieza continua, la ordenación, los diseños estéticos, los olores, las simetrías visuales, etc., todo ello son factores a gestionar que incrementan la probabilidad de una mejor conviencia y de sentir experiencias agradables (podríamos llevar a ese 40-60% de individuos “maleables” a la conducta prosocial), pese a que siempre debamos contar con ese porcentaje de individuos que no atiendan a las normas.

El autor incide en varias ocasiones en el problema individual de N=1, es decir, en el que debemos tomar decisiones sobre una única persona en base a evidencia estadística recogida sobre una muestra amplia de individuos. Es un viejo problema en ciencias sociales, y que aparece, por ejemplo, en litigios por posibles efectos secundarios de vacunas, y en otros múltiples escenarios relacionados con la salud.

El cómo intentar afrontar este problema será objeto de futuros artículos en este blog, pero ahora resulta esencial incidir en que se comprenda que los principios estadísticos no se pueden invalidar por casos individuales. Una evidencia particular no puede invalidar unos principios estadísticos, porque no estamos hablando de leyes deterministas (por ejemplo, el clásico argumento de que fumar no produce cáncer porque tu abuelo fumó dos cajas de cigarrillos al día durante toda su vida y murió de viejo a los 95 años). Esos argumentos no tienen sentido en ciencia, ya que estamos en el terreno de la causalidad probabilística.

Sin embargo, las evidencias circunstanciales tienen un papel importante si se miran de manera inversa. Es decir, y por ejemplo, si existen estudios que indican que tomar un determinado medicamento es seguro a nivel estadístico, eso no quiere decir que no se produzcan efectos adversos individuales causados por ese medicamento, pero que no contribuyen estadísticamente a producir diferencias. Ahora el caso particular puede ser muy relevante para dirimir las responsabilidades jurídicas.

Esta madeja de incertidumbres estadísticas plantean una desafiante cuestión jurídica sobre cómo actuar en el diagnóstico, seguimiento y valoración final de individuos particulares con psicopatía.

Cierro mis comentarios finales con la sensación de haber leído una obra que ciertamente ayuda a enteder la maldad, y propociona claves para poder defendernos frente a ella. Quizá su carácter divulgativo y dirigido a todos los públicos le haga profundizar menos de lo esperado en ciertas áreas que los lectores avanzados quizá demandarían, pero el libro presenta suficientes referencias para que los interesados puedan adentrarse en discusiones más potentes.

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(#253). UNA REVISIÓN SOBRE EL EFECTO PLACEBO

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] Los autores presentan este artículo de revisión que pretende explicar el marco histórico y conceptual del efecto placebo, así como sus causas genéticas.

El efecto placebo es un fenómeno psicobiológico por el cual una persona mejora en su estado por el mero hecho de conocer que va a ser tratado. De este modo, para estudiar la eficacia de un tratamiento tiene que superar el efecto que origina el placebo.

Orígenes históricos

La historia del placebo se remonta a la práctica de la medicina que algunos llaman pre científica. Sin embargo, no fue hasta el siglo XVIII cuando empezó a considerarse el placebo como control en experimentos científicos, cuando Benjamin  Franklin y Antoine Lavoisier emplearon placebo para refutar la hipótesis de que existía el “magnetismo animal” (postulada por Franz Mesmer), una supuesta fuerza invisible que se creía que podía sanar.

Los ensayos clínicos con placebo empezaron a emerger ya con más profusión a comienzos del siglo XX, y desde entonces es un fenómeno ampliamente estudiado y que ha mostrado que realmente se hace patente en el tratamiento del dolor, la depresión, la ansiedad, el insomnio, la inmunosupresión, el desorden por déficit de atención e hiperactividad e incluso el Parkinson.

Existen varias formas de presencia en medicina:

– El placebo como potenciador de tratamientos activos: Diversos estudios muestran que el hacer consciente al paciente del tratamiento que va a recibir produce mayores efectos que cuando se le oculta, por ejemplo, para el tratamiento del dolor.

Cirugías placebo: Se han hecho experimentos en pacientes con osteoatritis de rodilla en las que cirugías placebo (simuladas) han tenido el mismo efecto recuperador que las reales.

Placebos sin engaño: Algunas investigaciones recientes están mostrando que el efecto puede producirse incluso cuando el paciente es consciente de que se le está “engañando”, es decir, que está siendo tratado con placebo, como en el caso del síndrome del colon irritable.

Efecto nocebo: Es el efecto contrario al placebo, es decir, esperar que un tratamiento produzca efectos negativos cuando realmente es inocuo. Por ejemplo, el mero hecho de que los pacientes conozcan los efectos secundarios de los medicamentos puede hacer que aparezcan éstos en mayor proporción.

Marco conceptual para entender el efecto placebo

Básicamente el placebo se explica por el concepto de expectativa ante la exposición a estímulos que pueden ser de naturaleza verbal, contextual o social. Esas expectativas influyen en el sistema nervioso central. Esos estímulos han sido aprendidos, es decir, la expectativa se genera por la anterior experiencia o por una asociación con otros estímulos con características comunes (no iguales). Los autores remarcan que esas expectativas pueden generarse incluso de manera inconsciente, lo que también explicaría el hecho de que los animales también puedan estar sujetos al efecto placebo.

En cuanto a los mecanismos de aprendizaje, los autores señalan los siguientes:

– Condicionamiento clásico: A través de la respuesta condicionada a un estímulo. Por ejemplo, cuando un tratamiento se liga a un contexto, la mera presencia posterior de ese mismo contexto hace que se puedan reproducir la efectividad del tratamiento sin que este esté presente.

– Estímulos verbales y/o sociales: En este caso ocurre la sugestión a través del significado que tiene los estímulos verbales y/o sociales. Evidentemente también hay un aprendizaje previo aquí, pero se diferencia del anterior en que no es específicamente el contexto, sino una adición de estímulos lo que provoca el placebo. Los estímulos sociales se refieren al hecho de lo que hemos aprendido que ocurre en los demás (aprendizaje observacional)

Neurobiología del efecto placebo

Se han realizado varios experimentos con resonancia magnética funcional (fMRI) y tomografía de emisión de positrones (PET) que indican que la actividad cerebral monitorizada cambia ante los estímulos placebo. Por ejemplo, la analgesia con placebo está asociada a una reducción de la activación de regiones cerebrales responsables del dolor. Especialmente relevante es el cambio en la activación de la corteza dorsolateral prefrontal (DLPFC) en la anticipación del alivio del dolor, es decir, en una representación de expectativas que luego correlacionan con el efecto producido.

Los efectos analgésicos del placebo se relacionan con la activación de sistemas de modulación cerebral endógenos y la emisión de neurotransmisores opioides y no opioides. La liberación de edorfinas, dopamina y oxitocina explican en parte los efectos analgésicos encontrados.

Influencia genética

En los últimos años se postula que existen genes que explican las diferencias en la sensibilidad al placebo entre los individuos. La actividad de ciertos genes influye en los sistemas de la dopamina, opioides (como las endorfinas), serotonina y endocannabinoide.

Conclusiones/Comentarios

El efecto placebo es un fenómeno robusto que está fundamentalmente relacionado con las expectativas generadas ante la exposición a un estímulo. Esas expectativas producen cambios neurobiológicos, que originan  la liberación de neurotransmisores que explican los efectos en la percepción del dolor, o en cualquier otro estado psicológico que esté asociado a la dopamina, endorfinas, serotonina u oxitocina. Por tanto, los genes involucrados en esos procesos juegan un papel fundamental a la hora de explicar las variaciones individuales en la sensibilidad al placebo.

Esas expectativas se generan por aprendizaje contextual (condicionamiento clásico) y observacional (aprendizaje social), además de la significación que tienen los estímulos verbales. Este último hecho es el que este artículo omite, ya que no se habla de la credibilidad de la fuente, es decir, de la medida en que el efecto placebo se incrementa si el estímulo verbal procede de una fuente percibida como creíble y confiable.

Falta además una mayor profundización sobre las consecuencias de que el efecto se produzca sobre la propia fisiología o el desempeño de los individuos, o cuáles son los límites del placebo desde el punto de vista de las teorías psicológicas del contraste y la asimilación.

LEE EL ARTÍCULO ORIGINAL AQUÍ:

Colagiuri, B.  et al.  (2015). The placebo effect: From concepts to genes. Neurosciences, doi: 10.1016/j.neuroscience.2015.08.017

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(#141). DISTANCIA ANO-GENITAL Y REPRODUCCIÓN EN HOMBRES

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] Existe una hipótesis en el ámbito de la reproducción humana que postula que en el periodo de formación de los testículos, disrupciones endocrinas pueden provocar un desarrollo anormal de éstos, lo que conllevaría un mayor riesgo de padecer desórdenes reproductivos. Pero hay grandes dificultades para testar esta hipótesis, porque es difícil asociar estos desórdenes en la vida adulta  con exposiciones en el feto.

La distancia ano-genital se toma como indicador de la exposición fetal a andrógenos durante la masculinización en el feto, y se ha asociado a ciertos problemas reproductivos en adultos. Diversos estudios epidemiológicos han mostrado que una menor distancia está asociada a menores niveles de concentración de esperma, menor número total de espermatozoides y problemas para concebir en adultos.

El objetivo de esta investigación es analizar en una muestra de estudiantes universitarios la asociación de la distancia ano-genital con la calidad del semen y las hormonas reproductivas.

Metodología

Un muestra de 656 voluntarios accedieron a participar. Se les realizó un análisis de sangre, de orina y de semen, además de realizarles un cuestionario sobre diversos aspectos sociales y físicos.

Se realizaron dos medidas diferentes de distancia ano-genital, una desde la base del pene al centro del ano y la otra desde la base posterior del escroto al centro del ano. Cada medida se repetía dos veces y luego se calculaba la media.

Se midieron los niveles de 6 hormonas en sangre (FSH, LH, estradiol, progesterona, testosterona y prolactina)

Es interesante anotar que el 23.4% de los estudiantes eran fumadores y el 49.7% eran bebedores habituales. El 90% eran asiáticos.

Resultados e implicaciones

Una vez realizado los ajustes multivariantes (sobre todo por el índice de masa corporal), se encontró que no existía asociación entre la distancia ano-genital y las diferentes variables consideradas, salvo para el caso del estradiol, donde había una asociación negativa 95% CI (-0.198 ; -0.043) y para el caso del ratio entre la testosterona y el estradiol, donde se encontró una asociación positiva: 95% CI (0.004 ; 0.011).

Los diversos estudios que se han realizado hasta la fecha han mostrado diferencias en las distancias en función de la raza o el contexto geográfico y hay resultados contradictorios en cuanto a su asociación con la calidad del esperma o con las hormonas reproductivas. Los resultados de esta investigación añaden un poco más de controversia en tanto que no se encuentra asociación con la calidad del esperma y sólo una vinculación con una de las hormonas reproductivas

Limitaciones/Comentarios      

El estudio necesita ser replicado, pero nos indica que probablemente la distancia ano-genital no sea un indicador demasiado fiable sobre el comportamiento reproductivo en la vida adulta. No obstante, los autores deberían aclarar cuáles son los efectos de esa asociación negativa con los niveles de estradiol, que recordemos que es una hormona femenina.

 Zhou, N. et al (2016). Anogenital distance is associated with serum reproductive hormones, but not with semen quality in young men. Human Reproduction, doi:10.1093/humrep/dew052 

Indicadores de calidad de la revista*

  Impact Factor (2015) Cuartil Categoría
Thomson-Reuters (JCR) 4.57 Q1 REPRODUCTIVE BIOLOGY 
Scimago (SJR) 2.27 Q1 REPRODUCTIVE MEDICINE 

* Es simplemente un indicador aproximado para valorar la calidad de la publicación

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(#136). RATIO DIGITAL Y ÉXITO REPRODUCTIVO

[REVISIÓN DE ARTÍCULO] El ratio 2D:4D se refiere a la división entre la longitud del dedo índice y el dedo anular, y es un marcador de la exposición prenatal a las hormonas. Es sugerido que cuanto más bajo sea ese ratio (más corto el dedo índice con respecto al anular), la exposición a testosterona en el útero ha sido mayor, y cuanto más alto (más similares ambos dedos) la exposición a estrógenos ha sido mayor. 

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Los autores comentan hasta qué punto este indicador puede reflejar comportamientos futuros relativos a la salud. Por ejemplo, hay estudios que muestran que las mujeres con un ratio más femenino tienen un mayor número de hijos, y una vida reproductiva más amplia, tienen el primer hijo a una edad más temprana y poseen mayor apetito sexual. También se ha encontrado que una ratio más femenino en mujeres está asociado a una menor asimetría facial, lo que a su vez hace que esas mujeres sean más atractivas y tengan mayor probabilidad de tener éxito sexual.

Sin embargo, hay otros estudios que no confirman estos resultados, lo que hace que los investigadores se planteen si este indicador es un buen predictor del patrón reproductivo en mujeres.

Metodología

Participaron 319 mujeres polacas entre los 46 y 92 años, todas con menopausia natural y cuyos maridos vivieron hasta que comenzó ese periodo menopáusico.

Se les midió el ratio digital y se les pasó un cuestionario sobre su historial reproductivo y su estilo de vida.

Las mujeres fueron divididas en dos grupos en función del ratio 2D:4D. El primero de ellos con un ratio más femenino (mayor o igual a 1) y el segundo con un ratio más masculino (<1). Los autores realizaron un análisis de ambas manos por separado debido a que la literatura sugiere que el ratio en la mano derecha puede ser un mejor predictor, ya que los rasgos de ambas partes del cuerpo pueden diferir en su desarrollo temporal.

Resultados e implicaciones

Los resultados muestran que las mujeres con un ratio más femenino habían tenido un mayor número de hijos (5.3 vs 4.3), eran reproductivamente más longevas (11.8 años vs 10.1 años), y habían tenido a su último hijo más tarde (35.0 vs 33.4).

Los resultados podrían implicar que las mujeres con un ratio más femenino tienen un mayor nivel de hormonas femeninas en la vida adulta, algo que no se ha confirmado en otros estudios, o que realmente, la exposición prenatal a estrógenos es el factor que podría explicar esas diferencias.

La exposición hormonal del feto, por tanto, puede condicionar su desarrollo futuro a nivel reproductivo.

Limitaciones/Comentarios

Los autores admiten que puede haber error de medida en las mediciones de los ratios digitales, y que deberían haberlos realizado de manera computerizada.

Los resultados para la mano izquierda son no significativos en su mayoría (sólo es significativo la edad en el nacimiento del último hijo), lo que podría indicar que la mano derecha es un mejor predictor.

El dicotomizar el ratio digital es una opción que, aunque muy usada, puede perturbar los análisis estadísticos, ya que no deja de ser una categorización artificial y subjetiva.

Por tanto, estos resultados necesitan ser replicados, aunque es cierto que añaden un puntito más de evidencia sobre la utilidad de ese marcador hormonal y de la importancia de la exposición del feto a diversos agentes.

Klimek, M. et al. (2016). Brief Communication: Women with More Feminine Digit Ratio (2D:4D) Have Higher Reproductive Success. American Journal of Physical Antropology,  doi: 10.1002/ajpa.22989.

Indicadores de calidad de la revista*

  Impact Factor (2014) Cuartil Categoría
Thomson-Reuters (JCR) 2.38 Q1 ANTHROPOLOGY
Scimago (SJR) 1.02 Q1 MEDICINE | SOCIAL SCIENCES

* Es simplemente un indicador aproximado para valorar la calidad de la publicación

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