(#21). ALTA TENSIÓN

Este post presento un informe sobre una investigación que he estado realizando desde hace unos meses sobre la línea de alta tensión de 132 kV que atraviesa el Polígono Residencial de Santa Ana, en Cartagena.

Esta ha sido una iniciativa totalmente personal, y la publicación preliminar de este borrador en mi web tiene como objetivo difundir sus contenidos, y recibir comentarios que ayuden a mejorar el documento final, el cual tengo previsto finalizar el 15 de enero de 2016. Dejo, por tanto, un mes este informe abierto para la subsanación de posibles errores y para la darle la bienvenida a sugerencias que permitan apuntalar el manuscrito definitivo.

Podéis hacer los comentarios oportunos en este mismo blog, o enviándome un email ajosean.martinez@upct.es

El documento se podrá descargar con alta calidad de imagen en su versión definitiva. Para este borrador, os dejo aquí debajo una instantánea de la portada,  y una versión comprimida de menor calidad de imagen, pero igualmente válida (pinchad en el enlace de las sucesivas ACTUALIZACIONES para descargaros esta versión comprimida).

ACTUALIZACIÓN 1 (18-12-2015): Documento actualizado con la matización sobre el Real Decreto 1066/2001, y la inclusión de la reciente investigación de Redmayne & Johansson (2015) sobre especial vulnerabilidad de los niños, ancianos y enfermos de cáncer.

ACTUALIZACIÓN 2 (26-12-2015):  Documento actualizado con la incorporación de las investigaciones de Chung et al. (2015)  acerca de los efectos en ratas de la exposición a campos magnéticos sobre neurotransmisores,  y Navarro et al. (2016) acerca de la exposición en humanos a campos magnéticos de baja intensidad y los efectos sobre la memoria a corto plazo. Además, se han corregido múltiples errores tipográficos.

ACTUALIZACIÓN 3 (02-01-2016). Documento actualizado con la incorporación de las investigaciones de Zhang et al. (2016), y Teepen & van Dijck (2012).

ACTUALIZACIÓN 4 (08-01-2016). Documento actualizado con la incorporación del artículo de Sage, Carpenter & Hardell (2015) sobre el informe SCENIHR y su excesivo conservadurismo pese a las múltiples evidencias científicas que muestran efectos perjudiciales en la salud.

ACTUALIZACIÓN 5 (17-01-2016). Publicación del informe definitivo.

 
Dejo, asimismo, copiado la Introducción del mismo en este post, con el fin de que sirva como presentación porque obviamente la gran mayoría de vosotros – lectores de esta web- no estáis familiarizados con el asunto en cuestión.

Resido en el Polígono de Santa Ana (Cartagena) desde 2007, y la línea de alta tensión que cruza el barrio siempre me pareció un riesgo para la salud. Sin embargo, no fue hasta hace un par de años cuando realmente empecé a interesarme por si, efectivamente, este tipo de construcciones son perniciosas para las personas.

Mis hijos pequeños acuden al colegio cuya valla externa está a unos 10 metros de la servidumbre de vuelo, y cuyas clases distan aproximadamente unos 15 metros de uno de los cables. Por la Plaza Baden-Powell aneja al centro educativo pasan todos los días cientos de adultos y niños, caminando o jugando justo debajo de los cables. La calle por la que transcurre la línea, la Avenida Venecia, es la principal vía del barrio, y para cruzarla hay que pasar obligatoriamente también por debajo de las catenarias. Cuatro torres las sustentan sin ningún tipo de limitación a su acceso, estando dos de ellas al pie de la carretera. Cientos de viviendas se distribuyen a 25 metros de los cables, a ambos lados de la avenida, junto con decenas de comercios.

El barrio se construyó después de que estuviera operativa la línea, y posteriormente también el colegio. Sin embargo, el crecimiento del barrio ha sido tal, que el Polígono de Santa Ana ha demandado en varias ocasiones una solución a este problema, siendo desestimada por las autoridades competentes. La excusa ha sido siempre la misma: los campos electromagnéticos producidos por la línea están dentro de los niveles permitidos por la ley y, de este modo, no son peligrosos para la salud.

Pero cuando empecé a estudiar en profundidad este tema me di cuenta de que esa excusa es severamente cuestionable, ya que la investigación sobre los efectos biológicos de este tipo de campos electromagnéticos de baja frecuencia es amplísima y, en una gran cantidad de casos, arroja resultados preocupantes. Y no sólo eso, sino que hay muchos antecedentes (tanto sentencias judiciales como logros vecinales) en los que se ha eliminado esta fuente de contaminación electromagnética de otros vecindarios, precisamente como acto de prudencia para proteger los intereses de los ciudadanos. Además, existen algunos incumplimientos de normas relativas a la seguridad de la línea o, al menos, hay dudas razonables sobre los mismos.

Todo ello queda reflejado en este informe, que tiene como meta el que sirva de fundamento para justificar una llamada a la acción, es decir, que no se permita seguir con la situación actual. Para conseguir tal objetivo he tratado de ser lo más imparcial posible en los argumentos, y enfocar este caso como lo haría con cualquier otro problema de investigación al que me enfrentara en mi trabajo (soy profesor e investigador de la Universidad Politécnica de Cartagena). De este modo, en este documento quedan reflejados todas las posturas y estudios más relevantes concernientes a este tema, tratando de evitar el sesgo o el ventajismo de emplear sólo la información que más convendría a mis intereses.

Sin embargo, este trabajo no lo firmo como investigador de la Universidad Politécnica de Cartagena, sino como ciudadano preocupado por la salud de su familia y entorno. Las interpretaciones y conclusiones que aquí aparecen son únicamente de mi responsabilidad, manteniendo al margen a la institución para la que trabajo y a los investigadores y profesionales a los que he consultado algunos temas. Además, recalco con rotundidad que este documento no pretende ser ningún tipo de informe de impacto ambiental, aunque cuenta con algunos elementos que así lo pudieran identificar.

En cualquier caso, mantengo el aura de objetividad que despide este informe, porque para mí era importante autoconvencerme de que la línea de alta tensión constituye un riesgo para la salud del vecindario, que debería ser minimizado o eliminado. La mejor manera de llegar a ese convencimiento propio era hacer este trabajo de investigación; a día de hoy, por tanto, con las evidencias existentes mi posición al respecto es clara: hay que atajar este problema de una vez por todas, pese a la incertidumbre científica inherente. De igual manera hubiera llegado a la conclusión contraria si los datos así lo hubieran justificado, pero no ha sido el caso.

Para finalizar, quiero subrayar algo respecto al colegio, a los negocios o a las viviendas que están directamente afectadas por la línea; este informe no pretende perjudicarles. Tal vez alguien pueda pensar que el colegio va a recibir menos alumnos, o que los negocios y viviendas van a devaluar su precio de mercado por estar cerca de los cables de alta tensión. Confío en que no sea así, es más, creo que es un problema en el que precisamente ellos podrían ser  abanderados de la petición que deviene de la interpretación de este documento, porque son los que sufren un mayor nivel de exposición. Obviamente esa decisión está únicamente en sus manos, y en las de nadie más. Es más, si la línea de alta tensión se eliminase podrían verse favorecidos, al disiparse las posibles reticencias de padres de llevar a sus hijos a ese colegio, o de personas que quisieran comprar una de esas viviendas.

Pero la única forma de conseguir esta demanda histórica para el barrio es haciendo público los posibles riesgos para la salud si se mantiene la situación actual, y pido disculpas de antemano si ello ocasiona algún tipo de incomodo. Este informe es una iniciativa personal, por lo que la responsabilidad a todos los niveles es únicamente mía, y queda en manos de los diferentes estamentos del barrio (centros educativos, asociaciones, comercios, comunidades de vecinos, etc.) la decisión de apoyarlo o ignorarlo.

En suma, recomiendo que, pese a su extensión, este informe sea leído en su totalidad. Opino que merece la pena detenerse en cada punto del mismo y valorar cuál es el estado de la cuestión al respecto.  Al llegar al final del documento creo que cualquiera que lo haya analizado con objetividad podrá obtener la misma conclusión que yo he alcanzado. Ha llegado el momento, por tanto, de abordar la eliminación de la línea área de 132 kV que cruza Santa Ana.

Me permito el atrevimiento de ofrecer este informe como fuente complementaria de documentación para todos aquellos movimientos vecinales que en la actualidad estén lidiando con una problemática similar. Creo que el nivel de detalles de alguno de sus capítulos es lo suficientemente claro como para servirles de ayuda.

En resumen, todos aquellos que estéis interesados en temas ambientales, luchas vecinales, biolectromagnetismo y/o salud, creo que os resultará atractivo.

Todos los posts relacionados




(#13). 24755 CACAS EN EL PARQUE

En la Edad Media uno sabía cuando entraba a una ciudad no por el jolgorio de sus gentes, ni la grandeza de sus edificaciones, sino por el terrible hedor que desprendían sus calles, sobre las cuales las personas caminaban sorteando heces, y manteniendo el oído muy atento para tratar de escuchar cualquier grito de “agua va”, que significaba un nuevo torrente de excrementos que podía llenarte de mierda de arriba a abajo.

Si una de las principales razones por las que la esperanza de vida ha aumentado y muchas enfermedades infecciosas han disminuido es la adecuada separación de las heces de las actividades cotidianas del ser humano, hay lugares donde todavía existe una ley no escrita por la cual parece perfectamente adecuado que los niños y adultos convivamos con mierdas de perro. Uno de esos lugares es el “Parque de Santa Ana”, en el Polígono Residencial Santa Ana de Cartagena, lugar donde yo resido.

Ese parque, que también se llama “Parque de los Exploradores de la Región de Murcia” tiene unos 250000 metros cuadrados y es uno de los más grandes de la Región. No es un lugar salvaje, sino una zona ajardinada para el uso y disfrute de los ciudadanos, los cuales, particularmente los del barrio en el que habito, pagamos una cuota periódica para su mantenimiento. Ese parque tiene unas 24755 cacas de perro. Sí, habéis leído bien. Si queréis saber cómo he llegado a ese dato, os lo explicaré a continuación.

El problema
Tengo 2 niños muy pequeños con los que me encanta ir a los parques para divertirnos. Mi casa linda con el parque de Santa Ana, por lo que en apenas unos segundos mis hijos y yo nos podemos adentrar en él. Sin embargo, yo casi no llevo a mis hijos a ese parque. Lamentablemente, tengo que coger muchas veces el coche y los llevo a otros parques de Cartagena donde las condiciones de salubridad son algo mejores. Y es que, obviando otra serie de problemas que tiene este parque (instalaciones deficientes para niños, cristales rotos, etc.), hay un factor que sobresale de manera evidente; está infestado de excrementos de perro.

La investigación

Harto de esta situación y dándole vueltas a este problema se me ocurrió realizar una curiosa investigación. ¿Cómo estimar el número de mierdas de perro en el parque? ¿Cuántos metros cuadrados ocuparían todas las cacas juntas? Estas fueron algunas preguntas que se me ocurrieron como modo, no lo voy a negar, de que mi estudio sirviera como denuncia pública sobre esta situación vergonzosa y lamentable de tener uno de los principales parques de la Región de Murcia como cagadero de perros.

Para realizar esta investigación no he inventado nada nuevo, simplemente he empleado una herramienta que cualquier alumno universitario con algo de formación en estadística está capacitado para manejar, como es el muestreo aleatorio por conglomerados. Defino seguidamente las fases de mi estudio:

1. Delimitación de la superficie del parque
Lo primero que hice fue demandar a la Entidad de Conservación de mi barrio un plano del parque, obviamente sin decirles el motivo de mi petición. Amablemente me enviaron el plano, el cual comprendía una superficie de unos 250000 metros cuadrados, que es más o menos la superficie equivalente a 40 campos de fútbol.

2. Elección del método de estimación
Decidí tomar cada metro cuadrado como unidad muestral, por tanto el problema se reducía a obtener una muestra aleatoria de metros cuadrados en el que se midiera la característica a estudiar, en este caso el número y tamaño de las cacas de perro. Un muestreo aleatorio simple habría sido muy costoso para mí, porque habría supuesto ir inspeccionando metro cuadrado a metro cuadrado de la muestra seleccionada, cuyo tamaño habría sido de al menos 200 o 300 unidades con el fin de tener un error medianamente admisible.

La opción del muestreo aleatorio por conglomerados era menos costosa, e igualmente interesante, aunque sacrificaba un poco de precisión en la estimación. Este método consiste en dividir la población por zonas, y estudiar todas las unidades de cada una de esas zonas. De este modo dividí “artesanalmente” el plano del parque en 1239 cuadraditos de 200 metros cuadrados cada uno, lo que suponía unos 247800 metros cuadrados, que prácticamente cubrían la totalidad de la geometría del parque. Obviamente, al no ser una superficie regular, cometía un pequeño error, en este caso por defecto, ya que poco más de un 1% de la superficie del parque quedaba fuera de esa división, pero lo consideré poco relevante en aras de facilitar el trabajo de recogida de datos.

3. Identificación de los clusters                    
Idealmente un investigador debería tratar de determinar a priori el tamaño de muestra necesario para realizar una estimación con un error máximo admisible. Pero, en este caso,  se me hacía muy complejo ese cálculo porque no disponía de datos sobre la varianza de la distribución de la característica a estudiar entre todos los clusters. Por tanto, lo que hice fue generar una gran cantidad de números aleatorios entre 1 y 1239, y escoger al azar 51 de ellos. Dado que, según mi experiencia, había en el parque lugares con muchas más cacas que otros, la varianza de la distribución sería bastante grande, por lo que escoger menos de 30 o 40 clusters probablemente producirían excesivos errores estándar, afectando a la fiabilidad de la estimación. Finalmente me decidí por 51, admitiendo que podía haber elegido un número mayor, pero que el arduo trabajo de contabilización y medición de las cacas habría hecho este estudio casi interminable.

 
4. Inspección de cada cluster
Me preparé concienzudamente para esta “misión”. Con mi inseparable mochila a cuestas, llevé unas picas de hierro que me servirían para delimitar los vértices de cada cuadrado, un metro para medir el largo y ancho de cada caca, y una libreta y un bolígrafo para ir registrando cada caca. Ese “cuaderno de campo” luego era transferido a una hoja de cálculo.

Como os podéis imaginar tardé varios días en hacerlo. Las primeras veces fueron las más “duras”, pero una vez que fui cogiendo práctica el tiempo que tardaba en inspeccionar cada cluster rondaba los 15-20 minutos. Como he dicho anteriormente, cada cluster tenía una superficie de 200 metros cuadrados, que no es más que un cuadrado de poco más de 14×14 metros.

5. Codificación
Identificar lo que era una caca de perro fue fácil. Aunque algunos elementos de árboles o plantas caídos al suelo podían confundirse con una caca, una inspección visual adecuada solucionaba las dudas. El tamaño mínimo para que la caca fuera registrada era de 1×1 centímetros. Cuando había varias cacas juntas (seguramente porque un perro había cagado varios truños en una misma deposición), entonces tomaba ese conjunto como una sola mierda.

6. Estimación
Para realizar las estimaciones seguí los consejos de Levy & Lemeshow (1999), quienes proveen unas sencillas fórmulas que pueden reproducirse sin problemas en una hoja de cálculo. Básicamente, se trataba de estimar el error estándar del número de cacas totales del parque y de la superficie de cacas totales. Para ello había que, primeramente, calcular la desviación típica entre-clusters de ambas características, y corregirlas por el factor de finitud poblacional (la población es finita, recordemos). Una vez calculado el error estándar, se puede construir un intervalo aproximado al 95% de confianza. Esto significa lo siguiente: 95 de cada 100 veces que se realice este experimento el intervalo de confianza generado (que será diferente para cada experimento) contendrá el valor poblacional. Los investigadores aplicados solemos admitir esta frase como una cierta garantía de que nuestros resultados son confiables, siempre que la amplitud del intervalo no sea excesivamente grande.

Dejo aquí también la hoja Excel con los datos brutos, por si alguien quiere supervisar mis cálculos (meter la pata es más fácil de lo que parece). En esa base de datos puede verse la distribución de cacas por cluster, por lo que podéis hacer los análisis descriptivos que estiméis oportunos.

7. Resultados
Llegados a este punto estamos ya en disposición de calcular los principales resultados de la investigación, que son los siguientes:

– Hay 24755 cacas en el parque, con un intervalo de confianza al 95% de (18287 ; 31224).

– En cada cuadradito de 200 metros cuadrados hay un promedio de 20 cacas, con un intervalo de confianza al 95% de (14,8 ; 25,2)

– Hay 23,2 metros cuadrados de mierda en todo el parque, con un intervalo de confianza al 95% de (16,7 ; 29,7)

8. Discusión de resultados y limitaciones
El parque de Santa Ana tiene casi 25000 cacas equivalentes a una superficie total de más de 23 metros cuadrados, lo que retrata perfectamente cuál es la situación que quería denunciar. Ciertamente hay lugares con menos cacas que otros, pero en todos los clusters (excepto en uno de ellos) he conseguido identificar al menos una caca. En 13 de esos 51 clusters había más de 30 cacas, lo que indica también que hay muchas zonas con un nivel de mierda extremadamente alto.

Probablemente la estimación que he realizado esté un poco sesgada a la baja. El parque tiene zonas de árboles de difícil acceso a la parte del tronco, con muchas ramas y hojas caídas al suelo que dificultan la inspección visual, por lo que es posible que en determinadas zonas haya dejado escapar alguna caca.

Es preceptivo indicar, asimismo, que el error en la estimación es grande (un 26% sobre el valor estimado), pero como he dicho anteriormente esto es debido por la alta variabilidad de cacas en los clusters y el tamaño de muestra pequeño. Si hubiera elegido 100 clusters en lugar de 51, el error hubiese sido menor. No obstante, a efectos de denunciar esta situación, creo que el resultado es lo suficiente esclarecedor, admitiendo que la estimación podría ser más precisa (intervalos de confianza más pequeños).

Conclusión
He pasado varios días caminando entre mierdas de perro, acercándome a ellas para medirlas, lo que me ha llevado a desarrollar una extraña habilidad para identificar cacas en cualquier parte. Ha sido una labor ingrata, pero que a veces ha resultado divertida (mis hijos me acompañaron en alguna ocasión y me ayudaron a identificarlas: “¡Papá, otra caca aquí!”). Muchos vecinos que paseaban por el parque me observaban con curiosidad preguntándose qué hacía un tipo con una mochila y una libreta en la mano mirando al suelo y apuntando cosas, incluso una vez varios cuidadores del parque me “persiguieron” en su camión para ver qué es lo que estaba haciendo, aunque finalmente no se atrevieron a preguntarme.

Tener miles de cacas de perro repartidas de esa forma en el parque hace que no haya zonas libres de cacas, y que los niños no puedan jugar en ninguna parte sin interactuar con ellas. Tampoco los adultos podemos sentarnos a tomar el sol, o pasear tranquilamente sin tener el peligro de pisar una mierda o comer un bocadillo al lado de un gran zurullo.

Es una situación lamentable que deseo que se solucione pronto. Supongo que habrá alguna manera de hacerlo, y espero que los vecinos se conciencien acerca de que el parque no es un descampado, y que tienen que recoger las cacas de sus perros y tirarlas a la basura. Las autoridades también podrían poner de su parte, adecuando alguna zona específica para que los perros hagan sus necesidades e incrementando la inspección y las sanciones para aquellos dueños que no recojan sus cacas. Otra opción es admitir abiertamente que el parque es un cagadero de perros, y así todos tendríamos claro a lo que nos enfrentamos si llevamos a nuestros niños allí. Al fin y al cabo, en el resto de las zonas ajardinadas de Santa Ana, la situación es similar a nivel de cacas (dejaré para algún valiente la labor de la estimación de cacas en otras zonas pequeñas ajardinadas del barrio). Las aceras no son una excepción, y también es habitual ir paseando sorteando mierdas.

Pero cedo las posibles soluciones para la creatividad de otras personas. Mi labor aquí era la de denunciar una situación tristísima a través del uso del método científico, haciendo una investigación novedosa, y demostrando que las herramientas estadísticas se pueden emplear para responder a preguntas cotidianas.

Algunos pensarán que esta investigación es estúpida, o que no hacía falta tanta sofisticación para denunciar la cantidad de mierdas que hay en el parque. Mi opinión es que este estudio sí que tiene valor, porque le da un sustento científico a una situación que estaría sujeta a la diversidad de opiniones. Tras este estudio hay poca discusión posible sobre el número de mierdas y superficie de excrementos que hay en el parque; aquí están mis estimaciones, e invito a cualquier otra persona a que replique mis resultados.

Todos hemos orinado alguna vez en un árbol, o hemos escupido en el suelo, o incluso cuando éramos pequeños hemos hecho caca en algún descampado ante la imposibilidad de encontrar un wáter cerca. Pero esto no tiene nada que ver con utilizar un parque público sistemáticamente como cagadero  de perros. Repito, es una situación lamentable, despreciable y denunciable.

24755 cacas y 23,2 metros cuadrados de mierda repartidos por el suelo. Eso es el parque público de Santa Ana en Cartagena. Creo que algunos se han quedado todavía en el Medievo.

Todos los posts relacionados