(#418). GRANDES MARCAS TEXTILES Y COMPROMISOS INCUMPLIDOS

[MONOTEMA] Un reciente informe realizado por investigadores del Sheffield Political Economy Research Institute (SPERI), de la Universidad de Sheffield, pone de manifiesto los incumplimientos de los compromisos de numerosas compañías textiles sobre el pago de salarios dignos.

No sólo el caso comentado en este blog de H&M, sino otras compañías como PVH (poseedora the Tommy Hilfiger y Calvin Klein) tienen el objetivo de pagar a todos los trabajadores no menos de un salario digno. También Primark estipula esta meta en el código de conducta para sus proveedores.

El objetivo de este informe es analizar los compromisos adquiridos por 20 grandes compañías textiles y evaluar su cumplimiento. Para ello, se ha empleado una encuesta diseminada por Clean Clothes Campaign, completada con diferentes fuentes adicionales de información (fuentes secundarias y encuestas a otras empresas del sector). Las compañías que respondieraon a la encuesta fueron: Adidas, C&A, Decathlon, G-Star RAW, Gucci, H&M, Inditex, Nike, Primark, Puma, PVH, Tchibo, Under Armour, Fast Retailing/Uniqlo. Las que no respondieron fueron: Amazon, Fruit of the Loom, GAP, Hugo Boss, Levi Strauss, Zalando.

Los resultados muestran que, a pesar de que algunas corporaciones se han comprometido a pagar salarios dignos, esos compromisos no se han trasladado en acciones con efectos significativos o resultados satisfactorios. Aunque hay algunos signos de progreso, lo cierto es que las compañías emplean la alusión al objetivo de pagar salarios dignos como una labor más de relaciones públicas que no se traduce en una mejora tangible para los trabajadores.

Según la Organización Internacional del Trabajo, se estiman unos 60 millones de trabajadores textiles en todo el mundo, de los que aproximadamente un 80% son mujeres. Un 60% de esa fuerza de trabajo se sitúa en Asia, donde los salarios mínimos están a menudo por debajo de la línea oficial de pobreza.

Una muestra del ingente negocio que generan estas compañías es la siguiente: el producto interior bruto de Camboya (uno de los países “preferidos” por su bajo coste) fue de $22.2 billones en 2017, mientras que las ventas de Zara en 2017 fueron de $29 millones, las de Nike en 2018 fueron de 35 billones, y las de Christian Dior en 2018 fueron de $49 millones.

Aunque existen varias defininciones de lo que es un salario digno, los autores citan la propuesta por Clean Clothes Campaign: “ganancias obtenidas en una semana estándar de trabajo (no más de 48 horas) que permiten al trabajador comprar comida para él y su familia, pagar la renta, los servicios de salud, y cubrir las necesidades básicas de vestimenta, transporte y educación, además de ahorrar una pequeña cantidad para hacer frente a imprevistos”.

Resultados de la investigación

Todas las compañías, excepto Amazon y Decathlon, están implicadas en varios acuerdos de colaboración, iniciativas para mejorar los salarios de los trabajadores, como ACT, Fair Labor Association Fair Compensation Programme, German-Dutch Sustainable Textiles Cooperation Agreement, Fair Wage Approach, Ethical Trading Initiative, IndustriALL Global Framework Agreement, ILO Better Work. Sin embargo, cada iniciativa toma una visión diferente en relación al camino a seguir para mejorar los salarios y, lo que es más importante, existe poca evidencia de que estos programas contribuyan realmente a una mejora de esos sueldos. Si las grandes corporaciones no cambian sus prácticas de compra se hace difícil que los proveedores modifiquen su forma de pagar a los trabajadores. Todas estas iniciativas voluntarias son, por el momento, muy poco existosas para provocar cambios, pese a que 13 de las 14 compañías encuestadas dicen que están comprometidas a pagar salarios dignos.

Aunque en varios códigos de conducta que las corporaciones exigen a sus proveedores se nombra la aspiración a conseguir salarios dignos, se queda en eso, un aspiración, porque no se concreta en medidas específicas para conseguirlo. Por lo tanto, se permite que se viole el código sin romper el contrato.

Es más, sólo 6 de las compañías encuestadas concebía el concepto de salario digno como un dinero que debe también cubrir las necesidades de las familias de los trabajadores y no sólo de ellos a nivel particular, y sólo 4 de esas 6 corporaciones tiene en el código de conducta ese compromiso.

Sin embargo, no existe una clara hoja de ruta para conseguir esos objetivos, no hay ningún plan temporal para ello.

Aunque la gran mayoría de compañías emplea una combinación de auditorías internas y externas, son insuficientes debido a la evidencia sobre la manipulación de las auditorías externas (conflictos de interés y “entrenamiento” de los trabajadores para dar las respuestas “adecuadas”). Además, como no hay aspectos concretos que evaluar sobre el compromiso de alcanzar el salario digno, se hace complicada la evaluación.

La falta de transparencia de las corporaciones en relación a los salarios que se paga en la cadena de suministro sigue siendo una característica del sector. Aunque algunas de ellas publiquen una lista de proveedores, son incapaces de dar datos sobre los salarios pagados.

Como concluyen los autores, los consumidores están comprando productos creyendo que están hechos por trabajadores que cobran un salario digno, cuando la realidad sigue siendo que ganan muy por debajo de ese nivel.

Una de las recomendaciones de los autores es que la Organización Mundial del Trabajo defina claramente qué es un salario digno, y que ello pudiera emplearse como un benchmark real para todos los países donde opera la industria (obviamente calculando un salario digno para cada páis, una vez unificada su definición).

En definitiva, este estudio demuestra una vez más que las iniciativas voluntarias son una forma de relaciones públicas, de actividad de marketing que no se traduce (o lo hace de manera insuficiente) en el cumplimiento de los propios compromisos adquiridos.

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