(#251). EL MAGNATE DE REEBOK VENDE SU MANSIÓN Y TODOS NOS HACEMOS PREGUNTAS Paul Fireman pone a la venta su casa de $90 millones mientras hasta hace pocos años miles de trabajadores en sus proveedores de Indonesia y China ganaban mucho menos de 1 dólar por hora

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[DESPIERTA] Paul Fireman, quien fuera el empresario que llevó a Reebok a competir cara a cara con Nike en los 80 vende su mansión. Y lo hace por $90 millones. Una de las casas más lujosas de Estados Unidos.

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Un multimillonario que quiere vende su multimillonaria casa; aparentemente intrascendente, pero no podemos dejar pasar este hecho para hacernos algunas preguntas.

Fireman amasó su fortuna gracias a una gran visión de los negocios. La historia de Reebok cambió para siempre cuando en 1979 Fireman tuvo la determinación de comprar la licencia para vender la marca en exclusiva en Estados Unidos a cambio de $3.5 millones en royalties. El estreno de la película Carros de Fuego (1981), la irrupción de las Freestyle, la revolución del aeróbic y del papel de la mujer como deportista…todo ello aupó a Reebok a cotas inimaginables tan sólo 10 años antes, hasta llegar a mirar a los ojos a la todopoderosa Nike. En 2006 Fireman vendió la compañía a Adidas, por $3.8 billones, mientras se llevaba en esa operación unos $700 millones (Forbes, 2006).  Otras fuentes señalan que Fireman se embolsó $800 millones (Ballinger, 2017).

Sin embargo, y aunque a un nivel menos mediático que Nike, Reebok también tiene su historial de explotación laboral y abuso, principalmente en factorías asiáticas y centroamericanas.

Jeff Ballinger quien trabajaba para el Asian-American Free Labor Institute (AFL-CIO) en una pequeña oficina en Jakarta, Indonesia, y uno de los activistas más comprometidos en Estados Unidos, lo vuelve a recordar: Entre 1988 y 1991 Reebok pagaba $0.86 al día a los empleados de fábricas en Indonesia.

Al año siguiente, 1992, Reebok firmaba un contrato con el prácticamente imberbe Shaquille O’Neal de unos $5 millones al año.

La tormenta mediática ocasionada por los sweatshops de Nike en los 90 también salpicaron a Reebok. Así, y por ejemplo, en 1999 publicó un informe criticando sus propias factorías en Indonesia (BBC, 1999).

En 2002 apareció un informe de China Labor Watch (CLB, 2002), sobre datos recogidos por activistas de la organización entre junio de 2001 y enero de 2002 en 6 fábricas de la marca en China. Las conclusiones son tristemente comunes en estas situaciones: (1) Horas extra trabajadas que vulneran la ley del país; (2) Salarios por debajo del mínimo local; (3) Carencia de seguro médico, desempleo o jubilación; (4) Sin libertad de asociación ni posibilidad de formar sindicatos independientes; (5) Condiciones de trabajo constantemente con altas temperaturas y humos tóxicos; (6) Incumplimiento del propio código de conducta estipulado por la marca. En algunas de esas fábricas los trabajadores cobraban menos de $0.25 por hora.

Centroamérica también ha sufrido los abusos de Reebok. En 2010, el Institute for Global Labour and Human Rights (IGLHR, 2010), reportó que los propios investigadores de Reebok (ya entonces dentro de Adidas), encontraron serias deficiencias en las condiciones de los trabajadores de su fábrica de Chi Fung, en El Salvador. Situaciones prácticamente idénticas las encontradas en China varios años antes.

Como indicaba en mi artículo sobre la historia más oscura de Nike,  en 2002 la sindicalista indonesia Dita Sari rechazó el premio Reebok de Derechos Humanos, de $50000 (Ballinger, 2006). El motivo es que a Sari le parecía un ejercicio de hipocresía que una multinacional como Reebok con un historial de explotación laboral en el sudeste asiático pretendiera lavar su imagen con este tipo de parafernalias. Reebok  llevaba concediendo este premio desde 1988.

Por eso, y ante la fastuosa mansión que Paul Fireman quiere vender, es de recibo que nos hagamos unas cuantas preguntas,  no sobre la valía, determinación y capacidad de visión y liderazgo de este hombre, sino sobre cómo es posible que consintamos esas dramáticas asimetrías y vulneraciones de la dignidad humana en un extremo de la cadena, cuando en el otro lado de la misma se vive en la más completa de las opulencias.

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