(#228). MONSANTO CORROMPE A LA EPA PARA DEFENDER EL GLIFOSATO, SEGÚN EMAILS DESCUBIERTOS Varios emails muestran el conflicto de intereses de altos cargos de la Agencia de Seguridad Alimentaria estadounidense (EPA), y su connivencia con Monsanto

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[DESPIERTA] Siguen los escándalos en relación al glifosato, el pesticida “estrella” de Monsanto, y que cubre nuestra comida, jardines y parques. Después de que en 2015 la OMS (tras la consulta a la IARC) lo declarara como probable cancerígeno (grupo 2A), la corporación continúa sus esfuerzos para desacreditar ese informe.

Para ello está alargando sus brazos de influencia a estamentos como la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) o la EPA estadounidense. No basta que 94 científicos publicaran en 2016 esta crítica a la postura de la EFSA de contradecir a la OMS; ni que otros 14 científicos firmaran también en 2016, este documento de consenso alertando de que las dosis permitidas son dañinas para la salud. En ambos estudios, ese centenar de científicos aboga por la precaución, y por evitar la interferencia de la industria con estudios pagados por ellos y que son opacos, los cuales no deberían tenerse en cuenta para las evaluaciones de la EFSA o la EPA.

Tampoco basta que sigan publicándose evidencias de que los efectos acumulados de la exposición a este pesticida, incluso en dosis muy por debajo de las permitidas y extremadamente bajas, produce daño hepático (Mesnage et al., 2017). 

La comprobación de esas prácticas de Monsanto una vez más está saliendo a la luz. Ahora, en Estados Unidos, y tras una demanda interpuesta en California por varios enfermos de cáncer a la corporación, se han hecho públicos algunos emails que comprometen al gigante agroquímico.

En uno de ellos, Marion Copley, antigua trabajadora de la EPA y que estaba sufriendo un cáncer de mama terminal, saca los colores a uno de los mandamases de la EPA, Jesse Rowland, acusándole de connivencia con Monsanto y de no atender a la amplia evidencia que sugiere la peligrosidad del glifosato. La carta no tiene desperdicio, y está fechada en marzo de 2013, antes de que la OMS calificara a esta sustancia como probable cancerígeno:

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Las acusaciones de Copley, que moriría pocos meses después de enviar esta carta, son demoledoras. Ruega a Rowland que deje de mirar por sus propios intereses, y de regular en favor de la industria, y de confabular con otros colegas que han publicado investigaciones afines a los intereses de Monsanto, y que han condicionado los informes de la Cancer Assessment Review Committee (CARC) sobre los que la EPA basa sus decisiones.

No sólo eso, sino que también en otros emails se descubre que uno de los ejecutivos de Monsanto, William Heydens, propuso que la compañía escribiera un artículo científico usando la conocida “escritura fantasma” por la cual se paga a autores para que firmen  un estudio que está dirigido totalmente por los intereses de la compañía, con el fin de contrarrestar el informe de la OMS.

A día de hoy, la situación es que varias agencias reguladoras consideran al glifosato como no cancerígeno: EPA, European Food Safety Agency, Food and Agruculture Organization y la European Chemical Agency (ECHA). La pregunta que surge es clara. Todas contradicen las conclusiones de la OMS, y obvian las investigaciones que he comentado al principio.

Es cierto que la OMS puede errar, y de hecho lo más inteligente es revisar cada uno de nosotros la evidencia existente para llegar a conclusiones. Invito a los lectores a que así lo hagan, que lean los artículos enlazados y que reflexionen acerca de las presiones de Monsanto y de la corrupción que supuestamente existe en los organismos reguladores, tal y como muestran los emails que ahora han salido a la luz. Y que luego, los lectores decidan si quieren que los jardines donde juegan sus hijos, o la comida que ingieren esté rociada con glifosato.

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